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Esta conferencia se titula, Tirano,
Libertino o Esposo, y está basada en las palabras bíblicas de 1
Corintios 7, 2. Más a causa de la fornicación
tenga cada hombre su propia mujer. Supongamos que es usted, amigo
oyente, un hombre casado. ¿Con qué palabras podríamos definir
su actuación matrimonial? ¿Se considera usted en su papel
presente como tirano, como libertino o como esposo? Hay una gran diferencia
entre estas tres palabras y lo que ellas expresan. No cabe duda
tampoco que hay tres tipos de maridos en el mundo. ¿Se considera
usted tirano, libertino o esposo? ¿Cómo lo consideran sus amigos,
y su esposa misma? Hay maridos que son tiranos.
Hay esposos que tratan a sus desposadas como si fuesen meras
herramientas de sus caprichos carnales, o como si fuesen esclavas
de siglos antiquísimos. Hay hombres que caminan con aires
de importancia mientras unos pasos más atrás camina humildemente
la que es su esposa. Hay hombres que exigen de sus
esposas a quienes llaman mi mujer, estar de pie antes que el sol
de la mañana y servirles hasta muy entrada la noche, como solían
hacerlo las esclavas de los legendarios potentados del oriente exótico. La pobre mujer no se atreve muchas
veces a decir una sola palabra, por temor de verse arrojada a
la calle, a la miseria y a la vergüenza popular. no se atreven
ni a llorar siquiera en la presencia de este hombre que en vez de
esposo le ha resultado nada menos que un tirano. Y hay maridos
que son libertinos. Consideran el matrimonio como
una obligación que legaliza simplemente un hecho inevitable. Puede ser
que se considera tal relación entre hombre y mujer como una
especie de disfraz con el cual engañar a la sociedad en que
se vive. El hombre después de todo está
casado, cuida a su esposa y hasta aparece en público con ella.
¿Quién puede con razón quejarse de él? Nadie. Nadie que sea como
él, porque al hacerlo se condena a sí mismo. Lo trágico es que
una cosa es lo que publica esta persona y otra muy distinta lo
que hace, porque cambia de esposa como quien cambia de camisa,
y las compra a veces al mismo precio. Entre las estrellas de
la pantalla estas cosas se publican, y todo el mundo comenta de ellas. Pero también ocurre esto en la
humilde aldea, en los pueblos de nuestras tierras benditas,
y en los salones de alegría y de fiesta, y ciertamente en los
barrios o suburbios donde el drama humano se vive cada día. La separación de vidas que un
día se prometieron afecto mutuo es una real tragedia de nuestros
tiempos, que empieza generalmente cuando el hombre se convierte
en libertino en vez de seguir siendo esposo. Los divorcios
que permiten al hombre correr tras nuevas presas de su inmoralidad
y las múltiples evidencias de la infidelidad de miles y miles
de maridos hace de ellos no ya esposos, porque ese nombre es
demasiado sublime para esos seres. Han descendido al nivel de los
libertinos. La Palabra de Dios tiene mucho
que decir sobre estas cosas, porque, bueno, es un libro que
toca directamente las realidades del hombre. Fue escrito por Dios,
quien tiene profundo interés en el bienestar humano. La Biblia
habla mucho de esposos, y nos presenta la historia de muchos
de ellos, para que por esas experiencias podamos también nosotros aprender,
ser instruidos y guiar nuestros pasos. La Biblia enseña que el
hombre debe normalmente unirse en matrimonio. Al principio mismo
de la historia Dios dijo que no era bueno para el hombre estar
solo. Dios mismo creó una esposa para
el hombre solitario. En ningún momento condena la
Biblia al estado matrimonial, más bien lo enaltece, lo presenta
como lo mejor para el ser humano. Uno de los propósitos de la misma
creación fue la multiplicación de la raza humana. En el texto
de este mensaje claramente nos dice el apóstol que debe el hombre
tener su propia mujer para evitarse así mayores problemas aún. Esto quiere decir que el matrimonio
no es una institución humana, pecaminosa, sucia. Quiere decir
que es algo divino, sagrado, limpio, Los que voluntariamente,
por cualquier razón que sea, desechan esta institución divina,
no solamente se privan a sí mismos de una felicidad muy grande,
sino que también contradicen con sus actos la revelación divina
al respecto. La Biblia enseña que para llevar
a cabo esta misión que Dios le ha encomendado, el hombre debe
dejar su hogar. No es posible ni aconsejable
tampoco ser súbdito del hogar y jefe al mismo tiempo. La Biblia
lo dice así. Por tanto, dejará el hombre a
su padre y a su madre, y quedará unido a su mujer, y los dos serán
hechos una misma carne. El hombre debe formar su propio
hogar, debe constituir su propia familia, debe cumplir su importantísima
misión de establecer la célula básica de la sociedad, del estado
y del reino de Dios. Esto con frecuencia provoca grandes
conflictos en la vida diaria, pero al contraer matrimonio el
hombre se compromete delante de Dios a ser su agente en este
mundo, a cumplir con su voluntad en lo referente a la formación
de la sociedad. Los padres deben comprender este
principio básico de las Sagradas Escrituras, y permitir a sus
hijos que pasen a ser, a su vez, cabezas de familia, independientes
en su juicio y en la conducción de los asuntos familiares. También
deben comprender los hijos esta responsabilidad, y recordar que
su primer obligación está con la familia que han formado, y
no con la que han dejado atrás en su marcha por la vida. La
Biblia enseña también que el hombre tiene una responsabilidad
y un privilegio estupendo como marido. En efecto, las Sagradas
Escrituras comparan la relación del hombre y su esposa con la
relación que hay entre nada menos que Cristo y Su iglesia. Esto
ofrece ciertos corolarios que no debe el hombre olvidar. En
primer lugar, esto implica que el hombre es la cabeza de la
unidad familiar, como Cristo es la cabeza de la iglesia. El
honor pero también la responsabilidad de ser la cabeza corresponde
al hombre en la sociedad cristiana, por lo menos mientras el hombre
sea digno de esa posición de privilegio y sea en realidad
un esposo, y no un tirano o un libertino. En segundo lugar,
ser la cabeza implica también que debe el hombre proteger a
la que se ha dado a sí misma para ser su esposa. La mujer
es el vaso más frágil, indudablemente, y necesita de un hombre que sepa
guiarla, que sepa consolarla en los momentos difíciles, que
sepa arrodillarse con ella y orar en el momento de la tentación,
que sepa proteger no solamente el honor y la belleza de su esposa,
sino también su felicidad espiritual y la salvación de su alma inmortal. Quien no protege a su esposa
ha dejado de ser digno del puesto de responsabilidad que la Biblia
asigna al hombre. Quien no protege lo que Dios
le ha dado podrá ser quizá un déspota deseoso de satisfacer
su ego corrompido, o podrá ser un libertino que vive para la
carne solamente, pero no es ya esposo. Y, en tercer lugar, ser
la cabeza quiere decir también que el hombre debe proveer dignamente
a las necesidades de su hogar y su familia. Es muy difícil
ser esposo y holgazán al mismo tiempo, pero es mucho más difícil
todavía ser holgazán y pretender ser un esposo cristiano. En efecto,
eso es imposible. ¿Dónde, amigo oyente, coloca
todo esto a usted? Volvemos a hacer la pregunta
en toda su fuerza. ¿Es usted un tirano, un libertino
o un esposo? No es fácil ser esposo. Lo normal
para el ser pecaminoso es ser tirano o libertino, pero lo normal
no es necesariamente lo cristiano o lo divino. El hombre ha pecado
y la influencia de su transgresión es evidente en todas sus relaciones,
en todos sus actos, su matrimonio inclusive. Tal vez usted ha tenido
muy serios problemas con su vida matrimonial. Tal vez nadie sabe
de la tragedia de su vida, de la agonía de su alma, de las
lágrimas que en secreto ha derramado a causa de estas cosas. Quizá
usted está dispuesto ya a entregarse a la desesperación. No lo haga
todavía. Medite un momento en la maravilla
que es la familia. Medite en días felices de su
pasado lejano, y medite en días felices en los años por venir.
Sí, el pecado humano es tan grande que ha echado a perder esta maravillosa
institución del matrimonio, haciendo muy difícil llevarse bien todos
los días. pero usted puede ser libre de
los efectos del pecado traidor, y puede llegar a ser esposo modelo,
un esposo de quien digan los demás, qué familia bonita tiene
este hombre. Debe ser una familia cristiana. Para que la familia sea cristiana
deben serlo también quienes la componen. Lo es usted,
Diana Libertino o Esposo
| Sermon ID | 129121620439 |
| Duration | 10:42 |
| Date | |
| Category | Teaching |
| Language | Spanish |
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