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Nos dice así la palabra del Señor. Si alguien peca al ser llamado
a testificar, siendo testigo de lo que ha visto o sabe, y
no lo declara, será culpable. O si alguien toca cualquier cosa
inmunda, ya sea el cadáver de una fiera inmunda, o el cadáver
de ganado inmundo, o el cadáver de un reptil inmundo, aunque
no se dé cuenta de ello y se contamina, será culpable. O si toca inmundicia humana,
de cualquier clase que sea la inmundicia con que se contamine
sin darse cuenta y después llega a saberlo, será culpable. o si alguien sin pensar jura
con sus labios hacer mal o hacer bien en cualquier asunto que
el hombre hable sin pensar con juramento, sin darse cuenta y
luego llega a saberlo, será culpable de cualquiera de estas cosas.
Cuando alguien llegue a ser culpable de cualquiera de estas cosas,
confesará aquello en que ha pecado. traerá también al Señor su ofrenda
por la culpa, por el pecado que ha cometido, una hembra del rebaño,
una cordera o una cabra como ofrenda por el pecado. Entonces,
el sacerdote le hará expiación por su pecado. Pero si no tiene
lo suficiente para ofrecer un cordero, Entonces traerá al Señor
como ofrenda por la culpa de aquello en que ha pecado dos
tórtolas o dos pichones, uno como ofrenda por el pecado y
el otro como holocausto. Los traerá el sacerdote, el cual
ofrecerá primero el que es para ofrenda por el pecado, y le cortará
la cabeza por el cuello sin arrancarla. rociará también de la sangre
de la ofrenda por el pecado sobre un lado del altar, y el resto
de la sangre será exprimida al pie del altar. Es ofrenda por
el pecado. Entonces preparará el segundo
como lojausto según la ordenanza. Así el sacerdote hará expiación
por él, por el pecado que ha cometido, y le será perdonado. Pero si no tiene lo suficiente
para dos tórtoras o dos pichones, entonces, como ofrenda por el
pecado que ha cometido, traerá la décima parte de un efa, es
decir, dos litros, de flor de harina, como ofrenda por el pecado. No pondrá aceite ni incienso
en ella, pues es ofrenda por el pecado. y la traerá al sacerdote
y el sacerdote tomará de ella un puñado como memorial y la
quemará sobre el altar con las ofrendas encendidas para el Señor. Es una ofrenda por el pecado. Así el sacerdote hará expiación
por él, por el pecado que ha cometido en alguna de estas cosas
y le será perdonado. El resto será del sacerdote como
en la ofrenda de cereal. Oremos al Señor. Padre nuestro
y Dios, Tú que moras en las alturas de los cielos, una vez más estamos
delante de Tu presencia, Señor, agradecidos por este privilegio
que tú nos das de poder recibir tu palabra predicada. Queremos
suplicarte, Señor, que a través de este tema y esta enseñanza,
tú hables a nuestras vidas, tú confrontes nuestros pecados,
tú nos lleves al arrepentimiento, tú nos lleves, Señor, a reconocer
nuestra condición y acudir a ti en tu auxilio. Suplicamos, Padre,
que tú obres poderosamente en nuestra mente, en nuestra vida,
en nuestro ser, Señor, para que esta palabra no pase indesapercibida
de nosotros. Padre, que este no sea un tiempo
perdido, que este no sea un tiempo donde no haya esa transformación
en nuestras vidas. que no sea un tiempo donde tu
palabra no cale profundamente en nuestro ser, Señor. Si no
pedimos, Padre, que sea un tiempo poderoso donde esa transformación,
esa manifestación de tu poder trayendo vida a nuestras almas,
reavivando nuestros corazones, ocurra en esta mañana, Señor. Esto te lo pedimos, Padre, en
el nombre de Cristo Jesús, nuestro Señor y Salvador. Amén y Amén. ¿Pueden sentarse, mis hermanos?
Cuando nosotros cometemos un pecado, nosotros somos culpables
ante Dios. En eso estamos de acuerdo, ¿verdad
que sí? Pero cuando nos confesamos Cuando nosotros buscamos perdón,
es bueno que entendamos que Él proporciona la expiación de nuestro
pecado y nos perdona. Y eso es precisamente lo que
vamos a tratar en esta mañana. Levítico capítulo 5, verso 1
al 13, es el pasaje bíblico que acabamos de leer en esta mañana,
viene a ser como una especie de apéndice a lo que es la ofrenda
por el pecado o la ofrenda por la purificación que nosotros
vimos el domingo pasado. Es decir, esto vendría a ser
como una continuación de ese capítulo 4 de Levítico. pero también trata de algunos
casos especiales que han llevado algunos comentaristas a decir
que este capítulo bien podría pertenecer entonces a la sección
que veremos en los próximos domingos. Sea lo que sea, lo cierto es,
mis hermanos, es que entendamos que Dios ha dado a todo ser humano
un sentido del bien y del mal. eso es lo primero. Romanos capítulo
2 verso 15 se refiere a, cuando leemos allí, está hablando a
personas que no conocen a Jesús, pero dice de esas personas que
no conocen a Jesús que la obra de la ley está escrita en sus
corazones y su conciencia da testimonio de ella. Entonces,
¿qué es lo que nos dice este pasaje? Bueno, que todas las
personas tienen algún sentido del bien y del mal porque todas
las personas están hechas a la imagen de Dios. A pesar de que
esa imagen ha sido dañada en sus corrompida por el pecado. Pero en el ser humano, en sentido
general, hay un sentido de conciencia, hay una conciencia entre lo que
es bueno y lo que es malo. Dios también nos ha dado a nosotros
una guía segura para el bien y el mal, para conocer lo que
es bueno y para conocer lo que es malo. Y esa guía segura es
su palabra, su palabra perfecta, la Biblia. La Palabra de Dios
no sólo nos dice lo que está mal y lo que está bien, sino
que también nos hace ver qué debemos de hacer cuando tenemos
una conciencia culpable, cuando nos sentimos culpable de haber
quebrantado su ley. No solamente nos dice esto es
bueno y esto es malo, sino nos dice qué tú puedes hacer cuando
tú quebrantas la ley de Dios que está contenida en las Escrituras.
Dios habló a su pueblo en el desierto de Sinaí, eso lo vimos
en Éxodo, cuando tuvimos ese estudio de Éxodo, y allí en el
desierto de Sinaí Dios le dio su ley al pueblo de Israel. Pero Dios sabía que el pueblo
de Israel transgredirían su ley y que cometerían pecado. Y sabemos también que Dios no
permite que el pecado esté en su presencia, en la presencia
de un Dios perfectamente santo. Así que en ese momento, cuando
Dios le dio la ley, pues Dios pudo haber renunciado a su pueblo
a causa de su pecado. De hecho, en el momento en que
Dios le estaba dando la ley a Moisés, ya Israel estaba pecando. Pero
Dios no hizo así, Dios no abandonó al pueblo, en cambio Dios proporcionó
un medio para que el pueblo pudiera espiar su pecado. Y precisamente
esto nos lleva en esta mañana a considerar algunas verdades
eternas y contraculturales sobre Dios sobre nosotros y sobre nuestro
pecado. Verdades eternas, es decir, que
duran para siempre. Contraculturales porque van en
contra de la cultura en la que vivimos. Y eso es lo que vamos a hablar
en esta mañana. Verdades eternas y contraculturales sobre Dios,
sobre nosotros y sobre nuestro pecado. Vamos a verlo en detalle. Vamos a verlo en detalle. Número
uno, transgredir la ley de Dios es pecado. Sencillo, corto, sin
muchos detalles. Esa verdad eterna comenzó con
Adán y Eva en el Jardín del Edén. Dios dio a Adán y Eva una ley. ¿Cuál era esa ley? No comer del
fruto del árbol que está en medio del jardín. Esa era la ley. No
coman de eso. Ustedes pueden comer lo que ustedes
quieran, pero de eso no van a comer. Eso es ley. ¿Qué hicieron ellos? Ellos transgredieron esa ley
y entonces el pecado y la muerte entraron en la raza humana porque
ellos representaban a toda la raza humana. Todavía hoy, mis
hermanos, cuando alguien transgrede la ley de Dios, esta cae en pecado. Eso es así. Si Dios dice hagan
esto y no lo hacemos, por muy tonto que pudiera parecer, eso
es transgredir la ley de Dios. No es tratar de buscar excusas,
no es tratar de justificar o tratar de detener algún pensamiento
filosófico muy bonito que use el mundo, no. Dios ha hablado. Dios ha dado
su ley, o la obedecemos o pecamos. Los primeros cuatro versículos
de Levítico 5 se refieren a tres pecados específicamente. Los
primeros cuatro versículos. En primer lugar, el versículo
1 se refiere al silencio indiferente. El versículo 1 tiene que ver
con alguien que es testigo de Jehová. de una mala acción, presumiblemente
un crimen. Vio el crimen y fue llamado a
testificar, pero no testificó. No dijo nada sobre lo que vio,
de modo que la persona que cometió el delito no experimentaría las
consecuencias de su comportamiento y la justicia se vería frustrada. ¿Por qué? Porque no habló, porque
se lo guardó, se hizo cómplice aunque no quisiera. El testigo
tuvo la oportunidad de ayudar a la causa de la justicia, pero
se negó. Y eso es lo mismo que promover
la injusticia. Cuando usted calla, cuando debe
de hablar, usted está promoviendo todo lo contrario. Cuando tenemos
la oportunidad de hablar sobre un mal que presenciamos, el silencio
indiferente es pecado. Lo hace usted cómplice también,
aunque usted no quiera hacerlo. Los versículos 2 y 3 se refieren
al pecado de la impureza prolongada. Nosotros vamos a ver las leyes
de la impureza o inmundicia cuando estemos en los capítulos 11 al
15. Eso lo vamos a ver en más detalle. Pero por ahora basta
decir, mis hermanos, que Dios ordenó, Dios declaró a los israelitas
que algunas cosas eran limpias y otras eran impuras. ¿Por qué
Dios determinó que esto era limpio y esto era impuro? Porque Dios
es soberano. Es así de sencillo. No vamos
a buscar sugerencia de por qué razón.
Bueno, era porque estaban en el desierto, Israel, y entonces
ellos tenían que cuidarse porque podían traer muchas enfermedades.
Puede haber verdad en eso, pero a lo que nos atalla a nosotros
al respecto es que Dios ordenó que eso era impuro y no se debía
de tocar. Y ya. Puede ser que Dios lo haya ordenado, esas cosas,
para cuidar a Israel de cualquier enfermedad contagiosa. Puede
ser. Yo no le digo que no. Pero lo importante es que Dios
había dicho que su pueblo, Israel, debía mantenerse alejado de cosas
impuras. Y si entraban en contacto con
algo impuro, entonces ellos debían observar los rituales de purificación
que el Señor ordenaba. Eso es lo importante y eso es
lo que vemos allí en esos versos 2 y 3 de Levítico 5. Ahí está
hablando de alguien que no se mantuvo alejado de una cosa impura
por lo que esa persona se contaminó. Y la profanación podía ser, como
vemos allí, involuntaria, por lo que la profanación en sí no
era necesariamente pecado, pero la persona contaminada descuidó
la observancia del ritual de purificación que el Señor ordenó. Y esa negligencia lo hacía culpable
de pecado, y cuando reconocía su culpa, debía ofrecer un sacrificio
para espiar su pecado. Hay pecados por comisión y hay
pecados por omisión. pero siguen siendo pecados, siguen
siendo pecados. Yo no sabía que eso estaba mal,
pero usted cometió el pecado. De verdad, usted lo cometió y
usted tiene que pagar por ello. Las palabras de Dios, mis hermanos,
sobre la impureza prolongada son una exhortación a nosotros
a que nosotros llevemos cuentas cortas con Dios, no claras. cuentas cortas con Dios. Eso
significa, mis hermanos, que cada día nosotros le pedimos
a Dios que revele nuestro pecado. Y cuando nos revela algo que
hemos dicho, algo que hemos hecho, algo que hemos pensado que no
le agrada, ¿qué debemos de hacer? Confesarlo inmediatamente y pedir
perdón. Eso es llevar cuentas cortas
con el Señor. Nosotros no prolongamos nuestra
impureza. Obviamente, cometer pecado es
malo, claro que sí, pero es aún peor cometer pecado y no hacer
nada al respecto. El pecado siempre es inaceptable
para Dios y siempre rompe nuestra comunión con Dios. Por lo tanto,
mis hermanos, cuando nosotros reconocemos que somos culpables,
¿qué es lo que debemos de hacer? Confesar nuestro pecado. nos
apartamos de Él, debemos de pedirle a Dios que nos perdone y también
debemos de darle las gracias por el perdón que nos da por
su gracia en Cristo Jesús. Siempre aprendamos eso, siempre
aprendamos eso. El versículo 4 entonces se refiere
al pecado de una promesa incumplida, ¡ay! ahí se caen muchos, ¿Qué
problema? Usted puede ver cuál es el pecado
ahí en el versículo 4. Usted no ha caído en eso. No
me diga que no porque entonces va a pecar dos veces. Una promesa
incumplida. Ahí le escribe a alguien que
hace un juramento apresurado y luego reconoce que el juramento
no fue sabio. La Palabra de Dios dice que debemos
cumplir nuestros votos. Así que, si hacemos una promesa,
tenemos que cumplirla. Tenemos que ser personas de palabra. Hace un tiempo les decía, tenemos
que olvidarnos que somos dominicanos y somos cristianos. Oh, sí, tiene
que olvidarse que somos mexicanos, son cristianos primero. ¿Por
qué? Porque por naturaleza los latinoamericanos
somos dados a prometer cosas que sabemos que no vamos a cumplir. ya nosotros tenemos una nueva
vida, ya nosotros nos regimos por principios y normas que están
por encima de las normas de este mundo. Eclesiastes capítulo 5
dice, No te des prisa en hablar, ni se apresure tu corazón a proferir
palabra delante de Dios. Porque Dios está en el cielo
y tú en la tierra, por tanto, sean pocas tus palabras. Dios dice que es mejor no hacer
ningún voto que hacer un voto y no cumplirlo. Eso es lo que
dice el Señor. Bueno, en Iglesias 3.55 es que
especifica ese detalle. Deuteronomio capítulo 23, verso
21, al 23 dice de la siguiente forma,
oiga bien como dice, preste atención, preste atención. Cuando hagas
un voto al Señor tu Dios, no tardarás en pagarlo, porque el
Señor tu Dios ciertamente te lo reclamará y sería pecado en
ti si no lo cumples. Sin embargo, si te abstienes
de hacer un voto, no sería pecado en ti. Lo que salga de tus labios,
cuidarás de cumplirlo, tal como voluntariamente has hecho voto
al Señor tu Dios, lo cual has prometido con tu boca. Sea cuidadoso
con lo que usted habla. Si una promesa pasa por nuestros
labios, debemos tener cuidado de cumplirla. honrar nuestra palabra no es
una norma anticuada, es la norma de Dios. Dios nos dice que si
decimos que vamos a hacer algo, lo hacemos, lo hacemos. Hoy la gente hace votos sagrados
en todas las áreas, en el altar del matrimonio, en los negocios,
las personas firman sus nombres en contrato y luego no hacen
lo que dijeron que harían. A veces decimos lo haremos por
ti y después pensamos no tengo tiempo para hacerlo, ¿en qué
estaba pensando? Y nos damos cuenta de que nuestra
promesa fue precipitada, pero dijimos las palabras, pero lo
hablamos. Si no hacemos lo que dijimos,
es una promesa incumplida y Dios se toma en serio nuestras promesas. nosotros también deberíamos de
hacerlo. También deberíamos de hacerlo,
tomar en serio nuestras promesas. Eso es lo primero, mis hermanos. Número dos, el pecado resulta
en la culpa. Las palabras culpa y culpable
se utilizan en los versículos, si usted puede verlo ahí en su
biblia, en los versículos 2, 3, 4, 5 y 6, 2, 3, 4, 5 y 6. Allí aparece
una de esas palabras, culpa o culpable. Cuando nosotros transgredimos
la ley de Dios y cometemos pecado, somos culpable. El pecado no
es un tema popular en nuestra cultura. La gente habla cada vez menos
del comportamiento correcto e incorrecto. cada vez más se habla de las
preferencias personales. Preferencias personales en cuanto
a la conducta, en cuanto a la celebración de cualquier tipo
de comportamiento, y es normal en el mundo. Levítico 5 describe la culpa
como una realidad, como una entidad metafísica ligada a quien comete
un pecado. Cometemos pecado y cargamos con
la culpa. Nuestra cultura tiene la tendencia
en pensar en la culpa como una patología psicológica. Cuando
la gente se siente culpable, no se siente bien, así que esa
persona que no se siente bien porque es culpable, es propensa
a ir a un terapeuta para que le ayude a sentirse mejor. El objetivo de esa terapia es
mejorar los malos sentimientos, ayudar a los pacientes a sentirse
mucho mejor consigo mismos, Muchos terapeutas consideran una mala
forma decir a un paciente, mira, tú te sientes culpable, ¿tú sabes
por qué? Porque tú eres culpable. Y tú eres culpable, ¿tú sabes
por qué? Porque tú transgrediste la ley de Dios y eso es pecado.
Aunque mucha gente en nuestra cultura consideraría ese enfoque
como algo incorrecto, la Palabra de Dios dice que transgredir
la ley de Dios es pecado. Y cuando pejamos, ¿qué somos? Culpables. Somos culpables. Esa es una realidad espiritual.
Nos sintamos culpables o no. El sentimiento de culpa es el
resultado del don de la conciencia de Dios que nos impulsa a nosotros
a ser conscientes de nuestro pecado y nos motiva a arrepentirnos
del mismo y a reconciliarnos con Dios cuya santidad nosotros
hemos ofendido. A eso es que nos impulsa Tal
vez lo peor que nosotros podemos hacer es intentar eliminar el
sentimiento de culpa sin abordar el problema de raíz, que es el
pecado que causó esa culpa. Eso es lo peor que puede ocurrir. Entonces, ¿cómo abordamos nuestro
problema de raíz? ¿Qué es el pecado? ¿Cómo lo abordamos?
Pues precisamente esto nos lleva a nuestra tercera verdad en esta
mañana. Número tres, Dios exige la confesión
de culpabilidad. Número tres, ¿qué es lo que Dios
exige? Dígalo conmigo, ¿qué Dios exige? ¿Qué Dios exige? Versículo 5, ¿usted lo puede
leer conmigo? Dice, cuando alguien llegue a ser culpable de cualquiera
de estas cosas, ¿qué va a hacer? ¿Qué va a hacer? Confesará aquello
en que ha pecado. El significado básico de la palabra
traducida confesar es declarar, es proclamar, y la forma en que
se utiliza esta palabra en el Antiguo Testamento da un fuerte
apoyo a la idea de que la confesión que Dios pretendía en Levítico
V era una confesión pública, declarando el propio pecado. La ofrenda por el pecado era
una ofrenda visual y Dios dijo que los adoradores debían añadir
a la ofrenda su confesión verbal. No es, mis hermanos, dejar las
cosas así. No, hay que confesar. Nosotros
creemos en la confesión. Dios esperaba que su pueblo declarara
su pecado. Cuando nos damos cuenta de nuestra
culpa, nosotros nos confesamos. No tratamos de ocultarlo. No
tratamos de justificarlo. La frase después llega a saberlo
o y luego llega a saberlo, que aparece en los versículos 3 y
4, nos dice a nosotros que antes de confesarnos tenemos que darnos
cuenta de nuestra culpa. Eso es lo primero y tengo que
reconocer que yo lo hice mal. Mientras en mí no haya ese reconocimiento
de que yo lo hice mal, pues será prácticamente imposible que yo
pueda confesarlo. Claro está, las cosas pueden
suceder sin saberlo. Podemos cometer un pecado, podemos
cometer un pecado y no saber que es pecado, eso se puede dar,
de hecho se da. Por eso entonces nosotros tenemos
que pedirle al Señor en oración que nos lo revele para poder
confesarlo y pedirle perdón por eso nos examinamos a nosotros
mismos seguramente nosotros sabemos que siempre necesitamos confesarnos
porque siempre pecamos pero mis hermanos necesitamos constantemente
ir delante del Señor y decirle al Señor mira esas áreas que
Otros pueden ver que saben que están mal en mí pero que yo no
las reconozco, muéstramela. Dame convicción de esas áreas,
Señor, para que yo pueda confesar. De hecho, todos nosotros somos
pecadores. Primera de Juan, capítulo 1,
verso 8, nos dice, si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos
a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. o reconocemos nuestra culpa y
confesamos nuestro pecado o nos engañamos a nosotros mismos y
pensamos que no necesitamos confesarnos. Y la verdad, mis hermanos, es
que nosotros somos culpables del pecado y Dios exige la confesión
de culpa. Dios exige eso. Dios exige que
no pasemos la cosa por alto, que pasemos paño tibio, a nuestros
pecados, que tratemos de justificarlo o que tratemos de echarle la
culpa a otro. No, porque yo hice eso porque ese me inventó a eso.
No, no mis hermanos, no mis hermanos. Y si somos humildes y confesamos
nuestros pecados, entonces podemos estar seguros, y ese es nuestro
cuarto punto en esta mañana, que Dios proporciona la expiación
del pecado. Dios proporciona la expiación
del pecado. Levítico 5 menciona la expiación
en tres versos. Verso 6, verso 10 y verso 13. La expiación es una palabra importante
en Levítico. La palabra expiación se refiere
a la reconciliación, dos partes que se vuelven una entre sí. Estaban distanciados el uno del
otro, pero se están uniendo. La expiación se refiere a hacer
lo necesario para que dos partes se reconcilien. En el caso de
nuestra relación con Dios se refiere a quitar el pecado. El
pecado tiene que ser eliminado para que nosotros podamos reconciliarnos
con Dios. Y Dios formalizó la eliminación
del pecado en el sistema de sacrificios. Para que el pecado sea eliminado,
la justa ira de Dios debe ser satisfecha. Dios mismo proveyó
los medios para su satisfacción en el sistema de sacrificios. Cuando se ofrecía el sacrificio,
la ira de Dios quedaba satisfecha y el adorador podía reconciliarse
con Dios. Entonces cuando nosotros leemos
a Levítico, tenemos que recordar que no fue el ritual en sí lo
que reconcilió a la gente con Dios, Él reconciliaba a la gente
basándose en su voluntad, la voluntad del Señor, esa voluntad
misericordiosa de perdonar y se basaba en la condición del corazón
de la persona que observaba el ritual. De hecho, el Salmo 51
nos habla al respecto, que Dios no se deleite en los sacrificios,
sino realmente, el Salmo 51 nos dice, se deleita en ese corazón contrito
y humillado. Ese corazón que se acerca dándole
valor al rito como tal. La justa ira de Dios contra el
pecado no se aplaca simplemente con realizar un ritual religioso. Eso es paganismo. De hecho, el
usted venir a la iglesia por venir, eso no le causa a usted
nada. La diferencia se marca cuando
usted viene dándole sentido a esta celebración. Si usted no está
dispuesto a darle sentido a esta celebración, pues usted se va
a ir igualito que como llegó. De hecho, muchos pasan la vida
así y lo que están es perdiendo tiempo. El único Dios verdadero
ve el corazón y requiere dolor por el pecado que lleva a la
confesión de ese pecado. ese dolor, esa confesión dan
como resultado el alejamiento del pecado y la vuelta a Dios.
Porque hay unas transformaciones, solamente si me duele lo confieso
Señor y sigo igual. No, Dios quiere que nuestros
corazones estén bien con Él, que nosotros nos acerquemos dándole
sentido incluso a esta reunión, que podría convertirse en un
ritual más si usted no le da sentido a esta reunión. Si no
viene con un corazón humilde, con un corazón contrito, con
un corazón humillado, reconociendo que usted no puede hacer nada
por sus propias fuerzas, que Dios no es un botón de pánico
donde usted le da el botón si hay una emergencia en su vida. En el periodo del antiguo pacto,
Dios le dio a su pueblo ceremonias que simbolizaban el volverse
a Dios. Pero los toros, las cabras, las
tórtolas, el pan, la harina, eran sólo símbolos. Dependiendo
de los corazones de los adoradores, los símbolos podrían haber representado
la realidad o podrían haber dado simplemente la apariencia de
reconciliar a una persona con Dios. Sólo Dios perdona el pecado
y perdona en base a la condición de nuestros corazones y a su
respuesta del Señor Misericordioso. Cuando nos acerquemos delante
de Dios, vengamos con un corazón humilde. Cuando nos acerquemos a adorar
este día domingo, vengamos a darle sentido a esta reunión. Los versículos 6, 10 y 13 hacen
la misma declaración con respecto a la expiación. El sacerdote
hará la expiación. En el periodo del Antiguo Pacto
el sacerdote servía como ese mediador entre Dios y el hombre.
El Libro de Hebreos nos dice que los mediadores humanos, es
decir, los sacerdotes, siempre fueron inadecuados y desde el
principio Dios pretendía que estos mediadores, estos sacerdotes
humanos, fueran temporales. El propósito de Dios siempre
fue enviar al Mesías, Dios Hijo que sirve como nuestro sumo sacerdote
permanente y perfecto. Por esa razón, mis hermanos,
ya no necesitamos más sacerdotes. Por esa razón toda iglesia, hasta
los lamentables, hasta los anglicanos epicopales que tienen en su planilla
de líderes a sacerdotes están equivocados. No necesitamos más
sacerdotes porque ya hay un sacerdote. como nos dice Primera de Timoteo
2.5, hay un solo Dios y también hay un solo mediador entre Dios
y los hombres, Cristo Jesús hombre. Así que ese sistema de sacrificios
del Antiguo Testamento era temporal y preparatorio, preparaba al
pueblo de Dios para el sacrificio perfecto que Dios tenía en mente.
¿Cuál era ese sacrificio perfecto? Cristo Jesús. Dios hecho carne
y quien se ofreció a sí mismo. Cristo es tanto el sacrificio,
el animal que representaba ese sacrificio, como el sacerdote
que ofrecía el sacrificio. Cuando Él tomó el lugar de aquellos que habrían de recibir esos beneficios
futuro, presente y pasado, Él no sólo fungió como un símbolo
del dolor y arrepentimiento por parte de los pecadores, en realidad
Dios colocó nuestro pecado sobre Jesús cuando se encontraba en
la cruz. Eso es lo que nos dice II Corintios
5.21, que nos dice que al que no conoció pecado, Dios lo hizo
pecado por nosotros, para que nosotros fuéramos hechos. Justicia
de Dios en Él. Jesús no conoció pecado, pero
y a causa de ello, por esa razón está perfectamente calificado
como nuestro sacrificio y como nuestro sacerdote. Los seres
humanos pecamos, pero Él no. Es por ello, mis hermanos, que
Jesucristo es el sacrificio perfecto. es
el sacrificio sin mancha. Los mejores animales ofrecidos
en sacrificio en el antiguo pacto nunca fueron perfectos, sólo
Cristo lo es. Y aún así nos dice la Palabra
que Dios lo hizo pecado. ¿Por quiénes? Solamente dijo
José Miguel, bueno, yo siento los otros que están. Dios lo
hizo pecado, ¿por quiénes? ¿Por quiénes? ¿Comprendemos entonces nosotros
la gravedad eterna de lo que Jesús hizo por nosotros? ¿Usted lo entiende? Él se dejó
clavar en una cruz. Él permitió que Dios Padre derramara
sobre Él, sobre Cristo, la totalidad de la iniquidad de sus escogidos. Él se convirtió en el epicentro
de la depravación para que nosotros pudiéramos ser rescatados. Con
ese acto Jesús ganó nuestro perdón. Y visto esto, mis hermanos, Los
versículos 10 y 13 dicen que después de que el adorador ofreciera
el sacrificio y se hiciera la expiación del pecado, ¿qué iba
a ocurrir? Versículo 10 y 13, al final, dice la misma palabra. ¿Qué iba a ocurrir? Será perdonado. ¡Qué maravilloso es saber que
podemos ser perdonados por Dios! qué maravilloso es saber que
su perdón está disponible para todo aquel que cree en él. La
ofrenda de purificación estaba dispuesta para todas las personas,
independientemente de su estatus económico. Si la gente no podía
con un jordero, con una cabra, podían traer unas aves. Pero
si no podían con unas aves porque no le alcanzaba el dinero, podían
traer harina. nadie quedaba excluido del perdón de Dios por su condición
social o económica. En el Salmo 32 el salmista exaltó
las alegrías de experimentar el perdón de Dios. Salmo 32,
versos 1 y 2 nos dice, Juan bienaventurado es aquel cuya transgresión es
perdonada, cuyo pecado es cubierto. Juan bienaventurado es el hombre
a quien el Señor no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu
no hay engaño. Es una alegría conocer del perdón
de Dios, es una maldición no ser perdonado por Él. Pregunta
para cada uno de nosotros en esta mañana. Usted, y usted, ¿ha puesto su
fe en Jesús como Salvador y Señor? Si no es así, ¿qué está esperando
para hacerlo? Él nos garantiza que perdonará
su pecado y le dará una vida nueva, eterna. ¿Qué está esperando para hacerlo?
Pero para nosotros, cuando conocemos a Jesús como Señor y Salvador,
para nosotros, para usted que se dice ser cristiano, todavía
tenemos pecado que confesar. Al menos a diario debemos de
pedirle al Espíritu Santo que nos revele nuestro pecado para
poder confesarlo y recibir el perdón de Dios. Gracias a Dios
que el Señor nos dijo, nos dejó 1ª de Juan 1.9 que dice, si confesamos
nuestros pecados, ¿qué ocurre? Él es fiel y justo, para perdonarnos
los pecados y para limpiarnos de toda maldad. El sistema de
sacrificio descrito en Levítico era la invitación de Dios a entrar
en su presencia y adorarle. En la presencia de Dios nosotros
queremos aceptar su invitación a través de su sacrificio final
y universal por el pecado. Jesús, que no sólo es el sacrificio,
sino que también es el sumo sacerdote, el Mesías, el Hijo de Dios, Dios
mismo, ha venido para que nosotros podamos ser librados de la condenación
eterna. Gloria y honra a su nombre, que
el Señor nos ayude y nos lleve a valorar y tener en alta estima
esta verdad, y que cuando nos acerquemos a este lugar en las
próximas reuniones lo hagamos teniéndola en alta estima y no
convirtamos esta celebración en un ritual vacío, sin sentido,
que nos conduzca cada vez más a la perdición eterna. Estemos
de pie y oremos al Señor.
VERDADES ETERNAS Y CONTRACULTURALES SOBRE DIOS, NOSOTROS Y NUESTRO PECADO
Series LEVITICO
Las palabras de Dios sobre la impureza prolongada son una exhortación a que llevemos cuentas cortas con Dios. Eso significa que cada día le pedimos a Dios que nos revele nuestro pecado, y cuando nos revela algo que hemos dicho, hecho o pensado que no le agrada, lo confesamos inmediatamente y pedimos perdón. No prolongamos nuestra impureza. Obviamente, cometer un pecado es malo, pero es aún peor cometer un pecado, reconocer que hemos pecado y no hacer nada al respecto.
Si te interesa conocer más acerca de este tema, te invitamos a que te comuniques con nosotros a través del número: +1(809)234-7795 y el correo electrónico: [email protected]
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| Sermon ID | 129241514173227 |
| Duration | 43:19 |
| Date | |
| Category | Sunday - AM |
| Bible Text | Leviticus 5:1-13 |
| Language | Spanish |
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