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y vamos a leer los primeros once
versículos que ya los leímos pero no está de más hacerlo nuevamente. Estos once versículos contienen
los primeros cuatro mandamientos de los diez mandamientos del
recado. Estos cuatro mandamientos son
mandamientos relativos a nuestra comunión con Dios, a nuestro
llamado a conocer a Dios a adorarlo conforme a su revelación, a reverenciarlo
y a guardar el tiempo adecuado para su adoración. Es interesante, hermanos, es
fascinante realmente que Dios su voluntad la haya podido sumarizar
en diez mandamientos. En realidad, Las cosas más importantes de
la vida, por ejemplo, el matrimonio o la crianza de los hijos, en
el Nuevo Testamento contienen solamente unos pocos párrafos.
Por ejemplo, en cuanto al matrimonio, el principio elemental supremo,
dominante, debe ser que el marido ame a su mujer y que la mujer
respete y se someta a su marido. Si eso sucede, lo demás va a
funcionar. Claro, hay muchas otras cosas
que se derivan de eso. Pero si esto no existe, si el
amor no existe en el varón hacia la mujer, y si la sumisión no
existe de la mujer hacia el varón, lo demás no va a funcionar. No
importa cuántos consejeros, no importa cuánta psicología, no
importa cuánta técnica, esto es lo que tiene que estar en
su lugar. Y entonces lo demás va a funcionar. Claro, no es
fácil, es muy complejo, pero uno tiene en su lugar los tornillos,
uno tiene en su lugar las piezas, ¿no? Igual sucede con los diez
mandamientos. Los 10 mandamientos son lo esencial
que necesitamos entender y poner en su lugar para que lo demás
funcione. Hay muchísimos otros mandamientos, hay más de 600
mandamientos en la Escritura, pero todos están resumidos en
los 10 mandamientos, y los 10 mandamientos están resumidos en uno, el amor.
Así que, aprender esto, estos principios, y aprender a vivir
por estos principios, hermano, es lo que realmente le da sustento,
solidez, cimientos a nuestra vida espiritual. Si nosotros
aprendemos estos principios, y vivimos por ellos, y sabemos
interpretarlos y aplicarlos a la vida, entonces vamos a ver que
todas las demás cosas, hermano, comienzan a caer en su lugar.
No sin batalla, no sin lucha, no sin conflicto, no sin fracasos.
pero todo va a estar en su lugar. Bueno, en cuanto a la adoración,
los 10 mandamientos nos sirven para muchas cosas, son muy útiles,
pero hoy nos vamos a concentrar en la utilidad de los 10 mandamientos
como un manual de adoración, y en particular vamos a tocar
esta mañana los primeros cuatro mandamientos relativos a Dios.
Después estaremos hablando de los otros mandamientos relativos
a nuestro prójimo. Muy bien, leamos, dice así, en
verso 1, capítulo 20 en el libro de Éxodo. Y habló Dios todas
estas palabras diciendo, yo soy Jehová tu Dios que te saqué de
la tierra de Egipto de casa de ser mi nombre. No tendrá Dios
exagero delante de mí. No te harás imagen ni ninguna
semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra,
ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas
ni las honrarás porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso,
que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera
y cuarta generación de los que me aborrecen. Y hago misericordia
a millares a los que me aman y guardan mis mandamientos. No
tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano, porque no dará
por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano. Acuérdate
del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás y harás
toda tu obra, mas el séptimo día es reposo para Jehová tu
Dios. No hagas en el obra alguna tú,
ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia,
ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. porque en seis
días hizo Jehová los cielos, la tierra, el mar, y todas las
cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día. Por tanto,
Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó. Amén. Una oración breve. Padre malo,
aquí estamos delante de tu palabra, y te damos gracias por ella,
y te damos gracias por tu santo espíritu, Señor, que nos ilumina
para poder ver que la luz, que ella, arroja sobre nuestras vidas,
porque ella es lámpara a nuestros pies y lumbera nuestro camino.
Danos, Señor, claridad de mente, danos, Señor, mansedumbre de
corazón, y haz que tu palabra penetre, Señor, en nuestras conciencias,
que nos transforme, transforme nuestra manera de pensar, nuestra
manera de sentir, nuestras inclinaciones. Te lo pedimos, Señor, para tu
gloria, en el nombre precioso de Cristo Jesús. Amén. Amén. Muy bien, los 10 mandamientos. Desde el principio, cuando Dios
le dijo a Adán, de todo árbol del huerto podrás
comer, pero del árbol de la ciencia, del bien y del mal no comerás,
porque el día que comieres de él, morirás. Allí estaban contenidos
los 10 mandamientos. Todavía no estaban expresados
de la manera que se expresaron en Montesinaí. Pero la esencia
de los 10 mandamentos es la obediencia, la dependencia, el entendimiento
de las cosas como realmente son. Dios estaba allí manifestándole
al hombre que él era un ser dependiente, le estaba manifestando al hombre
que él no podía entender las cosas a menos que Dios se las
explicara. y le estaba explicando al hombre que él no podía decidir
lo que era bueno y lo que era malo por su propio juicio. Era
Dios el que tenía que determinarlo. Satanás lo engañó y le dijo,
no, ustedes van a saber lo que es bueno y lo que es malo cuando
coman eso. Ustedes se les van a abrir los ojos, ustedes van
a ser como Dios y no se van a morir. Tranquilos, no se van a morir.
Y entonces Adán le creyó. Y eso corrompió su ser interior. Y hasta el día de hoy él le transmite
esa corrupción a todos los seres humanos que nacen. Y no solamente
corrompió su ser interior, sino que además lo hizo deudor ante
Dios. Porque violó la ley de Dios. Y desde entonces todos los seres
humanos nacemos deudores a Dios. Tenemos este doble problema,
somos deudores ante Dios y somos corruptos. No podemos pagar la
deuda y no solamente no podemos pagar la deuda, la seguimos incrementando
a medida que vivimos. Posteriormente Dios le da sus
10 mandamientos al pueblo israelí en el monte Sinaí. Pero noten
ustedes que los 10 mandamientos no implicaba que este pueblo
iba a ser salvo o iba a agradar a Dios por los 10 mandamientos,
porque ya Dios los había expugido a ellos. De hecho, la manera
en que empiezan los 10 mandamientos establecen que Dios soberanamente
escogió a este pueblo para que fuese su pueblo y lo libertó
para que lo adoraran a él y lo sirvieran a él. Noten ustedes
cómo lo dice en el verso 2. Yo soy Jehová, tu Dios, que te
saqué de la tierra de Egipto, de casa del ser del hombre. O sea, ellos no iban a ser pueblo
por guardar los 10 mandamientos, ya eran pueblo. Ellos no iban
a ser libres de la cautividad por guardar los 10 mandamientos. Ya eran libres. Ya eran libres. Porque Dios soberanamente lo
hizo. Dios se manifiesta como el Dios
de ellos. Dios hizo un pacto con ellos.
Y este pacto está expresado en los 10 mandamientos. Como lo
dije hace un momento hermano, los 10 mandamientos Tiene muchas,
muchas aplicaciones. Pero como hemos estado hablando
y seguiremos hablando de la adoración por un poquito de tiempo más,
ya no mucho, pero seguiremos hablando. Vamos a concentrarnos
ahora en considerar los 10 mandamientos como el manual de adoración de
la iglesia. Los primeros cuatro mandamientos
nos dicen ¿Cómo debemos caminar delante de Dios? Primero, el
primer mandamiento establece que Dios es el centro, el objeto
de adoración, el objeto supremo de la adoración. No tendrás dioses
ajenos delante de mí. El segundo mandamiento establece
que la forma correcta de adorar a Dios no es conforme a nuestra
imaginación. sino es conforme a su revelación.
Él dice, no te hagas imagen, ni ninguna semejanza. No te imagines,
no inventes. La forma correcta de adorar a
ese Dios supremo es como Él lo ha establecido, como Él lo ha
regulado. La forma de adorar a Dios la aprendemos por lo que
Él nos revela acerca de sí mismo y acerca de su voluntad. No es
como lo sentimos, no es como lo deseamos, no es como lo hacen
otras culturas o como lo hace la cultura a nuestro alrededor.
Eso establece el segundo mandamiento. El tercer mandamiento establece
que la actitud correcta de adorar a Dios es con profunda reverencia. No tomarás el nombre de tu Dios
en vano. Es decir, no es un acto vano,
no es un acto casual, no es un acto para divertirse, no es un
acto superficiales, un acto supremamente sagrado, adorar a Dios, y se
debe hacer con profunda reverencia, no tomar ni siquiera el nombre
de Dios en manos. Y el cuarto mandamiento establece
el tiempo de la adoración. Dios dice, seis días trabajarás. Por cierto, el trabajo es adoración,
hermano, el trabajo es adoración. Cuando estamos trabajando estamos
adorando a Dios con nuestras manos, con nuestras acciones,
con nuestra productividad. Pero Él dice, seis días trabajarás
y harás toda tu obra, pero el séptimo día es santo para Jehová
tu Dios. El séptimo día es diferente a
los demás días. Todos los días son santos en
un sentido muy real, pero el séptimo día es santo en un sentido
muy especial. El séptimo día es santo para
Jehová tu Dios. No harás en Él obra alguna. tú,
ni tu hijo, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu
huevo. Es decir, es un día santo. Dios
lo santificó en la creación, es Dios nos dio el ejemplo. Así
que si nosotros queremos saber, hermanos, sobre la adoración,
pues usemos como principios esenciales los 10 mandamientos. Volvámonos a hacer los 10 mandamientos
para comprender ¿Quién es el centro de la adoración? Vamos
a detenernos entonces en el primer mandamiento para considerar,
hermanos, el centro, el objeto supremo de nuestra adoración. No tendrás dioses ajenos delante
de mí. Verso 3, capítulo 20 del libro
de Héctor. Dios es insuperable e infinitamente
majestuoso. Esto es lo que este verso nos
indica, lo que este mandamiento nos indica. Dios es el objeto
supremo de nuestra adoración. La adoración es debida sólo al
Dios verdadero, el Dios que se ha revelado en la Biblia, el
creador de los cielos y de la tierra. Yo soy Jehová, tu Dios. Cuando dice tu Dios, eso es algo
sumamente profundo, hermano, porque Dios no es el Dios de
todo el mundo, Dios no es el Dios de todos los hombres, Dios
es el Dios de aquellos con los cuales Él hace pacto, y ese pacto
tiene que estar sellado con sangre. En aquella época era la sangre
de corderos, de animales que se sacrificaban, pero hoy nosotros
sabemos que aquella sangre solamente representaba la sangre preciosa,
santa de nuestro Señor Jesucristo. Así que él está diciendo, yo
soy Jehová, tu Dios. El Dios que ha hecho pacto contigo.
Tú eres mi pueblo, yo soy tu Dios. Esa es la fórmula de todos
los pactos hermanos, de los pactos más grandes. Yo seré vuestro
Dios, vosotros seréis mi pueblo. Y aquí él está diciendo, ustedes
son mi pueblo, yo soy su Dios, yo soy Jehová, tu Dios. Que te
saqué de la tierra de Egipto, que te casa del servidumbre.
No tendrás Dioses argenos delante de mí. Yo soy el Dios insuperable
e infinitamente majestuoso, incomparable, no hay otro Dios. No puedes tener
otro Dios, no debes tener otro Dios. Ahora, eso es algo, hermanos,
en lo que generalmente todos los cristianos concuerdan, todo
el mundo está de acuerdo con eso, hasta los inconversos están
de acuerdo con eso. todos los cristianos sean previterianos,
pentecostales, bautistas, arminianos, calvinistas, todo el mundo está
de acuerdo con ese mandamiento. Pero no se trata simplemente
de estar de acuerdo con el creo, no se trata simplemente de un
asentimiento mental, se trata de atribuirle a Dios de corazón
y de manera práctica la majestad y la preeminencia que se le debe
a él. Tiene que ser algo del corazón
y tiene que ser algo demostrable en nuestra vida, en nuestra práctica,
en nuestra manera de cantar, en nuestra manera de comportarnos
en la iglesia, en nuestra manera de comprometernos con el pueblo
de Dios. Es adoración en espíritu y en verdad. No tendrás dioses ajenos delante
de mí. Y aunque todo el mundo esté de
acuerdo, aunque todos acá en esta congregación, o los que
puedan estar escuchando en algún otro lugar, o con quien tengamos
una conversación respecto a esto, pueda estar de acuerdo, sin embargo,
tarde o temprano, de una manera muy sutil, o de una manera muy
explícita, se va a manifestar lo que realmente hay en el corazón
respecto a la preeminencia de Dios. Y eso se va a manifestar
en la manera de vivir, se va a manifestar en las prioridades
que las personas tengan, se va a manifestar en la forma de adorar.
Si realmente Dios es supremo en nuestra adoración, si Él es verdaderamente central
y prioritario, si nosotros realmente comprendemos, no tendrá Dios
exagero delante de mí y todas sus implicaciones, Entonces,
Dios no solamente será central y prioritario, pero eso será
evidente en todo lo que hacemos, cómo pensamos, cómo vivimos y
qué propiedades tenemos. Y nuestra adoración será bíblicamente
centrada, o perdón, bíblicamente normada, quiero decir. Nosotros procuraremos y querremos tener una adoración bíblica y
teocéntrica, centrada en Dios, no una adoración caprichosa, no una adoración centrada en
el hombre, una adoración centrada en Dios. Por supuesto, si Dios no es el
objeto supremo, pues van a aparecer muchas técnicas, gustos, y todo será homocéntrico, centrado
en los hombres, antojadizo, inventivo. O sea, el primer mandamiento,
hermano, establece que Dios es el único que tiene el derecho
supremo de la adoración, exclusivo y absoluto de la adoración. Eso
tiene que ver profundamente con nuestro corazón. Eso es algo
que tenemos que cultivar, porque estamos rodeados de muchas seducciones,
de muchas cosas que nos atraen, que nos ocupan el tiempo, que
cambian nuestras prioridades, que nos hacen inclinarnos hacia ciertas
tendencias, hábitos, adicciones, prioridades que no son Dios. No tendrás dioses ajenos delante
de mí. Dios es el que tiene el derecho
supremo, exclusivo y absoluto de la adoración. Él es el creador
de los cielos y de la tierra, nuestro creador. Él es el único
Dios verdadero, no hay otro. Él es el Redentor de nuestras
almas, el único que nos puede salvar. No solamente nos creó,
pero nos redime. Y es el único Dios verdadero,
no hay otro. Pablo llegó a Atenas y los atenienses,
gente muy educada, gente muy sofisticada, muy inteligente,
sabían absolutamente de todas las ciencias, matemáticas, astronomía
absolutamente todo y hasta el día de hoy se puede contemplar
eso en sus ciudades pero ellos no conocían al dios verdadero
Pablo dice que su alma se enardecía al ver la idolatría de aquel
lugar y encontró un altar a un dios desconocido porque ellos
no conocían a ese dios y este dios es el dios que establecen
el primer mandamiento. Él es el único que tiene el derecho
supremo de ser adorado. La única otra alternativa, si
no adoramos al Dios verdadero, es la idolatría. Los ídolos que son de una gran
variedad pueden ser ídolos de bulto, pueden ser ídolos como
los que usan ciertos religiosos en sus iglesias, vírgenes, santos,
apóstoles o jesuces inventados de su cabeza. O pueden ser ídolos del corazón,
que son tendencias, intereses, prioridades que desplazan a Dios. Y todo hermano aquello que usurpa
el lugar supremo de Dios es idolatría y es abominación delante de Dios,
es abominable ante el Señor. Es quebrantar el mandamiento
supremo de la majestad de Dios. Por eso el Señor Jesucristo dijo
los que le adoran en espíritu y en verdad es necesario que
le adoren. Estos adoradores buscan al Padre
que le adoren. Dios es Espíritu y los que le
adoran en Espíritu y en verdad es necesario que le adoren. Le
debemos de adorar conforme a la naturaleza de Él, la naturaleza
divina. Debemos de adorarle en Espíritu.
Tenemos que ser regenerados del Espíritu. Tenemos que adorarle
con motivos espirituales. Tenemos que adorarle de acuerdo
al pacto, al nuevo pacto que es un pacto espiritual. No tendrás
dioses ajenos delante de mí. Somos responsables como pueblo
elegido, porque este mandamiento es para el pueblo elegido. Yo
soy Jehová tu Dios, tú eres mi pueblo. No tengas dioses ajenos
delante de mí. Hermanos, ese principio es elemental,
es esencial. Si nosotros nos aferramos a ese
principio y luchamos por eso, luchamos con nuestro pecado,
luchamos con las seducciones del mundo y las acechanzas y
las insinuaciones satánicas y los inventos de los hombres y Dios
es supremo vamos por buen camino eso tenemos que buscar no tener
Dioses ajenos segundo mandamiento el segundo mandamiento dice no
te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo,
ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.
No te inclinarás a ellas ni las honrarás porque yo soy Jehová
tu Dios fuerte, celoso, que visita la maldad de los padres sobre
los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen. No te harás imagen ni ninguna
semejanza. Él es el Dios supremo. el único
que tiene el derecho exclusivo, absoluto y supremo de la adoración. Y él es el que tiene la prerrogativa
de decirnos cómo debemos de adorar. Ustedes saben
que, por ejemplo, los reyes de Inglaterra tienen un protocolo para presentarse. Cuando alguien es invitado, existe
un protocolo, cómo vestirse, cómo comportarse, cuándo levantarse,
cuándo sentarse, cómo presentar un regalo, si envuelto o no envuelto,
qué tipo de regalo, qué hablar, qué decir, cuándo callar, un
protocolo estricto para ir frente a reyes humanos. Pues Dios tiene un protocolo
para adorarle también a su iglesia. Y oh cuánto nosotros hermanos
quebrantamos ese protocolo por no conocerlo, por no entenderlo,
por ser ignorantes, por no tomar en cuenta los principios que
Dios ha establecido en su palabra. Pero aquí nos dice él algo acerca
de eso. Primero ha establecido que él
es el Dios supremo, pero ahora él está diciendo, no te hagas
imagen. Aunque estés adorando al Dios
verdadero, tú no puedes venir a tu manera. Tú no puedes venir
con tu imaginación, con tu gusto. Tú no puedes venir con tus propios
inventos. No te hagas imagen, no te hagas
semejanza, porque estás adorando a un Dios incomparable. Nuestra
adoración, hermanos, está estrechamente relacionada con la imagen que
nosotros tengamos de Dios. O con el concepto, digamos, que
tengamos de Dios. Por eso el segundo mandamiento
prohíbe Fabricar imágenes o inventar formas de adoración que no se
ajusten a quien él es, a como él se ha revelado en su palabra
y a como él espera ser adorado. Aunque la adoración sea al Dios
verdadero, la adoración puede ser falsa y ofender a Dios. El caso clásico es Caín. Caín
no estaba adorando a un Dios falso. Estaba adorando al Dios
verdadero, el mismo Dios que adoró a Abel. Solamente que Dios
vio con agrado la ofrenda de Abel y vio con desagrado la ofrenda
de Caín. Era el mismo Dios. El problema
es que Caín se inventó. Caín se imaginó. Caín lo quiso
hacer a su manera. Y su corazón no era recto. Otro
caso clásico es el de Nadab y Abiud, del cual hemos hablado. Ellos
se acercaron al Dios verdadero, pero trajeron fuego extraño que
Dios no había mandado. Fuego extraño al altar de Dios. Y salió fuego de Dios y los consumió. Ellos tenían a su disposición
el fuego divino que Dios les había provisto, pero no quisieron
usar el fuego divino, quisieron usar su propio fuego. Pero Dios dice en el segundo
mandamiento, no te harás imagen ni ninguna semejanza de nada que esté arriba en los
cielos, en la tierra o en las aguas debajo de la tierra. O sea, toda adoración que no se
ajuste a la majestad que él revela de sí mismo es ofensiva a Dios,
desagrada a Dios. es prohibida por Dios, es castigada
por Dios. Dice porque yo soy Jehová tu
Dios fuerte, celoso, visito la maldad y ahí no está hablando
de todo tipo de maldad, está hablando de la maldad específica,
de rechazar su revelación. Está hablando de la maldad específica
de querer hacer las cosas a nuestra manera. Por eso, el dicho de
la gente mundana, tú con tu religión y yo con la mía. Tú adoras al
dios que quieras, yo tengo mi propio dios. Eso es pecado. El
dicho de muchos cristianos, ustedes adoran así porque así les gusta
a ustedes, porque ahí solo hay gente grande, vieja, pero nosotros
tenemos muchos jóvenes, muchos niños, nos gusta hacernos de
esta manera. No es así, eso no es así. No es cuestión de ser
niño, de ser joven, de ser moderno, de tener un cierto gusto particular,
es cuestión de cómo Dios lo prescribe. Yo soy Jehová tu Dios, Dice,
fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los
hijos hasta la tercera y cuarta generación. Ahora, esto implica,
hermanos, que cuando una familia, un padre de familia, una madre
de familia o una pareja, educa a sus hijos con una religión
o con un concepto falso, pues ese muchacho lo va a adoptar. y luego se lo va a transmitir
a sus hijos también hasta la tercera y cuarta generación de
manera que se crean culturas, sociedades enteras llenas de
idolatría. Hay naciones poseídas por la
idolatría, por la brujería, por la falsedad y es juicio de Dios
contra ellos. Dios dice, visito la maldad de
los padres contra los hijos hasta la tercera y cuarta generación.
Y es asombroso, hermano, cómo eso puede poseer a una persona.
Recuerdo en una ocasión en Haití, para mí fue muy impresionante,
la primera vez que me escuché, hermanos, a las 11 de la noche
comenzaron a cantar, a gritar desaforadamente en las vecindades
y eran, eran, eran no se les dice budista, no? vudú, eran
brujos del vudú y era las 7 de la mañana y ellos seguían gritando
desaforadamente como alguien puede ser poseído por esa por
esa devoción a la falsedad puede ser la brujería o puede ser el
placer o la borrachera o el dinero puede ser cualquier cosa o puede
ser la misma religión Y Dios lo prohíbe. Dios es celoso. Y Él dice, y visito la maldad
de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación. Dios visita la maldad de aquellos
que cargan su gloria por imágenes terrenas y que le honran y que
honran y dan culto a las criaturas antes que al Creador. Es decir,
el segundo mandamiento nos prohíbe imaginarnos a Dios, inventar
conceptos de Dios e inventar conceptos de cómo adorar a Dios.
Nos invita a temer, a adorar con temor, a temer el celo de
Dios. Dios está diciendo yo soy Jehová
tu Dios fuerte, celoso y visito la maldad. Pero también el segundo
mandamiento no solamente es un un llamado a temer sino es un
llamado a amar en el versículo número 6 dice y hago misericordia
a millares a los que me aman y guardan mis mandamientos y
ahí hay una promesa incluida la promesa de la misericordia
a los que me aman dice y guardan mis mandamientos visito la maldad
de los que me aborrecen de los que aborrecen mi revelación,
de los que aborrecen lo que yo prescribo. La gente le gusta pensar en Dios
a su manera, le gusta pensar en un Dios que no es celoso,
que no es terrible, que no es temible. Pero Dios es eso, hermano, Dios
es celoso, fuerte y visita la maldad. Pero Él dice, yo también
hago misericordia. a millares, a los que me aman
y guardan mis mandamientos. Así que el segundo mandamiento,
hermanos, nos dice cuál es la forma de adorar a Dios. Y la
forma de adorar a Dios es de acuerdo a la revelación divina,
la escritura en la que debe regular nuestra adoración. Lo que Dios
ha dicho acerca de sí mismo, lo que Dios ha dicho acerca de
la adoración, Lo que Dios ha dicho acerca de la actitud de
la adoración. Lo que Dios ha dicho acerca de los elementos
en la adoración. No te imagines a Dios. Ten temor de Dios al adorarle.
Ama a Dios y sus mandamientos. Eso es lo que implica el segundo
mandamiento. Otro principio, hermano, vital
para nuestra adoración. Ahora, esto nos lleva al tercer
principio. Todos estos, por supuesto, están muy conectados, se traslapan
el uno con el otro, pero enfatizan diferentes aspectos importantes
y establecen principios que nos deben guiar a nosotros en nuestra
adoración a Dios. El tercer mandamiento nos habla
de la actitud de la adoración. El tercer mandamiento Dice en
el verso número 7, no tomarás el nombre de Jehová tu Dios en
vano, porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre
en vano. No tomarás el nombre de Jehová
tu Dios en vano. Esto explica reverencia, esto
nos habla de la actitud con la que debemos de adorar a Dios.
El primer mandamiento nos dice la persona a la cual debemos
adorar. Dios es supremo en la adoración, exclusivo en la adoración. Segundo mandamiento, nos dice
la forma en que debemos de adorar, conforme a su revelación, no
conforme a nuestra imaginación. Tercero, nos dice la actitud
con la que debemos de adorar, una actitud de profunda reverencia.
De tal manera que tenemos que guardar nuestros labios aun cuando
mencionamos el nombre de Dios. No tomarás el nombre de Jehová
tu Dios en vano. El nombre. El nombre está conectado
a todo lo que Dios ha revelado acerca de sí mismo. El nombre
es una manera de referirse a la persona de Dios. Es decir, debemos
de acercarnos a Dios conforme a este protocolo santo, a este
protocolo revelado en la escritura, con profunda reverencia. Y Él nos ha revelado sus atributos,
su voluntad, su mente, sus títulos, su autoridad, y todo eso está
contenido en el nombre de Dios. El nombre de Dios está conectado
a todo lo que Él es, a esos atributos, a esa voluntad, a esa mente,
a esos títulos, a esa autoridad divina. Este tercer mandamiento,
hermanos, nos da alertas y nos da directivas, advertencias y
promesas relacionadas con el uso del nombre de Dios. Un nombre
maestroso, cuyo buen uso trae bendición
y cuyo mal uso o abuso trae condenación. El nombre propio de Dios, hermanos,
es un nombre misterioso. el tetragramatón, las cuatro
letras misteriosas, que el Señor le reveló a Moisés, cuando Moisés
le preguntó, cuando la gente me pregunte ¿Quién te ha enviado? ¿Qué les digo? Y el Señor le
dice, diles, yo soy, te envió, yo soy el que soy, yo soy es
mi nombre, dice el Señor. La razón por la que se le llama
tetragramatón es porque en hebreo son cuatro letras, cuatro letras
que indican, hermano, la idea de la autoexistencia de Dios,
de que Dios es, punto, Dios es, no hay más. Dios es el ser indispensable,
el ser absoluto, supremo, autoexistente. Todos nosotros somos porque Él
es, y cuando Él ya no quiere que seamos, ya no somos, pero
Él nunca dejará de ser, siempre ha sido, es y siempre será. Yo soy, y Él dice no tomes ese
nombre santo en vano, Los judíos, hermano, aunque muchos lo hacen
por superstición o por pura tradición, pero no mencionan el nombre santo
de Dios. Procuran evitarlo para no ofenderlo.
Al contrario de nuestra cultura, que nuestra cultura usa el nombre
de Dios para cualquier cosa vana, para cualquier cosa torpe, Pero Dios dice, no, tomarás el
nombre de tu Dios en vano, o sea, camina delante de mí con profunda
reverencia. Tu actitud al acercarte a Dios
debe ser de profunda reverencia. Se implica, hermanos, cosas tan
básicas y elementales como que cuando nosotros venimos aquí,
debemos de venir con esa actitud preparados de meditación, que
antes de que comience el servicio no tengamos toda esa algarabía
que en muchos casos los que dirigen el servicio se tienen que parar
en la iglesia y decirles hermanos vamos a comenzar el culto porque
todo el mundo está distraído eso implica que después de que
tenemos un receso acá nosotros debemos estar atentos para que
no nos estén llamando para estar aquí instalados ya cuando llegue
el momento de comenzar el servicio Eso implica cosas como que los
padres enseñen a sus niños, vamos a un lugar especial, tienes que
comportarte y que los niños aprendan. Si no lo aprenden, si no entienden
exactamente todos los detalles, por lo menos entienden que este
es un lugar especial, diferente. Y todo eso trae madurez y nos
permite contemplar a Dios de una manera diferente, hermano,
a que si nosotros venimos sin la actitud adecuada. Los nombres en la Biblia siempre
son algo más que una designación, por lo general. Así es en nuestros
días, en realidad, porque cada uno de nosotros tenemos un nombre,
¿no es cierto? Y si alguien nos llama por otro
nombre, pues no respondemos, obviamente, porque porque no
reconocemos a quien estamos llamando, tiene que ser nuestro nombre.
Y si alguien repetidamente nos cambia el nombre, nos dice un
nombre equivocado y en un momento que nos ofendemos, no nos gusta
que nos digan otro nombre, yo tengo mi nombre, yo quiero que
me llamen por mi nombre. Y uno habla de preservar su buen
nombre, es decir, que nuestro nombre esté limpio, tener un
buen crédito, tener una buena reputación, que cuando mencione
nuestro nombre la gente diga, oh sí lo conozco, sí es una persona
respetable. o tener un mal nombre. El nombre
siempre va conectado a lo que la persona es. Y el nombre de Dios es majestuoso.
Y hay bendición. Bendición en usar bien el nombre
de Dios. Y hay castigo para los que profanan
el nombre de Dios. Hay juicio por profanar el nombre
de Dios. Dice, el libro de proverbios
de más estima es el buen nombre que las muchas riquezas y la
buena fama, más que la plata y el oro. El mandato dice, no tomarás el
nombre de tu Dios en vano. Interesante hermanos, no dice,
no hablarás de Dios en vano, sino dice, no tomarás el nombre
de tu Dios en vano. No es solamente el hablar, es
tomar el nombre de Dios en vano, usar el nombre de Dios. Eso implica
que no se debe usar el nombre de Dios ilegítimamente. Él nos ha dado su nombre para
que lo usemos, pero para que lo usemos legítimamente, que
lo usemos para bendecirlo a Él, para bendecir a otros, para hablar
su verdad. Así debemos usar el nombre de
Dios. para su gloria y para el bien de otros. El uso del nombre
de Dios constituye, hermanos, adoración, implica identidad,
nos brinda un derecho. Nosotros oramos en el nombre
del Señor Jesucristo y tenemos derecho a entrar por el nombre
del Señor Jesucristo, no por nuestros méritos, por los méritos
de Él, por el nombre de Cristo. Pero tenemos que honrar el nombre
de Cristo Jesús en nuestra vida, en nuestra adoración. Decía el Salmista, nuestro socorro
está en el nombre del Señor que hizo los cielos y la tierra.
Ahí está nuestro socorro. Nos refugiamos en su nombre precioso. No hay otro nombre debajo del
cielo dado a los hombres en el que podamos ser salvos. Por lo
tanto, debemos reverenciarlo en pensamiento, en palabra, en
meditación, en actitud. Debemos usarlo legítimamente,
cuando hacemos un juramento o un voto, por ejemplo, cuando un
hombre se casa con una mujer y jura delante de Dios que va
a ser fiel, ese es un juramento santo, usando el nombre de Dios
legítimo, pero lo compromete a uno, delante de Dios, delante
de la sociedad y delante de esa mujer. Para entrar en su presencia,
cuando venimos aquí hermano, venimos y nos reunimos en el
nombre del Señor, donde están dos congregados dos o tres congregados
en mi nombre, dice el Señor. Nosotros venimos aquí a adorarlo
en su nombre, por lo tanto, debemos aprender a venir con una actitud
de reverencia. En el nombre de Dios encontramos
protección, en el nombre de Dios somos salvos, en el nombre de
Cristo. El que invocare el nombre del
Señor será salvo para adorarlo. El Señor dijo,
vosotros oraréis así, Padre nuestro que estás en los cielos. santificado
sea tu nombre. Tenemos que santificar el nombre
del Señor. Así que toda manera vana, ligera,
irreverente, profana, supersticiosa, perversa, vulgar, blasfema, hipócrita,
mentirosa o abusiva de usar el nombre de Dios, el Señor dice
no tomará por inocente a los culpables. El uso del nombre de Dios puede
ser culposo si lo usamos de esa manera. ¿A quiénes usan el nombre de Dios
para ganancias? Se convierten en ministros y usan el nombre
de Dios y manipulan a la gente con el nombre de Dios para obtener
reconocimiento, para tener una plataforma, o para obtener ganancias,
o por apariencia, usan el nombre de Dios para aparentar piedad
o para cosas ocultas y abominables como la brujería usan el nombre
de Dios para la brujería o por ignorancia simplemente son ignorantes
y usan el nombre de Dios vanamente y el Señor dice no tomarás el
nombre de tu Dios en vano pero si alguien hermano es responsable
de eso somos aquellos que profesamos ser adoradores de Dios. Adorar
a Dios en espíritu y en verdad requiere una actitud correcta,
reverencia, que está implicada, implícita en el tercer mandamento,
no tomarás el nombre de tu Dios en vano. Ustedes, como los diez
mandamentos son un manual de adoración, nos dice a quién adorar,
nos dice la forma de adorarlo, nos dice la actitud con que debemos
de adorarlo, Y en cuarto lugar, el cuarto mandamiento, nos habla
del tiempo, el tiempo que debemos de adorar a Dios. Dios es el
Señor del tiempo, Él no vive en el tiempo, Él es eterno, Él
siempre ha sido y siempre será. Él no está sujeto al pasado,
Él no está sujeto al futuro. y a él no se le escapa el presente,
es una dimensión absolutamente inconcebible para nosotros hermanos,
pero Dios es Dios siempre y él conoce todo lo pasado, lo presente,
lo futuro absolutamente y lo tiene bajo su control. El tiempo
existe por causa de nosotros, es una creación de Dios, el tiempo,
y estamos sujetos al tiempo. Es interesante, hermanos, que
el tiempo se mide por la rotación del sol o por la rotación de
la luna o por la rotación de la tierra, los meses, los años,
los días, ¿verdad? Se miden por la rotación de esos
astros, los meses, los años, los días, pero la semana no se
mide por la rotación de nada. La semana existe por decreto
divino. Dios decretó que iban a haber
siete días, en siete días Él creó los cielos y la tierra y
el séptimo día Él descansó en conmemoración de la creación. Pero ahora en el Nuevo Testamento
la iglesia cambió ese séptimo día por el primer día en conmemoración
de la resurrección de nuestro Señor. porque la resurrección
de nuestro señor jesucristo establece el inicio de una nueva creación
el séptimo día judío o sea el sábado que conocemos nosotros
como sábado séptimo día conmemoraba la creación pero esta creación
es caída ahora la iglesia no testamento conmemora el primer
día de la semana porque esto conmemora la nueva creación que
comenzó con la resurrección de nuestro señor jesucristo la creación
redimida. Ahora, el séptimo mandamiento
establece, hermano, que de los siete días de la semana, uno
de ellos debe ser guardado santo, de una manera especial. No porque
los otros días no sean santos, los otros días son santos también,
pero el día del Señor, como nosotros lo conocemos. Juan lo dijo así
en Apocalipsis. el primer día de la semana, que
es cuando se reunía la Iglesia Nuevo Testamentaria, así como
lo hacemos nosotros. Ese es el día, un día especialmente
santo. Dice este mandamiento, verso
8, acuérdate del día de reforzo para santificar. Acuérdate, y
seguramente hermano ese acuérdate Es una invitación a rememorar
lo que Dios hizo el séptimo día. Acuérdate que Dios lo creó. Y también es una amonestación
porque nosotros somos olvidadizos. Acuérdate. Además ya Dios había
establecido ese día, antes de que los 10 mandamentos estuvieran
establecidos, ellos tenían que guardar el séptimo día porque
el maná caía seis días, el séptimo día no caía y ellos tenían, no
podían el séptimo día ir a recoger maná. Si alguien decía bueno
yo voy a recoger maná hoy que es el séptimo día, voy a recoger
doble porción de maná para que mañana no me falte, se le podría. no era lícito recoger maná para
el séptimo día, pero cuando Dios le da los diez mandamientos,
Él de una manera explícita expresa, entonces establece que ellos
deben guardar uno de siete días. Interesantemente, hermanos, Aunque
el enfoque es en el séptimo día. Él menciona los seis días restantes. En el verso número nueve dice,
seis días trabajarás y harás toda tu obra. Eso es parte del
mandamiento. O sea, parte del mandamiento es que nosotros usemos
todos los días, los seis días de la semana para trabajar. para
hacer toda nuestra obra. Pero nosotros trabajamos para
el Señor. Eso dice la escritura, que nosotros, cuando trabajamos,
lo hacemos delante del Señor, para el Señor, no para los hombres.
Además, el trabajo es una institución divina, es una ordenanza de la
creación. El trabajo no es un castigo por
causa del pecado, no. El trabajo existía antes de que
hubiese pecado. Dios le dio al hombre el trabajo
de labrar el huerto, de guardar el huerto, de ponerle nombre
a los animales, de llenar la tierra, de sojuzgarla, de señorearse. Mucho trabajo, mucho trabajo.
Los seres humanos somos creados para trabajar, hermano. Una de
las responsabilidades es inevitable, porque el que no trabaja, que
no coma, ¿verdad? Pero no solamente trabajamos
para comer, no solamente trabajamos para subsistir, trabajamos para
la gloria de Dios. Trabajamos para el bien de nuestro
prójimo. Trabajamos para nuestras propias subsistencias, para la
subsistencia de nuestra familia, para el bien de nuestro prójimo
y, ultimadamente, para la gloria de Dios. O sea que es una forma
de adorar, trabajar. El trabajo es sagrado, hermano.
No importa qué tan sencillo sea tu trabajo. No importa qué tan
duro sea tu trabajo, qué tan fácil, que no hay trabajo fácil
en realidad. Alguien podrá decir, el trabajo
de la mano es fácil. Fácil, te parecerá fácil a ti,
pero tienes que meterte en eso para saber las implicaciones,
las complicaciones que eso trae. Algunos trabajos pueden ser muy
difíciles físicamente, ¿cierto? Y otros no físicamente, no son...
Igual de severos, pero todo trabajo es una responsabilidad grande
e implica grandes esfuerzos. El Señor dice, seis días trabajarás
y harás toda tu obra, más el séptimo día. Ahora, noten ustedes,
aquí está hablando Dios del tiempo. Quiere decir que la adoración
implica nuestro tiempo, tenemos que aprender a usar nuestro tiempo,
tenemos que aprender a administrar nuestro tiempo, a planificar
nuestro tiempo. Si tú no planificas, por ejemplo,
que el día del Señor es santo, que el día del Señor es sagrado,
entonces se te va a meter cualquier cosa. Va a venir una visita y
no vas a poder venir al servicio porque no lo planificaste. Va a venir la Navidad y no vas
a venir al servicio porque es Navidad. va a venir cualquier
cosa, se te va a meter cualquier cosa y siempre va a tener, hay
gente que siempre tiene una excusa para no estar en la iglesia,
pero es una cuestión de planificación, de prioridades, de entendimiento
acerca de lo que es la adoración, de la misma manera que el dice
no te harás imagen, de la misma manera que el dice no tendrás
Dios es ajeno, de la misma manera que Él dice no tomarás el nombre
de tu Dios en vano, Él dice acuérdate del día de reposo para santificar. La manera de santificar el día
de reposo, hermanos, es dedicarle tiempo al servicio de Él, a la
adoración a Él, a la comunión con el pueblo de Dios y hacer
el bien a nuestro prójimo y a nosotros cultivar nuestra alma, nuestra
familia. Ese es el día. Básicamente, hermanos,
el día del Señor es desligarnos de todas las preocupaciones cotidianas,
terrenales, mundanas, en las que tenemos que envolvernos semanalmente. Hoy día hay iglesias que ya no
huelgan ese día, porque las fuerzas culturales hacen una presión
muy grande. Yo siento que hay situaciones difíciles, hermano,
que el tiempo es escaso, pero eso no es culpa de Dios. Dios
nos da 24 horas a cada uno de nosotros. Y aquellos, hermano,
que muestran consistencia en guardar el día del Señor, que
siempre están allí, no es porque tengan días de 26 horas, ¿verdad? Tienen 24 horas, igual que los
que no son consistentes. Es cuestión de planificación
y de prioridades. Nosotros somos los que creamos
las complicaciones. La gente dice, es que hoy en
día la vida es muy complicada. La gente se la complica si no
planifica. Nosotros no la complicamos si
no planificamos. Todo depende de las prioridades. La gente crea complicaciones,
hace compromisos, y después dice, oh, deshagámonos del día del
Señor, es muy complicado. Estamos demasiado ocupados toda
la semana y ahora todavía el Día del Señor, tener que guardarlo.
Ese es el argumento de muchos el día de hoy. O quitemos el
segundo servicio. O no vayamos. Quitemos la escuela
dominical. Hagamos más corto el servicio.
Hagamos varios servicios cortos para que la gente vaya al que
le convenga. Hay gente que va a las seis de la mañana al servicio
para tener el resto del día libre. Hay gente, hay iglesias que hacen
servicio el sábado a la noche para el domingo tenerlo todo
libre. Pero no es eso lo que dice la palabra del Señor, hermano.
Es una cuestión de disciplina. Es una cuestión de conciencia.
Es una cuestión de una ofrenda para Dios. Es una ofrenda para
Dios. Es reconocer que Dios es el Dios que nos da el tiempo.
El tiempo para trabajar, seis días trabajará. Tienes seis días
para hacer todas tu obra. El séptimo día es santo, santo
para el Señor. Repito, todos los días son santos
en un sentido muy real, pero el día del Señor es un día especialmente
santo, porque es un día para congregarse. Es un día para tener
comunión, es un día para adorarlo, es un día para escuchar su palabra,
es un día para desligarnos de nuestras responsabilidades cotidianas,
es un día para hacerle bien al prójimo. Y descansar nuestro
cuerpo también de todos los afanes. Pero no necesariamente se trata
de descanso del cuerpo, hermano, porque Dios que es muy sabio,
todas las noches hace que venga la oscuridad para que nosotros
descansemos. Todas las noches nos da descanso
el Señor. Descansamos. ¿Cuántas horas descansas? Es una cuestión de también cómo
planificamos. Al menos duermen. Es que yo duermo poco, hermano,
duermo cuatro horas. Me quedo viendo televisión o
el teléfono o lo que sea. O quizás no dicen eso, pero eso
es lo que hacen. Y por eso duermen poco. y están cansados el fin de semana
porque no han usado bien su tiempo de descanso. Debemos aprender
a descansar también en la semana para que el día del Señor tengamos
nosotros esa bendición de guardar su día. Dice Isaías, si retrajeres del
día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo,
dice el Señor, y si lo llamaras delicia, santo, glorioso de Jehová,
y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando
tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te
deleitarás a Jehová, y yo te haré subir sobre las alturas
de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre,
porque la boca de Jehová lo ha hablado. Es decir, él promete bendición. Gracias. El mundo dice, no, es
que si yo el domingo no trabajo, no hago esto, entonces no voy
a tener, no voy a poder, Pero hermanos queridos, ciertamente
vivimos en un mundo complicado y hay circunstancias a veces
inevitables, pero nosotros tenemos que tener esa conciencia e ir
trabajando, e ir planificando, e ir presionando para eventualmente
tomar control. Porque si nosotros no tomamos
control, el mundo va a tomar control de nosotros. Nuestra
carne va a tomar control de nosotros. Si tú estás en una situación
difícil en la que no tienes control y te obligan a trabajar y tienes
que hacerlo porque de eso vives y subsistes con eso, o hay circunstancias
legítimas, bueno, lidia con eso. Ora al Señor. Busca la manera
de tomar control de eso. El Señor dice acuérdate del día
de reposo para santificarlo. Que nosotros hermanos nos preparemos
para guardarlo, que le llamemos día santo, delicia, glorioso,
que lo veneremos, que lo mandemos en nuestros propios caminos.
Amén, sí, sí. Dios no necesita que nosotros
guardemos ese día, hermano. Él hizo ese día para nosotros.
Él lo hizo para que nosotros podamos mantener nuestra comunión
con él, para que podamos cumplir su mandamiento de amar al prójimo.
Fue hecho para nosotros, no lo despreciemos, no lo violemos,
no lo profanemos. Dijo uno de los más grandes enemigos
del cristianismo en la historia, Voltaire, un filósofo francés,
enemigo de la iglesia, decía, si quieren matar el cristianismo,
hay que abolir el día domingo. Él entendió. que se abolían el
día domingo, mataban al cristianismo. Los holandeses reformados le
llamaban al día del Señor el dique de Dios, porque en Holanda,
que es un país bajo, le llaman el país bajo porque está bajo
el nivel del mar, los diques detienen el mar para que no inunde
el país. Entonces ellos tienen diques
para que no se entre el agua y ellos decían el Día del Señor
es el dique de Dios para que no se entre el mundo a la iglesia.
El Día del Señor preserva al pueblo del materialismo, de la
mundanilidad y de la locura por el placer de Jesús. Y es parte
vital de la adoración a Dios. Así que hermanos, el decálogo
es nuestro manual de adoración, nos dice a quién debemos adorar,
quién es el supremo motivo de nuestra adoración, la forma en
que lo debemos de adorar conforme a su revelación, la actitud con
la que debemos de adorar reverentemente, no tomarás el nombre de tu Dios
hermano. Y el tiempo, trabaja, trabaja duro, seis días, el séptimo,
acuérdate, es un día santo. No tendrás dioses ajenos delante
de mí. No te harás imagen y ninguna
semejanza. No tomarás el nombre de Dios
hermano. Acuérdate del día de reposo para
santificar. ¿Queremos adorar a Dios? ¿Queremos
ser adoradores en espíritu y en verdad? Ahí está la clave. Ahí
están los principios. Amén. Padre nuestro, ¿cuánto
bendecimos que un hombre es Señor? ¿Cuánto te adoramos? cuando te
glorificamos por tu sabiduría, por tu bodad, por tu soberanía
al escoger a un pueblo, Señor, no porque fuese mejor, no porque
tuviera méritos, sino por tu gracia, por tu misericordia inmerecida
completamente. Así como te revelaste al pueblo
de Israel, Señor, y lo escogiste, enviar a través de ellos a los
profetas, para darnos a través de ellos las Escrituras, y para
que allí naciera nuestro Señor Jesucristo. De la misma manera
se escogió a la Iglesia para darle vida eterna, para que nosotros
seamos linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo
adquirido por Dios, anunciar tus virtudes. A ti que nos llamaste
de las tinieblas a tu luz admirada. Amén. Gracias padre por todo
ello. Gracias. Te damos en el nombre
precioso de nuestro señor Jesucristo. Gracias. Gracias. Amén. Amén.
La utilidad de los 10 mandamientos como un manual de adoración
Series Adoracion biblica
La utilidad de los 10 mandamientos como un manual de adoración.
| Sermon ID | 122723016542613 |
| Duration | 1:01:30 |
| Date | |
| Category | Sunday - AM |
| Bible Text | Exodus 20:1-4 |
| Language | Spanish |
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