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Y tú también por la sangre de
tu pato serás salva. Y yo he sacado tus presos de
la cisterna en que no hay agua. Volveos a la fortaleza, oh prisioneros
de esperanza. Hoy también os anuncio que yo
os restauraré el doble. Porque he empezado para mí a
judar como arco, e hice Efraín su flecha, y despertaré a tus
hijos, o Sion, contra tus hijos, o Grecia, y te pondré como espada
de valiente. Y Jehová será visto sobre ellos,
y su dardo saldrá como relámpago. Y Jehová el Señor tocará trompeta,
e irá entre corbellinos del austro. Jehová de los ejércitos los amparará,
Y ellos devorarán y hollarán las piedras de la honda, y beberán,
y harán estrépito como tamado de vino, y se llenarán como tazón
o como cuernos del altar. Y los salvarán aquel día Jehová
su Dios, como rebaño de su pueblo. Porque como piedras de diadema
serán enaltecidos en su tierra. Porque cuánta es su bondad, y
cuánta su hermosura. y el trigo alegrará a los jóvenes
y el vino a las doncellas. que otra vez es la primera parte
de esta profecía. Recordamos que los capítulos
9, 10 y 11 son una sola profecía. Y aquí estamos estudiando en
el capítulo 9 la primera parte de la profecía. Hoy vamos a estudiar
el resto del capítulo, los reciclos 11 a 17, y vamos a pensar en
un tema que espero que hayan visto en sus hojas. Un título
que espero que haya capturado su atención. ¿Cuál es el título
del mensaje? Prisioneros de esperanza. Este título, esta frase, no parece
tener ningún sentido. ¿Cómo podemos hablar de un prisionero
de esperanza? Eso es lo que vamos a ver en
este pasaje. Es una frase bíblica. Es lo que
leímos en el versículo 12. Volveos a la fortaleza, oh prisioneros
de esperanza. Vamos a ver que cada persona
en el mundo es un prisionero. Pero hay dos tipos de prisioneros. Prisioneros perdidos y sin esperanza
y prisioneros de esperanza. Y creo que es obvio que cuando
hablamos de dos grupos así estamos hablando espiritualmente. No
estamos hablando de nosotros físicamente aquí en este país.
Estamos hablando de personas que son creentes en Cristo o
personas que son hijos de Satanás, prisioneros de su propio pecado
y de Satanás que están perdidos, que todavía están en la cautividad
de sus pecados. Pero cuando Dios nos salva por
Cristo el Rey, Cristo nuestro justo y humilde Salvador, Dios
nos convierte de ser prisioneros perdidos a ser prisioneros de
esperanza. Y esta conversión se llama la
salvación. Esa es la salvación espiritual
de la muerte eterna. Pues creo que podemos entender
sin mucho problema por qué podemos describir a los que no están
en Cristo como prisioneros, como cautivos de sus propios pecados
y de Satanás. Pero tal vez te cueste trabajo
pensar en ti mismo, un cristiano, un hijo de Dios, como un prisionero. Yo creo que podemos entender
esta verdad en dos maneras. Uno, que aunque ahora no somos
prisioneros de Satanás ni del pecado, todavía estamos aquí
atrapados en estos cuerpos de carne y en este mundo malo. Y no podemos salirnos hasta que
Dios nos lleve a sí mismo a nuestro hogar en el cielo. Esa es nuestra
esperanza, que tenemos un hogar en el cielo, que Dios tiene el
control, que tenemos la victoria final sobre el pecado y el mundo
por medio de Cristo el Rey, que vamos a vivir con Él para siempre.
Pero ahora somos prisioneros de esperanza, prisioneros en
el sentido de que estamos, somos atrapados aquí en estos cuerpos,
en este mundo, no podemos salirnos, pero prisioneros de esperanza,
porque un día no vamos a estar aquí, ni en esos cuerpos de pecado,
ni en este mundo malo. Vamos a estar en la perfección
del cielo para siempre. Pero otra manera para pensar
en esta verdad, que somos prisioneros de esperanza, sería entender
que somos prisioneros en el sentido que no podemos escaparnos de
la esperanza que tenemos en Cristo Jesús, que es una esperanza tan
grande, tan segura, que es imposible salirnos de ella. Que queremos
salir, por supuesto, pero caímos. No somos siempre fieles. A veces
dudamos. Pero no podemos escapar de la
esperanza que tenemos en Cristo Jesús. Por eso somos prisioneros
de esperanza. Guardados por una esperanza que
no podemos perder. Una salvación eterna. Una esperanza
que nos aprisiona, si podemos verlo así. Una esperanza que
nos pone preso, gracias a Dios. No podemos salir de ella, ni
en nuestros tiempos más difíciles, ni en nuestros pecados más fuertes,
porque somos prisioneros de esta esperanza. Entonces, pensando
en el primer sentido, Israel, pensando en el contexto aquí
de Zacarías, Israel entendía lo que significó ser prisioneros
de esperanza, porque ellos no tenían su propio rey, ni su libertad
completa. Estaban bajo la autoridad de
otro país, de otro rey. Ellos estaban sufriendo y no
podían salirse de sus problemas. Pero como pueblo, ellos tenían
esperanza, esperanza en la primera venida de Cristo, su Mesías,
su Rey. Y aquí podemos ver la conexión
entre este mensaje y el mensaje de la semana pasada. pensando
en Cristo el Rey, que vino la primera vez como Rey, pero como
Rey justo y humilde y salvador, para morir y salvar a su pueblo,
y que un día va a regresar otra vez para reinar sobre todo el
mundo, para tener paz y para establecer su reino sobre todo.
Esa es nuestra esperanza. era la esperanza de Israel en
su tiempo pensando en su Mesías que iba a llegar, y es nuestra
esperanza también, pensando en lo que Cristo hizo por nosotros
en la cruz, y pensando en el hecho de que va a regresar un
día también. Y tenemos que pensar así, en
nuestra esperanza, en la esperanza en Cristo el Rey. Todas las promesas
que encontramos aquí en nuestro pasaje tienen su base en Cristo. Aunque hoy vamos a, por el título,
por el mensaje, vamos a enfocarnos en nosotros mismos, somos prisioneros
de esperanza, el enfoque todavía está en Cristo, como siempre.
porque solamente en su persona y su obra y su poder podemos
ser prisioneros de esperanza. Entonces, tenemos que considerar
las dos maneras en las cuales nuestro pasaje habla de ser prisioneros. Otra vez, en primer lugar, hablando
de prisioneros perdidos y después hablando de prisioneros de esperanza. Entonces, el primer punto, en
el versículo 11, es que antes éramos prisioneros perdidos.
En el siglo XI dice, y tú también por la sangre de tu pato serás
salva. Yo he sacado tus presos de la
cisterna en que no hay agua. Sin duda está hablando aquí de
la salvación, porque dice, serás salva. En el contexto está hablando
de la salvación física de Israel, pues también vemos la aplicación
espiritual mental con nosotros, la salvación espiritual. Vamos a empezar con la segunda
parte del reciclo, porque habla de la condición perdida, y después
vamos a ver la primera parte que habla de la salvación. En
hablar de la salvación, otra vez en el reciclo, Dios la describe
así, Yo he sacado tus presos de la cisterna en que no hay
agua. Otra vez, en su contexto original,
el versículo está hablando de Israel, el pueblo de Dios, porque
después de hablar al final del versículo 10 del reino mundial,
regresa para hablar específicamente a Israel, que por la sangre y
el pacto serán salvos, porque Dios había sacado los presos
de la cisterna en que no hay agua. Y esta descripción de la
condición de estos presos debe hacernos pensar en la historia
de José, en Génesis 27, cuando sus hermanos le echaron en una
cisterna así, no para matarle, sino para guardarle hasta que
ellos pudieran hacer algo con él y le vendían en esclavitud.
También leemos en Jeremías 38 que el profeta fue echado en
una cisterna sin agua, como un tipo de cárcel, y casi murió. Entonces, esta imagen aquí de
una cisterna sin agua habla de lo terrible del estado de Israel
en ese tiempo, de la salvación física que ellos necesitaban.
Porque estar en una cisterna así, sin agua, era un lugar de
lo cual era imposible escapar. Un lugar terrible, en lo cual
probablemente iba a morir. Pero también esta es una imagen
perfecta de la persona antes de la salvación. En una cisterna
en que no hay agua. Es decir, sin esperanza. en un
lugar peligroso, en una cisterna sin el agua verdadera que es
Cristo, una cisterna de pecado y muerte, una cisterna que es
la cárcel de Satanás para sus prisioneros perdidos. Es un estado
completamente sin esperanza. Porque como pensamos, en esas
cisternas físicas, los prisioneros no podían escapar. Los lados
eran demasiado empinados para escapar, no había luz, ni agua,
ni comida. El cautivo iba a morir sin la
ayuda de alguien de afuera. Sin la ayuda de alguien con la
capacidad y poder de salvarle de la cisterna de su estado perdido. Entonces, este es el estado natural
de cada persona que nace en este mundo. Cada persona nace en una
cisterna sin agua, espiritualmente. Un lugar donde no hay la posibilidad
en uno mismo de escaparse. Un lugar que nada más va a llevar
a la persona a la muerte, y la muerte eterna. Somos presos así,
cautivos de Satanás y nuestros propios pecados, completamente
perdidos, sin esperanza. naturalmente, somos prisioneros
perdidos. Pero la parte más importante
aquí es que Dios no nos deja en nuestras cisternas, no nos
deja como prisioneros perdidos, sino nos salva para que ahora
seamos prisioneros de esperanza, lo que vamos a ver en más detalle
en el siguiente punto. Por eso son las buenas novenas,
que Dios no nos deja así, perdidos y sin esperanza, sino nos salva.
Pero tenemos que ver cómo Dios nos salvó, en cuál manera. Es
lo que tenemos aquí al principio del versículo 11. Tú también
por la sangre de tu pacto serás salvo, dice Dios. Esa es como
Dios nos salva. Nosotros como presos de la cisterna
en que no hay agua. Yo digo que eso es importante.
Esa es la manera en la cual Dios nos salva, por la sangre del
pacto. ¿Qué significa? Es la pregunta. En primer lugar recordamos que
un pacto es un convenio. entre dos o más personas, una
alianza que tiene partes contratantes, condición, promesa y castigo. Cada pacto es así. Hay varios
pactos mencionados y enseñados en la Biblia, tema que hemos
estudiado en la Escuela Dominical. Y podemos entender a cuál pacto
se refiere aquí por su descripción. Es un pacto que salva por sangre. Es un pacto que salva por sangre. ¿Cuál pacto es? Solamente puede
ser el pacto de gracia. Porque sabemos que el pacto de
obras no puede salvarnos, porque no podemos cumplirlo. Es decir,
como pecadores, desde el nacimiento, no tenemos la capacidad de cumplir
el mandamiento de Dios de vivir perfectamente. Es lo que Dios
requiere para la vida eterna, la obediencia perfecta. No podemos. No podemos merecer la salvación
y la vida eterna. Por eso Dios nos ha dado el pacto
de gracia, basado en la sangre de Cristo. su obra en la cruz
para nosotros, su muerte que nos salva. Dios el Padre hizo
el pacto con su Hijo para redimirnos, para salvarnos de nuestros pecados,
para salvarnos de nuestras cisternas sin agua, de nuestro estado desesperado. Y en obediencia a tal pacto,
Cristo vino. Cristo vivió perfectamente y
Cristo murió por nosotros, tomando nuestro lugar, sufriendo la ira
de Dios por nosotros, que nosotros merecíamos. Y basado en su obra,
en la obra de Cristo por nosotros, Dios nos aplica su gracia, nos
da la salvación, nos salva por la sangre del pacto, por la sangre
que Cristo derramó por nosotros. Entonces, como el pueblo de Dios,
recibimos la promesa del pacto, que es la vida eterna, por medio
de la sangre de Cristo. Tal vez la pregunta surge, ¿por
qué es un pacto en sangre? ¿Por qué la sangre es tan importante? ¿Por qué Dios tenía que enviar
a su hijo a la muerte para salvarnos? ¿Por qué no lo hizo de diferente
manera? Parece muy fuerte, pero algo que, ¿cómo
es posible que un padre podía hacer esto a su hijo? Tenemos
la respuesta en Hebreos 9, 22 que dice, sin derramamiento de
sangre no se hace remisión. Aquí hablamos de remisión de
pecados, que sin la sangre no hay perdón de pecados. Entonces,
este perdón es imposible sin la sangre. Pero incluso después
de establecer que el perdón es solamente por la sangre, la salvación
es solamente por la sangre, tal vez todavía nos preguntamos por
qué. Es debido a lo terrible de nuestros pecados. Es debido
a nuestra naturaleza y también nuestra insistencia de vivir
nuestras vidas como queremos y no según lo que Dios quiere
o manda. Nosotros merecemos la muerte
porque la paga de los pecados es la muerte. Es lo que dice
Romanos 6, 23. Merecemos la muerte. Somente
hay dos opciones. O vamos a morir para siempre,
porque somos pecadores y no merecemos el cielo. O vamos a confiar en
Cristo, quien murió por nosotros, para que no tengamos que sufrir
el infierno para siempre. Son las únicas dos opciones.
Si estás dependiendo en ti, en tus obras, en tu iglesia, en
tu familia, o lo que sea, no eres salvo y no puedes ser salvo.
Pues si dependes en Cristo, en Su sangre, en Su obra, si confías
en Él para la salvación, Dios va a salvarte. Es la única manera
para la salvación. Y eso es lo que está diciendo
aquí en Sáhara 19. Por la sangre del pacto, Dios
va a salvarnos. Es la única manera. Las obras
no salvan. No pueden salvarnos. La única
cosa que salva es la sangre de Cristo y solamente la sangre
de Cristo, no la sangre de Cristo y mis obras, no la sangre de
Cristo y mi iglesia, ni esa iglesia ni otra iglesia. Solamente la
sangre de Cristo nos salva de nuestros pecados. Este es el
Evangelio, es el obra de Cristo, es lo que tenemos aquí incluso
en el Antiguo Testamento, aquí en Zacarías 9, hablando de la
sangre de Cristo, la sangre del pacto que nos salva. Entonces,
esa es la única solución, la única respuesta para la persona
que es un prisionero perdido. Que otra vez es cada persona
naturalmente. Si estás aquí y no eres cristiano, eres un prisionero
de Satanás. Eres un prisionero de tus pecados
y no puedes escapar. No puedes salir. Estás en una
cisterna sin agua, sin comida, sin luz, sin esperanza. No tienes
esperanza. Pero Dios puede salvarte por
la sangre del pacto, por la sangre de Cristo. Es la única manera
para ser salvo. Pero aquí en el versículo 11
solamente menciona la salvación, solamente menciona que Dios salva
a su pueblo por medio de la sangre del pacto, pero no la explica
más. Para la explicación más, específica, tenemos que estudiar
el resto del pasaje, los reciclos 12 a 17. Y vamos a ver aquí en
el segundo punto del mensaje, antes éramos prisioneros perdidos,
ahora somos prisioneros de esperanza. Y podemos ver esta frase que
es el tema de este mensaje otra vez en el reciclo 12. Volveos
a la fortaleza, oh prisioneros de esperanza. Yo quiero mencionar
otra vez lo que significa esa descripción, especialmente ahora
que hemos visto el versículo 11, del estado de lo cual Dios
nos ha salvado. Cada persona era o es un prisionero
perdido, sin esperanza, espiritualmente en una cisterna sin agua, sin
manera de escapar, sin la posibilidad de cosas mejores. Pero por la
sangre de Cristo, Dios nos ha salvado. Él hizo todo para rescatarnos
y salvarnos para siempre. Pero ahora continuamos siendo
prisioneros. No pensamos así normalmente,
pero quiero recordarles de lo que vimos en el principio del
mensaje. Por un lado, no podemos salirnos de nuestros
cuerpos de pecado, ni de este mundo. En esta manera somos prisioneros. Pero hay esperanza porque esperamos
el cielo. Esperamos nuestro lugar para
siempre. No vamos a estar en estos cuerpos pecaminosos para
siempre. Aquí por favor. No vamos a estar aquí en estos
cuerpos para siempre. Porque Dios va a glorificarnos.
Vamos a recibir nuevos cuerpos glorificados sin pecado. En los
cuales podemos disfrutar la eternidad con nuestro Dios. Entonces, somos
prisioneros de esta carne, de este mundo para la esperanza,
porque no es para siempre. Y otro sentido que vimos, por
lo cual incluso después de la salvación somos prisioneros de
esperanza, es que esta esperanza nos aprisiona, no nos deja salir,
sino nos guarda para siempre. Entonces, pensando en la salvación
que estudiamos en el ciclo anterior, es fácil entender este tipo de
encarcelamiento. Es un encarcelamiento en el amor
de Dios. Somos prisioneros de la gracia
y el amor del Dios que nos salvó. Empezando al final de este versículo
12, hasta el fin del capítulo, leemos de los resultados de ser
prisioneros de esperanza, consecuencias y resultados que experimentamos
debido a la salvación que hemos recibido de nuestro Rey Salvador. Pero antes de verlo, no debemos
olvidar la primera parte del versículo 12, que es el mandamiento. Fíjense en el versículo, la responsabilidad
humana aquí, porque dice, volveos a la fortaleza, oh prisioneros
de esperanza. El Cristo ha hecho todo. Cristo ha hecho toda la obra
en la cruz. Y cuando aprendemos esta verdad,
cuando aprendemos de la salvación que Dios ha provisto a través
de la sangre de Cristo, tenemos que responder, como dice aquí,
y volvernos a la fortaleza. ¿Qué es esta fortaleza? En la
Biblia, especialmente en los Salmos, muchas veces se refiere
a Dios como nuestra fortaleza, como la roca. Es decir, esto
aquí es una llamada de huir a Dios para la salvación. Otra vez sabemos
que no podemos rescatarnos a nosotros mismos de nuestro cisterno sin
agua, sino tenemos que confiar en otra persona fuera. por hacerlo
por nosotros. Tenemos que pedir a Dios como
nuestra fortaleza para salvarnos, para convertirnos de ser prisioneros
perdidos a ser prisioneros de esperanza, prisioneros de su
amor y su gracia. Y cuando nosotros nos volvemos
a la fortaleza, Dios nos salva. No es nuestra obra. Perdemos
la responsabilidad de obedecer la palabra de Dios y arrepentirnos
de nuestros pecados y creer en Cristo. Cada persona aquí, si
no lo ha hecho antes, tiene esta responsabilidad. Dios hace toda
la obra. Y tu responsabilidad es creer.
Tu responsabilidad es arrepentirte de tus pecados y volver a la
fortaleza para que puedas ser un prisionero no perdido, sino
un prisionero de esperanza. Ahora vamos a ver en el resto
del capítulo los resultados que recibimos de ser prisioneros
de esperanza y no prisioneros perdidos. Estas son las bendiciones
que recibimos de la salvación. En primer lugar, tenemos que
recordar que no merecemos nada de Dios y por eso aún recibir
nada más que la salvación sería demasiado. Pero Dios no solamente
nos salva, sino también nos bendice y nos restaura, nos da el doble,
como dice el versículo 12 al final. Hoy también os anuncio
que os restauraré el doble. ¿Qué significa eso? No significa
que tú vas a recibir el doble de tu sueldo cada semana o cada
15 días. Está bueno espiritualmente que Dios no solamente nos salva,
si también nos bendice espiritualmente cada día, cada momento, cada
segundo nos da mucho más lo que merecemos. porque no merecemos
nada y recibimos la salvación y también la salvación, pero
también otras cosas, bendiciones cada día, la protección, como
vamos a ver la esperanza en nuestra salvación y en los versículos
13 a 16 encontramos esta bendición y la protección. porque los discípulos
13 a 15 hablan específicamente de protección militar para Israel,
usándolo a Israel como arco y flecha y espada para destruir a sus
enemigos. Está hablando aquí del poder
de Dios sobre su pueblo, que Dios nos protege siempre. Dios está a nuestro lado y no
tenemos que temer. Israel no tenía que temer a sus
enemigos físicos y nosotros no tenemos que temer a nuestros
enemigos espirituales. porque Dios tiene el control, porque
Dios es poderoso, porque Dios nos usa y Dios nos protege. En el versículo 15 encontramos
más de la victoria del pueblo de Dios. Vamos a leer este versículo
a explicarlo porque es un poco difícil. Dice Jehová de los ejércitos
los amparará y ellos devorarán y oirán las piedras de la onda
y beberán y harán estrépito como tomados de vino y se llenarán
como tazón o como cuernos del altar. Entonces dicen que ellos
iban a devorar a sus enemigos, no literalmente, por supuesto,
pero hablan de su victoria sobre ellos en la batalla, dice, hoyando
las piedras de la onda, es decir, conquistando las armas de sus
enemigos, venciéndolos aún con sus armas, con sus fuerzas. Y
por eso dice, están llenos de gozo de su victoria, lo cual
es el significado de que harán estrépito como tomaron de vino
y se llenarán como tazón o como cuernos del altar. La idea aquí
no es que están borrachos, sino que casi están actuando así por
alegría de la victoria que Dios les ha dado, haciendo un ruido
muy fuerte, llenos de gozo. y tan lleno como razones divino,
dice, o como los cuernos del altar que siempre contuvieron
la sangre de los sacrificios, tan lleno del gozo y de la alegría
de la victoria de Dios. Pues la idea total aquí es de
una fiesta de alegría y gozo, un tiempo de regocijar la obra
de Dios y no solamente salvarnos a nosotros mismos, sino también
bendecirnos darnos el doble, mucho más que lo que merecemos,
protegernos de todo mal. Y quiero otra vez que pensemos
un poco en el mensaje de hace 15 días. Cuando hablamos de eso,
que Dios nos cambia, o Dios cambia nuestros tiempos de tristeza
a ser tiempos de gozo y alegría. Es la misma cosa aquí. Cuando
Dios nos salva, no nos salva para ser desanimados y siempre
deprimidos, sino gozosos y alegres, porque es Dios quien da la victoria
en nuestras vidas. No depende de nosotros, depende
de Él. Y por eso debemos actuar así,
siempre lleno de gozo, lleno de alegría, porque somos prisioneros. Pero prisioneros de esperanza,
prisioneros de Dios, prisioneros de Su amor y Su gracia. El versículo
16 continúa con este tema de bendiciones y protección. De
la salvación que Dios nos ha dado aquí usa la ilustración
de un rebaño de su pueblo. Una imagen muy importante por
lo que vamos a estudiar en los siguientes dos capítulos, que
habla mucho de Cristo como nuestro gran pastor y nosotros como el
rebaño. Hablando de Israel, dice que
antes eran esparcidos por todos lados, en otras naciones, pero
Dios estaba trayéndolos otra vez a sí mismo e iba a poner
su pastor rey, Cristo, sobre ellos, como el siguiente capítulo
explica. Y sabemos que las ovejas están así, ¿no? Fácilmente esparcidas,
con la necesidad de que alguien las dirije, las guíe, las protege. Por eso podemos ver a nosotros
mismos en esta ilustración, como el pueblo de Dios, pero en necesidad
constante de su guía, de su ayuda, de su protección. No somos importantes
en nosotros mismos, así como las ovejas realmente no somos
importantes. Pero en Cristo, según el final
del siglo XVI, en vez de ser solamente ovejas esparcidas,
dice que ellos serán enaltecidos en la tierra como piedras en
la diadema, en la corona del rey, hablando de que ellos eran
preciosos ante su vista. Porque si pensamos en una corona
real, siempre se guarda en un lugar muy seguro, ¿no? Para que
nadie pueda robarla. Y solamente se usa en ocasiones
especiales. No para cualquier cosa. Porque
es tan preciosa. Cada joya en la corona es importante. Es brillante. Agrega algo a la
hermosura de la corona. Es parte de la corona, lo que
hace la corona muy preciosa. Y fíjense lo que Dios está diciendo
así. Que su pueblo es como esas joyas. Parte de algo increíblemente
especial. Parte de lo que hace la corona
tan preciosa. Somos joyas brillantes ante su
vista. No por nosotros, obviamente.
Sino por nuestra unión con Cristo. Y la manera en la cual nosotros
reflejamos a nuestro Rey y Salvador. Pues aquí no debemos perder toda
esta aplicación para nosotros. Nosotros también tenemos un gran
pastor. No yo, en Cristo. El gran pastor
de todas las ordejas. Alguien que nos guarda en el
rebaño para que no nos desviemos ni vayamos. Los pastores humanos,
incluyéndome a mí, fallamos. No somos perfectos, no podemos
salvar al pueblo. Pero nuestro gran pastor no puede
fallar. nos provee con la salvación eterna
y nos protege de todo peligro. Nosotros somos preciosos ante
su vista, tan preciosos como ser parte de su corona real,
como joyas en su diadema, en un lugar especial. Y el reciclo
17 concluye las bendiciones, los resultados de la salvación,
hablando de dos características de Dios, de su bondad y su hermosura. Por estas dos razones, por estas
dos características, tenemos esperanza. Porque Dios demuestra
estas características perfectas para con nosotros en todas las
maneras que hemos visto, y aún más. La bondad de Dios significa
que Él es siempre bueno. No a veces sí, a veces no, sino
siempre bueno. Cada cosa que hace, buena. Cada parte de su propósito, buena. Por eso entendemos que cada buena
cosa que recibimos en la vida, no importa lo que es, viene de
Dios, como cantamos en el himno. Como dice Santiago 1, 17. Toda
buena cosa, toda buena dádiva y todo don perfecto, desciende
de lo alto, del padre de las luces, en el cual no hay mudanza
ni sombra de variación. Está diciendo que Dios es bueno
y Dios nunca cambia. Por eso Dios es siempre bueno,
porque no cambia. Por eso también leemos en Romanos
8.28 que sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas
les ayudan a bien. Esto es, a los que conforme su
propósito son llamados. Entonces, esta característica
de su bondad nos ayuda a entender lo que estamos estudiando en
este pasaje, de ser prisioneros de esperanza. Somos prisioneros
de Dios, de este Gran Rey, pero no es algo malo, porque Él es
perfectamente bondadoso, porque no puede tratarnos de manera
mala, porque todo lo que hace es para nuestro bien. Somos sus
prisioneros, pero no hay mejor lugar para existir en todo el
universo. No hay mejor posición que ser
prisioneros de esperanza de un Dios de gran bondad. En su bondad
no solamente nos salva, sino también nos da mucho más de lo
que merecemos. Nos da todas esas bendiciones
de protección y restauración porque nos ama tanto. Y la segunda
descripción de Dios aquí es su hermosura. Los Salmos describen
a Dios así muchas veces, como en el Salmo 145 que dice, En
la hermosura de la gloria de tu magnificencia y en tus hechos
maravillosos meditaré. Algunas veces en los Salmos habla
de adorar a Dios en la hermosura de su santidad. Cuando hablamos
de la hermosura de Dios, no estamos hablando de una característica
física, como pensamos en otras personas aquí, sino estamos meditando
en sus maravillas, en sus atributos, su amor, su grandeza, su santidad,
su justicia. Esa es la hermosura de Dios,
cada atributo que es perfecto y que es para nosotros. Y después
de hablar de esas perfecciones de Dios, Zacarías termina esa
sección otra vez hablando de nosotros. De cuál sería la reacción
correcta a una gran verdad así. Dios es bondad. Dios es bondadoso. Dios es hermoso. ¿Qué significa para nosotros?
¿Cómo debemos reaccionar? Dice, el trigo alegrará a los
jóvenes y el vino a las doncellas. Es la misma cosa como vimos en
el en el, este, perdón, en el versículo 15. Hablando de ser
lleno del gozo de Dios, de la alegría de Dios. Porque, otra
vez, no está hablando aquí, cuando dice de trigo y de vino, no está
diciendo que esta comida y esta bebida estaban afectando a los
jóvenes y las consellas, como que están de glotones y borrachos.
Otra vez, no es el punto. Porque estas cosas El trigo y
el vino representaron la bendición de Dios sobre su pueblo, porque
recordamos que Israel era una sociedad agrícola, es decir,
dependiendo en sus cosechas para sobrevivir. Entonces, cuando
Dios les bendijo con trigo, para el pan, y uvas, para el vino,
y todo el resto de la comida que necesitaban, iban a alegrarse
y regocijarse, y dar gracias a Dios por su provisión y por
su bendición. ¿Y cuál es la aplicación para
nosotros? Otra vez, pensando en nuestra alegría y nuestro
gozo. Otra vez, somos prisioneros.
Parece malo, pero no somos como antes. No somos prisioneros perdidos
y sin esperanza. No somos presos de nuestros propios
pecados y de Satanás. Por eso nos alegramos en nuestras
condiciones de prisioneros porque somos prisioneros de esperanza.
y prisioneros de un Dios bondadoso y hermoso en todos sus atributos. Hay una canción cristiana en
inglés, que es uno de mis favoritos, que tiene su base en este reciclo,
en el tema del mensaje de ser prisionero de esperanza. Escuchen
por favor lo que dice el coro de esta canción. Dice, soy prisionero
de esperanza, ligado por mi fe, encadenado a tu amor, aprisionado
en la gracia. Soy libre de salirme, pero nunca
me voy. Soy maravillosa, voluntaria,
libremente prisionero de esperanza. Y para mí este coro hace el resumen
perfecto de este mensaje. Se lo concluye este mensaje para
ayudarnos a meditar en esta gran verdad. Dice, soy prisionero
de esperanza. Es el testimonio de cada cristiano.
De cada persona que Dios ha salvado de su cisterna sin agua. Su cisterna
de muerte. Cada persona que antes era un
prisionero perdido y sin esperanza. Y Dios ha cambiado todo esto.
Y ahora somos prisioneros de esperanza. Esta canción describe
este estado en tres diferentes maneras. Dice, soy prisionero
de esperanza, ligado por mi fe. es lo que me guarda, es lo que
no permite que yo salga de la verdad. Encadenado a tu amor. Si pensamos en estar en cadenas
como algo malo, obviamente en esta situación no es, porque
son lazos del amor de Dios, cadenas del amor de Dios, un amor que
siempre está con nosotros, que siempre nos guarda, que no nos
deja, que no puede abandonarnos. Soy prisionero de esperanza,
ligado por mi fe, encadenado a tu amor, aprisionado en la
gracia. Es la gracia de Dios que nos
salva, que nos convierte de ser prisioneros perdidos a ser prisioneros
de esperanza. Esperanza porque no merecemos
nada, que no depende de mí, que no depende de nosotros, no depende
de nuestra voluntad, sino en Dios completamente. Y por eso
el resultado, según esta canción, yo soy libre de salirme, pero
nunca me voy. El punto es que no somos prisioneros
en contra de nuestra voluntad, sino queremos estar en esa posición. Queremos ser prisioneros de Dios,
porque es lo mejor para nosotros. Y termine diciendo, soy maravillosa,
voluntaria, libremente prisionero de esperanza. Yo he meditado
en este coro de la canción a través de toda la semana. Me ha dado
mucho ánimo, mucha esperanza. Y espero que haga lo mismo para
ustedes. Si quieren, pueden preguntarme
después para las palabras, porque yo creo que son muy buenas y
tú puedes escribirlas y ponerlas en tu escritorio, en tu coche,
en el refri. Son palabras sobre las cuales
podemos meditar y por las cuales podemos estar animados porque
reflejan esta gran verdad que hemos estudiado en nuestro mensaje
de hoy. Somos prisioneros de esperanza. Vamos a orar. Nuestro Padre Celestial, te damos
muchas gracias por tu amor para con nosotros. Tu amor que nos
encadena. Tu gracia que nos aprisiona.
Esa salvación que nos guarda, que nos protege. Esa esperanza
que nunca vas a abandonarnos porque somos tus prisioneros.
No podemos escaparnos si no queremos. Porque no hay mejor situación,
no hay mejor estado para nosotros Gracias por esta gran verdad,
esta gran bendición que hemos recibido hoy. Pensar en la salvación. Te pedimos por las personas que
han escuchado este mensaje, que todavía están en sus cisternas
sin agua, que todavía están viviendo sin esperanza, que tú les salves. Les rescates
de esas cisternas, que por la sangre del pacto, por la sangre
de Cristo, que tengas misericordia de ellos, que demuestres tu verdad,
tu amor, tu poder aquí entre nosotros en salvar a alguien
hoy a través de tu palabra. Y ayúdanos como cristianos de
tener confianza en esta promesa, en esta descripción de ser prisioneros
de esperanza y darte gracias cada día por este privilegio. darte gracias por las cadenas
de tu amor, que nos ayudes esta semana de vivir pensando y meditando
mucho en esta verdad para fortalecernos, para que no caigamos en desánimo,
en falta de fe, sin que nos fortalezcas a través de tu palabra. Gracias
por Cristo, gracias por su sangre que nos salvó, que salvase por
esta gran promesa. Te pedimos y te damos gracias
en el nombre de Cristo. Amén.
Prisioneros de esperanza
Series Estudio sobre Zacarías
Dios nos convierte de ser prisioneros perdidos a ser prisioneros de esperanza- ésta es la salvación.
I. Antes éramos prisioneros perdidos- vs. 11
II. Ahora somos prisioneros de esperanza- vs. 12-17
| Sermon ID | 125161554358 |
| Duration | 40:47 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Zechariah 9:11-17 |
| Language | Spanish |
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