00:00
00:00
00:01
Transcript
1/0
Muy buenas tardes, hermanos.
Nos da mucho gusto, una vez más, confirmar lo que el hermano dijo,
que nos da mucho gusto tener visitantes en estos tiempos de
Navidad, amigos y hermanos que nos visitan de otras partes.
Vamos a buscar en nuestras Biblias el libro de Mateo y leer el capítulo
1, el Evangelio según Mateo, el capítulo 1. Sigan con sus vistas la lectura
del versículo 18 al versículo 25, Mateo capítulo 1, el versículo
18 al versículo 25. Estamos teniendo una miniserie
sobre la Navidad y este es un pasaje clásico, por supuesto,
nos explica cómo fue el nacimiento de nuestro Señor. Vamos a leer
del versículo 18 al versículo 25, Mateo capítulo 1. El nacimiento
de Jesucristo fue así. estando desposada, María, su
madre, con José, antes que se juntasen, selló que había concebido
del Espíritu Santo. José, su marido, como era justo
y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. Pensando
él en esto, aquí Juan Ángel, el Señor, le apareció en sueños,
y le dijo, José, hijo de David, no temas recibir a María, tu
mujer, por lo que lo que en ella es engendrado del Espíritu Santo
es. dará a luz un Hijo, y llamará su nombre Jesús, porque Él salvará
a Su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que
se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta cuando
dijo, He aquí una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y amará
su nombre Emanuel, que traducido es Dios con nosotros. Despertando
José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado,
y recibió a su mujer, pero no la conoció hasta que dio a luz
a su hijo primogénito, y le puso por nombre Jesús. Oremos al Señor
para que nos ayude a entender y aplicar su palabra. Todos orando
al Señor. El Señor soberano, nuestro creador,
nuestro salvador. Ahora, Señor, venimos a tu casa.
Venimos a cantar himnos, a alabar tu nombre. Venimos, Señor, a
escuchar tu palabra. Pedimos, Señor, por los momentos
de Cristo que ahora en estos momentos al estudiar tu palabra
que tú nos ilumines comenzas de pecado, consueles, que nos
guíes, Señor. Somos muy débiles, somos pecadores,
pero confiamos en Cristo, nuestro gran Salvador, que Él es nuestro
Mediador, Él intercede por nosotros. Le pedimos esta tarde, Señor,
por las iglesias hermanas que predican el Evangelio aquí en
Hermosillo, Nuestras iglesias hermanas en Ucrania, sobre todo,
ten compasión de los pastores y sus familias que proclaman
el Evangelio en estos días tan difíciles. Te pedimos asimismo
por nuestros hermanos en Cuba, en Haití. Te pedimos que Tú los
ayudes, Señor, en estos días. Dales una fortaleza y paciencia
especial. Y pedimos por nuestros misioneros
en el sur de México que Tú los ayudes también en estos días.
a predicar el evangelio, a aconsejar, a adorarte como deben. Especialmente
a nuestro hermano Wenceslao, te pedimos por él, su familia.
Te pedimos por nuestro hermano José, ayuda a nuestro hermano
Yair. Te pedimos, Señor, que en estos días ellos sientan un
avivamiento de tu parte. Es lo que más necesitamos todos,
Señor, que nos avives en tu palabra. Ahora, Señor, te pido que si
hablo, que hable conforme a la palabra de Dios, y si ministro,
que ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo
sea nuestro Señor Jesucristo exaltado. En su benito nombre
te lo pedimos. Amén. Sentémonos, hermanos. No sé si les pasó a ustedes,
pero uno de los dilemas de los padres que van a tener un bebé
es, ¿qué nombre le van a poner? ¿Cómo le van a llamar? Es un
hombre que, por supuesto, llevará el resto de su vida. Tal vez
unos piensen, bueno, el nombre del papá, o el nombre del abuelo,
el nombre del hermano, el nombre del tío, y vale más que le pongamos
así porque no se va a sentir la otra persona. No, mejor le
ponemos los dos nombres y hay un dilema, ¿verdad?, en cuanto a
cómo se le va a poner al bebé. Bueno, la Virgen María y José
no tuvieron ese problema. Un ángel les dijo cómo debería
nombrar al niño. Se les dijo a cada uno por separado. Luego se repitió este mandamiento. Esta mañana leímos en Lucas las
instrucciones que recibió María, y leemos aquí en Mateo 1, 21,
que un ángel del Señor específicamente le dijo a José, Y dará a luz
un hijo, y llamará su nombre Jesús, porque él salvará a su
pueblo de sus pecados. Esta tarde estudiaremos este
importantísimo versículo, y lo estudiaremos según el orden de
sus frases. Leemos en la primera frase, Y dará a luz un hijo. Noten que es exactamente la misma
frase del versículo 23, donde se nos reporta la profecía registrada
en Isaías. Versículo 23, Mateo 1, He aquí
una virgen concebida, Y dará a luz un hijo. Hubo otras ocasiones
que se profetizó que alguien daría a luz un hijo. Por ejemplo,
y ustedes pueden leer de esto en jueces 13, el anuncio del
nacimiento de Sansón a la esposa de Manoah. Sansón es reconocido
por supuesto como el hombre más fuerte que ha existido. Pero
el hijo de María, no hay comparaciones, es infinitamente más fuerte que
Sansón, puesto que él es el hijo del Altísimo, como vimos en esta
mañana. Es cierto que Cristo fue hijo
de la Virgen en el sentido que tomó de su naturaleza humana,
pero fue por obra del Espíritu Santo. Cristo tenía que ser hecho
de la misma naturaleza que nosotros, del mismo tipo de ADN. con un alma humana, con piel
de humanos, con músculos, nervios, venas, sangre humana, pero sin
ningún pecado, por supuesto. Entonces, aquí hay que recordar
que María dio a luz a Cristo, pero Su persona divina ya existía
desde la eternidad. Eso es muy importante. Cristo
realmente no comenzó a existir en Belén de Judea. Él ya existía
de la eternidad en su divinidad. Pero, como leímos de la tradición,
le hubieran, pudieran haber nombrado Jacob, como el padre de José,
o algún pariente más lejano, como Eleazar, o Osadoc, o aún
David. Porque eran parientes de David,
según la carne, por supuesto. Pero Cristo no era hijo de José. Es hijo del Altísimo. El bebé de Belén de Judea era
súper especial. Único. Hijo de la Virgen. No
sería llamado conforme al nombre de algún pariente. Sería llamado
Jesús. No sé si ustedes saben. Jesús
es la forma griega del nombre hebreo Josué. ¿Qué significa
Jehová Libre? Jehová Salva. Entonces, este
bebé de Belén sería el Josué de jueces, por así decirlo. El
Josué de verdad, que nos lleva a la tierra prometida, que nos
lleva a la gloria con Dios. Y llamará su nombre Jesús, su
nombre. Ya lo hemos dicho mucho en estos
sermones. En los tiempos bíblicos, el nombre
tenía mucho significado. El nombre era la persona. El
nombre, el carácter de la persona, cómo era, qué haría, algo especial
en su vida. Por ejemplo, nos dice, a Noé
le pusieron Noé, porque en sus tiempos habría descanso en la
tierra. El domingo pasado, comentando
sobre esto, les platiqué que conocí a una muchacha que le
pusieron Linda, pero que no está nada linda, ¿verdad? En uno de
mis viajes, conocí a una mujer que se llama Dalila. Y cuando
lo dijo, no lo pude creer. ¡Qué ocurrentes los padres! ¡Cómo
se atrevieron a ponerle el nombre Dalila! ¡No es un nombre apropiado! ¡Pero sobre todo porque esta
señora, ahora sí, ¡muy linda! ¡Muy linda, muy cristiana! El caso es, aquí, el nombre del
bebé de Belén fue muy pero muy apropiado. ¡Jesús, Salvador! Nos explica la última frase,
porque Él salvará a su pueblo de sus pecados. Muy apropiado
el nombre, porque Él es el Salvador, el Josué de jueces. Ahora, noten
aquí, en esta última frase, hubiéramos entendido Si el ángel hubiera
dicho, porque salvará a su pueblo de sus pecados. Me voy a comer
una palabra. Noten ahí Mateo 1.21. Dará a
luz un hijo, llamará a su nombre Jesús, porque salvará a su pueblo
de sus pecados. Me comí una palabra, un pronombre,
el pronombre él. Lo hubiéramos entendido, el versículo,
si no estuviera el él aquí. Pero el ángel dijo, y se registró
en nuestras Biblias, el EL específicamente, para recalcar que solamente Jesús
salvará a Su pueblo, Él, y no otro. En español, y pasa así
en el griego, para recalcar algo, agregamos el pronombre, el EL,
¿verdad? Él va a sacar la basura. Ella
va a lavar los trastes. Y enfatizamos cualquier verbo,
en español como en griego, y se incluye el pronombre en el verbo.
Pero si se pone y se registra el pronombre, es para resaltar
algo. Y aquí es que es Cristo y no
otro que nos puede salvar. El aquí, lástima, lo escribieron
el con una e minúscula y con una l minúscula, la debieron
de haber escrito este el con mayúsculas, así como Jesús, todas
mayúsculas, cuando menos en mi versión está así, Jesús, todas
mayúsculas. El aquí no es cualquier el. Él
aquí no es cualquier bebé, cualquier hombre. Él aquí es el Hijo del
Altísimo. Él aquí es Emmanuel, Dios con
nosotros. Él aquí es la vida, la luz, la
verdad. Y es por eso que nos puede salvar.
En ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo
el cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos. Por eso
dice aquí, Él recalcado. Ahora, la palabra salvará aquí. en este versículo. Dará a luz
un hijo y llamará su nombre Jesús porque Él salvará. Ese salvará
implica mucho. Y estoy viendo rostros aquí,
personas muy conocidas, no tengo que enseñar y extenderme en el
hecho de que se trata de salvar de nuestros pecados, salvar del
diablo, etc. Pero aquí ese salvará incluye todo lo que Cristo haría
para salvarnos. ¿Qué incluyó? Este salvará entonces
aquí, que nacería en Belén. Para salvarnos tenía que nacer
en Belén de la Virgen, que iba a vivir una vida perfecta en
Nazaret por treinta y tres años, que por treinta años que predicaría
por todo Israel, que sufriría mucho en Getsemaní, más en el
Gólgota, que ascendería al cielo, que mandaría al Espíritu Santo
para salvarnos. salvará, incluye todo eso, pero
también que el Señor proveería todos los medios para salvarnos,
todo lo que necesitamos para ser salvos, que se nos conceda
el arrepentimiento, que se nos dé el don de la fe, la regeneración,
la transformación del Espíritu Santo, la adopción, la justificación,
la santificación, la glorificación, todo lo que se necesita para
que realmente seamos salvos al final delante de Dios. Y también
incluye esto, todas las bendiciones que tenemos en Cristo en los
lugares celestiales, porque ese es el final de nuestra salvación,
a lo último. Y lo que quiero recalcar de esta
palabra, salvará, es que esta promesa es segura, segurísima. El versículo no dice, Jesús nos
ayudará a salvarnos. No dice eso. No dice Jesús hará
el 50% y el otro 50% ellos. No, no, no, no. Dice Él salvará. No dice Jesús tratará de salvarnos. No, no, no, no lo dice. Él salvará. Con mucha razón el padre de Juan
el Bautista dijo que él es un todopoderoso salvador, él es
omnipotente salvador. O como el autor de Hebreo dice,
él puede salvar perpetuamente a los que por él se acercan a
Dios. ¡Claro que nos salvará! Él puede
salvar al hombre, a la mujer, más malos, más depravados. Entonces, vemos aquí el propósito
de la primera Navidad. Cristo nació para salvarnos. Cristo nació para salvarnos para
siempre. Leímos en Timoteo ese gran texto
de Navidad, palabra fiel y digna de ser recibida por todos, digna
de ser recibida con el oído, pero más con el corazón. Cristo
Jesús vino al mundo para salvar a pecadores, y Él cumplió ese
propósito, o como dijo Isaías, en los registros de Isaías 53,
Él verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho. Las siguientes palabras nos informan
a quién salva el Señor. Él salvará a tu pueblo. ¿Qué pueblo? ¿Belén? No. ¿Israel? Es más que Israel aquí,
por supuesto. Pueblo aquí no se refiere a una
ciudad pequeña, a una villa, ni se refiere a un país. La palabra
original, la palabra en el griego, se puede traducir también gente
o multitud. Así se traduce en Lucas 6.17
y Lucas 9.13. Pueblo aquí, entonces, es la
gente del Señor, las personas que Dios le dio. El pueblo que
Él redimió. Sus ovejas, dice Él. Su iglesia,
nos dice Pablo. Los que creen en Él. Gente de
todo el mundo. Una multitud innumerable, nos
dice el Apocalipsis. Y recordemos aquí, cuando dice
Él salvará a su pueblo, no era un pueblo muy bueno, que digamos. somos un pueblo muy desobediente,
un pueblo muy rebelde, muy pecador. Eso quiere decir que nos salva
por pura misericordia, por pura compasión divina. Nada de nosotros
fue amor, o como dice el profeta, amor eterno. Bien, la última
frase en su texto dice que Cristo nos salva de nuestros pecados. Dará a luz un Hijo y amará Su
nombre Jesús, porque Él salvará a Su pueblo de sus pecados. Si
ustedes leen la historia de Sansón, van a leer allí que nació para
salvar al pueblo de los filisteos. El pueblo de Israel, los enemigos,
eran los filisteos. Entonces Sansón nos dice ahí
específicamente, nació para salvar a Israel de los filisteos. Y los judíos así se imaginaban
que cuando Cristo naciera, en esos días por supuesto los iba
a salvar de los romanos, que vendría para prosperarlos, que
ellos serían los conquistadores del mundo. Pero el versículo
nos enseña que Dios se hizo hombre para salvarnos, no de nuestros
enemigos políticos. Él no vino para eso, vino para
salvarnos de nuestros pecados, no de nuestra pobreza, no de
nuestras enfermedades. Él vino para salvarnos de nuestros
pecados, porque nuestros pecados es el gran problema que tenemos.
Nosotros, y es nuestro gran problema porque Dios existe, y la eternidad
también, y el infierno también, y el juicio final también. Y
de eso se trata la Biblia, la solución que Dios da al problema
del pecado a través de Su Hijo. En este libro se va a la raíz
de todos nuestros problemas, el pecado contra Dios. Una vez más, nuestro pecado no
es político o económico. Piensen, si todos los hombres
del mundo fueran ricos, vamos a suponer, todos los hombres
y mujeres del mundo fueran ricos, de todas maneras fueran pecadores,
tuvieran codicia, envidias, enojos, fueran sensuales, hubieran enfermedades,
hubiera terroristas, hubiera muerte. Nuestro problema no es
económico. Y vamos a suponer que nuestro
problema fuera biológico-físico. Que todos los hombres se solucionaran
el problema de las enfermedades. Y todos los hombres pudieran
vivir con mucha salud. Vamos a suponer que todos los
hombres pudieran vivir mil años, mil años, tres mil años, mucha
salud. ¿Pero se imaginan eso? Mil años
de pecadores. Toda la maldad que estuvieran
cometiendo por dos mil años, por tres mil años, por diez mil
años. ¡Fuera una maldición vivir tanto tiempo! Todos esos miles
de años con sus mentiras, y asesinatos, y odios, y rencores, y guerras,
y... ¡Fuera una maldición! ¡Nuestro
problema! no es de salud, no es económico. Nuestro problema es que nacimos
mal y hacemos lo malo todos los días. Nuestro problema es que
no amamos a Dios, no creemos en Él, no lo honramos ni lo obedecemos. Ese es nuestro problema. Pero
el mensaje de la Navidad es, Él salvará a su pueblo de sus
pecados. Cristo resuelve nuestro gran
problema. Nos salva de la condenación del
pecado. nos salva del castigo del pecado,
y a lo último nos salvará totalmente de la corrupción de nuestro pecado.
Noten, por cierto, aquí, que la palabra es plural, pecados. Dará a luz un Hijo y llamará
a Su nombre Jesús, porque Él salvará a Su pueblo de sus pecados. Pecados en plural porque incluyen
los pecados por comisión y los pecados por omisión. ¿Si saben
qué es eso? Los pecados por comisión es que
los hacemos. cometemos cosas que no debemos de cometer. Los
pecados por omisión es que omitimos, no hacemos cosas que debemos
hacer. Todos esos pecados perdonados. Nosotros somos salvados. Hay
pecados públicos. Hay pecados secretos que nadie
conoce más que tú y Dios. Esos pecados están aquí. Pecados
grandes, grandísimos. Secuestradores, patricidas, matricidas
están en la lista ahí en Timoteo. No, hay pecados pequeños, que
no saludaste a la hermana, no saludaste al visitante, que no le diste ni las gracias
al que te puso las verduras y los plátanos separados y los aguacates
separados ahí en la bolsa del mandadito, ¿verdad? Ni las gracias
le diste ni lo viste. Es un pecado la ingratitud también,
muy, muy grave la ingratitud, por cierto. Hay pecados de incrédulos
que no creen nada. Hay pecados de cristianos, pecados
entre comillas muy respetuosos, verdad. La hermana Tiburcia, otra vez
en el casino, y yo la vi con mis ojos entrando al casino y
picándole a la maquinita. Tú la viste, ¿qué está haciendo
ahí? chismes, rumores, enemistades,
odios. Jesús nos salva de toda clase
y cantidad de pecados. Eso te debe motivar mucho si
eres cristiano, porque te sientes tan mal ese pecado crónico que
te está atacando todos los días, ahí estás luchando y luchando
y luchando y luchando, y piensas, ¿hasta cuándo? Es una de las
cosas que te hace añorar el cielo. Ya quiero estar en la gloria,
para que no tengas la tentación, para que no tengas tus pensamientos.
¿Cuál es tu pecado? ¿Cuáles son tus pecados? Esta
tarde, basado en este versículo, te puedo decir, Cristo te puede
salvar de cualquier pecado, de la calidad que sea, de la cantidad
que sea. Ahora, que el Señor nos salva
de nuestros pecados, quiere decir que nos perdona. que nos salva
del castigo, por supuesto. Pero quiero decir también que
Él tiene misericordia, limpia nuestras conciencias, hace más
que quitarnos los pecados, nos limpia la conciencia, olvida
nuestros pecados, y como dice un profeta, los entierra en lo
profundo del mar. Nos salva de nuestros pecados,
incluye lo positivo también. incluye que nos da entendimiento,
nos da el don de la fe, nos da el arrepentimiento, nos da amor,
gozo, paz, paciencia, nos salva de la muerte eterna, sí, eso
sí, pero también que nos perdone y nos salva quiere decir que
nos da vida eterna, vida con Dios, vida en la gloria. Muy bien, eso es lo que nos enseña
este gran versículo de Navidad. Terminemos con tres palabras
que te ayudarán a ser hacedor de este versículo. Tres palabras,
se las doy. Conoce, cree, comparte. Conoce, cree, comparte. Número uno, amigo, amiga, conoce
más al Jesús de este versículo. Conoce más al Jesús de este versículo,
al Jesús de la Biblia. Que para usted, Él, no sea un
bebé de plástico, un bebé de yeso, de un nacimiento, o el
de allá arriba, ¿verdad? O el tal y tal Dios. No, no,
no, no. Que Él sea para usted un poderoso Salvador, el Dios
fuerte, el Padre eterno, el Príncipe de paz. Y conócelo más, no para
pasar un examen de teología, no para apantallar a los teólogos,
pero conócelo más para adorarlo más. Los llamados reyes magos,
que no eran reyes ni eran magos, son unos sabios del oriente,
¿verdad? Fueron a Jerusalén, ¿para qué? ¿Dónde está el rey
de los judíos que ha nacido? ¡Venimos a adorarle! Y es lo que quieres tú, conocer
a Jesús, para adorarle como a esos reyes magos, como a los pastores,
como a los ángeles que adoran al recién nacido rey. Adorarle
a Él por quien es Él. Adorarle a Él por lo que hace
y ha hecho por nosotros. Y adorarle, sí, con himnos, con
coros, claro. pero sobre todo con tu vida diaria,
lo mejor que puedes hacer en estos días, con tu vida diaria,
adorarle. Número dos. Número uno, conoce. Número dos. Amiga, amigo, cree
la promesa de este versículo. Cree la promesa de este versículo.
Cree que Jesús salva a Su pueblo de sus pecados. Cree que Jesús
es el poderoso Salvador que nos salva de todos nuestros pecados. Entender este mensaje es lo que
te va a dar gozo esta Navidad, esta alegría. A ver, ¿todos mis
pecados? ¿Mi pecado original con el cual
nací? ¿Mi pecado de todos los días? ¿Mi pecado de ayer, de
hoy, de mañana? ¿Todos mis pecados? ¿Lo que he
hecho contra mi esposa, lo que he hecho contra mi esposo, lo
que he hecho contra mis padres, lo que he hecho en la escuela, las
mentiras que le dije a mi maestro? ¿Todo? mis pensamientos, mis
palabras, mis actitudes, todo... ¡TODO! ¡TODO! Es el que une a esa conciencia,
nos recuerda, ¿verdad? Y no es el diablo, es nuestra
propia conciencia, nuestra propia memoria, que está recordándonos
lo que hicimos de jóvenes. Y ahí está, una y otra vez...
¡No, no, no! ¡Hermana! Si el diablo de tu
conciencia te dice que fallas mucho, que te vas a ir al infierno,
tú contéstale, Mateo 1.21 dice, salvará. ¡Salvará! Y acérrate esta promesa
en Cristo, que Él hará la obra que ha comenzado en ti, y la
terminará hasta el día del Señor. ¡Claro que sí! ¿Por qué? Porque
Él es el Hijo del Altísimo, que vino para salvar a Su pueblo.
Y recuerda aquí también, que aun el apóstol Pablo tenía problemas
con esto, y él confiesa su debilidad. Muchas veces cayó en pecado,
nos dice en Romanos 7, las cosas que debía hacernos las hizo,
y las cosas que no debía hacer las hizo. Nos dice al final de
Romanos 7, y en Romanos 8 comienza con estas palabras, Romanos capítulo
8 y versículo 1. Ahora pues, ninguna condenación
hay para los que están en Cristo Jesús. Y el versículo de Navidad,
el versículo 3, Romanos 8, 3, porque lo que era imposible para
la ley, por cuanto era débil por la carne, no está acá. Dios,
enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa
del pecado, condenó al pecado en la carne, carne de nosotros
como nosotros, carne pecadora como la de nosotros, para que
la justicia de la ley se cumpliese en nosotros. La justicia de la
ley de Dios se cumple en nosotros por el bebé de Belén, que Él
nació aquí por nosotros para representarnos, para vivir una
vida perfecta, que cumplió toda la ley de Dios a la perfección
por nosotros, en nuestro lugar, y murió castigado por la ley,
por todos los pecados que cometimos contra la ley de Dios. Entonces,
sigue arrepintiéndote todos los días, hermano. Sigue arrepintiéndote
todos los días, hermana. Sigue creyendo en Cristo todos
los días, que es por Cristo que Él te recibe, que es por Cristo
que Él te perdona, que es por Cristo que Él te va a recibir
en gloria. Tienes que llegar a ese punto
como cristiano. Escúchame muy bien aquí. Tenemos
un gran problema como cristianos, que muchas veces aún, porque
leemos la Biblia, venimos a la iglesia, y hacemos cosas de cristianos,
y pensamos que Dios nos ayuda, y Dios nos ve, y nos va a recibir,
porque cumplimos con estas buenas obras. No, no, no, no. Tenemos que llegar al punto de
reconocer, si yo voy a ser recibido por Dios, va a ser por pura misericordia,
pura bondad de Dios, puro amor de Dios, nada mío. Todas nuestras
buenas obras, aun como cristianos, están contaminadas por nuestros
pecados. pero las buenas obras de Cristo no. Fueron perfectas,
santas, justas, y Él nos pasa, nos acredita, nos reviste de
justicia y santidad, la justicia de Cristo, y es por eso que Dios
nos puede recibir en gloria, y es por eso que Dios nos ayuda,
porque nos declara justos por la vida perfecta de Cristo, nos
declara perdonados, justos, como Cristo, porque estamos en Él. En último lugar, conoce, cree,
en último lugar, comparte, comparte. Amigo, amiga, comparte estas
buenas noticias, especialmente en estos días. Comparte a los
demás con tus acciones, con tus actitudes, que el Señor nos salva
de nuestros pecados, y nos salva para estar bien con Dios, para
que le honremos, le adoremos para siempre. De eso se trata
la Navidad. y dará a luz un Hijo, y llamará
a Su nombre Jesús, porque Él salvará a Su pueblo de sus pecados. Amén. Muy bien, ahora vamos a
cantar unos dos o tres himnos con más emoción, con más amor,
con más gratitud al Señor por lo que Él hace por nosotros.
El propósito de la primera Navidad
Series Navidad
El propósito de la primera Navidad
| Sermon ID | 122324434111698 |
| Duration | 29:48 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Matthew 1:21 |
| Language | Spanish |
Documents
Add a Comment
Comments
No Comments
© Copyright
2026 SermonAudio.