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Así es, vayamos a Mateo capítulo
5 verso 21 y 22 Jesús y la ira el alcance del sexto mandamiento
Jesús y la ira el alcance del sexto mandamiento Oísteis que fue dicho a los antiguos,
no matarás y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera
que se enoje contra su hermano será culpable del juicio. Y cualquiera
que diga necio a su hermano será culpable ante el concilio. y cualquiera que le diga fatuo
quedará expuesto al infierno de fuego. Oremos. Padre soberanos, ahora nos acercamos
a ti para implorarte que traiga a nuestros corazones la gracia
de tu espíritu para ministrar nuestro entendimiento para conocer
la amplitud la profundidad, el alcance del sexto mandamiento
para nuestras vidas. Provenos, Señor, de la gracia,
de la iluminación para entender, creer y obedecer a tu palabra.
Bendice, nos lo rogamos en el nombre de Jesús. Amén. Como ya hemos señalado, Nuestro
Salvador Jesucristo no vino a este mundo para abolir los diez mandamientos
o la ley moral, como también se le llama. No vino a abolir
la ley moral porque la ley moral es la base que nos permite conocer
lo que es el bien y lo que está mal. La ley moral es la regla
con que el Señor Jesucristo gobierna. su reino eterno en nuestros corazones. Después que el señor dejó clara
su posición sobre la ley moral, él abre una serie de enseñanza
sobre la amplitud y profundidad que tiene la ley de Dios. Primero que nada, observamos
en este texto que él contrasta la interpretación de los antiguos
rabinos. Y la interpretación que ellos
le daban a la ley. Con la interpretación que él
le da a la ley. Por eso él dice, oísteis que
fue dicho a los antiguos. Con eso él se estaba refiriendo
a las antiguas enseñanzas o misnad que eran las normas que gobernaban
a Israel en esos días. Los maestros judíos enseñaban
que el sexto mandamiento se limitaba a prohibir a prohibir que alguien
matara físicamente a una persona. Ellos decían, si usted no ha
matado físicamente a alguien, usted tiene sus manos limpias
de sangre inocente. No tiene de qué arrepentirse. Usted es un hombre santo, una
mujer santa, si usted nunca le ha quitado la vida a alguien.
Pero el Señor Jesucristo explica el significado completo de este
mandamiento. Él nos dice que el mandamiento
no sólo prohíbe el acto físico de asesinar a alguien, sino que
también prohíbe la intención o el designio del corazón O sea,
el mandamiento prohíbe la raíz que produce todo asesinato, la
raíz que produce matar a un ser humano. De hecho, en el juicio
final Lo primero que Dios va a examinar no son las acciones
físicas pecaminosas de los hombres, sino las intenciones del corazón
del hombre. Es ahí donde va a comenzar el
juicio divino sobre las acciones de cada ser humano. Eso es lo
que nos enseña Romanos capítulo 2 verso 16, cuando dice en el
día en que según mi evangelio, Dios juzgará los secretos de
los hombres mediante Cristo Jesús. Y el término secreto obviamente
se refiere a las acciones del corazón. a las intenciones del
corazón. Se refiere a aquellos actos cometidos
en el interior de nuestras almas, donde nadie ha puesto sus ojos. Génesis capítulo 6, versículo
5, nos enseña que el juicio de Dios sobre los antediluvianos
fue traído para castigar a esa generación? Y cuál fue la base
que motivó el juicio de Dios sobre aquella generación? Fueron
las intenciones de su corazón lo que Dios examinó y por lo
cual les condenó y trajo el diluvio. El Señor vio que era mucha la
maldad de los hombres en la tierra y que toda intención de los pensamientos
de su corazón era solo hacer siempre el mal. Esta era la condición
del corazón de esta generación. Dios observó las intenciones
de su corazón y el designio de sus almas. ¿Y qué fue la conclusión
que Dios llevó a cabo? ¿En qué consistió la conclusión? Su conclusión fue, toda intención
de los pensamientos de su corazón es hacer siempre el mal. Esa era la nota distintiva de
aquella generación. El Señor dice que además de la
muerte física, hay tres maneras de matar a un ser humano. Cualquiera que se enoja contra
su hermano es culpable de juicio. Esto se refiere a la ira y reflexiva. Según Cristo, esa ira es equivalente
al asesinato. En el Nuevo Testamento hay dos
palabras en griego para referirse a la ira. La primera palabra
es la palabra sumos, la cual se refiere a ese enojo que surge
de manera súbita, pero igualmente también así de manera súbita
desaparece del corazón y del estado de ánimo. de las personas
que lo experimentan. La otra palabra griega que se
usa para ira es la palabra orgirzo, la cual Cristo ciertamente también
utilizó aquí en este contexto. Esta palabra describe el tipo
de enojo que se manifiesta con una intensa pasión interior,
una intensa pasión interior que se queda de manera prolongada
en el corazón de la persona alterando su estado de ánimo por mucho
tiempo, alterando su estado de ánimo por un largo rato. Esta
es la más intensa de todas las pasiones humanas. Es una ira
duradera. Es la que guarda el corazón por
muchos meses y a veces por años. Es una ira que no muere. Se mantiene como un fuego interior
quemando las entrañas de aquellos que lo padecen. Y esa ira Esa
ira es la que produce raíz de amargura, resentimiento y odio
hacia quien la provocó, hacia quien la creó en el corazón de
la persona. Y esa es la ira que lleva a la
agresión verbal. Esa es la ira que lleva a la
agresión física. Es la ira que lleva a cometer
homicidios. Esa es la ira que nos lleva a
odiar aquellos objetos contra quienes estamos airados. De esa ira es que habla primera
de Juan 3 15. Todo aquel que odia a su hermano
es homicida. Y ustedes saben que ningún homicida
tiene vida eterna en el reino de los cielos. Esa ira cuando
se anida, cuando se anida en el corazón, produce odio. Y el odio es lo que mueve las
manos a cometer asesinato. De manera que si tú tienes esa
clase de ira en tu corazón, tú eres un homicida y debes de solucionar
ese problema. Si tú tienes la ira en un estado
residente por más de un día en tu corazón, debe de resolver
ese problema. El mandamiento bíblico es no
se ponga el sol sobre vuestra ira. No debe tu corazón amanecer con un paquete de ira en su interior. Es lo que Pablo está diciendo.
No abran sus ojos al día siguiente con un estado de amargura contra
alguien, con un estado de enojo contra alguien. No permitan que
el sol se ponga. ¿A qué hora fue que te enojaste?
¿A las tres de la tarde? Antes de las seis, resuelve el
problema. Eso es lo que está diciendo el apóstol Pablo. Antes
de que den las seis, tú debes resolver ese problema para que
te acueste con la cuenta en cero. Es lo que Dios establece aquí
en este texto. Pero además se viola el sexto
mandamiento cuando en un arranque de ira y de enojo le gritamos
necio a alguien. Y cualquiera que diga necio a
su hermano será culpable ante el concilio. La palabra griega raka es la
palabra aramea traducida como necio y significa cabeza hueca,
estúpido, idiota. Raka se usaba para expresar el
sumo desprecio que se sentía por alguien o contra alguien. Cuando a alguien se le gritaba
raca, se le quería ultrajar, se le quería insultar, afrentar,
humillar, se le quería ofender grandemente. En otras palabras,
se quería barrer el piso con eso, convertirlo en un suave
para barrer el piso. Es un término y es un término
peyorativo y despectivo en su más alta expresión. Y cuál es el propósito? Destilar odio, destilar ese rencor
que se siente en contra de alguien. Eso es lo que resume la palabra
raca. Cuando se le lanza a alguien
cuando se le tira a alguien. Es como si deseara tirarle ácido
muriático a la persona. Verle totalmente despellejado. Por eso dio tacha de asesino
a quien pronuncia contra alguien. Esa palabrita raca cuatro letras. Pero ¿cuánto mal producen esas
cuatro letras cuando salen de un corazón lleno de ira y de
enojo? ¿Cuánta maldad hay resumida en
esas cuatro letras? ¿Cuál es el propósito? agredir,
insultar, maltratar, ultrajar a la persona. Eso es lo que la
palabra raca, cuando se le suelta o se le tira a alguien, hace
y produce en el estado de ánimo y en la vida de aquel que la
recibe. Pero también se viola el sexto
mandamiento cuando en un arranque de ira y de enojo se le grita
Fatuo a alguien y cualquiera que le diga Fatuo quedará expuesto
al infierno de fuego. El término griego More, traducido
Fatuo, se usaba para injuriar, mancillar y vilipendiar a una
persona. Para eso se usaba esa palabrita.
Era equivalente a pronunciar una maldición sobre alguien. Para que las calamidades llovieran
sobre la cabeza de ese individuo, de ese hombre, de esa mujer.
Es como decir, ojalá te pase una patana por arriba. De esas
patanas que tienen 27 ruedas. Ojalá y te pase una patana. Esa
es la idea. Es una maldición. Yo sé de lo que dice el proverbio
17-12. De alguien que se haya infatuado, poseído de ese espíritu que produce
la fatuidad Mejor es encontrarse con una osa a la cual han robado
sus cachorros que con un fatuo en su necedad. ¿Usted ha visto una osa? Le quitan los cachorros. ¿Cómo
reacciona? Corra, si usted se encuentra
por ahí, porque se lo comen vivo. Lo devora. Esa osa, si se encuentra con
usted, cuando usted está ante alguien que está infatuado, corra
por su vida, porque es un asesino potencial lo que usted tiene. Es un asesino potencial, eso
es lo que está diciendo esa osa cuando le quitan los cachorros.
Una asesina, corra, porque le va a arrancar la cabeza. Y estará así hasta que aparezcan
los cachorros en ese estado de ánimo. Y eso es exactamente,
ese espíritu es lo que está aquí describiéndose. Algunas aplicaciones. Amados
hermanos, ¿qué importancia le debemos dar al enojo? Yo creo
firmemente que el enojo es uno de los pecados con lo que más
tenemos que lidiar los evangélicos. Por lo menos ese es mi caso.
Yo no sé usted, pero ese es mi caso particular. Yo no tengo problema con el robo,
ni con adulterio. Por ahí el diablo a mí no me
tienta, porque él sabe que ahí está perdido. Ahora, con el enojo,
con la ira, Esta es, sin lugar a dudas, la
espada de desmocle que el diablo usa para llevarnos al piso con
más frecuencia. ¿Cuántas veces usted al día tiene
que pedir perdón? Porque se le van los nervios
y se le fueron los frenos. Y soltó esa lengua y empezó a
tirar por ahí dinamita. ¿Cuántas veces usted lo hace
al día? o por lo menos si no la pronuncia las palabras en
su corazón, la intención es algo como un volcán
interior que está allí ebulliendo a punto de explotar con lava
incandescente. Por eso, amados hermanos, debemos
de prestar suma atención a este asunto de la ira y el enojo. Muchas veces escuchamos oír a
la gente, se metió conmigo y le tuve que decir unas cuantas cosas. ¿Pero qué cuantas cosas son esas? Debemos de tomar en cuenta que
el enojo explosivo es un sentimiento altamente maligno y tóxico. No solamente para quien lo recibe. Cuando somos quienes los emitimos,
sino también para nosotros mismos. Porque puede destruir primero
que nada nuestra relación con Dios. pero también ese enojo
tóxico maligno puede destruir nuestra relación con nuestros
seres queridos. Cuántos matrimonios, cuántas
familias no han sido arruinada por meses, por años, por siempre. por un ataque de ira, por un
ataque de enojo, por una por un desbordamiento de esa rabia. Que nos llena hasta la coronilla.
Es por eso que la violación del
sexto mandamiento tiene serias implicaciones y puede matar. emocional, física y socialmente
a las personas. Si usted va a la cárcel y hace una
encuesta entre lo que han matado gente, va a descubrir que el 100% de
esos asesinatos fueron el fruto directo de un arranque de ira
incontrolable. de un arranque de enojo incontrolable
que terminaron en un pleito que dio como fruto una muerte o varias
muertes. A diario vemos en los periódicos
eventos trágicos producida como consecuencia de discusiones acaloradas
Discusiones que mueven a la gente a sacar pitola inmediatamente,
a sacar bate, a sacar puñales, machetes para dar rienda suelta a su pasión
enojada, tóxica y maligna. De ahí, mis amados hermanos,
que es trascendental tomar muy en cuenta y en serio el sexto
mandamiento y las implicaciones emocionales, afectivas y espirituales
que tiene el mismo. Primera de Juan 3, 15 dice todo
el que aborrece a su hermano es un asesino, dice la versión
de las Américas. un asesino. Y ustedes saben que
ningún asesino tiene vida eterna permanente en él. Dice un comentarista de este
versículo, el tiempo presente del verbo. Abordecer. Describe una práctica continua
de aborrecimiento. y de guardar resentimiento en
tu corazón hacia alguien. Por lo tanto, debes entender
que el guardar odio y resentimiento en tu corazón sí tiene mucha
importancia. No lo minimices. Así que, Si no quieres cometer un delito
de pasión ni ser esclavo del resentimiento, necesitas lidiar
con el enojo. Llévalo a la cruz de Cristo y
arrepiéntete de ese pecado desde el momento en que lo vea aparecer
en tu corazón y en tu estado de ánimo. Termina la cita. No le dé de vida ni un minuto
desde que lo vea aparecer. Cóntale, no solamente la cola,
sino también la cabeza. Porque muchos le cortan la cola. Pero la cola vuelve y sale otra
vez. Amados hermanos, ¿qué puede provocar
enojo, ira, rabia en nuestros corazones? Vemos en la escritura
dos tipos de iras. Tenemos la ira pecaminosa, pero
también tenemos la ira piadosa. El enojo puede ser provocado
por una causa o motivo justo, piadoso. Lo mismo que también
la ira puede ser provocada por un motivo injusto, por un motivo
pecaminoso. De ahí acolejimos que no siempre
está mal que nos enojemos, que nos airemos. Aquí el punto es
que debemos de observar la motivación. ¿Qué es lo que nos provoca a
ira? ¿Qué nos motiva a generar un
estado airado en nosotros? Eso es lo que tenemos que observar,
porque usted nunca podrá deshacerse de la ira, porque eso es parte
de la naturaleza humana, esos sentimientos. Mientras estemos
en este mundo caído de injusticia, Usted va a tener muchas situaciones
que le van a provocar ira. Pero también, mientras usted
tenga una naturaleza caída, aquellos que conviven con usted muchas
veces serán provocados a ira. Por sus faltas, sus errores,
sus debilidades, sus flaquezas, sus pecados, etcétera, etcétera. Y en ese sentido, usted tendrá
que lidiar con su ira. Por eso no siempre está mal que
nos enojemos cuando esa ira o ese enojo es provocado por una causa
justa o piadosa. Ahora, lo que sí está mal es
que no es que nos enojemos. Por una causa injusta. por un motivo incorrecto. Nuestro enojo pecaminoso siempre
estará motivado por motivaciones egoístas y mezquinas en nuestros corazones. Nuestro enojo
piadoso siempre será motivado por la integridad y la justicia
de la cual somos abanderados y que siempre estamos dispuestos
a defender a una costa de nuestra cabeza, porque muchos
han tenido que derramar su sangre defendiendo la justicia. Por eso en Efesios 4, 26, Pablo
dice enojense, pero no peguen, no se ponga el sol sobre vuestro
enojo, como ya hemos citado. Pablo aquí nos manda a que nos
enojemos. Vea lo que dice Pablo, enojense. Pero no peguen. Ahora, ¿por qué nos debemos de
enojar? Esa es la pregunta que debemos
de hacer. ¿Cuáles motivos nos deben de impulsar a enojarnos? ¿Cuándo nos debemos de enojar?
¿En qué contexto? Primero que nada, miremos a Cristo,
el ejemplo que nos da Cristo. ¿Qué motivó a Cristo a llenarse
de enojo? a lo largo de su ministerio que
está narrado en las escrituras. ¿Qué le llevó a él a irarse,
a enojarse, a llenarse de rabia en algunos momentos específicos
de su vida? En Marco 3.5 se nos dice que
Jesús, mirando con enojo, con ira, a los que los rodeaban y
entristecido por la dureza de sus corazones, le dijo al hombre,
extiende tu mano. Amados hermanos, está claro que
Cristo aquí estaba furioso. Estaba enojado. Eso está claro
ahí. Mirando con enojo Sus ojos penetrantes parecían llamas de fuego. Dice, mirando con enojo. Los ojos comunicaban la ira que
había en su corazón. Eso es lo que dice ahí. Estaba enojado con ese grupo
de gente que los rodeaba en ese momento específico de su vida.
Estaba enojado por la maldad e injusticia de aquellos fariseos
que prohibían sanar en el día de reposo. Ellos veían los fariseos que era impropio, que era indigno,
que era antibíblico, hacer una obra de misericordia en favor
de una criatura que estaba sumida en miseria total como consecuencia de esa parálisis que sufrían
sus manos. Y esa actitud de repudio, de rechazo,
de desprecio por la necesidad que este hombre tenía fue lo
que provocó en Jesús ese estado de ánimo enojado. Contra aquellos que veían con
malos ojos que querían prohibir que él realizar el milagro de
sanar a ese pobre manco. Y amados hermanos, por esa motivación
que fue lo que movió a Cristo a sanar a este hombre. Cristo
no pecó con ese enojo. Cristo no pecó. Por qué? Porque su enojo fue motivado
por un acto de injusticia. Su enojo fue provocado por un
acto de maldad. porque es un acto de maldad.
Suprimir los mandamientos de la ley de Dios por tradiciones
humanas. Es un acto de maldad. Suprimir el
mandamiento de Dios, que es justo, bueno y perfecto por mandamiento
de manufactura humana. Eso es pecado. Por eso Cristo
se enojó. Y su enojo fue un enojo piadoso,
porque tenía una motivación justa. Se enojó con justicia. Y ese enojo justo fue lo que le
llevó a decir, extiende tu mano. Que lo voy a hacer, aunque aquellos
se broten. ¿Y qué pasó con el resto de la
historia? Para no ofenderlo, se quedó allí
de brazo cruzado, indiferente, simplemente amargado porque no
pudo hacer el milagro, porque sólo estaban prohibiendo aquello.
No, él lo desafió e hizo lo que la ley de Dios le ordenaba que
hiciera, el bien, en el día de reposo. Su enojo no fue pecaminoso, porque
su enojo fue motivado por una causa justa. La causa. De hacer el bien a quien estaba
muy mal. Con esa circunstancia que estaba
viviendo. Hermano, qué usted sentiría. Si fuera usted. Qué tal sin con la mano. Y de repente el Señor manda a
alguien. ¿Cómo ustedes se sentirían? Feliz y contento, naturalmente. El rey Saúl nos da otro buen
ejemplo de la ira piadosa que debemos de experimentar,
porque si no lo experimentamos, andamos mal. En el primer libro de Samuel
encontramos que cuando los amonitas llegaron a Galad para conquistar
aquella tierra, le dieron a los habitantes de esas ciudades la
opción de rendirse o morir. Ahora, si se rendían, la condición
para perdonarle la vida era que debían dejarse sacar el ojo derecho. Oiga que requisito. Te perdonamos,
pero tenemos que arrancar el ojo. Y claro, el propósito era
invalidarle para que no pudieran pelear en el futuro. Ahora, Cuando Saúl se enteró de la propuesta
que estos individuos le estaban haciendo a los habitantes de
Galahad, él, dice el primer libro de Samuel 116, él Espíritu de
Dios vino con poder sobre Saúl al escuchar estas palabras, las
palabras que indicaban que debía sacarse, que se debían dejar
sacar los ojos, un ojo por lo menos. Ahora, ¿cómo reaccionó
Saúl cuando se enteró de esa proposición de sacarle un ojo
a esa población? Dice Saúl se enojó grandemente,
se enojó grandemente. Qué provocó ese enojo grande
que invadió el corazón de Saúl? La injusticia, la injusticia
y la perversidad de los amonitas. Eso fue lo que provocó a Saúl
a enojarse grandemente contra esas hordas de hombres perversos
que querían dejar tuerto. A esos ciudadanos de Israel. Y amados hermanos, aquí debemos
de preguntar. ¿Podemos distinguir o discernir
entre el enojo piadoso y el enojo pecaminoso? ¿Tú puedes distinguir
entre una cosa y la otra? Pecó Saúl cuando se enojó contra
esos cirujanos que querían sacar ojo. Pecó David con Saúl con
su enojo contra Dios? Por supuesto que no, mis amados
hermanos, este hombre se enojó con razón, se enojó por un buen
motivo. Y ese enojo fue lo que le motivó
a que. Aclamar a Dios. y a defender
al pueblo de Dios. Mi hermano, cuando te toque enojarte
por algún motivo, debes de meditar sobre tus acciones y de manera
particular debes de meditar sobre las motivaciones en tu corazón que te han llevado
a enojarte. ¿Qué es lo que te motiva? A llenarte
de enojo, de ira, de rabia. ¿Te motiva la piedad? ¿Te motiva
el celo por la gloria de Dios? ¿O te motiva por egoísmo? ¿Te enoja porque tu orgullo ha
sido herido? y te sientes humillado. Hablaron
contra mí, depotricaron contra mí. Eso yo no lo perdono. ¿Cómo responde cuando te enojas?
Amados hermanos, el enojo pecaminoso Por lo general, mueve nuestras
manos y nuestros pies para atacar y para destruir. Mueve nuestras
lenguas para atacar y para destruir a quien nos ha hecho enojar. De manera que es fácil darte
cuenta la motivación. Si la motivación que te mueve
a hablar Es para lograr la destrucción
del que te hizo enojar. Entonces tu motivación es pecaminosa. Tienes que arrepentirte. Porque
el pecado ajeno no te da actitud verde para que tú te llenes de
enojo y de rabia e ira y acabes con el otro. Aquí, básicamente, tu reacción
es provocada no por el amor, no por tu amor al alma que contra
ti ha pecado, sino por el orgullo tuyo que ha sido herido. Eso
es lo que te motiva, tu orgullo, no el bien del otro. Que está
mal en lo que hizo. El enojo pecaminoso incita a
atacar y a destruir a la persona que nos hizo enojar, incita para
obrar pecaminosamente en contra de ese, de esa que nos provocó
la ira, enojo. Ahora, el enojo justo te motivará
a realizar acciones justas por los medios justos a fin de buscar
y lograr la sanidad del alma que pecó, haciéndonos enojar
y ahirar para buscar la reconciliación y la pacificación en la relación. Si estos principios se aplicaran
en las familias, no habría divorcio, hermanos. Si se aplicaran en
las regiones sociales, las cárceles estarían vacías, por lo menos
de asesinos. ¿Sí o no? El enojo justo motiva a realizar
acciones justas que buscarán y promoverán la paz en las relaciones
interpersonales. Buscarán con ahí la reconciliación
con la persona que nos ha ofendido y como consecuencia
de eso que se ha alejado de nosotros. En el libro de Números 16, 15. Dice Moisés se enojó mucho. He aquí un ejemplo. De ira piadosa. Ahora, por qué se enojó Moisés con un montón de enojo, de ira. Dices, enojo mucho. Cuando leemos
el contexto de números, nos damos cuenta que eso sucedió cuando
Corea, junto con otros líderes de Israel, quisieron darle un
golpe de Estado. se enfrentaron con Moisés y lo
acusaron de autoritarismo, lo acusaron de enseñorearse del
pueblo de Israel. Ahora, ¿cómo respondió Moisés
a esa sedición, a ese levantamiento en contra de su liderazgo? ¿Cómo
respondió este hombre? Número 16, 4 dice cuando Moisés
escuchó esto. Cayó sobre su rostro y oró. Oiga a dónde lo mandó su enojo
y su ira. Al contemplar la acción. Maligna de su líderes más cercanos. ¿A dónde fue él? ¿Dónde acudió él? A sus rodillas. Al trono de la
gracia. Su enojo lo impulsó a hacer dos
cosas importantes. La número uno. Su enojo lo impulsó
a orar. Su enojo lo impulsó a orar. Esa fue su primera reacción.
Y la segunda reacción. Que vemos en el texto. Es que esa. En esa ida, ese enojo le motivó
para reprender. A quienes habían pecado contra
él. lo motivó primero a orar y en
segundo lugar, le motivó a reprender a quienes habían pecado contra
él. Él sabía que Jehová Dios lo había
colocado en el liderazgo de Israel. Por ende, quienes peleaban contra
él estaban peleando contra Jehová Dios. que lo había designado
con esa autoridad para gobernar el pueblo de Israel y llevarlo
a la tierra prometida. Él era consciente de eso. Y esa conciencia le llevó. Le
motivó a enojarse cuando vio que alguien estaba oponiéndose
a la voluntad de Dios. Para su pueblo y para su vida. Por eso. Lo vemos. Delante de Dios. Porque él sabía
que estos pecados primero que nada eran contra Dios. No contra Moisés, simple y llanamente
eran contra Dios en primera instancia. Por eso recurrió a la primera
instancia, a la de Dios. ¿Alguna vez lo has hecho así? ¿Cuando alguien ha pecado contra
ti de manera fraglante? ¿Ha violentado tus derechos?
¿Pisoteado tus derechos? ¿Ha reaccionado así? ¿Cuando
tu cónyuge lo hace? ¿Cuando tus hijos lo hacen? ¿Qué
es lo primero que tú haces? Abrir la boca y empezar a soltar
intropelios producidos por esa ira y reflexiva. O va a tu cuarto
de oración y cierra tu puerta para que nadie te interrumpa
mientras tú estás allí intercediendo por esa pobre alma que ha pecado
contra mí, que está mal. Porque me ha matado, me ha asesinado
y esa sangre mía cae sobre su cabeza. Pero yo quiero que esa
sangre sea limpiada de su cabeza. Yo quiero que él vea su pecado,
reconozca su pecado, convience en su pecado y se aparte de su
pecado. Porque yo sé que su pecado le
alcanzará si no se arrepiente. ¿Y qué yo quiero? Que se arrepienta de su pecado
y se aparte de su pecado, porque en esa condición y estado estaremos
reconciliados con Dios y reconciliados el uno con el otro. Habrá bien
y no mal. Porque qué genera en una relación
un estado airado, cuando los dos dan airado, enojado, guapos. ¿Qué genera eso? En el hogar,
en la familia, en la relación, en cualquier vínculo. ¿Qué genera?
espinos y cardos, sí o no? Por eso te lo ves huyendo uno
del otro, porque ahí es fácil. Abrazarse de un espino. Eso puya. Corta. Y es doloroso. El enojo motivó a Moisés a orar,
pero también motivó a Moisés a decirle tres verdades. ¿Tres
verdades? Como decimos. A Corea y su grupo. En Nehemiah
5, perdón, 6, 7, encontramos otro ejemplo de enojo piadoso.
¿Recuerdan el contexto? Los ricos estaban exprimiendo
como esponja a los pobres. Lo tenían sumido en una miseria
total. ¿Y cómo reaccionó Nehemiah? Agarró
ese chucho y le dio hasta con el cubo del agua. Pero como siempre,
lo primero que observamos es que este hombre meditó en los
pecados de Israel y esto le llevó a él a orar. Orar, aclamar a Dios. ¿Saben
por qué, mis hermanos? Porque quien puede cambiar las
disposiciones del corazón, engañoso y perverso, más que todas las
cosas, es Jehová Dios. Por eso, antes de usar la lengua
para motivar a la persona para que cambie, ¿dónde tenemos que
ir? A quien puede operar ese cambio en la vida de las personas.
Usted no habrá nada ladrando allí. Porque por más que tú ladres,
no va a cambiar el corazón de esa persona. Solamente Cristo
cambia las intenciones del corazón. Y para que Cristo intervenga, hay que usar las almas de Cristo,
no las de la carne. Las armas de Cristo son las que
han de enternecer ese corazón. Para que ese corazón vea, reconozca,
confiese y si aparte de su pecado que le está provocando ira, enojo
a usted. Que Dios nos ayude, hermanos. A irarnos. pero a irarnos con
una ira piadosa siempre nos debe de provocar ira todo acto de
injusticia y esa ira piadosa es la que nos ha de mover primero
que nada a orar y en segundo lugar a corregir en amor la falta
de quien me hizo enojar a irar ¿Por qué logramos tan pocos frutos? ¿Por qué? Porque, por lo general,
nunca oramos cuando estamos en medio de una
discusión o de una reyenda. Lo que hacemos es abrir la boca
y soltar por ahí cosas. Traemos 20 años del pasado. Todos los eventos malos del pasado
los traemos uno por uno, los vamos sacando y buscando. del
baúl de los recuerdos y empezamos a soltarlo ahí en el ring. La blanda respuesta, ¿qué provoca? Aplaca la ira. Pero lo que generalmente
ocurre es que cuando nos hacen airar empezamos a subir el volumen
y mientras más gritamos menos oye el otro. Porque estamos diseñados
para oír hasta ciertos decibeles. De ahí para arriba cerramos los
tímpanos, páquete. Por más que usted grite, hace
rato que no lo está oyendo. Por eso no hay reconciliación,
al fin y al cabo, sino distanciamiento. Cristo nos dice claramente que
la ira es pecado cuando la ira está motivada por. La injusticia. La ira es buena cuando la ira
es provocada por motivos justos y piadosos. Airaos. Pero no peguéis. No se ponga
el sol sobre vuestro enojo. Y quiero terminar, hermano, con
ese texto que está aquí en en en Efesios. En Efesios. cuatro, treinta y uno y treinta
y dos. Quítase de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería,
maledicencia y toda malicia. Antes se benignos unos con otros
misericordiosos, perdonando unos a otros. Como Cristo nos perdonó. Está resumido todo lo que hemos
dicho. Que Dios no concede aplicarlo. para que haya una relación armoniosa
que traiga gloria a Dios en nuestro trato con los demás. Señor, te
damos gracias ahora por tu palabra viva y eficaz que hemos traído. Concédenos, Padre, la gracia
del arrepentimiento cuando nos airamos con una ira pecaminosa
e irascible. Ayúdanos a ser fieles Sobre todo,
airarnos contra los actos de injusticia, contra todo atentado,
contra la verdad. Ven, proveenos de esa gracia
que tanto necesitamos para ejercer dominio propio en nuestro temperamento,
en nuestro carácter, cuando estamos airados. Guárdanos, Señor, de
esa ira explosiva y vengativa. Guárdanos de esa ira, Padre,
Guarda rencor en nuestros corazones. Guárdanos, Padre, de ese espíritu
de enojo que crea rencillas entre los hermanos y en nuestras familias. Bendícenos por ello, te lo rogamos
en el nombre de Jesús. Amén.
Jesús y la ira - el alcance del sexto mandamiento #1
Series Sermon del Monte
Jesús y la ira - el alcance del sexto mandamiento
| Sermon ID | 227221944433652 |
| Duration | 56:22 |
| Date | |
| Category | Sunday - PM |
| Bible Text | Matthew 5:21-22 |
| Language | Spanish |
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