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Demos atención, entonces, a la
lectura de la palabra del Señor, Marcos 1, comenzando con el versículo
21, y dice así, Y entraron en Capernaum, y los días de reposo,
entrando en la sinagoga, enseñaba. Y se admiraban de su doctrina,
porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los
escribas. Pero había en la sinagoga de
ellos un hombre, con espíritu inmundo que dio voces diciendo,
ah, ¿qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para
destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios. Pero Jesús la reprendió diciendo,
cállate y sal de él. Y el espíritu inmundo sacudiéndolo
con violencia y clamando a gran voz, salió de él. Y todos se
asombraron de tal manera que discutían entre sí diciendo,
¿qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta que
con autoridad manda aún a los espíritus inmundos y le obedecen? Y muy pronto se difundió su fama
por toda la provincia alrededor de Galilea. Amén. Hasta ahí la lectura de la palabra
del Señor. Vamos a pedir su ayuda en una
palabra de oración. Nuestro Dios y Padre, ayúdanos
ahora te pedimos. que no veamos esto simplemente
como un relato interesante de algo que sucedió en el pasado,
que no leamos como si no tuviera importancia para nosotros, sino
que entendamos la gran verdad acerca de nuestro Señor Jesucristo
y que entendiendo creamos, que creyendo obedezcamos, que obedeciendo
cosemos de comunión con nuestro Señor Jesucristo, pues en su
nombre te lo pedimos. Amén. El Señor Jesucristo ya ha comenzado
su ministerio público de predicar y enseñar, y también sabemos,
¿verdad?, que parte de lo que hace es que sana, que demuestra
misericordia de muchas maneras a personas afligidas, ¿verdad? También ya ha llamado a unos
discípulos especiales, ¿verdad? Que los sigan de una manera cercana,
que aprendan de él, que lo ayuden. Y entonces este grupo, el Señor
Jesucristo con sus discípulos llegan a un pueblo que se llamaba
Capernaum. Esto está en Galilea, ¿verdad?
La región donde estas cosas han estado sucediendo y donde pasó
la mayoría de su vida el Señor Jesucristo. Y dice que los días
de reposo, entrando en la sinagoga, enseñaba. ¿Qué día era el día
de reposo? A ver, los niños, cuando se dice
el día de reposo o los días de reposo, ¿qué día era? ¿Qué cosa? El día de descanso. Muy bien, sí, pero era lunes,
martes, miércoles, jueves, viernes, sábado, domingo... Matías. Era el sábado, correcto, así
es. El último día de la semana, ¿verdad?,
cuando Dios descansó de sus obras y entonces lo instituyó como
día de reposo para toda la humanidad. Antes de la resurrección de Cristo,
los creyentes todavía observaban el sábado. Ahora, después de
la resurrección, ¿verdad? El día de reposo ha cambiado
al primer día de la semana, al domingo. Pero esto todavía es
antes de la resurrección. Ahora, dice que el día de reposo
entraron en una sinagoga. ¿Quién sabe lo que es una sinagoga? No es una palabra que ocupamos
mucho, ¿verdad? Pues era el equivalente en ese
tiempo de nuestra iglesia. Era un edificio donde el pueblo
de Dios se reunía y tenían servicios. Y los servicios en la sinagoga
eran algo parecido a los servicios que tenemos nosotros. Cantaban. Oraban, escuchaban la lectura
y la exposición de la palabra, y también daban ofrendas, ¿verdad? Entonces, muchas cosas eran parecidas. Claro, el diseño solía ser un
poquito distinto, ¿verdad? Y algo que hacían en las sinagogas,
que antes se hacía en esta iglesia, es que los hombres estaban de
un lado y las mujeres estaban del otro lado. Entonces no estaban
familias sentadas juntas como ahora, sino que mujeres se iban
para acá y los hombres se iban para allá. Los niños normalmente
se quedaban con las mujeres. Siento decirlo, ¿verdad? Pero
así es. Después de cierta edad, ¿verdad? Ellas también se dividían
de esa manera. Bueno, entonces el Señor Jesucristo
entró en la sinagoga y entró en la sinagoga los días de reposo
porque es cuando tenían servicio. Si alguien quisiera predicarnos
a nosotros, pues de poco le serviría entrar aquí a la iglesia un viernes,
¿verdad? Porque se puede parar en el púlpito,
pero no hay nadie. Hay que ir cuando está la gente. Y entonces, no sabemos cuántas
veces lo hizo, ¿verdad? Pero era algo que hizo más de
una vez. Era como su costumbre entrar
en las sinagogas para enseñar. Y la gente se maravillaba de
su enseñanza. No era el hecho de que enseñara,
porque estaban muy acostumbrados. Cada día de reposo alguien enseñaba
algo. Pero había algo muy distinto
en la enseñanza del Señor Jesucristo. Enseñaba con autoridad y no como
los escribas. Y ese hecho de hablar con autoridad,
que es lo que vamos a estudiar un poco, ¿verdad? Si no lo entienden,
no se preocupen, es lo que vamos a ver. Pero eso de enseñar con
autoridad causaba gran maravilla, asombro y sorpresa entre el pueblo,
y por lo mismo pues platicaban del Señor Jesucristo, salían
de la sinagoga y comentaban con los que no habían estado o incluso
con los que sí habían estado, ¿verdad?, señalando la maravilla
que era la enseñanza del Señor Jesucristo. Entonces, es lo primero
que vemos aquí, ¿verdad?, que enseñaba con autoridad. Pero se debe de notar esto también,
que el Señor Jesucristo, como nuestro ejemplo, asistía a los
servicios de la sinagoga y participaba en la adoración de la sinagoga. Ahora, ¿se imaginan? El Señor
Jesucristo viene, Y ahí está sentado, canta con nosotros,
participa con nosotros, escucha la predicación. Uno dice, pues
más vale que él predique que cualquier otro, ¿verdad? Pero
el Señor Jesucristo había participado en muchos servicios de adoración
en la sinagoga. Había estado en muchas ocasiones
y no siempre enseñaba. De niño no enseñaba. Era su costumbre
asistir fielmente a la sinagoga y tomar parte, y no solamente
un parte de liderazgo, sino también un parte como congregante. Pues, ¿qué habrá aprendido el
señor de la enseñanza que se daba en la sinagoga cuando él
no estuviera enseñando? Indiscutiblemente, como maestro,
como predicador, él era mejor que los otros que se podían escuchar,
¿verdad? Pero él se sentaba con paciencia
y escuchaba lo que decían. Hermanos, qué gran ejemplo para
nosotros. Aquí está el Cordero de Dios,
el santo sin mancha, y participa humildemente en la adoración
semanal del pueblo de Dios. Nosotros, que no somos santos
y sin pancha, ¿verdad?, ¿cuánto mayor necesidad tenemos de la
disciplina, la humildad y la costumbre de ser constantes en
asistir y participar en los servicios que el Señor Jesucristo ha provisto? Claro, Hay personas distintas
que se ponen para predicar, ¿verdad? Hay momentos distintos. Y uno
puede tener sus preferencias, ¿verdad? O inclusive uno como
pastor, ¿verdad? Pues siempre podemos evaluar
a quien está dando la palabra. Y siempre podemos criticar. Si no aprendimos otra cosa en
el seminario, aprendimos cómo criticar, ¿verdad? ¿Pero qué
nos daría a entender el ejemplo del Señor Jesucristo? Nos daría
a entender que hay provecho para nosotros también. Él es la cabeza de la iglesia
y se sometió a participar como congregante, pues sea pastor,
sea quien sea, Nosotros debemos de cultivar esa misma característica,
esa misma humildad. Pero en esta ocasión, él tomó
la palabra y enseñó. Y noten, Marcos no nos dice qué
fue su enseñanza, no nos dice de qué platicó, si expuso un
salmo, o una porción de Isaías, o de Génesis, o quién sabe, ¿verdad?
No lo sabemos. solamente sabemos que hablaba
con autoridad, no como los escribas. ¿Cómo enseñaban los escribas?
Bueno, decían, mira, el rabino tal opinaba esto, pero el rabino
tal opinaba aquello, y entonces el rabino tercero dijo que así
se pueden combinar y llegar a esta conclusión. Entonces daban listas
de opiniones de otros. Podía ser algo académico, ¿verdad? Y el Señor Jesucristo no enseñaba
de esa manera. Decía la verdad, decía las cosas
como son, y no tenía que apelar a otra persona en prueba de la
verdad de lo que decía. enseñaba en vista de la autoridad
que Dios le había dado. Claro, enseñaba de la Escritura,
pero también, como en el Sermón del Monte, a veces simplemente
dice, yo les digo. Han escuchado esto, pero yo les
digo. Bueno, ahí se nota la autoridad,
¿verdad? ¿Y qué quiere decir autoridad?
pues tiene que ver con el derecho de actuar, el derecho de tomar
responsabilidad en cierta área. Así, por ejemplo, en el libro
de Hechos se acuerdan del hombre llamado Ananías que vendió un
terreno y mintió acerca del precio del terreno para no entregar
todo a los apóstoles. Pues Pedro le recuerda que él
tenía autoridad sobre su dinero. Tenía derecho. Si no quería dar
todo, pues no tenía que dar todo. Era su dinero. Podía ocuparlo
como quería. Su autoridad era el derecho de
usar su dinero como bien le pareciera. O también en el libro de Hechos,
Saulo, cuando estaba persiguiendo a la iglesia, recibió autoridad
de encarcelar a los cristianos, es decir, recibió una comisión
legal, ¿verdad?, que le permitía encarcelar a los creyentes. Entonces,
con esa idea de autoridad, entendemos que Cristo tiene el derecho legal
de enseñar, de decir lo que era cierto y verdadero, de decir
lo que era bueno y lo que era malo. Y claro, entonces, que
cuando Él tiene ese derecho y habla, habla con confianza, habla con
certeza, no habla vacilando, no habla diciendo, bueno, pues
yo opino, a lo mejor podría ser... Dice las cosas como son. Y claro,
hasta cierto punto los predicadores lo deben de imitar. No tenemos
la misma autoridad que Cristo, ¿verdad? Y entonces no está mal
que yo diga, pues en mi opinión, o algunos expertos han dicho,
pero cuando Cristo ha hablado claramente, no debo de meter
cosas como esas, ¿verdad? Sino al contrario, debo decir,
así dice la palabra del Señor, y ponerlo en claro, y... Pues
no pedir una disculpa ni pedir permiso tampoco, ¿verdad? Porque
es lo que Cristo dice. Ahora, eso nos lleva a lo que
sucedió en esta ocasión en la sinagoga de Capernaum. Una de
las veces que Jesucristo ahí estaba enseñando, había en la
sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo que se puso
a gritar, a dar voces. Ahora, ¿qué entendemos por un
hombre con un espíritu inmundo? Bueno, sabemos lo que es un hombre,
¿verdad? Y en este caso es un hombre afligido. Normalmente
lo nombramos por un demonio, ¿verdad? Pero a Marcos le gusta
esta frase de espíritu inmundo. Bueno, cuando se habla de un
espíritu, se habla de un ser que no tiene cuerpo. pero que tiene personalidad,
o sea, es un ente distinto, individual, con mente, con voluntad. Y cuando se habla de un espíritu
inmundo, se habla de un ser inteligente, vivo, pero sin cuerpo, que se
opone a Dios, que está en contra de la ley de Dios. La idea de
la inmundicia es la idea de la suciedad, pero con referencia
a la religión, con referencia a lo ritual. Entonces, cuando
hablamos de la suciedad no estamos diciendo, como cuando los niños
salen y juegan en el pasto y regresan sucios. Esa suciedad, o sea,
sí importa, pero no está al mismo nivel, ¿verdad? Estamos hablando
de una contaminación espiritual. de no ser digno, de no poder
participar en la adoración de Dios. Ser inmundo es quedar excluido
del pacto de Dios con su pueblo. Ser inmundo es oponerse a la
ley del reino de Dios. Y noten esto, había en la sinagoga
un hombre con un espíritu inmundo. Aparentemente, antes de que llegara
Jesucristo, ahí estaba, tranquilo, como si nada. Lo que normalmente
sucedía en la sinagoga no le molestaba, pero no podía tolerar
la presencia, la autoridad, la enseñanza de Cristo. Ya no pudo estar quieto y comenzó
a dar voces. Bueno, pues de esto por un lado
tenemos que aprender a tomar en serio la existencia, la realidad
de un mundo espiritual. Nosotros somos seres corporales,
¿verdad? Tenemos un cuerpo, pero tenemos
cierto contacto con el mundo espiritual porque somos más que
simplemente un cuerpo. Y entonces hay espíritus que
pueden influenciar de una manera u otra. Aquí vemos un señor,
un hombre, influenciado, afligido por un espíritu inmundo. Ahora, no es el momento para
meternos en toda esa plática, ¿verdad? Hay mucho que decir.
en cuanto a eso. Pero aquí vamos a notar estas
cosas. Dentro del pueblo de Dios, dentro de la misma sinagoga,
había un hombre que estaba esclavizado por el diablo o por uno de sus
siervos, por lo menos, del diablo. Qué triste, ¿no? Qué tragedia
pensar que en la iglesia, por decirlo así, podría haber alguien
afligido, esclavizado por el diablo, pero sin embargo la experiencia
lo confirma. Lo vemos sucediendo, lo vemos
cuando alguien cae en el pecado escandaloso y no se quiere arrepentir. Ahí vemos a una persona llevado
por la voluntad del diablo. Aquí este señor es está tanto
bajo el dominio de este espíritu inmundo, que el espíritu inmundo
habla usando la boca de este señor. No son las opiniones del
hombre, son las opiniones del espíritu inmundo que salen. ¿Y
qué es lo que dice? ¿Qué tienes con nosotros, Jesús
Nazareno? Esa es una forma de preguntar
si alguien está buscando pelear. O sea, si alguien choca conmigo
cuando voy caminando en la calle, yo digo, ¡ay, qué tienes! Parece
verdad que estoy... me pongo un poquito agresivo
para ver si lo hizo a propósito. Pues así el Espíritu con el Señor
Jesucristo. ¿Qué tienes con nosotros? ¿Por
qué estás aquí? ¿Vienes para atribularnos? Él entendía, ¿verdad?,
que él estaba en oposición a Cristo. Él entendía que como espíritu
inmundo no tenía que ver con el Señor Jesucristo, quien no
es inmundo. Al contrario, Él es quien nos
santifica. Y de hecho le dice, yo sé quién
eres, eres el santo de Dios. Pues ahí está el contraste, el
espíritu inmundo y el santo de Dios. No podría haber una oposición
más dramática, más radical. Ahora, el conocimiento de la
identidad de Cristo solamente viene a los seres humanos cuando
Dios se los revela. El espíritu inmundo, como lo
sabe, pues recordemos, pertenece al mundo espiritual y tiene acceso
a conocimiento que nosotros no tenemos fuera de la revelación
que Dios nos da, ¿verdad? En su palabra, principalmente. Lo que dijo el espíritu inmundo
es cierto, ¿verdad? Cristo es el santo de Dios, no
está mintiendo. Entonces, ¿por qué el Señor Jesucristo
le dice que se calla? ¡Cállate! Pues no va a aceptar
testimonio de un espíritu inmundo, no quiere verse asociado con
ellos, no está colaborando con ellos y no necesita su testimonio. Además, cuando los demonios dicen
la verdad, hasta la verdad lo dicen para engañar. Verdad, lo
vemos muchas veces con los falsos maestros que tienen sus ideas
malas, pero los envuelven en cierta cantidad, en una capa
de... ¿verdad? Para que no nos demos
tanta cuenta, ¿verdad? Es como cuando hay que dar medicamento
a los perros y uno esconde la pastilla dentro de un trocito
de carne o lo que sea, ¿verdad? Y así se lo tragan y ni cuenta
se dan. Bueno, algunos perros, otros son más discriminadores,
¿verdad? Pues así hacen los maestros falsos. Tienen la mentira, pero lo envuelven
con algo que por lo menos parece bíblico para engañarnos. Pero Cristo no se deja engañar.
Rechaza el testimonio, aunque sea verdadero, cuando viene de
un espíritu inmundo. Y entonces lo reprende. Pues
cuando leemos que el Señor Jesucristo reprendió al espíritu inmundo,
nos recuerda una escena del Antiguo Testamento, en el libro de Zacarías,
cuando Él ve en visión al sumo sacerdote de ese tiempo, Josué,
y Satanás se para para acusar, para destrozar al sumo sacerdote. Y se le dice, el Señor te reprenda,
Satanás. Aquí tenemos al Señor reprendiendo
al espíritu inmundo. Es una muestra más, ¿verdad?,
que el Señor Jesucristo verdaderamente es Dios en la carne. El que tiene autoridad para reprender
a los espíritus inmundos. El que está opuesto a todo lo
sucio, todo lo maligno. Ahora, la resistencia del espíritu
inmundo queda claro, ¿verdad? El Señor le dice, cállate y salve
a esta persona. ¿Y qué hace? Dice que lo sacudió
con violencia. O sea, el pobre hombre afligido,
¿verdad? Ahí está, tiembla y tiembla,
como si le hubiera dado un ataque epiléptico. Y también el espíritu
inmundo le causa que grite, ¿verdad? Me imagino que habrá sido un
sonido bien feo, bien fuerte, como cuando alguien grita de
muchísimo miedo o dolor, ¿verdad? Si pegamos el pie o algo así
contra una silla, ¿verdad? A veces gritamos. Pues imagínense
algo así, pero más feroz, ¿verdad? Más bravo. El espíritu inmundo
quiso resistir, pero ¿qué pasó? ¿Qué sucedió? Salió de él. No quiso, pero no pudo resistir
la autoridad de Cristo. La palabra de Cristo basta para
terminar la aflicción del hombre con el espíritu inmundo. El Señor
Jesucristo ya había vencido al diablo porque permaneció firme
en la tentación. Y ahora los espíritus malignos
no son capaces de resistir su palabra. Pues ahí vemos la autoridad,
¿verdad? Enseña con autoridad. Manda a
los espíritus inmundos con autoridad, con razón. La gente se queda
maravillada. Pero antes de avanzar, notemos
esto. Hay una servidumbre espiritual
que puede pasar desapercibido en medio de nosotros, que puede
continuar aún en la presencia de la palabra y la adoración
del Dios vivo. Hermanos, hemos visto por el
ejemplo del Señor Jesucristo que debemos de asistir fielmente
a la iglesia, que debemos de participar en sus servicios.
Pero no nos confundamos en este punto. ¿Quién nos libra de la
inmundicia? ¿Quién nos libra del pecado? No son las ordenanzas. Es Cristo mismo quien nos libra. Llegamos a la iglesia, participamos
para seguir su ejemplo y para, por decirlo así, darle la oportunidad
de actuar por medio de los medios que él ha establecido. Pero no
es la predicación, no es el cantar lo que nos va a librar de nuestra
servidumbre espiritual, es Cristo con su autoridad irresistible. Y para terminar entonces, vemos
los últimos dos versículos, los versículos 27 al 28. donde toda la congregación se
asombraron y preguntaban, ¿Quién es esta persona? ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina? ¿Qué nueva
enseñanza es que puede mandar hasta los espíritus inmundos? Pues aquí vemos, ¿verdad?, que
la autoridad que Cristo tiene no es solamente el derecho de
hacer ciertas cosas. También tiene el poder ejecutivo
para efectuar lo que quiere, para realizar lo que tiene derecho
de hacer. Bueno, si antes de que reprendiera
el espíritu inmundo, la congregación ya estaban maravillando, pues
ahora quedan atónitos con asombro. Ya ha llegado a un nuevo nivel
su asombro. Porque han visto que la autoridad
del Señor Jesucristo no solamente se extiende a la esfera humana,
va más allá de la esfera humana al mundo espiritual, incluyendo
los que se oponen a su reino, incluyendo lo inmundo y lo malo. Y hermanos, ahí hay un gran consuelo
para nosotros. Vivimos rodeados de maldad. Hay
maldades, hay perversidades que difícilmente nos imaginamos. Hay profundidades. de esclavitud
espiritual que quiebran el corazón saber que alguien los experimenta.
Y a veces sentimos, ay, contra tanta maldad no podemos. Vemos
maldad en los lugares elevados, ¿verdad?, en lugares celestiales.
Vemos maldad en posiciones de poder dentro de los sistemas
de este mundo. Vemos el maltrato, vemos el abuso
infantil, vemos la esclavitud que practican algunas naciones.
Vemos muchas cosas malísimas y decimos, pues contra tanto
no podemos. Pues es cierto, nosotros no podemos.
Pero la autoridad de Cristo gobierna. No importa la posición que alguien
tenga dentro de los gobiernos del mundo. No importa hasta qué
punto todo el gobierno se entregue a la maldad. La autoridad de
Cristo sigue siendo superior. Bueno pues, el pueblo aquí en
Capernaum no habían esperado ver tal cosas. Difundieron el
reporte. Pero notemos lo que no dice el
texto. Estaban maravillados. Estaban
preguntando. Obviamente estaban interesados.
Pero ¿saben lo que no dice? No dice que creyeron. No dice
que confiaron en el Señor Jesucristo. Hermanos, debemos maravillar
ante Cristo, pues Él es maravilloso. Pero nuestra respuesta debe de
ser más profunda todavía. También debemos confiar. Experimentar sorpresa no es lo
mismo que obedecer. Él es nuestro sumo profeta, nuestro
gran maestro. Y entonces Él define el bien
y el mal. Él distingue la verdad del error. Y Él nos dice qué es lo que tenemos
que hacer. Pero Él también es quien nos
trae liberación espiritual, quien puede romper las cadenas de los
malos hábitos, de los pensamientos pervertidos, de las traumas que
hemos pasado y de todo lo demás. Y se nota eso en el texto, ¿verdad?
¿Qué hizo el hombre endemoniado, el hombre con el espíritu inmundo?
¿Él qué hizo para ser librado? Pues no hizo nada, ¿verdad? No
pudo hacer nada. El espíritu inmundo estaba ocupando
su boca y su cuerpo. Pero Cristo lo libró. Cristo
hizo todo por él y el hombre no hizo nada. Pues nosotros,
hermanos, debemos ver a Cristo como liberador y maestro, como
salvador y señor. Nos rescata de los lazos del
diablo, pero también nos enseña con autoridad, nos dice qué es
lo que tenemos que hacer y nos corresponde obedecer. No podemos dividir a Cristo. Cristo será señor y salvador
para nosotros o no será ninguna de las dos cosas. Entonces no
nos maravillemos solamente, maravillemos pero también vamos a creer, vamos
a adorar, vamos a obedecer y vamos a gozar de su salvación. Amén.
Enseñando con autoridad
Series Marcos
La autoridad del Señor Jesucristo se demuestra en su enseñanza y también en su dominio aún sobre espíritus inmundos.
| Sermon ID | 21521512313141 |
| Duration | 29:58 |
| Date | |
| Category | Sunday - PM |
| Bible Text | Mark 1:21-28 |
| Language | Spanish |
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