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y he titulado el sermón de esta
tarde 5 Canes y 12 y dice así la lectura Juan capítulo 6 los
15 primeros versículos después de esto Jesús fue al otro lado
del mar de Galilea el de Tiberias y le seguía gran multitud porque
veían las señales que hacían los enfermos entonces subió Jesús
a un monte y se sentó allí con sus discípulos y estaba cerca
a la Pascua, la fiesta de los judíos. Cuando alzó Jesús los
ojos y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe,
¿de dónde compraremos pan para que coman estos? Pero esto decía
para probarle, porque él sabía lo que había de hacer. Felipe
le respondió, doscientos denarios de pan no bastarían para que
cada uno de estos tomase un poco. Uno de sus discípulos, Andrés,
hermano de Simón Pedro, le dijo, Aquí está un muchacho que tiene
cinco panes de cebada y dos pececillos. ¿Mas qué es esto para tantos?
Entonces Jesús dijo, haced recostar la gente. Y había mucha hierba
en aquel lugar, y se recostaron como el número de cinco mil varones. Y tomó Jesús aquellos panes,
y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos,
y los discípulos entre los que estaban recostados, asimismo
de los peces, cuanto querían. Y cuando se hubieron saciado,
dijo a sus discípulos, recoger los pedazos que sobraron, para
que no se pierda nada. Recogieron pues, y llenaron doce
cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron
a los que habían comido. Aquellos hombres entonces, viendo
la señal que Jesús había hecho, dijeron, este verdaderamente
es el profeta que había de venir al mundo. pero entendiendo a
Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a
retirarse al monte él solo. Hasta aquí la lectura de la palabra
en esta tarde. Estamos en un hermoso pasaje,
conocido por todos. Seguramente hemos leído esta
lectura o hemos escuchado sermones sobre este pasaje cientos de
veces. Un hermoso episodio y la primera
curiosidad que vemos en este pasaje del capítulo 6 de Juan
es la siguiente y es que sólo hay tres eventos en la historia
y el ministerio del Señor Jesucristo que los cuatro evangelistas relatan
uno es la crucifixión otro es la resurrección y otro es este
milagro la multiplicación de los panes y los peces el único
evento fuera de la muerte y resurrección del Señor Jesucristo, que aparece
en los cuatro evangelistas. Lo cual nos da a entender que
era un milagro tan importante, con tanto significado, con tanta
relevancia, que ni Mateo, ni Marcos, ni Lucas, ni Juan pudieron
pasarlo por alto, tuvieron que escribirlo, tuvieron que plasmarlo.
Fue un pasaje que realmente impactó profundamente la vida de los
cuatro evangelistas. Y lo primero que encontramos
es que Jesús se va al otro lado del mar de Galilea. Lo que Jesús
está buscando en este momento, después de todo lo anterior que
hemos visto en ese libro de Juan, está buscando un momento de reposo.
Está buscando un momento de calma. Se retira con sus discípulos.
Y nos dice la palabra que busca un monte, un montículo, una colina,
y allí suben para estar descansando un momento. Como vemos, el descanso
no dura mucho. Así como Jesús se desplaza y
los discípulos le siguen, cientos, miles de personas están persiguiendo
a Jesús y se encuentran allí con Él, en aquel monte. ¿Algunos
por fe? Sí, claro, algunos por fe. ¿Algunos
porque querían más enseñanza de parte del Señor? También. Pero básicamente, ¿qué nos está
diciendo el pasaje? Que esa gran multitud seguía
a Jesús porque veían las señales que hacían. Eran los prodigios,
eran los milagros lo que atraían a la mayoría de las personas.
Iban a Él. Ya fuera por lo que fuera, la
cuestión es que iban a Él y escuchaban la Palabra. ¿Cierto? Eso es lo
realmente importante. Ahora bien, Jesús se retira,
Jesús busca un lugar de descanso, y a Jesús le pasa como a nosotros
si vamos al parque y empezamos a tirar neguitos de pan, ¿verdad?
¿Qué pasa? Empiezan a llegar palomas y pajarillos
y más y más y más, ¿verdad? Hay un momento en que Jesús se
retira con sus discípulos y cuando se dan cuenta empieza a acumularse
la gente y más gente y más gente y toda aquella montaña está llena,
llena de personas. La cuestión es que nos está diciendo
Juan que en la época se acercaba la Pascua Y si se acercaba a
la Pascua es de suponer que Jesús, que estaba en el norte, en Galilea,
descendiera hacia Jerusalén. Sin embargo, Jesús no desciende
hacia Jerusalén, sino que va en dirección contraria. Cruza
el mar de Galilea para irse al otro lado del mar, que no era
galileo, sino que era gentil. O sea que en la época de la Pascua
Jesús lo que hace es, en vez de ir a Jerusalén, irse al territorio
de los gentiles. el Cordero perfecto, el Cordero
de la Pascua nos está anunciando ya al celebrar esta Pascua fuera
de Judea que la salvación es también para los que están fuera
de Israel también es para los gentiles Jesús se retira y enseguida versículos
5 en adelante se nos plantea este tremendo dilema Jesús levanta
la mirada y ve toda aquella multitud cubriendo los pastos cantidad
de gente, gran muchedumbre y entonces se gira a Felipe, yo creo que
esta pregunta iba un poco lanzada a todos los que estaban escuchando
pero parece que de una forma más directa a Felipe y le dice
¿de dónde compraremos pan para que coman estos? Juan nos aclara
algo aquí Jesús realmente no estaba preocupado por el tema
Jesús sabía muy bien lo que tenía que hacer nos lo dice Juan exactamente
Jesús está lanzando la pregunta como tantas otras veces lanza
la pregunta a sus discípulos para ver cómo reaccionan, para
ver dónde está su fe, su confianza. Al contrario, vemos que Jesús
toma la iniciativa en proveer para toda esta gente. En Marcos
6.34 se nos dice que Jesús tuvo compasión de ellos y dice, porque
los vio como ovejas que no tenían pastores. Y entonces comienza
a enseñarles, les está compartiendo enseñarles. Comenzó a enseñarles
muchas cosas, dice literalmente, Marcos capítulo 6. Hay gran compasión
en el Señor Jesucristo, no sólo por alimentar las almas de todos
aquellos que estaban allí reunidos, sino por alimentar también sus
cuerpos. Ve que se acerca la hora de cenar, empieza a oscurecerse,
¿y cómo vamos a alimentarle? Nos han estado siguiendo. Esto nos plantea una pregunta
tremenda a nosotros como Iglesia del Señor, como creyentes. ¿Nos
debemos dedicar a alimentar en un sentido físico? ¿nos es lícita
la obra social? Y diremos, sí, claro. Pero a la vez que repartimos
un bocadillo tenemos que decir, no sólo de pan vivirá el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca del Señor. ¿La obra
social o la ayuda porque sí? No. No lleva a ningún sitio. También la hace el mundo, ¿verdad?
Es algo distintivo de la iglesia ayudar y compartir el Evangelio. y el Señor Jesucristo nos pone
un grandísimo ejemplo aquí está enseñándoles, les está enseñando
la palabra y luego se pregunta ¿qué van a cenar? ¿toda esta
gente qué va a comer? ¿cómo van a poder volver a sus
casas? los han seguido por un largo trayecto veremos más adelante
en este mismo capítulo 6 como después de multiplicar los panes
y los peces el mismo Señor Jesucristo dice yo soy el pan de vida Yo
soy el pan de mis hijos. ¿Qué pretende Jesús con esta
pregunta que le hace a Felipe? ¿De dónde compraremos pan para
que coman estos? Quiere poner a sus discípulos
al borde, al máximo, para que se den cuenta de lo imposible
de lo que está a punto de hacer, de la grandeza del milagro que
está a punto de hacer. Les quiere hacer reflexionar.
¿De dónde compraremos pan? Quiere que ellos mismos recapaciten
y vean. Es imposible alimentar a toda esta gente. completamente
imposible. Jesús apunta a lo imposible,
Felipe responde de la siguiente manera. ¿200 denarios de pan
no bastarían? ¿Cuántos son 200 denarios? Aproximadamente
un denario era el salario de un día. Así que 200 denarios
viene a ser el salario de 200 días, unos 8 meses de trabajo. Felipe está diciendo, ni con
el salario de 8 meses podíamos comprar pan para toda esta gente
y les llegaría un trocito. Pero esa no es la respuesta que
Jesús está esperando, ¿verdad? Jesús no ha preguntado, ¿cómo
vamos a alimentar a todos estos? No ha preguntado, ¿cómo? Si ha
preguntado Jesús, ¿de dónde? ¿De dónde sacaremos pan para
todos estos? Jesús está apuntando, no a los
medios, está apuntando a lo imposible. para que los discípulos vean
lo imposible de esa labor. Da igual si son doscientos días
de trabajo, si son doscientos denarios. Aunque tuvieras doscientos
denarios, Felipe, ¿qué ibas a hacer? Aunque ahora mismo tú tuvieras
una bolsa con doscientos denarios, ¿dónde está la panadería de guardia
que te va a dar un camión de pan para alimentar a todos estos?
Es absolutamente imposible. Estaba anocheciendo, aunque hubieran
ido al pueblo no podrían traer tanto pan, aunque hubieran visitado
7, 8, 5, 15 pueblos no hubieran podido recoger tanto pan y aunque
si fuera como lo traerían. ¿De dónde, de dónde sacaremos
pan para todos éstos? La respuesta de Felipe debía
ser ¡Señor, es imposible! O Felipe pudiera haber respondido
como Como el profeta Ezequiel, cuando el Señor señala aquellos
huesos secos en el valle, dice, ¿vivirán? Y Ezequiel responde,
Señor, Tú lo sabes. Una respuesta tan inteligente,
¿verdad?, para decir ni que sí ni que no. Señor, Tú lo sabes. ¿Cómo decir puede ser que sí,
puede ser que no? Puede que me sorprendan de una manera increíble.
Señor, Tú lo sabes. Felipe bien hubiera podido responder
al Señor Jesús. Tú lo sabes que es donde saldrá
el pan. Tú lo sabes. Hemos leído antes ese hermoso
pasaje en el Éxodo donde cae maná del cielo. Cae maná del
cielo en tiempos de Moisés. El Señor Jesucristo podría haber
hecho caer maná del cielo. Tan sencillo como eso. Invocar
al Padre y decir Señor envía de este pan que enviaste en tiempo
de Moisés. Recordemos que en tiempo de Elías,
cuando Elías está escondido en aquella cueva, el señor envía
pan a través de unos cuervos. ¿Habéis visto alguna vez los
cuervos? Cuando estuvimos viviendo en California había muchos cuervos.
Os aseguro que son los animales más destrozones que he visto
nunca. Subían los árboles, incluso las
castañas, las rompían. Es un verdadero milagro que un
cuervo pueda llevar algo en la boca, transportar algo sin destrozarlo,
sin comérselo. y llevó pan y llevó carne también
a Elías. Realmente un milagro. El Señor
podría haber convocado a todos los cuervos del desierto para
que trajeran alimento a aquellas personas. Ahora bien, en esta
ocasión el Señor Jesús obra de una forma completamente diferente
a lo que hemos visto en toda la historia bíblica. Quiere utilizar
lo que ese muchacho lleva en el turrón. Cinco panes y dos
dedos. Un joven probablemente previsor.
Puede que fuera el único que llevaba la cena. Todos los demás
salieron a seguir a Jesús sin pensar en ello. Un joven previsor,
un joven pobre. Cinco panes de cebada. Los panes
de cebada era algo que si podías evitar, evitabas. No era el mejor
pan de la época. No era el mejor pan de la época.
Ahora bien, tenemos aquí a Andrés que dice cinco panes de cebada
y dos pececillos más, ¿qué es esto para tantos? Puede subir
algo de fe, algo de fe en Andrés, algo, pero más que fe hay desaliento. Señor, vaya problemón que tenemos. Mira aquí toda esta gente que
ha venido a seguirte y tenemos cinco panes de cebada y dos peces,
¿qué vamos a hacer con esto? ¿Cómo vamos a alimentar a toda
esta gente? ¿Qué es esto para tantos? Es ridículo. Estos cinco panes no eran cinco
panes de estos de Fallez que vemos a veces en los escaparates.
Recordemos que los lleva un muchacho, ¿eh? No eran cinco panes inmensos
como a lo mejor salen en algún librito para los niños. No. Eran
pequeñas tortas que seguramente llevaba él en el zurrón. Tortas
planas, de cebada, como decía antes, pan de pobres. Algo así
como en la época de la posguerra nuestros abuelos decían ese pan
moreno que no intentaban evitar comerlo ¿verdad? porque era el
que habían comido durante todo el tiempo del racionamiento en
la posguerra preferían comer el pan blanco Estos dos peces
tampoco eran dos atunes del mar del norte eran dos pepecillos
probablemente dos trozos de pez secos que él llevaba para el
viaje dentro del turrón Estamos hablando de un snack Como leí
en una ocasión en el título de un predicador que decía algo
así, lo que Jesús hizo con un Happy Meal. Una pequeña, pequeña
comida para un muchacho. Para un muchacho. No estamos
hablando de una gran cosa. Muy poca cosa. El pasaje nos
está colocando en un lugar para que veamos lo tremendamente imposible
de lo que está a punto de suceder. Para que podamos admirarnos de
la grandeza del milagro. También en otro momento de la
historia hay un jovencito que lleva un zurrón y lleva cinco
piedras dentro de él y se acerca al río para matar a Goliath.
Otro joven, revisor, cinco piedras en el zurrón y cuando tú ves
a ese David caminando para enfrentarse a Goliath dices ¡Imposible! ¡Se
lo va a comer! ¡Imposible! Pero nuestro Dios
es un Dios de imposibles. Es un Dios de imposibles. Versículo
10. Jesús está a punto de hacer este
grandísimo milagro. Después de ese pequeño snack
que le acaban de poner a Jesús en las manos, esto es lo que
tenemos Señor. Jesús dice que todos se recuesten, que todos
se estiren, que todos se echen. ¿Cuántos? El pasaje nos dice
5.000 varones. Más detalle nos da Mateo, en
capítulo 14, versículo 21, cuando dice, sin contar las mujeres
y los niños. 5.000 marones sin contar las
mujeres y los niños. O sea, 5.000 cabezas de familia. O sea, que rápidamente podemos
imaginar que hay 15 o 20.000 personas en aquel prado, en aquella
ladera, en aquella montaña. 20.000 personas. Y lo primero que nos preguntamos
cuando realmente el pasaje nos pone ahí, al extremo, es ¿fue
realmente esto un milagro? Antes apuntaba nuestro hermano
Pavel a la teología liberal, ¿verdad? ¿Sabéis qué dice la
teología liberal? Ah bueno, es que todos, cuando
vieron a este jovencito que daba lo poco que tenía, todos empezaron
a abrir sus mochilas y sus turrones y a sacar y a compartir el pan,
el chorizo, la tortilla de patata y todos a cenar juntos. ¿Esto
es un milagro? ¿La bondad humana? Ah, sí, yo
creo que la gente hubiera reaccionado al revés, ¿verdad? Uy, solo hay
5 panes y 5 quesos, que nadie vea mi tortilla y comérselo solo. ¿Ese es el milagro? Durante estos
últimos incendios en California, hay varios pastores que nos enviaban
e-mails, amigos nuestros, sobre cómo estaba la situación allí.
Había un pastor, amigo nuestro, que pastoreaba una iglesia en
un pueblecito en el interior de California, Valley Center.
en el interior, en un valle. Y aquel pueblo está realmente
en medio del bosque. Quedó el pueblo completamente
cercado, rodeado por el fuego. Los que no habían podido huir
por carretera, ya era demasiado tarde. No podían escapar. Estaba
el fuego alrededor, solo les quedaba orar al Señor porque
apagaban el fuego y diera fuerza a los bomberos. Había bomberos
trabajando en todo el pueblo. Unas 5.000 personas se quedaban,
se refugiaron en el instituto del pueblo Allí en las pistas
de Vázquez, todos sentados esperando a que los bomberos pudieran acabar
con el fuego. Y evidentemente nadie quería
salir, todo el mundo tenía miedo del fuego. Y varios de los de
allí, que tenían negocios, salieron con sus coches y empezaron a
traer leche, y pan, y agua, y todo lo que pudieron compartir para
alimentar a aquellas 5.000 personas que estaban allí, encerradas,
literalmente apresadas. ¿Era este el milagro? ¿La bondad
humana de querer compartir los unos a los otros? No. Ni mucho
menos. Y fijémonos tan solo en un pequeño
detalle. Si el milagro fuera este compartir que cada uno dio
de lo que tenía, ¿de dónde sobraron 12 cestas? ¿De dónde sobraron
12 cestas? ¿Es que alguien las llevaba para
compartir? doce cestas de lo que sobró, dice que todos se
quedaron hartos, llenos, seguro que tenían hambre, habían caminado,
pero sobraron doce cestas. Alguien dijo, doce cestas, uno
para cada apóstol, como souvenir, para acordarse del poder de Dios
y de lo pequeñita que era su fe. Doce cestas llenas de los pedazos. La multitud se recuesta, El Señor
Jesucristo le dice, echaos, sobre la hierba. De nuevo, Marcos repite
esta expresión, sobre la hierba verde. No he estado nunca en
Tierra Santa, pero me puedo imaginar que no hay mucha tierra verde.
Lo que aquí Marcos está queriendo decir es que es primavera. De
nuevo repite lo que Juan está diciendo, se acerca la Pascua. Estamos en la época de la Pascua.
Hay hierba verde. Todos se recuestan. no sólo para
estar cómodos, sino, dice la palabra, que para mantener cierto
orden. De nuevo Marcos 6.40 dice lo
siguiente, se recostaron por grupos de ciento en ciento y
de cincuenta en cincuenta. Jesús les hace recostar de forma
organizada, de cincuenta en cincuenta, de cien en cien, para poder repartir. La pregunta del Señor, ¿repartir
qué? ¿Repartir qué si no hay nada? ¿Nos damos cuenta de lo
irónico de la situación? Los discípulos debían estar mirando
al Señor como, Señor, ¿qué haces? Recostaos, organizaos de cincuenta
en cincuenta. Señor, ¿para qué? Si no tenemos
nada, ¿qué ridículo tan grande vamos a hacer? Más aún, no sólo
nos recuesta para organizarlos, ¿cómo comían en la época? Recostaos,
¿cierto? Eso está diciendo, preparaos
para cenar. Señor, ¿cenar qué? Es como si
yo esta noche llegara a casa, abriera la nevera y no hubiera
nada, solo una lata de aceitunas, ¿verdad? Y les dirán, niños,
poned la mesa. Y dirían, ¿para cenar qué, papá?
¿La lata de aceitunas? Esto es lo que Jesús está haciendo.
Tiene sus cinco panes, dos peces en las manos y les dice a las
20.000 personas, recostados, preparados para comer, que vamos
a empezar a repartir. Realmente los discípulos debían
estar en vilo. Y el Señor da gracias por el
pan. Da gracias por el pan. Igual
que la última cena. El Señor da gracias por el pan
y por la copa. El verbo en griego para dar gracias
es Eucharisteo. y todos sabéis que palabra en
nuestra castellana viene de ahí, ¿verdad? Eucaristía. ¿Qué quiere
decir? Dar gracias. Dar gracias. El Señor en la última cena dio
gracias por el pan y por la copa. Y aquí de nuevo, cuando está
a punto de multiplicar los panes y los peces, el Señor da gracias. Eucharistía. De hecho, acabamos
de celebrar la Mesa del Señor, es una acción de gracias. Por
el sacrificio, por la provisión, del Señor Jesucristo para nuestras
vidas. Y Jesús repartió el pan entre los discípulos. Cuando
esos discípulos tienen el pan en sus manos, aún no han visto
ningún milagro. Hay alguna película, ¿verdad?,
que el Señor Jesús pone todo en una especie de cesto, y levanta
el cesto y da gracias, y cuando desciende el cesto, hay como
veinte veces más pan y veinte veces más fe, y todo el mundo
dice, ¡Oh! ¡Qué milagro! No crece para siempre.
El Señor repartió entre sus discípulos, y los discípulos empezaron a
repartir entre la gente. Y a medida que repartían, se
iban multiplicando. Nadie veía la multiplicación,
pero cada vez había más pan y cada vez había más pez, y todos preguntaban,
¿pero de dónde ha salido? ¿Y aún hay más? Sí, aún hay más.
Nos pasa como a veces en casa cuando hacemos una gran olla
de algo, de un cocido, de una sopa, ¿verdad? Y sirves a todos
los invitados, llenas los platos y dices, ¿hay más si alguien
quiere repetir? Todavía hay más. Y todos repiten
un segundo plato de sopa y aún hay más si alguien quiere. ¿De
verdad hay más? ¿Pero qué hoy has hecho, verdad? Parece que
nunca se acaba. Pues eso multiplicado por 20.000.
Y aún hay más. Y continuaban partiendo el pan
y partiendo el pescado y repartiendo los unos a los otros y nunca
se acababa. Y yo creo que el milagro lo vieron los discípulos
cuando vieron esas 20.000 personas cenando. Y dijeron, ¿qué has
hecho Señor? ¿Qué es esto? Y todos estaban
comiendo, y todos saciados, y empezaron a recoger con el cesto lo que
habían cenado. Ahí es donde vieron tremendo
milagro. Dice Rael, comentarista en uno
de sus comentarios, Fue en el acto de repartirlos y distribuirlos
a los discípulos cuando se produjo la multiplicación milagrosa.
De hecho estaba ocurriendo un proceso de creación continua. Se creaba pan que no existía. Se creaba pan que no existía. Los discípulos no vieron el milagro
y sin embargo obedecieron. El Señor les dijo repartid esto. y ellos lo repartieron. Y ellos
lo repartieron. Como aquellos siervos, cuando
el Señor en Cana multiplicó, digo, convirtió el agua en vino,
y el maestresal a dijo, llévate esto a la fiesta. Pensaban que
llevaban agua. Y cuando llegaron allí, y lo
probaron, vieron que era vino. Los discípulos por fe repartieron
pan para todos, y a todos alimentaron. El mano es lo mismo que es para
nosotros. Señor Jesucristo te da el pan de vida, te da el Evangelio
y te reparte. ¿Dudas que va a poder saciar
a todos? ¿A todos los que hay en tu ordenador? Y a medida que repartes el Evangelio,
alimenta y alimenta y alimenta cada vez más personas. Y todo
el mundo se sacia y nunca se acaba. Y nunca se acaba. Así es igual para nosotros. Acaba el relato diciendo algo
tremendo, que la gente creyó que Jesús era el profeta que
había de venir al mundo. El pueblo de Israel esperaba
un profeta, un profeta como Moisés, parecido a Moisés. Leemos en
Deuteronomio 18 que un profeta como Moisés vendrá al final de
los tiempos. Vino Elías, por supuesto, ese
otro profeta Y el pueblo de Israel esperaba todavía que Elías había
de volver a venir, que el profeta que Dios estaba prometiendo era
Elías que iba a volver de nuevo. Moisés, recordamos, clavó al
Señor y descendió pan del cielo, el maná del cielo. Eliseo, también
encontramos, el sucesor de Elías, encontramos un milagro parecido
a este que estamos leyendo en el segundo libro de Reyes capítulo
4. Versículo 42. Segundo de Reyes 4, 42. Leemos
lo siguiente. Tiene entonces un hombre de Baal,
Salisa, el cual trajo al varón de Dios panes de primicias, veinte
panes de cebada y trigo nuevo en su espiga. Y él dijo, da a
la gente para que coman. Y respondió su sirviente, ¿cómo
pondré esto delante de cien hombres? Pero él volvió a decir, da a
la gente para que coma, porque así ha dicho Jehová, comerán
y sobrará. Entonces lo puso delante de ellos
y comieron y les sobró, conforme a la palabra de Jehová. Ese es
un milagro de Eliseo, muy parecido, ¿verdad?, al del Señor Jesús.
Nos encontramos con lo siguiente, que en Juan capítulo 6, este
profeta que multiplica el pan es muy superior a Moisés, muy
superior a Elías, muy superior a Eliseo. Moisés clamó al cielo
y el pan descendió del cielo. Jesús tuvo el pan en sus manos
y lo multiplicó, porque Él mismo es el proveedor de ese pan. Eliseo alimentó a cien con veinte
panes. El Señor Jesucristo alimentó
a veinte mil con cinco panes. Nos está dando una clara señal
de que éste es muy superior a todos los profetas. Más aún, Los judíos
estaban esperando que Elías regresara. ¿Y sabéis en qué época esperan
los judíos que regrese Elías? En Pascua. En Pascua. En Pascua Elías vendrá de nuevo.
Ese profeta que el Señor ha prometido vendrá de nuevo. Y es aquí en
Pascua cuando el Señor Jesucristo hace este milagro. Juan está
diciendo algo clarísimo. Esperabais a Elías, aquí tenéis
uno mucho mayor que Elías. Este es el que debéis seguir. Mayor que Moisés, mayor que Elías,
porque eres Dios mismo. Y concluye el pasaje en el versículo
15 con esa gente, el pueblo de Israel, en la época de la Pascua,
donde hay gran fervor nacionalista que quería emprender a Jesús
para hacerle rey. ¡Oh, si éste multiplica los pares
y los peces, éste nos va a librar de los romanos! ¡Vamos a hacerle
rey! Pero dice Jesús, que él se oculta,
él se escapa, él se aleja solo, él no quiere que le hagan rey,
él no necesita que le hagan rey, él ya es rey, él ya es rey, sólo
que su reino no es de este mundo, su reino no es de este mundo.
Para concluir, hermanos, hay muchas, muchas enseñanzas en
este pasaje, nos podríamos pasar muchísimo tiempo hablando de
él, pero como conclusión general, de esos cinco panes y dos peces,
nos queda una idea muy clara. Dios se goza en hacer mucho de
muy poco. De muy poco. Él quiere hacer
mucho. Más aún, Dios podría hacer mucho
de nada. Dios creó todas las cosas en
siete días, de la nada. Pero Dios está obrando de otra
manera, Dios no crea de la nada, sino que Dios se goza en hacer
mucho de muy poco, para que veamos su poder muy cerquita de nosotros,
muy cerquita de nosotros. David era solo un muchacho, Goliat
un gran gigante, y Dios se gozó en darle en una sola piedra una
grandísima victoria militar. Moisés estaba solo, era poderoso
y tenía un enorme ejército. Pero Dios abre el Mar Rojo para
que pase Israel y cierra el Mar Rojo para tragarse los ejércitos
de Faraón. Los apóstoles eran sólo pobres
pescadores, ignorantes, incultos, sin educación, y ellos fueron
hechos pilares de la iglesia del Señor Jesucristo, líderes
de su iglesia. La Biblia es sólo un libro. son
sólo páginas de papel, palabras escritas, pero con este libro
Dios ha cambiado la historia de la humanidad. Cristo era sólo
un profeta y además colgado en una cruz, pero Dios le resucita,
le glorifica y Cristo ha cambiado nuestras vidas y también la historia. Nosotros somos sólo un puñado
de cristianos en una gran ciudad. ¿Pero qué quiere hacer Dios con
nosotros? Puede hacer grandes cosas. Porque Él se goza en hacer
mucho de muy poco. Más aún tú dirás, es que yo en
mi instituto, en mi universidad, en mi trabajo, en mi familia,
sólo soy un pobre cristiano. Soy tan poquita cosa. Soy torpe
al hablar, no sé razonar en cuanto a mi fe, tengo mis pecados, tengo
mis luchas, tengo mis debilidades, soy tan poco, bien, el pecado
es bien, porque Dios se goza de hacer mucho de muy poco, de
muy poco. Habla, testifica, comparte, no
te revueltes, no tengas temor, pon tus cinco pares y tus peces
en las manos del Señor, y tan solo espera a maravillarte que
Él haga lo que tenga que hacer a través de ti. El Evangelio
es de apariencia pobre, simple, breve, sólo un libro, sólo personas,
sólo una religión más, sólo un nombre, sólo una cruz, sólo cinco
panes y dos veces. Pero Cristo es el único pan de
vida que puede saciar a uno, a diez, a quince, a veinte mil,
a toda la humanidad. Él es el único Pan del Cielo
que realmente es satisfactorio. No busques satisfacción en nada
más porque es que no la hay. No hay satisfacción en la fama,
ni en los placeres, ni en las amistades, ni en el mundo, ni
en el dinero, ni en el ocio. No hay diversión, no hay insatisfacción,
no hay plenitud en nada de todo eso. Sólo el Pan del Cielo es
el que realmente te satisface, el que te llena de verdad. Cristo es el Creador. que multiplica
panes, que da vista al ciego, que hace andar al paralítico.
Dices el Creador que puede cambiar tu corazón en un corazón nuevo.
Amén. Que el Señor bendiga su Palabra.
Cinco panes y Dos peces
Series Evangelio de Juan
Cinco panes y dos peces era todo lo que llevaba ese muchacho en el zurrón, pero Dios se goza en hacer mucho de muy poco. El poder de Dios en nuestras vidas se perfecciona en la debilidad, y en este sermón vemos expuesta nuestra gran incapacidad y Su gran poder para obrar. El Evangelio del Señor Jesucristo es ese pan de vida en nuestras manos, el cual repartimos, y el cual sacia a muchos sin agotarse jamás.
| Sermon ID | 123074140 |
| Duration | 33:34 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | John 6:1-15 |
| Language | Spanish |
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