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hermoso día el que el señor nos
regala para que nosotros podamos aprovecharlo y continuar con
nuestro desafío de este dos mil veintidós. Leamos la Biblia en
cincuenta y dos semana. Sea usted bienvenido a esta transmisión
de lectura de las que Él nos ha dado como un medio
para nosotros conocer Su voluntad, la voluntad del Señor. Ella es
lámpara a nuestros pies, ella es lumbrera a nuestros caminos,
ella es nuestro alimento espiritual. Así que sea bienvenido a este
desafío una vez más. a leer estas santas escrituras
en 52 semanas si es la primera vez que usted está llegando a
esta transmisión pues con gusto podemos compartirle si usted
lo pide o si puede ir al canal a la lista de reproducción allí
usted va a encontrar las lecturas que hemos tenido en días pasados. En el día de hoy, nosotros leeremos
a Josué capítulo seis hasta el capítulo diez. Como le hemos
dicho, todos los días estamos leyendo una porción de las diferentes
divisiones en la que se encuentra nuestra palabra, nuestra, o la
palabra de Dios, mejor dicho, esa palabra que el Señor nos
ha dado a nosotros. Ese, eso era lo que quería decirle
así que sin pérdida de tiempo yo quiero exhortarle a que usted
nos acompañe con esta con estas lecturas y en este caso específico
podamos estudiar a Josué desde su capítulo 6 hasta el capítulo
10 sin pérdida de tiempo entremos a esta lectura Josué capítulo
6 nos dice de la siguiente forma Jericó estaba muy bien cerrada
por miedo a los israelitas. Nadie salía ni entraba. Pero el señor dijo a Josué, Mira,
he entregado en tu mano a Jericó y a su rey con sus valientes
y guerreros. Ustedes marcharán alrededor de
la ciudad todos los hombres de guerra rodeando la ciudad una
vez. Así lo harás por seis días. Siete sacerdotes llevarán siete
trompetas de cuerno de carnero delante del arca. Al séptimo
día ustedes marcharán alrededor de la ciudad siete veces y los
sacerdotes tocarán las trompetas. Y sucederá que cuando toquen
un sonido prolongado con el cuerno de carnero y ustedes oigan el
sonido de la trompeta, todo el pueblo gritará a gran voz y la
muralla de la ciudad se vendrá abajo. Entonces el pueblo subirá
cada hombre derecho hacia adelante. Josué, hijo de Nun, llamó a los
sacerdotes y les dijo, tomen el arca del pacto y que siete
sacerdotes lleven siete trompetas de cuerno de carnero delante
del arca del Señor. Entonces dijo al pueblo, pasen
y marchen alrededor de la ciudad y que los hombres armados vayan
delante del arca del Señor. Después que José había hablado
al pueblo, los siete sacerdotes que llevaban las siete trompetas
de cuerno de carnero delante del Señor, se adelantaron y tocaron
las trompetas, y el arca del pacto del Señor los seguía. Los
hombres armados iban delante de los sacerdotes que tocaban
las trompetas, y la retaguardia iba detrás del arca, mientras
ellos continuaban tocando las trompetas. Pero Josué dio órdenes
al pueblo. No gritarán, ni dejarán oír su
voz, ni saldrá palabra de su boca hasta el día que yo les
diga, ¡griten! Entonces gritarán. Así hizo que
el arca del Señor fuera alrededor de la ciudad rodeándola una vez. Entonces volvieron al campamento
y pasaron la noche en el campamento. Josué se levantó muy de mañana
y los sacerdotes tomaron el arca del Señor. Los siete sacerdotes
llevando las siete trompetas de cuerno de carnero iban delante
del arca del Señor, andando continuamente y tocando las trompetas. Los
hombres armados iban delante de ellos y la retaguardia iba
detrás del arca del Señor mientras ellos seguían tocando las trompetas. Así que el segundo día marcharon
una vez alrededor de la ciudad y volvieron al campamento. Así
lo hicieron por seis días. Entonces en el séptimo día se
levantaron temprano, al despuntar el día, y marcharon alrededor
de la ciudad de la misma manera, pero siete veces. Sólo aquel
día marcharon siete veces alrededor de la ciudad. A la séptima vez,
cuando los sacerdotes tocaron las trompetas, Josué dijo al
pueblo, ¡griten! Pues el Señor les ha entregado
la ciudad. La ciudad será dedicada al anatema. Ella y todo lo que hay en ella
pertenece al Señor. Sólo Raab, la ramera, y todos
los que están en su casa vivirán, porque ella escondió a los mensajeros
que enviamos. Pero ustedes tengan mucho cuidado
en cuanto a las cosas dedicadas al anatema. No sea que las codicien
y tomando de las cosas del anatema, hagan maldito el campamento de
Israel y traigan desgracia sobre él. Toda la plata y el oro y
los utensilios de bronce y de hierro están consagrados al Señor. Entrarán en el tesoro del Señor. Entonces el pueblo gritó y los
sacerdotes tocaron las trompetas y sucedió que cuando el pueblo
oyó el sonido de la trompeta, el pueblo gritó a gran voz y
la muralla se vino abajo. El pueblo subió a la ciudad,
cada hombre derecho hacia adelante y tomaron la ciudad. destruyeron
por completo, a filo de espada, todo lo que había en la ciudad,
hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, bueyes, ovejas y asnos. Pero Josué dijo a los dos hombres
que habían reconocido la tierra, entren en la casa de la ramera
y saquen de allí a la mujer y todo lo que posea, tal como se lo
juraron. Entraron pues los jóvenes espías
y sacaron a Raab, a su padre, a su madre, a sus hermanos y
todo lo que poseía. También sacaron a todos sus parientes
y los colocaron fuera del campamento de Israel. Entonces prendieron
fuego a la ciudad y a todo lo que en ella había. Solo pusieron
en el tesoro de la casa del señor la plata, el oro y los utensilios
de bronce y de hierro. Pero Josué dejó vivir a Raab
la ramera, a la casa de su padre y todo lo que ella tenía. Ella
ha habitado en medio de Israel hasta hoy porque escondió a los
mensajeros a quienes Josué había enviado a reconocer a Jericó. Entonces Josué le hizo un juramento
en aquel tiempo y dijo, maldito sea delante del Señor el hombre
que se levante y reedifique esta ciudad de Jericó, con la pérdida
de su primogénito echará su cimiento y con la pérdida de su hijo menor
colocará sus puertas. El Señor estaba con Josué y su
fama se extendió por toda la tierra. Capítulo 7. Pero los israelitas fueron infieles
en cuanto a las cosas dedicadas al anatema, porque Acán, hijo
de Carmi, hijo de Sabdi, hijo de Sera, de la tribu de Judá,
tomó de las cosas dedicadas al anatema. Entonces la ira del
Señor se encendió contra los israelitas. Josué envió hombres
desde Jericó a Hai, que está cerca de Beth Abén, al este de
Betel, y les dijo, suban y reconozcan la tierra. Y los hombres subieron
y reconocieron a Jai. Cuando volvieron a Josué le dijeron,
que no suba todo el pueblo, solo dos o tres mil hombres subirán
a Jai. No hagas cansar a todo el pueblo subiendo allá, porque
ellos son pocos. Así que subieron allá unos tres
mil hombres del pueblo, pero huyeron ante los hombres de Jai. Los hombres de Hai hirieron de
ellos a unos treinta y seis hombres, y los persiguieron desde La Puerta
hasta Cebarín, y los derrotaron en la bajada. El corazón del
pueblo desfalleció y se hizo como agua. Entonces Josué rasgó
sus vestidos y postró su rostro en tierra delante del arca del
Señor hasta el anochecer, él y los ancianos de Israel, y echaron
polvo sobre sus cabezas. Y Josué dijo, ¡Ah, Señor Dios! ¿Por qué hiciste pasar a este
pueblo, el Jordán, para entregarnos después en manos de los amorreos
y destruirnos? ¡Ojalá nos hubiéramos propuesto
habitar al otro lado del Jordán! ¡Ah, Señor! ¿Qué puedo decir,
ya que Israel ha vuelto a la espalda ante sus enemigos? Porque los cananeos y todos los
habitantes de la tierra se enterarán de ello, y nos rodearán, y borrarán
nuestro nombre de la tierra. ¿Y qué harás tú por tu gran nombre? El Señor dijo a Josué, levántate,
¿por qué te has postrado rostro en tierra? Israel ha pecado y
también ha transgredido mi pacto que les ordené, y hasta han tomado
de las cosas dedicadas al anatema, y también han robado y mentido,
y además las han puesto entre sus propias cosas. No pueden,
pues, los israelitas hacer frente a sus enemigos. Vuelvan la espalda
delante de sus enemigos porque se han convertido en anatema.
No estaré más con ustedes a menos que destruyan las cosas dedicadas
al anatema de en medio de ustedes. ¡Levántate, consagra al pueblo
y conságrense para mañana! Porque así dicho el Señor, Dios
de Israel, hay anatema en medio de ti, oh Israel. No podrás hacer
frente a tus enemigos hasta que quiten el anatema de en medio
de ustedes. Por la mañana se acercarán, pues, por tribus,
y será que la tribu que el Señor señale se acercará por familias,
y la familia que el Señor señale se acercará por casas, y la casa
que el Señor señale se acercará hombre por hombre. Y será que
el hombre que sea sorprendido con las cosas dedicadas al anatema
será quemado, él y todo lo que le pertenece, porque ha quebrantado
el pacto del Señor y ha cometido una terrible ofensa en Israel.
Josué se levantó muy de mañana e hizo acercar a Israel por tribus
y fue designada a la tribu de Judá. Mandó a acercar a las familias
de Judá y fue designada a la familia de los de Sera. Hizo
acercar a la familia de Sera, hombre por hombre, y Sabdi fue
designado. Mandó a acercar su casa, hombre
por hombre, fue designado a Can, hijo de Carmi, hijo de Sabdi,
hijo de Sera, de la tribu de Judá. Entonces Josué dijo a Can,
Hijo mío, te ruego, da gloria al Señor, Dios de Israel, y dale
alabanza. Declárame ahora lo que has hecho,
no me lo ocultes. Y Acán respondió a Josué, en
verdad he pecado contra el Señor, Dios de Israel, y esto es lo
que he hecho. Cuando vi entre el botín un hermoso
manto de cinar y doscientos ciclos de plata y una barra de oro de
cincuenta ciclos de peso, los codicié y los tomé. Todo eso
está escondido en la tierra dentro de mi tienda con la plata debajo.
Josué envió emisarios que fueron corriendo a la tienda y hallaron
el manto escondido en su tienda con la plata debajo. Lo sacaron
de la tienda y los llevaron a Josué y a todos los israelitas y lo
pusieron delante del Señor. Entonces Josué y todo Israel
con él, tomaron a Acán, hijo de cera, y la plata, el manto,
la barra de oro, sus hijos, sus hijas, sus bueyes, sus asnos,
sus ovejas, sus tiendas y todo lo que le pertenecía, y los llevaron
al valle de Acor. Y Josué dijo, ¿por qué nos has
turbado? El Señor te turbará hoy. Todo
Israel los apedreó y los quemaron después de haberlos apedreado. Levantaron sobre él un gran montón
de piedras que permanece hasta hoy. El Señor se volvió del furor
de su ira. Por eso se ha llamado aquel lugar
el Valle de Acor hasta el día de hoy. Capítulo 8 Entonces el
señor dijo a Josué, no temas ni te acobardes, toma contigo
a todo el pueblo de guerra y levántate, sube a Jai. Mira, he entregado
en tu mano al rey de Jai, su pueblo, su ciudad y su tierra.
Harás con Jai y con su rey lo mismo que hiciste con Jericó
y con su rey. Tomarán para ustedes como botín
solamente los despojos y el ganado. Prepara una emboscada a la ciudad
detrás de ella. Josué se levantó con todo el
pueblo de guerra para subir a Jai, y escogió a Josué treinta mil
hombres, valientes guerreros, y los envió de noche. Josué les
dio órdenes diciendo, miren, ustedes van a poner emboscada
la ciudad por detrás de ella, no se alejen mucho de la ciudad
si no estén todos alerta. Entonces yo y todo el pueblo
que me acompaña nos acercaremos a la ciudad. Cuando ellos salgan
a nuestro encuentro como la primera vez, nosotros huiremos delante
de ellos, y ellos saldrán tras nosotros hasta que los hayamos
alejado de la ciudad, porque dirán, huyen ante nosotros como
la primera vez. Huiremos, pues, ante ellos. Ustedes
saldrán de la embosjada y se apoderarán de la ciudad, porque
el Señor su Dios la entregará en sus manos. Cuando hayan tomado
la ciudad, le prenderán fuego. Lo harán conforme a la palabra
del Señor. Miren que yo se lo mando." Josué
los envió y fueron al lugar de la emboscada y se quedaron entre
Betel y Jai, al occidente de Jai. Pero Josué pasó la noche
entre el pueblo. Josué se levantó muy de mañana,
pasó revista al pueblo y subió con los ancianos de Israel frente
al pueblo de Jai. Entonces todos los hombres de
guerra que estaban con él subieron y se acercaron y llegaron frente
a la ciudad y acamparon al norte de Jai. Había un valle entre
él y Jai. Josué tomó unos cinco mil hombres
y los puso en emboscada entre Betel y Jai, al occidente de
la ciudad, y apostaron al pueblo. Todo el ejército que acampó al
norte de la ciudad y su retaguardia que acampó al occidente de la
ciudad, y Josué pasó aquella noche en medio del valle. Al
ver esto el rey de Haib, los hombres de la ciudad se apresuraron,
se levantaron temprano y salieron para enfrentarse a Israel en
batalla, él y todo su pueblo, en el lugar señalado frente a
la llanura del desierto, sin saber que había una emboscada
contra él por detrás de la ciudad. Josué y todo Israel se fingieron
vencidos delante de ellos y huyeron camino del desierto. Y todo el
pueblo que estaba en la ciudad fue llamado para perseguirlos
y persiguieron a Josué y se alejaron de la ciudad. No quedó hombre
en Hai o Betel que no saliera atrás a Israel, y dejaron la
ciudad sin protección por perseguir a Israel. Entonces el Señor dijo
a Josué, Extiende la jabalina que está en tu mano hacia Hai,
porque la entregaré en tu mano. Y Josué extendió hacia la ciudad
la jabalina que estaba en su mano. Los que estaban emboscados
se levantaron rápidamente de su lugar y corrieron cuando él
extendió su mano. Entraron en la ciudad y se apoderaron
de ella, inmediatamente le prendieron fuego a la ciudad. Cuando los
hombres de Hai se volvieron y miraron, vieron que el humo de la ciudad
subía al cielo y no tenían lugar a dónde ir, ni por un lado ni
por el otro, porque el pueblo que iba huyendo hacia el desierto
se volvió contra sus perseguidores. al ver, Josué y todo Israel,
que los emboscados habían tomado la ciudad y que el humo de la
ciudad subía, se volvieron y comenzaron a matar a los hombres de Hai.
Y los de la emboscada salieron de la ciudad a su encuentro.
Así que los de Hai quedaron en medio de Israel, unos por un
lado y otros por el otro. Los mataron hasta no quedar de
ellos, ni sobreviviente ni fugitivo. pero al rey de Hai lo tomaron
vivo y lo trajeron a Josué. Cuando Israel acabó de matar
a todos los habitantes de Hai en el campo y en el desierto,
a donde ellos los habían perseguido y todos habían caído a filo de
espada hasta ser exterminados, todo Israel volvió a Hai, la
hirieron a filo y la hirieron a filo de espada. El total de
los que cayeron aquel día, tanto hombres como mujeres, fue de
12.000, todo el pueblo de Hai. Josué no retiró su mano, con
la cual tenía extendida la jabalina, hasta que hubo exterminado por
completo a todos los habitantes de Hai. Sólo el ganado y los
despojos de aquella ciudad tomó Israel para sí como botín, conforme
a la palabra que el Señor había ordenado a Josué. Josué incendió
la ciudad de Jai y la convirtió en un montón de ruinas para siempre,
en una desolación hasta el día de hoy. También colgó al rey
de Jai en un árbol hasta la tarde, a la puesta del sol. Josué dio
orden que bajaran su cadáver del árbol. Lo arrojaron a la
entrada de la puerta de la ciudad y levantaron sobre él un gran
montón de piedras que permanece hasta el día de hoy. Entonces
Josué edificó un altar al Señor, Dios de Israel, en el monte Ebal,
tal como Moisés, siervo del Señor, había ordenado a los israelitas,
como está escrito en el libro de la ley de Moisés, un altar
de piedras sin labrar, sobre las cuales nadie había alzado
herramienta de hierro. Sobre él ofrecieron holocaustos
al Señor y sacrificaron ofrendas de paz. Allí, sobre las piedras,
Josué escribió una copia de la ley que Moisés había escrito
en presencia de los israelitas. Todo Israel, con sus sacianos,
oficiales y jueces, estaba de pie a ambos lados del arca, delante
de los sacerdotes levitas que llevaban el arca del pacto del
Señor, tanto el extranjero como el nativo. La mitad de ellos
estaba frente al monte Jericín y la otra mitad frente al monte
Ebal, tal como Moisés, siervo del Señor, había ordenado la
primera vez para que bendijeran al pueblo. Después Josué leyó
todas las palabras de la ley, la bendición y la maldición,
conforme a todo lo que está escrito en el libro de la ley. No hubo
ni una palabra de todo lo que había ordenado Moisés que Josué
no leyera delante de toda la asamblea de Israel, incluyendo
las mujeres, los niños y los extranjeros que vivían entre
ellos. Capítulo 9 Y sucedió que cuando
se enteraron todos los reyes que estaban al otro lado del
Jordán, en los montes, en los valles y en toda la costa del
Mar Grande hacia el Líbano, los reyes de los hititas, amorreos,
cananeos, fereseos, hebeos y jebuceos, a unas se reunieron y se pusieron
de acuerdo para pelear contra Josué y contra Israel. Cuando
los habitantes de Gabaón también se enteraron de lo que Josué
había hecho a Jericó y a Jai, ellos usaron de astucia y fueron
como embajadores, y llevaron alforjas viejas sobre sus asnos,
y odres de vino viejos rotos y remendados, y sandalias gastadas
y remendadas en sus pies, y vestidos viejos sobre sí. Todo el pan
de su provisión estaba seco y desmenuzado. Vinieron a Josué al campamento
en Gilgal y le dijeron a él y a los hombres de Israel, hemos venido
de un país lejano, hagan pues pacto con nosotros. Y los hombres
de Israel dijeron a los ebeos, quizás habitan en nuestra tierra,
¿cómo pues haremos pacto con ustedes? Respondieron ellos a
Josué, somos tus siervos. Y Josué les preguntó, ¿quiénes
son y de dónde vienen? Ellos le dijeron, tus siervos
han venido de un país muy lejano a causa de la fama del Señor
tu Dios, porque hemos oído hablar de él, de todo lo que hizo en
Egipto, y de todo lo que hizo a los dos reyes de los Amorreos,
que estaban al otro lado del Jordán, a Zeón, rey de Esbón,
y a Oj, rey de Bazán, que estaba en Astarot. Y nuestros ancianos
y todos los habitantes de nuestro país nos dijeron, tomen provisiones
en su mano para el camino, vayan a su encuentro y díganles, somos
siervos de ustedes, hagan pues pacto con nosotros. Este pan
nuestro estaba caliente cuando lo sacamos de nuestras casas
para provisión el día que salimos para venir a ustedes, pero ahora
está seco y desmenuzado. Estos sobres de vino que llenamos
eran nuevos, y vean que están rotos. Estos vestidos nuestros
y nuestras sandalias están gastados a causa de lo muy largo del camino. Y los hombres de Israel tomaron
de sus provisiones y no pidieron el consejo del Señor. Josué hizo
paz con ellos y celebró pacto con ellos para conservarles la
vida. También los jefes de la congregación
se lo juraron. Pero sucedió que después de tres
días de haber hecho pacto con ellos, los israelitas se enteraron
de que eran vecinos y que habitaban en su tierra. Entonces salieron
los israelitas y al tercer día llegaron a sus ciudades. Sus
ciudades eran Gabaún, Kafira, Berot y Kiriat Jearim. Y los
israelitas no los mataron porque los jefes de la congregación
les habían hecho un juramento por el Señor Dios de Israel.
Y toda la congregación murmuraba contra los jefes. Pero todos
los jefes dijeron a la congregación, nosotros les hemos jurado por
el Señor, Dios de Israel, y ahora no podemos tocarlos. Esto es
lo que haremos con ellos. Los dejaremos vivir para que
no venga sobre nosotros la ira por el juramento que les hemos
hecho. Y los jefes dijeron, déjenlos vivir. Y ellos fueron leñadores
y aguadores para toda la congregación, tal como los jefes les habían
dicho. Entonces Josué los mandó a llamar
y les habló. ¿Por qué nos han engañado diciendo,
habitamos muy lejos de ustedes cuando habitan en nuestra tierra?
Ahora pues, malditos son y nunca dejarán de ser esclavos, leñadores
y aguadores para la casa de mi Dios. Y ellos respondieron a
Josué, porque ciertamente tus siervos fueron informados de
que el Señor tu Dios había ordenado a su siervo Moisés que les diera
toda la tierra y que destruyera a todos los habitantes de la
tierra delante de ustedes. Por tanto, temimos en gran manera
por nuestras vidas a causa de ustedes, y hemos hecho esto.
Ahora pues estamos en tus manos, haz con nosotros lo que te parezca
bueno y justo. Y así hizo él con ellos, y los
libró de las manos de los israelitas, y éstos no los mataron. Y aquel día Josuelos hizo leñadores
y aguadores para la congregación y para el altar del Señor en
el lugar que él escogiera hasta el día de hoy. Capítulo 10 Cuando Adonis Zedek,
rey de Jerusalén, se enteró de que Josué había capturado a Hai
y que le había destruido por completo, como había hecho con
Jerico y con su rey, así había hecho con Hai y con su rey, y
que los habitantes de Gabaón habían concertado la paz con
Israel y estaban dentro de su tierra, tuvo gran temor porque
Gabaón era una gran ciudad, como una de las ciudades reales, y
porque era más grande que Jai, y todos sus hombres eran valientes.
Por tanto, Adonis Zedek, rey de Jerusalén, envió mensajes
a Juan, rey de Ebrón, a Pireán, rey de Jarmut, a Jafía, rey de
Lakis, y a Dévir, rey de Eglón, diciéndoles Suban a mí y ayúdenme,
y ataquemos a Gabaón, porque ha hecho paz con Josué y con
los israelitas. Se reunieron pues los cinco reyes
de los amorreos, el rey de Jerusalén, el rey de Brom, el rey de Jarmut,
el rey de Lakis y el rey de Eglón, y subieron ellos con todos sus
ejércitos, y acamparon junto a Gabaón, y lucharon contra ella. Entonces los hombres de Gabaón
enviaron un mensaje a Josué al campamento de Gilgal y le dijeron,
no abandone a sus siervos, suban rápidamente a nosotros, sálvenos
y ayúdenos, porque todos los reyes de los amorreos que habitan
en los montes se han reunido contra nosotros. Y Josué subió
de Gilgal, él y toda la gente de guerra con él y todos los
valientes guerreros. Y el Señor dijo a Josué, No les
tengas miedo, porque los he entregado en tus manos. Ninguno de ellos
te podrá resistir. Vino pues Josué sobre ellos de
repente, habiendo marchado toda la noche desde Gilgal. Y el Señor
los desconcertó delante de Israel, y los hirió con gran matanza
en Gabaún. Luego los persiguió por el camino
de la subida de Bethorón, y los hirió hasta Azeca y Maceda. Mientras huían delante de Israel,
cuando estaban en la bajada Bet Oron, el Señor arrojó desde el
cielo grandes piedras sobre ellos hasta a seca y murieron. Y fueron
más los que murieron por las piedras del granizo que los que
mataron a espada los israelitas. Entonces Josué habló al Señor,
el día en que el Señor entregó a los amurreos delante de los
israelitas, y dijo en presencia de Israel, Sol, detente en Gabaón,
y tú, Luna, en el valle de Ajalón. Y el Sol se detuvo, y la Luna
se paró, hasta que la nación se vengó de sus enemigos. No
está esto escrito en el libro de Hacer, y el sol se detuvo
en medio del cielo y no se apresuró a ponerse como por un día entero. Ni antes ni después hubo día
como aquel cuando el Señor prestó atención a la voz de un hombre,
porque el Señor peleó por Israel. Entonces Josué y todo Israel
con él volvió al campamento en Gilgal. Aquellos cinco reyes
habían huido y se habían escondido en la cueva de Maceda. Y fue
dado aviso a Josué, los cinco reyes han sido hallados escondidos
en la cueva de Maceda. Y Josué dijo, rueden piedras
grandes hacia la entrada de la cueva y pongan junto a ella hombres
que los vigilen, pero ustedes no se queden ahí. Persigan a
sus enemigos y atáquenlos por la retaguardia. No les permitan
entrar en sus ciudades, porque el Señor Dios de ustedes los
ha entregado en sus manos. Cuando Josué y los israelitas
terminaron de herirlos con gran matanza hasta que fueron destruidos
y los sobrevivientes que de ellos quedaron habían entrado en las
ciudades fortificadas, todo el pueblo volvió en paz al campamento
y a Josué en Maceda. Nadie profirió palabra alguna
contra ninguno de los israelitas. Entonces Josué dijo, abran la
entrada de la cueva y sáquenme de ella a esos cinco reyes. Así
lo hicieron, y le trajeron de la cueva a estos cinco reyes,
el rey de Jerusalén, el rey de Hebrón, el rey de Jarmut, el
rey de Lakis y el rey de Iglón. Cuando llevaron estos reyes a
Josué, Josué llamó a todos los hombres de Israel y dijo a los
jefes de los hombres de guerra que habían ido con él, acérquense,
pongan su pie sobre el cuello de estos reyes. Ellos se acercaron
y pusieron los pies sobre sus cuellos. Entonces Josué les dijo,
no teman ni se acobarden, sean fuertes y valientes, porque así
hará el Señor a todos los enemigos con los que ustedes luchen. Después
Josué les dio muerte y los colgó de cinco árboles y quedaron colgados
de los árboles hasta la tarde. A la hora de la puesta del sol,
Josué dio órdenes y los bajaron de los árboles y los echaron
en la cueva donde se habían escondido, y sobre la boca de la cueva pusieron
grandes piedras que permanecen hasta el día de hoy. Aquel día
Josué conquistó Amaseda, La hirió a filo de espada junto con su
rey y la destruyó por completo con todas las personas que había
en ella. No dejó ningún sobreviviente
e hizo con el rey de Maceda como había hecho con el rey de Jericó.
Josué y todo Israel con él entonces pasó de Maceda a Litna y peleó
contra Litna. El Señor la entregó también junto
con su Rey, en manos de Israel, que la hirió a filo de espada
con todas las personas que había en ella. No dejó ningún sobreviviente
en ella e hizo con su Rey como había hecho con el Rey de Jericó.
Josué y todo Israel con él pasó de Lipna a Lakis, acampó cerca
de ella y la atacó. El Señor entregó a Lakis en manos
de Israel, la cual conquistaron al segundo día, y la hirieron
a filo de espada con todas las personas que había en ella, conforme
a todo lo que había hecho a Lipna. Entonces Oram, rey de Hercer,
subió en ayuda de Lakis, pero Josuelo derrotó a él y a su pueblo
hasta no dejar sobreviviente alguno. Josué y todo Israel con
él pasaron de Lakis a Hebrón y acamparon cerca de ella y la
atacaron. La conquistaron aquel mismo día
y la hirieron a filo de espada. Destruyeron por completo aquel
día todas las personas que había en ella conforme a todo lo que
había hecho a Lakis. Entonces subió Josué y todo Israel
con él de Hebrón a Hebrón y pelearon contra ella. La conquistaron
y la hirieron a filo de espada con su rey, todas sus ciudades
y todas las personas que había en ella. No dejaron a ningún
sobreviviente, conforme a todo lo que había hecho Eglón. La
destruyeron por completo con todas las personas que había
en ella. Después Josué y todo Israel con él se volvieron contra
Débir y peleó contra ella. La conquistaron con su rey y
todas sus ciudades, hiriéndolas a filo de espada. Destruyeron
por completo a todas las personas que había en ella. Josué no dejó
sobreviviente alguno. Como había hecho con Hebrón y
como había hecho también con Lipna y su rey, así hizo con
Débir y su rey. Y dio pues Josué toda la tierra,
la región montañosa, el Negev, las tierras bajas y las laderas,
y a todos sus reyes. No dejó ningún sobreviviente,
sino que destruyó por completo a todo el que tenía vida, tal
como el Señor Dios de Israel había mandado. Josuelos hirió
desde Cades Barnea hasta Gaza, y todo el territorio de Osén
hasta Gabaón. A todos estos reyes y sus territorios
los capturó Josué de una vez, porque el Señor Dios de Israel
combatía por Israel. Entonces Josué y todo Israel
con él volvieron al campamento en Gilgal Muy bien, ésta ha sido
la lectura del día de hoy Josué capítulo 6 hasta el capítulo
10 una lectura que creo que ha sido la más extensa hasta el
día de hoy pero también hemos tenido esas lecturas bien cortitas
en días pasados, así que estamos compensando esas lecturas cortitas
con esta lectura un poquito extensa en el día de hoy, así que un
placer que ustedes hayan estado acá conmigo y yo le invito a
que en el día de mañana volvamos a esta lectura y si usted tiene
alguna pregunta, alguna inquietud alguna opinión que quiera hacernos
llegar por favor compártala en estos en la descripción de estos
vídeos le estamos dejando los medios a través de los cuales
usted puede comunicarse con nosotros que Dios le bendiga de una manera
especial y será hasta el día de mañana si Dios quiere
Leamos la Biblia NBLA (Josué 6 al 10)
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| Sermon ID | 19222212422917 |
| Duration | 35:16 |
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| Category | Devotional |
| Bible Text | Joshua 6 |
| Language | Spanish |
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