00:00
00:00
00:01
Transcript
1/0
Hay una palabra que ha tomado
una connotación muy negativa en nuestros tiempos y con buena
razón. Es la palabra hipócrita, hipócrita. Pero la historia de
la palabra hipócrita es interesante. En realidad, viene del griego
hipócrates, que era un actor de teatro. Y el actor de teatro
usaba una máscara para interpretar el papel que le tocaba en la
obra de teatro, pero entonces la máscara realmente la utilizaba
para ocultar su verdadera identidad. Y, pues, entre la máscara y la
realidad había una gran diferencia, lo que es aparente a los ojos
y lo que es real detrás de la máscara, y en esa línea fue que
surgió el uso moderno de la palabra hipócrita, que tiene que ver
con alguien que presenta externamente algo que no es, internamente. En el teatro actual, el teatro
digital, las personas también tienden a presentar las versiones
seleccionadas de sí mismas, ¿verdad? Nadie sube una foto recién levantada
al Facebook, usualmente están bien bañaditos y bien vestiditos
y... con 500 filtros para asegurarse
de que los vean en su mejor versión. Y tendemos a dar por sentado
esta cultura de actuación en las redes sociales, en TikTok,
en todo lado vemos la imagen externa que requiere o busca
la aprobación de los demás por encima de lo auténtico, por encima
de la integridad interna y lo que no se puede ver. Y a veces
en la iglesia podemos caer en lo mismo, pero lo cierto es que
en la iglesia debe ser diferente. Nosotros no debemos ser cristianos
con máscaras, sino que debemos ser cristianos genuinos, cristianos
sin falsedad. Pero lo desafiante de todo esto
es que solamente un corazón transformado por nuestro Dios, por la obra
del Espíritu Santo, por la exposición a la Palabra, es el que puede
mostrar sin temor lo que es realmente por dentro. Romanos 12, versículos
del 9 al 13, empiezan una serie de exhortaciones. Pablo entra
con trece exhortaciones en sólo cinco versículos. Esta es la
serie más densa de exhortaciones éticas, la colección más concisa
de todas las cartas de Pablo. 13 exhortaciones en solamente
5 versículos. Nosotros, por supuesto, no vamos
a poder ver las 13 exhortaciones. Oye, esa no es la idea. No pretendía
yo hacer eso. Pero sí quiero que leamos todas
estas exhortaciones, Romanos 12, de 9 al 13. Dice así. El amor sea sin fingimiento.
Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros
con amor fraternal, en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos
a los otros, en lo que requiere diligencia, no perezosos, fervientes
en espíritu, sirviendo al Señor, gozosos en la esperanza, sufridos
en la tribulación, constantes en la oración, compartiendo para
las necesidades de los santos, practicando la hospitalidad."
Padre, Tu Palabra es viva y eficaz, y corta hasta lo más profundo
de nuestro ser, y deja expuesto lo más oscuro de nuestros corazones. Pero también por Tu Espíritu
nos transforma. Por Tu Espíritu hace algo nuevo
dentro de nosotros, y produce un fruto en nuestras vidas que
nosotros muchas veces no alcanzamos a comprender. y nos sorprendemos
cuando vemos los efectos de Tu Palabra actuando, obrando milagrosamente
en nuestras vidas. Te pedimos, oh Dios, que hoy
no sea diferente, que al acercarnos a Tu Palabra podamos ser transformados
un poco más, ser iluminados un poco más, que podamos entender
Tu carácter, entender Tu amor, entender Tu gloria, contemplar
a Tu Hijo Jesucristo, y que hagas en nosotros los cambios necesarios
para que nos parezcamos cada vez más a él. Al final, ese es
tu propósito. Somos hechura tuya, creados en
Cristo Jesús. Es en su nombre que oramos. Amén
y amen. Empieza con la primera exhortación. En el versículo 9 hay dos. La
primera dice, el amor sea sin fingimiento. Y allí tenemos esa
palabrita, sin fingimiento, que literalmente significa no hipócrita. No hipócrita. Amor no hipócrita. Amor sin hipocresías, sin pretensiones,
sin engaño. Un amor que sea genuino, que
sea real, sincero. Un amor que no solo pretenda
amar, sino que ame de verdad. Y la palabra amor aquí es muy
conocida, famosa, creo que hemos escuchado el término agape muchas
veces. Ese término es un amor de verdadero
interés hacia la otra persona, el amor con el que Dios nos ha
amado a nosotros, un amor sacrificial, un amor entregado, un amor compasivo,
un verdadero aprecio, una alta estima hacia los demás. Entonces,
debemos amar a los demás verdaderamente, amar a los demás de manera genuina. Y ahora, debemos aclarar que
el amor en la Biblia no es un sentimiento, porque en la cultura
actual todo es sentimientos, verdad, todo es emociones, pero
en la Biblia no es así, y la palabra amor se ha visto muy
tergiversada y dañada en la cultura actual, y hablan de amor y de
mariposas en el estómago y de andar por las nubes y flotando,
y si usted se espera a tener sentimientos bonitos por la gente
de su iglesia, se va a quedar esperando para servirles en amor. Ese no es el llamado del amor
en las Escrituras, no es un enamoramiento, El amor en las Escrituras es
una disposición activa, una disposición sacrificial a buscar el bien
del otro y a promover lo mejor para la otra persona. Es un amor
de nuevo que refleja el carácter de Dios. Primera de Juan 4, 8
dice, el que no ama no ha conocido a Dios porque Dios es amor. y se manifiesta en actos, en
actos sinceros y actos concretos hacia los demás. No en palabras,
nada más. Es muy bonito escribir poemas
y decir te amo y ser muy románticos, pero no es eso. El amor en las
Escrituras es algo que se expresa con acciones concretas, que se
vive en el día a día, en la interacción y las relaciones constantes con
nuestros hermanos y hermanas. Así que no espere a sentir amor
para mostrar o practicar el amor a su prójimo. Hay algunos que
pueden decir, ay, pero si no siento amor y actúo en amor,
¿acaso no estoy siendo hipócrita? ¿Y la Biblia dice que no debo
ser hipócrita? Bueno, por un lado, nunca debemos fundamentar
nada de lo que hacemos en nuestras emociones, porque son fluctuantes. Hoy nos podemos levantar de muy
buen humor y mañana no. Y durante el día cambiamos de
humor constantemente. Así que nunca deben ser nuestras
emociones y nuestros sentimientos, ellos no son confiables para
determinar si amo o no amo a una persona. El amor se basa en obediencia
y compromiso. Obediencia a Dios que nos dice
ame a su prójimo. Y compromiso porque yo amo a
mis hermanos, porque quiero servir a mis hermanos. Esa es la realidad
y ese debe ser el motor de nuestras acciones de amor. Así que actuar
sin el sentimiento de amor más bien demuestra fidelidad y demuestra
lealtad. Es la clase de amor que, estoy
seguro, Dios ha expresado hacia nosotros. Porque nosotros no
somos las personas más adorables del mundo. Dios, no despertamos
en Dios sentimientos de amor, pero Dios nos ama, porque Él
nos escogió desde antes de la fundación del mundo, para asegurarse
de agarrarnos y nunca soltarnos hasta el final. Esa es la clase
de amor que se ve reflejado también, o que debe verse reflejado en
los matrimonios. Un amor que no importa con qué
humor se levantó mi esposa o con qué humor me levanté yo, seguimos
comprometidos, unidos hasta el final, independientemente de
los sentimientos. Y así debemos amar a nuestros
hermanos y hermanas, con fidelidad, con lealtad. Y eso no es falsedad. Yo sé que no siempre siento ganas,
yo sé que no siempre siento amor hacia los demás, pero los amo
y porque los amo hago lo que hago. Y entonces, esa debe ser
nuestra motivación, tener un compromiso con Dios primero y
con los demás, y confiar en que Dios en algún momento va a alinear
nuestros sentimientos hacia lo que estamos haciendo. Y sí, vamos
a sentir amor hacia nuestro prójimo, pero no esperemos sentirlo para
poder servir a nuestros hermanos. Esa es la primera exhortación.
La segunda exhortación es, aborrecer lo malo, seguir lo bueno. Cristianismo
101, ¿verdad? Completamente básico, esto deberíamos
saberlo, no debería sorprender a ninguno de los que estamos
aquí presentes. Sin embargo, Pablo vio la necesidad de comunicarlo,
y por lo tanto, hay la necesidad de repetirlo. debemos aborrecer
lo malo, debemos odiar, detestar, es un término fuerte, rechazar
desde lo profundo de nuestro corazón, sentir repulsión y querer
evitar lo malo. ¿Y qué es lo malo? Pues lo que
Dios ha llamado malo, lo que es moralmente malo, lo que Dios
en su palabra dice que es malo, que es perverso, que es dañino,
eso es lo malo, lo contrario a la santidad de Dios. acciones,
pensamientos, actitudes, incluso sentimientos y deseos. Debemos odiar todo lo que vaya
en contra de la santidad de Dios en nuestro interior, pero también
no sólo el pecado personal, sino la maldad que hay en el mundo,
la injusticia que vemos en el mundo, debemos odiarla, debemos
aborrecerla, debemos odiar la idolatría. que hay en el mundo.
Las falsas religiones que adoran a otros dioses que no son el
Dios verdadero, eso debería despertar en nosotros repulsión hacia esos
ídolos que la Biblia dice que son demonios. Pero no solamente se trata de
lo que nos quitamos, sino también de lo que nos ponemos. ¿Recuerdan
quién decía eso? Mi hermano Andrés. Yo sigo citándolo
a mi hermano. Él decía eso constantemente.
No se trata sólo de lo que nos quitamos, sino también de lo
que nos ponemos. Entonces dice Pablo, no solamente
es aborrecer lo malo, es también seguir lo bueno. Seguir lo bueno. Y de nuevo, la palabra que escoge
es una palabra fuerte. aferrarse, aferrarse a algo con
toda su fuerza, imagínense que usted está colgando de un acantilado
y solamente tiene una cuerda para sobrevivir, usted se agarra
a esa cuerda con todas sus fuerzas, eso es, aferrarse a lo bueno,
dedicarse, comprometerse con lo bueno, una devoción constante,
persistente, pero para eso se requiere convicción. convicción
porque usted tiene que entender qué es lo bueno para poder aferrarse
a eso. Y en la iglesia y fuera de la
iglesia somos muy creativos cuando se trata de inventar lo que a
Dios le agrada y lo que a Dios le desagrada y nos ponemos a
inventar reglas y normas que en la Biblia no se encuentran
y todo eso nos distrae de la verdadera lucha por la santidad
y por seguir lo que es verdaderamente bueno. lo que es moral e intrínsecamente
bueno, lo que Dios ha llamado bueno, lo que refleja su carácter,
su santidad, su justicia, su bondad, lo que va en línea con
su voluntad revelada, lo que Él ha dicho, esto hagan, eso
es bueno, y lo que Él ha dicho, esto no lo hagan, eso es malo. debemos entonces buscar constantemente
esa voluntad, luchar y crecer en esas virtudes que reflejan
el fruto del Espíritu Santo en nuestra vida. Amor, gozo, paz,
paciencia, dignidad, bondad, mansedumbre, fe, templanza, todo
eso debe ser algo a lo que nos debemos aferrar, aferrarnos también
a las buenas relaciones. aferrarnos a la paz en nuestras
relaciones, aferrarnos a la mutua edificación, eso es bueno, a
la reconciliación cuando hay problemas, cuando hay dificultades,
cuando hay rencores, todo eso refleja el carácter de Dios y
por lo tanto refleja el carácter de Cristo. Como orábamos al principio,
eso es lo que Dios lo está haciendo en nosotros, nos está haciendo
cada vez más como Cristo, en su carácter moral, en su santidad,
nos está perfeccionando. La cultura muchas veces hace
lo contrario, aborrece lo bueno y sigue lo malo, con esa misma
fuerza, ¿verdad? Detesta lo que Dios ha llamado
bueno y se aferra con todas sus fuerzas a lo que es malo. Nosotros
no debemos ser cómplices de la cultura. No debemos ser cómplices
del mundo y celebrar junto a ellos lo que ellos celebran. Debemos
rechazar cualquier forma de entretenimiento, cualquier ideología, cualquier
práctica que sea contraria a la santidad de Dios, que celebre
lo malo. Hay entretenimiento que celebra
lo bueno, aún de no cristianos. Hay entretenimiento, hay prácticas
y ideologías en el mundo que celebran la belleza, la bondad
y la verdad de Dios. No lo pueden evitar. ¿Por qué? Porque fueron creados a imagen
de Dios. Pero de la misma manera, en un mundo caído, hay muestras
del pecado en la cultura. Y nosotros debemos saber reconocer
lo que está bien y saber reconocer lo que está mal y no ser cómplices. Y cuando vemos que la cultura
está haciendo algo bueno, Promovámosla, promovámoslo y participemos en
ello. Contenido edificante, compartamos
cualquier cosa que sea buena, que glorifique a Dios, que refleje
el carácter de Dios y cultivemos ese discernimiento para poder
distinguir entre lo que es bueno y lo que es malo. En lo que vemos,
en lo que leemos, en la música que escuchamos, Filipenses 4.8
dice, Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo
lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo
lo que es de buen nombre, si hay virtud alguna, si algo digno
de alabanza, en esto pensar. Es un buen versículo para memorizar,
un buen versículo para memorizar. Promovamos la justicia, promovamos
el bien, pero no la justicia como el mundo la define, la justicia
como Dios la define, velando por los vulnerables, los pobres,
los ancianos, los enfermos, los huérfanos, los bebés no nacidos. Defendamos sus vidas y promovamos
su bienestar, aboguemos por la verdad. aún en espacios públicos,
en lugares de debate público donde nuestra voz, la voz de
la Iglesia debe ser escuchada. No tengamos temor de hablar por
la verdad y promover la verdad porque eso es bueno, como individuos
y como Iglesia, eso es bueno. Pero de nuevo, para hacerlo debemos
entenderlo, debemos tener convicción sobre lo que es bueno y lo que
es malo. Vivamos con integridad en nuestra
vida también, Evitemos las mentiras, las prácticas deshonestas, evitemos
incluso por ser aceptables porque la sociedad lo acepta y porque
todo mundo lo hace, entonces yo también lo voy a hacer. No,
seamos honestos, seamos humildes, seamos transparentes, especialmente
en nuestro lugar de trabajo. Es en nuestros lugares de estudio
donde se crean a veces culturas contrarias a Dios, contrarias
a la honestidad, a la transparencia, a la verdad. Nosotros procuremos
ser luz en medio de esos lugares y en todas nuestras relaciones.
Debemos cultivar relaciones piadosas también, eso es bueno. A veces
nos rodeamos de personas que no nos edifican y que no están
buscando glorificar a Dios. Y pasamos más tiempo con gente
que no ama a Dios que con la iglesia, con el pueblo de Dios.
No que esté mal relacionarnos con incrédulos, por supuesto
que no está mal, somos llamados a amarlos y a servirles, pero
a veces nos reunimos más con ellos que con la iglesia, y eso
puede tener un impacto negativo. Primera de Corintios dice que
las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Puesto
en Tico, el que anda con lobos, aullar al reno. No estoy hablando
de mí y de mi empellido. Busquemos amistades y comunidades
edificantes y estemos en constante relación con ellos. En la iglesia
aprovechen cada reunión. Cada reunión en su iglesia donde
usted pueda participar, participe. Y edifique a los demás y sea
edificado sirviendo juntos, pero también con otras iglesias. también
en esfuerzos más grandes con otras iglesias que están haciendo
actividades y celebrando fiestas cristianas de las cuales nosotros
como pueblo de Dios podemos participar junto con ellos. Así que no nos
aislemos porque el crecimiento en aislamiento no ocurre, eso
es imposible. Para crecer como cristianos debemos
procurar esas sanas relaciones. Esa es la segunda exhortación.
La tercera la encontramos en el versículo 10, dice, amados
los unos a los otros con amor fraternal. No es agape, este
amar. Este es diferente. Este, en griego,
lo voy a leer, no lo voy a hacer quiz, así que no lo tiene que
memorizar, pero es philostorgos, es el término que utiliza el
griego, no es agape, sino philostorgos, que tiene un sentido un poquito
más afectivo. Lo que dice es ser afectuosos,
ser dedicados a los demás, ser amorosos, cálidos, tiernos hacia
los demás, los unos con los otros, y tiene sentido en el contexto
de la iglesia, dice, con amor fraternal, porque somos hermanos
los unos de los otros, somos hermanos y hermanas en Cristo.
Entonces, en la comunidad cristiana, donde somos hermanos y hermanas
en Cristo, donde pertenecemos a una misma familia, la familia
de la fe, que va más allá de estas cuatro paredes, más allá
de nuestra denominación, debemos practicar ese amor que es natural
y que se espera dentro de una familia. A veces no ocurre, a
causa del pecado, y es lamentable, pero dentro de una familia se
espera un amor natural entre hermanos, entre los miembros
de la familia, y ese amor debe ser visible entre los miembros
de esta gran familia, que tenemos a un mismo Padre, a nuestro Dios,
y hemos sido adoptados. por la obra de Cristo. Somos
hermanos y hermanas, amémonos como hermanos y hermanas, amémonos
con ternura. Así que cuando le cueste amar
a sus hermanos, porque yo sé que no todos somos muy fáciles
de amar, cuando le cueste, recuerden, esta frase me la decía mi tía,
hoy estoy citando a todos mis familiares, Mi tía Nela decía,
no recuerdo si ella lo decía o lo había leído en algún lado,
no sé de dónde viene la cita exactamente, pero era algo así,
si Dios es Dios y Él ama a sus hijos, ¿quiénes somos nosotros
para no amarnos? Si Dios, siendo Dios, ama a sus
hijos. ¿Quiénes somos nosotros para
no amarlos? Cristo se dio a sí mismo en sacrificio
por ese hermano y esa hermana difícil de amar. Cristo se dio
en sacrificio por ellos. Cristo murió. Su sangre preciosa
fue derramada por ellos. ¿Quién es usted para no amarlo? ¿Quién es usted para rechazarlo?
Él vino a asegurar la salvación de todos. Él nos hizo miembros
de una sola familia por adopción. Esa persona es adoptada tal y
como usted es adoptado en la familia de Dios. Por lo tanto,
no piense que se lo ganó, porque si usted piensa que se lo ganó,
eso va a promover fácilmente sentimientos de menosprecio hacia
los demás. Por cultura, por posición económica, por personalidad,
lo que sea, ninguno de nosotros nos ganamos estar sentados en
este lugar hoy y pertenecer a la familia de Dios. Ninguno de nosotros
se lo gana. Por lo tanto... dado que compartimos ese mismo
origen y compartimos una misma identidad en Cristo, su nombre,
su apellido, debemos amarnos los unos a los otros. Cristo
hizo todo para perdonarnos cuando éramos sus enemigos, sus enemigos. Eso debe ser ejemplo para cómo
lidiamos incluso cuando nos lleven, cuando nos lastiman, cuando pecan
contra nosotros. ¿Qué tan dispuestos estamos a
perdonar? Así como Cristo estuvo dispuesto a hacer todo lo que
era necesario para asegurar nuestro perdón. Tened entre vosotros
ferviente amor, dice Pedro, porque el amor que cubrirá multitud
de pecados. Este afecto, sin embargo, hay
que cultivarlo. Entonces vuelvo a lo mismo. Es muy difícil amar
a alguien a quien usted casi nunca ve o a quien usted ve solamente
los domingos. Entonces, procuren visitarse
unos a otros, fomenten el formar parte de las vidas los unos de
los otros, la comunión entre nosotros dentro y fuera de la
iglesia. Vea, no se pierdan los cafecitos.
No se pierdan los cafecitos. Son un espacio de mucha bendición
para crecer en nuestras relaciones y conocerlos mejor. Así que trate
de llegar. Si no puedo llegar a la Escuela
Dominical, por lo menos llegue al café. Nadie lo va a juzgar por
llegar solamente al café. ¿OK? Y por otro lado, no salga
corriendo al final del culto. No salga huyendo, ¿verdad? Quédese
un poquito, relaciónese un poquito, aunque sea antes de correr de
vuelta a la seguridad de su casa. Y si tiene algún problema, alguna
dificultad con alguna persona de la iglesia, o tiene alguna
dificultad usted en su vida, ¿a quién acude? Espero que sea
alguien de la iglesia. porque no vamos a encontrar la
misma sabiduría en el mundo. Dios nos va a ayudar a través
de su pueblo. Así que si no tiene nadie en la iglesia a quien usted
diría yo me puedo acercar a fulanito o a fulanita, quizá debería hacer
un esfuerzo por relacionarse más con sus hermanos y hermanas.
No para su propio beneficio, sino para crecer en relación
sirviendo juntos y mostrando amor los unos por los otros.
Esa es la tercera exhortación. Voy a terminar con la cuarta. cuando se trata de respeto, cuando
se trata de reverencia, a veces estamos buscando más que nos
respeten y nos honren a nosotros, pero Pablo le da vuelta y dice
no. Cuando se trata de honra, de
honor, de respeto, prefiera a los demás. No se prefiera a usted,
prefiera a los demás. Valore a los demás. Tenga en
alta estima a los demás. Busque activamente dar prioridad
a los demás. Muestre respeto hacia los demás,
pero un respeto sincero, que nazca de entender quiénes son. estos hermanos y hermanas, y
ahorita vamos a ver un poco quiénes son. La idea es un poco confusa,
lo que Pablo está diciendo a veces es difícil de traducir, si ustedes
ven diferentes versiones van a encontrar cosas muy diferentes,
pero tiene que ver con el honor y el respeto, y casi que pone
la idea de competir, ¿verdad?, excederse en el honor y el respeto
los unos por los otros. Es como que a mí me rindieron
respeto y ahora entonces yo me quiero desquitar con mal respeto.
y con más honor. Esa es la idea. Hay una película
que está sonando mucho ahorita en estas temporadas de Navidad
que se llama Claus. Yo no sé si la han visto. No
estoy promoviendo la idea de Santa Claus, pero
tiene algunas algunos puntos muy bonitos y uno que me llamó
la atención en particular es, bueno, la película la premisa
es que hay dos familias en Riña, ¿verdad? en un pueblo allá en
una isla, solo dos familias se han formado ahí y están en Riña
constante, odiándose constantemente y buscando la manera de hacerse
daño unos a otros y empiezan a reconciliarse los niños de
estas familias Y entonces los niños en una de las escenas recogen
las cerezas o las fresas de una de sus vecinas ¿verdad? y le
dan las fresas a la vecina. Entonces, la vecina, casi por
desquitarse de que le hicieron ese favor, hace mermelada y le
lleva mermelada a la mamá, ¿verdad? De los niños. Y la mamá, casi
por desquitarse, hace un pie con esa mermelada y le lleva
el pie a la vecina, ¿verdad? Pero se nota que es como, no,
porque usted me hizo algo bueno, entonces yo tengo que hacer algo
mejor. Casi así debería ser. la competencia que debe darse
en nuestra iglesia. Deberíamos buscar excedernos
cada vez más en honor, en respeto, en honra los unos por los otros,
casi pelearnos por cuál honra más a los demás y no cuál busca
más su propio honor. Debemos poner a los demás primero,
no buscando el reconocimiento personal. exaltar y servir a
los demás, buscar promover a los demás antes que a nosotros mismos.
Pablo a los filipenses les puso, nada hagáis por contienda o por
vana gloria, antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás
como superiores a él mismo. Debemos cuidar entonces cómo
interactuamos con los demás y cómo les rendimos honor y respeto.
y algo que debemos cuidar mucho son nuestras palabras cómo nos
dirigimos a los demás y cómo hablamos de los demás no debemos
hablar mal de los demás debemos tener ese cuidado a veces es
fácil caer en las quejas y el chisme y empezar a hablar mal
de los demás con otros hermanos o en casa debemos evitar eso
a toda costa porque dañamos la imagen del próximo. Tal vez el
prójimo no está presente, pero estamos dañando su imagen, y
en eso lo estamos deshonrando, no lo estamos honrando. Entonces,
imagínense que fuéramos como guardianes de la imagen de los
demás. Queremos que cuando hablemos
de otros, que la imagen que presentemos de esa otra persona sea buena,
sea positiva. Y si no tenemos nada bueno que
decir, como dice el dicho, no digamos nada. pero no digamos
cosas malas, no dañemos la imagen de los demás. Y por supuesto,
cuando hablamos con los demás, seamos corteses, no seamos hirientes,
no seamos tajantes, tengamos cuidado con nuestras palabras,
recuerden la ternura, el cariño, el amor que debe haber entre
hermanos en Cristo. También seamos generosos, no
egoístas, seamos dadivosos con lo que tenemos, celebremos los
dones de los demás. Cuando es evidente que Dios les
ha dado un don y lo están poniendo en uso, celebremos eso. Celebremos
lo que hacen por el bien de la iglesia. No seamos envidiosos. Pero para vivir así hay que recordar
quiénes son. ¿Quiénes son estos hermanos y
hermanas que tenemos a nuestro alrededor? Primero son creados
a imagen de Dios, como todos los seres humanos. Y por solamente
eso, ya merecen un grado de honor. ¿Cierto? Creados a imagen de
Dios para reflejar al Dios Creador. Eso es digno. Eso es digno de
honor. Y además están siendo recreados
en Cristo. Recreados para reflejar a Cristo
mismo. De modo que, en cierta medida,
al honrar a nuestros hermanos, estamos honrando la obra de Cristo
en sus vidas. Estamos honrando lo que Dios
está haciendo en ellos. Estamos honrando a Dios. Estamos honrando a Cristo. Y
son miembros de la familia de Dios. Llevan el mismo apellido
que nosotros. Nuestro apellido no es Sola Gratia. Nuestro apellido no es la Iglesia
Presbiteriana Reformada. Nuestro apellido no es comunidad
cristiana. Nuestro apellido es cristianos,
cristianos, hermanos los unos de los otros. Así que debemos
tratar a nuestros hermanos y hermanas con dignidad y aprecio por el
nombre que llevamos. En conclusión, la máscara sólo
es necesaria cuando no somos por dentro lo que queremos aparentar
por fuera. Ese es el único momento en que
una máscara es necesaria. Cristo y su Palabra nos transforman. Nos transforman desde adentro.
Transforman profundamente. Y esa transformación ocurre cuando
nos exponemos a la Palabra de Dios Y contemplamos a Cristo,
nuestro Salvador, en ella. Y contemplándole, somos transformados. Contemplando su gloria, somos
transformados de gloria en gloria. Entonces, no se trata de ponerse
resoluciones de año nuevo, de voy a hacer esto, voy a hacer
esto, voy a hacer esto, voy a hacer así. Usted no puede cambiar su
propio corazón. El único que puede cambiar su
corazón es Dios. Así que si una resolución va a tomar en Año
Nuevo es, voy a leer más la Biblia, voy a conocer mejor a mi Salvador,
voy a exponerme a Cristo Jesús, voy a buscarlo en cada página,
en cada versículo, y voy a ver su gloria. Esa debe ser mi meta
para el 2025. Porque contemplándolo a Él, es
que yo voy a ser transformado. Porque somos lo que adoramos.
somos lo que adoramos, cuanto más le amamos, cuanto más le
vemos, cuanto más le servimos, más nos parecemos a Él y más
vamos a ser capaces de dejar caer nuestras máscaras y mostrar
rostros hermoseados por la palabra de Dios, hermoseados por la obra
del Espíritu Santo en nuestras vidas. Como he terminado los
últimos sermones desde que empezamos Romanos 12, que Dios nos ayude. Y la Iglesia de Dios dice, Amén. Amén.
Amor sin fingimiento
Series Navidad
9 El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. 10 Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros.
| Sermon ID | 14251518567273 |
| Duration | 32:27 |
| Date | |
| Category | Sunday - AM |
| Bible Text | Romans 12:9-10 |
| Language | Spanish |
Documents
Add a Comment
Comments
No Comments
© Copyright
2026 SermonAudio.