00:00
00:00
00:01
Transcript
1/0
Cada uno de nosotros viene de
tradiciones diferentes, algunos de tradiciones cristianas, otros
de otro tipo de tradiciones no cristianas, algunos criados en
iglesia católica, otros ni siquiera asistiendo a la iglesia. Pero lo cierto es que cuando
se habla de santidad, en cualquier contexto, casi siempre Se coloca
una carga de tradiciones y de formalismos, ¿verdad? Y el contexto
de vivir en santidad o de andar en santidad en muchas iglesias
evangélicas lamentablemente tiene que ver con un montón de cosas
externas, superficiales y hasta fáciles de cumplir. Porque si
a mí me dicen que usted no debe ver X o Y programa de televisión,
o que no debe ir al cine, o que no debe hacer esto o aquello,
cosas externas, sencillas, yo me creo que puedo vivir una vida
cristiana y santanosa esta ropa o aquella ropa no oiga esta música
o aquella en fin vivimos y vemos constantemente este tipo de expresiones
y muchas veces hasta son los de afuera de la iglesia los que
están viéndolo a uno para ver cómo está viviendo y con la definición
que ellos tienen de lo que debería o no debería ser un cristiano. Pero lo cierto es que cualquier
idea de este tipo tiende a quedarse corta con respecto a la verdadera
santidad. Y al darnos cuenta de lo que
es verdaderamente andar en santidad, nos damos cuenta de la dependencia
que tenemos de Cristo. Y ese es el enfoque que nos ayuda
a tener Pedro en el pasaje que vamos a leer hoy. Primera de
Pedro, capítulo 2, versículos del 4 al 10. Primera de Pedro
2, del 4 al 10. Leo para ustedes, dice así la
palabra del Señor, acercándoos a él, piedra viva, desechada
ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa,
vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa
espiritual y sacerdocio santo. para ofrecer sacrificios espirituales
aceptables a Dios por medio de Jesucristo, por lo cual también
contiene la Escritura. He aquí pongo en sion la principal
piedra del ángulo, escogida, preciosa, y el que creyere en
él no será avergonzado. Para vosotros, pues, los que
creéis, él es precioso, pero para los que no creen, la piedra
que los edificadores desecharon ha venido a ser la cabeza del
ángulo. y piedra de tropiezo y roca de
hacer caer, porque tropiezan en la palabra siendo desobedientes,
a lo cual fueron también destinados. linaje escogido. Real sacerdocio,
nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis
las virtudes de Aquel que os llamó de las tinieblas a su luz
admirable. Vosotros que en otro tiempo no
erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios, que en otro
tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia. Que el Señor añada bendición
a nuestras vidas a través de la predicación de su palabra.
Oremos. Dios, invocamos hoy tu nombre,
reconociendo, Padre Santo, que en nuestras limitaciones acercarnos
a un libro inspirado por ti, que contiene tu revelación infinita
y perfecta, es una tarea imposible lograr entender. Necesitamos
de tu Espíritu Santo que lo inspiró, para que ilumine cada palabra
en nuestros corazones, para que la haga calar en lo más profundo
de nuestro ser y nos transforme desde adentro. De otra manera
no tenemos esperanza de ser edificados, de ser santificados, de crecer
en nuestro conocimiento tuyo y de Cristo y de ser cada vez
como Él. Así que pedimos tu ayuda. En
humildad, con nuestros corazones doblegados ante ti, te rogamos,
oh Dios, que conforme a tus promesas nos santifiques, que conforme
a tus promesas nos ayudes a crecer en esta verdad que has puesto
en nuestras manos. Haznos buenos administradores,
libra mis labios de error a la hora de predicar y libra los
oídos de mis hermanos de cualquier distracción para poder estar
atentos a la predicación de tu palabra y que juntos podamos
ser edificados como tu iglesia, como piedras vivas de tu casa. Te lo pedimos en Jesucristo.
Amén. El primer punto, mis hermanos,
es que la santidad no se trata de un montón de leyes externas
y formalismos. La santidad, en primer lugar,
se trata de abrazar a Cristo. acercándoos a Él, dice, piedra
viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida
y preciosa. Esta es una acción continua que
debe estar ocurriendo en la vida del creyente. Debemos estar acercándonos
a Él constantemente, un acto de fe constante, un acto de lectura
de su palabra constante, un acto de buscarle en oración constantemente
a Él. Antes, se nos había dicho que
debíamos tener una sed como de niños, y que debíamos buscar
saciar esa sed con la leche espiritual de su Palabra. Y ahora Pedro
establece un paralelo diciendo es, sí, con sed de su Palabra,
acercándonos a Cristo. Porque en realidad, alimentarse
de la Palabra y vivir en Cristo son sinónimos, son paralelos. Recuerden que en Lucas capítulo
24, versículo 27, Jesús, después de su resurrección, hablando
con los discípulos, le tocó explicarles todo lo que tenía que ver con
su vida, y Él hace una declaración bastante importante para nosotros.
Nos narra Lucas que comenzando desde Moisés y siguiendo por
todos los profetas, Jesús les declaraba en todas las escrituras
lo que de él decían. Quiere decir que la palabra de
principio a fin, desde Génesis hasta Apocalipsis, nos habla
de Cristo. Y si queremos acercarnos a Cristo,
la única manera, y yo sé que lo he dicho mil veces pero no
nos vamos a cansar de decirlo, la única manera es acercándonos
a la palabra. de Cristo, acercándonos a la
Palabra de Dios. Pero no es una actividad muerta,
no es una actividad de letras superficiales que entran a nuestra
mente como de cualquier libro de texto. Es una actividad que
involucra vida verdadera porque Él es piedra viva. Acerquémonos
a Él, piedra viva. desechada ciertamente por los
hombres, pero viva. Viva porque vive, porque resucitó
de entre los muertos y vive hoy. Viva también porque es la fuente
de vida. No podemos hallar vida fuera
de Cristo Jesús, vida verdadera, vida plena. Él dijo de sí mismo
varias veces que Él era el agua viva, que Él era el pan de vida. Y hoy nos dice que Él es la piedra
viva, desechada por los hombres. porque gran parte del mundo allá
afuera rechaza la revelación de Cristo. Rechazan a Jesús. Quizá lo ven como un gran maestro,
como alguien muy sabio, como un gurú, o lo colocan ahí a la
par de Mahoma, y a la par de Buda, y una persona muy sabia
y digna de imitar. Pero nuestro Señor Jesucristo
es mucho, mucho más que eso. Nuestro Señor Jesucristo es la
revelación de Dios. Nuestro Señor Jesucristo es Dios
mismo. No hay relación con Dios fuera
de Cristo. Allá afuera, mucha gente tiene
sentimientos espirituales y dicen, yo amo a Dios, yo creo en Dios,
yo vivo para Dios y Dios lo bendiga y gracias a Dios, pero no tienen
relación con Jesucristo y Él dijo, nadie viene al Padre si
no es por mí. Nadie. Es imposible tener una
relación correcta con el Dios Santo fuera de la piedra viva
que es Jesucristo. Ellos podrán desecharlo. Podrán
incluso aborrecerlo. Y por rebote nos aborrecerán
también a nosotros. Y nos desecharán también a nosotros. Pero para Dios, dice Pedro, aquí
hay un alto contraste. Para ellos, desechada. pero para
Dios, escogida y preciosa. Dios dijo, este es mi hijo amado
en quien tengo complacencia, a él oído. No podemos acercarnos a Dios
si no amamos lo que él ama. No podemos acercarnos a Dios
si no vemos precioso Aquel a quien Él ha escogido y ve precioso,
a Jesucristo. Primera de Corintios 16.22 Pablo
dice, el que no amare al Señor Jesucristo sea anatema. El que no amare al Señor Jesucristo
sea maldito el Señor. Tengo que preguntarte, ¿amas
al Señor Jesucristo? ¿Lo ves tan precioso como Dios
lo ve? ¿Tan deseable como Dios lo ve? ¿Tan selecto como Dios lo ve? Y si es así, acudes a Él constantemente,
en busca de vida, como la verdadera y única fuente de vida. Jesús es mucho más que un buen
ejemplo. Luego continúa diciendo en el
versículo 5, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados
como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios
espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. Nosotros
ahora tenemos vida también. Los que hemos creído en Cristo
somos llamados piedras vivas y esta es la idea de Dios edificando
su iglesia, su templo, utilizando piedras vivas que somos nosotros. Piedras que tienen vida porque
están fundamentadas en la piedra viva que es Cristo. Ahora nosotros
hemos recibido vida del dador de vida, somos parte de la iglesia,
somos elementos en esta construcción. Así que, acercándonos a Cristo,
vean cómo empieza, hay que notar la gramática, porque recuerdan
que Pedro hace oraciones muy largas, ¿verdad? Entonces siempre
tenemos que estar atentos en eso. Dice, acercándoos a él,
piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios
escogida y preciosa, vosotros también como piedras vivas, sed
edificados. Ve cómo partió la idea, con un
gran paréntesis ahí en medio. Pero la oración, En orden, sería
acercándoos a él, ser edificados, como casa espiritual y sacerdocio
santo. Acercándoos a él, ser edificados. Otra cosa interesante aquí, gramaticalmente,
ya que estamos en eso, es la voz pasiva. Él no dice, acercándose
a él, edifíquense a ustedes mismos. Él no dice, acercándose a él,
edifique a los otros. No. dice acercándonos a él seamos
edificados es algo que nosotros no realizamos la edificación
no lo hacemos nosotros él es el que nos edifica nosotros en
nuestra responsabilidad como seres humanos hacemos uso responsable
de los medios de gracia y a través de eso nos acercamos a él nos
acercamos a él a través de la lectura de su palabra nos acercamos
a él a través de la oración pero el que edifica en cumplimiento
de sus promesas, es Dios mismo, es Cristo mismo. Él es el que
nos va a edificar. Así que acerquémonos para que
seamos edificados, acerquémonos para que seamos santificados,
transformados. Es Dios el que nos edifica en
Cristo y nos hace casa espiritual. Como en el Antiguo Testamento,
En ese templo del Antiguo Testamento, en aquel tabernáculo, esa era
la casa y el lugar de habitación de Dios. Allí moraba la presencia
de Dios. De la misma manera, ahora en
nosotros mora el Espíritu Santo. Y por eso somos templo de Dios,
somos verdadero templo de Dios. Vean cómo lo pone Efesios 2.
Versículos del 19 al 22 dicen, Así que ya no sois extranjeros
ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de
la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles
y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo
mismo. en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo
para ser un templo santo en el Señor, en quien vosotros también
sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu. Esa ya es el negocio en el que
está Dios. Él se está edificando una casa. Él está construyendo un templo,
su morada, metafóricamente. Y ese templo, esa morada que
Él mismo está construyendo, somos nosotros. está formada por nosotros. Pero noten, fundamentada en los
apóstoles y profetas, es decir, fundamentada en la palabra de
Dios, es decir, fundamentada en Cristo, la piedra angular. Somos entonces casa espiritual,
pero dice que somos también sacerdocio santo. Todo cristiano verdadero
es sacerdote en la casa de Dios. apartado para el servicio de
Dios, para el servicio santo de Dios. ¿Recuerdan qué era lo
que hacía el sacerdote en el Antiguo Testamento? El sacerdote
ofrecía sacrificios. Y aquí se nos está diciendo que
nosotros somos sacerdotes, sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios
espirituales. Ahora, tengamos claro que no
son sacrificios por el perdón de pecados. Porque ese sacrificio
ya lo ofreció Cristo como Sumo Sacerdote por todo su pueblo.
No es ese el sacrificio que estamos haciendo. Nosotros, cualquier
sacrificio que tengamos que hacer en nuestra vida espiritual, no
es para ganarnos el perdón de Dios. No es para ganarnos el
favor de Dios. No es para sentirnos más cerca
de Dios. Es PORQUE Él se ha acercado a
nosotros. PORQUE en su sacerdocio nos ha
perdonado y nos ha salvado. Y por eso ahora nosotros podemos
ofrecer sacrificios como dicen romanos. Pensando en las misericordias
de Dios, presentamos nuestros cuerpos en sacrificios santos
agradables a Dios. Sacrificios de gratitud por la
misericordia de Dios. Ese es nuestro culto, racional. Nos negamos a nosotros mismos,
ahí empieza el sacrificio. Esos deseos que antes controlaban
nuestra vida. Las pasiones de la carne que
antes dominaban lo que hacíamos. Los impulsos de nuestro corazón
que nos llevaban a tomar decisiones contrarias a la voluntad de Dios.
Ahora nos negamos a nosotros mismos. Y ahí comienza ese sacrificio
de gratitud. Ya no queremos satisfacer nuestros
deseos. Jesús dijo, el que quiera venir
en voz de mí, niéguese a sí mismo. Tome su cruz cada día y sígame. Es un acto de sacrificio constante. Por eso Pablo dice en Romanos
que presentemos nuestros cuerpos en sacrificio vivo. Es un sacrificio
de todos los días, desde el momento que abrimos nuestros ojos hasta
que los cerramos y durante la noche. Estamos presentando un
sacrificio vivo a Dios, negándonos a nosotros mismos. Con razón
nos desechan. Con razón nos aborrecen. Sed
santos, porque yo soy santo. Y luego viene todo lo demás.
¿Sí? Hay oraciones. Hay acciones de
gracias. Hay buenas obras. Buscamos bendecir
a los demás. Y hay deberes cristianos. Pero todo eso es fruto de un
corazón que quiere vivir en gratitud a Dios. Mis hermanos, cualquier
cosa que nosotros hagamos, por más buena que se vea a los ojos
de la gente, y por más lindo que se sienta y pensemos, vaya,
esto definitivamente es obra de Dios en mi vida y yo estoy
logrando hacer esto por lo que Él está haciendo en mí, aún esas
cosas están manchadas por el pecado. La presencia del pecado
en nuestra vida hace que cualquier cosa, por más buena que parezca,
sea deficiente ante un Dios Santo. Pero por eso, Pedro nos recuerda
que ofrecemos estos sacrificios espirituales que son aceptables
a Dios por medio de Jesucristo. Y por eso les decía que la verdadera
santidad no tiene que ver en primer lugar con las cosas externas
que hacemos. La verdadera santidad nace de
abrazar a Cristo, de una comunión con nuestro salvador Jesucristo.
Fuera de ahí no vamos a producir ningún buen fruto, y aún el buen
fruto que produzcamos sólo será agradable y aceptable a Dios
por Jesucristo, porque Él nos limpia, como dice el primera
de Juan 1.9, de toda maldad. Nunca se encuentra, dice Juan
Calvino, nunca se encuentra en nuestros sacrificios tal pureza
que los haga en sí mismos aceptables a Dios. Nuestra autonegación
nunca es total y completa. Nuestras oraciones nunca son
tan sinceras como deberían ser. Nunca somos tan celosos y tan
diligentes en hacer el bien, sino que nuestras obras son imperfectas
y están manchadas con todo vicio. No obstante, Cristo intercede
por ellas. ¿Siente usted duda de su aceptación
del arte de Dios? ¿Siente usted que no es suficiente
lo que usted hace? ¿Sabe y es consciente de su pecado
constante, de la necesidad que tiene de un salvador? Nuestra aceptación no depende
de nuestro desempeño. Nunca ha dependido de nuestro
desempeño y nunca lo hará. Somos aceptos ante Dios por medio
de Jesucristo. Él obedeció de manera perfecta. El sacrificio definitivo en su
vida y en su muerte lo realizó Jesucristo. De modo que debemos confiar en
esa obra de Cristo. Y por eso es que necesitamos
acudir a Él. Por eso es que la santidad se
vive solamente en dependencia de Él. Pero esto a la vez debería
animarnos animarnos a actuar más. ¿Cuál es el problema cuando
tenemos esa idea de que por nuestro desempeño somos aceptados ante
Dios? Que nos enfocamos en lo que estamos
haciendo. Nos enfocamos en obedecer, en
hacer lo que tenemos que hacer, en hacer las buenas obras y nos
imponemos leyes para sentir que estamos siendo agradables a Dios. Y en medio de todo eso perdemos
de vista a Dios. Pero cuando entendemos que nuestra
aceptación está en Cristo, vamos a poner nuestra mirada en Cristo. Vamos a acudir a Cristo y vamos
a vivir en gratitud para Cristo. Y esto nos va a animar en las
buenas obras, en la oración, en la lectura de su palabra.
El saber que ya somos aceptados nos anima a santificarnos cada
vez más. Pedro pasa a apoyar su enseñanza
en el Antiguo Testamento. Él dice, por lo cual también
contiene la Escritura. He aquí pongo ención la principal
piedra del ángulo, escogida, preciosa, y el que creyere en
él no será avergonzado. Esta es una cita de Isaías 28,
16. Luego dice, para vosotros pues, los que creéis, él es precioso,
pero para los que no creen, la piedra que los edificadores desecharon,
ha venido a ser la cabeza del ángulo, citando el Salmo 118,
versículo 22. Y, piedra del tropiezo y roca
que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes.
A lo cual fueron también destinados, citando Isaías 8, versículos
del 14 al 15. Él es la piedra del ángulo. Hemos
hablado de esto en la escuela dominical. La piedra del ángulo
es la piedra clave que se coloca en la esquina, en medio de dos
paredes, para que la pared no se caiga. En algunos casos se
ha hablado de la piedra angular como la que se coloca en la cima
de un marco, para que el marco se sostenga y no se caiga. En
cualquiera de los dos casos, el punto es que es una piedra
fundamental, es una piedra que si se quita, toda la edificación
se viene abajo. Pero Él dice que el que confía
en esa piedra, el que se fundamenta en esa piedra, no será avergonzado. El Señor honra a los que dependen
de Él. Nunca nos va a defraudar. Es
parte de la promesa. Nunca nos va a defraudar. Aunque
seamos perseguidos, aunque nos lleguen a matar, Él nos vindicará. Y llegará el día en que toda
lengua confesará que Jesucristo es el Señor. Y en ese día, van
a decir, ah, esta gente tenía razón. Estos a los que perseguimos,
estos a los que matamos, estos a los que insultamos, tenían
razón. Y no seremos avergonzados en
el día final. La piedra que los edificadores
desecharon, la piedra que los incrédulos desechan, que no encaja
en su cosmovisión, en su idea del mundo, en su auto-adoración,
Esa piedra es piedra de tropiezo y roca de escándalo. O confiamos
en Jesús o nos estrellamos el pie contra Jesús. Esas son las
dos opciones. O confiamos en Él o tropezamos
y caemos para condenación. Ellos tropiezan porque son desobedientes. Tropiezan porque son incrédulos.
Por eso no obedecen la palabra. No dan a Jesucristo el valor
que Jesucristo merece. No hacen de Jesucristo su fundamento. Y por eso son condenados. El que no cree ya ha sido condenado. Pero aquí Pedro nos da una luz
a algo todavía más profundo. Dice que así fueron destinados. Al no ser escogidos por Dios
para salvación, han sido reprobados. y terminarán siendo destruidos.
Sí, como consecuencia de su propia rebelión. Como consecuencia de
su propia desobediencia. Pero Dios activamente hace con
ellos justicia. Dios les da lo que merecen. No debería escandalizarnos pensar
que Dios ha predestinado a algunos para destrucción. Porque su santidad
demanda justicia. Y que Él castigue justamente
a los pecadores y rebeldes, eso no debería sorprendernos. Que
Él mande al infierno, criaturas que han pecado contra su santidad
eterna, a sufrir un castigo eterno, no debería sorprendernos, porque
Él es Dios Santo, Santo, Santo. Y el pecado no tiene lugar junto
a él. Lo que sí debería sorprendernos,
lo que sí debería escandalizarnos, lo que sí debería hacernos frenar
en seco y abrir nuestra boca, es el hecho de que él haya escogido
algunos para salvación. Y es el hecho de que usted y
yo estemos entre esos. Porque no merecíamos. No merecíamos
un destino glorioso junto a Él. No merecíamos no ser avergonzados. Merecíamos ser avergonzados.
Merecíamos tropezar y más. Pero si hemos creído en Cristo,
hemos recibido la dádiva. Porque la paga del pecado es
muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús.
Dependemos de Cristo y la santidad descansa en abrazarlo a Él. Pero por otro lado, también debemos
ser conscientes de que la santidad se trata de ser abrazados por
Dios. Mas vosotros sois linaje escogido,
real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios para
que anunciéis las virtudes de Aquel que os llamó de las tinieblas
a la luz, mientras aquellos fueron destinados para tropezar. Dice,
pero más vosotros. sois linaje escogido, escogido
para algo diferente. El contraste entre estas dos
ideas, ellos destinados para tropezar, pero nosotros para
ser linaje escogido. Un linaje es un grupo de personas
con un ancestro común, un grupo de personas que descienden de
un mismo ancestro. En nuestro caso hemos sido adoptados
en la familia de Dios, por medio de Jesucristo, y Él se ha convertido
en nuestro Hermano Mayor, nuestro Ancestro, y somos linaje Suyo. Adoptados de manera especial
de entre todos los pueblos de la Tierra, de entre todas las
personas que existen en el mundo, usted y yo hemos sido escogidos
para ser de la familia de Dios. Mi pueblo, mi escogido, este
pueblo he creado para mí. Mis alabanzas publicará. Y aquí
vemos esa dádiva, porque siendo sucios y malvados, Dios nos ha escogido para ser
de su familia. Para ser real sacerdocio, y ya
lo mencionamos, el sacerdote es el que presenta sacrificios,
y debemos presentar esos sacrificios, pero también el sacerdote aprende
a distinguir, o su papel era distinguir entre lo santo y lo
profano, entre lo bueno y lo malo, entre lo justo y lo injusto. Y aquí es importantísimo, hablando
de nuestra santidad, porque les decía al principio que muchas
veces el mundo de afuera o nosotros mismos nos creamos ideas de lo
que es santo y lo que es inmundo, de cómo debemos vivir nuestra
vida cristiana. Pero lo cierto es que para saber
a ciencia cierta lo que agrada al Señor y lo que le desagrada,
sólo podemos acudir a la Escritura. Y es allí, entrenados bajo esta
guía perfecta de las Escrituras, es que podremos distinguir, como
buenos sacerdotes, entre lo justo y lo injusto, entre lo bueno
y lo malo, entre lo santo y lo profano. Somos real sacerdocio,
también porque estamos al servicio de un Reino, y al servicio de
un Rey, Jesucristo. para extender su reino en este
mundo. Somos nación santa, consagrados por Dios para Él mismo, destinados
a una vida pura y santa. Un pueblo especial, santo. Vean
cómo aparece constantemente esta idea. Un pueblo santo, un pueblo
que se distingue de las demás naciones, pero se distingue por
las razones correctas. Se distingue porque vive bajo
la ley de este reino, el cual busca extender. Ese ha sido nuestro
destino. Nuestro destino es ser santos.
El Espíritu Santo quiere santificarnos. Eso es algo que va a ocurrir
en nuestra vida sí o sí. Cualquier esfuerzo que hagamos
por crecer en santidad verdadera delante de Dios es una batalla
ganada. Porque Dios es eso exactamente
lo que quiere hacer. Estaremos uniendo nuestros esfuerzos
a lo que Él quiere hacer. Y Él nos va a edificar. Él nos
va a santificar. Y pueblo adquirido, pueblo llamado
para ser suyo y para vivir en dedicación a él. Aunque éramos
inmundos por naturaleza, él nos santifica. Aunque éramos viles
e insignificantes, él nos ha hecho suyos. Pueblo suyo. Y allí vemos la dádiva. ¿Para qué? ¿Cuál es el propósito
de todo esto? para que anunciemos las virtudes
de Aquel que nos llamó de las tinieblas a la luz. Para que
demos gloria y demos a conocer la gloria de Aquel que nos llamó
de las tinieblas a la luz. Para que demos a conocer Su sabiduría,
Su poder, Su bondad. Para que demos a conocer Su justicia,
Su santidad, Sus virtudes. Todo lo que hemos recibido ha
sido por gracia. y debemos celebrar esa gracia
a viva voz, gritarlo desde los montes, proclamar su gracia,
proclamar su gloria, no sólo de palabra, sino con toda nuestra
vida darle gloria a Dios, ser un cántico de gloria y alabanza
a Dios, ser libros abiertos donde la gente pueda leer el mensaje
de Jesucristo y el poder del Evangelio en la vida de seres
humanos transformados por su gracia. Pero a veces en nuestra
vida cristiana nos ponemos a celebrar otras cosas. Y sí, llegamos a la iglesia y
tal vez nos gloriamos en lo bonita que es la amistad entre nosotros.
Porque el Señor nos ha concedido buenas relaciones por su gracia.
No es una iglesia pleitera por la gracia de Dios. Y eso es bonito. Y eso es digno de ser celebrado.
En medio de las luchas nos acompañamos. caminamos unos junto a otros
y nos ayudamos y eso es bonito la comunión que tenemos como
hermanos el hecho de poder vernos en cualquier momento y en cualquier
contexto y de una vez saber que tenemos una relación casi más
cercana que con la familia de sangre eso es hermoso y digno
de ser celebrado y este es un grupo bonito realmente es un
grupo bonito podríamos gozarnos en eso Pero lo cierto es que
hay una razón detrás de todas. Lo cierto es que lo que debemos
celebrar, lo que debemos proclamar y lo que nos debe animar es la
gloria de Aquel que nos ha concedido todo esto y mucho más por gracia. Aquel que nos llamó de las tinieblas
a su luz admirable. Somos hijos de la luz ahora.
Andamos en la luz de la verdad. Y la luz destruye las tinieblas.
en nosotros y en el mundo a nuestro alrededor. Andar en la verdad
significa no creer las mentiras que andan allá afuera, las tinieblas
y el entenebrecimiento que hay en las mentes de este mundo.
Nosotros hemos sido iluminados por la verdad de Dios y ahora
debemos andar en esa verdad. Pero algo que hace esa verdad
es sacar a luz también nuestro pecado y nos enfrasca en una
lucha constante con nuestro pecado. con nuestra propia maldad. Pero
aquí vemos la dádiva. Porque nosotros no andábamos
buscando esa luz. Nosotros no éramos buenas personas allá en
el mundo que querían servir al Señor. No. Estábamos en tinieblas
y en ignorancia como todos los demás, pero Él por su gracia
nos sacó de ese abismo oscuro y nos dio su luz admirable. Nos sacó del poder de las tinieblas
a través de la luz de su Evangelio. ¿Y cómo lo hizo? Versículo 10,
para ir terminando. Vosotros que en otro tiempo no
erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios, que en otro
tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia. No erais pueblo, no habíais alcanzado
misericordia. No éramos parte del verdadero
Israel. Éramos infieles. Éramos indignos. Éramos rebeldes. Pero ahora somos
pueblo. Ahora hemos alcanzado misericordia. Ahora somos parte del Israel
de Dios. Judíos y gentiles unidos en Cristo. Y todo esto es por gracia. Entonces el llamado de la santidad
es mucho más alto que un montón de formalismos y legalismos.
El llamado de la santidad es vivir como pueblo de Dios, vivir
como lo que somos, conscientes de que Dios nos ha escogido y
nos ha salvado para su gloria, y anunciar con nuestra vida y
nuestras palabras las virtudes de Aquel que nos llamó de las
tinieblas a la luz, fundamentados sobre todo en la palabra de Dios,
que nos enseña a ser lo que Él quiere que seamos, fundamentados
en la gracia de Dios, recordando y anunciando sus bendiciones,
fundamentados en Cristo, la piedra angular que nos sostiene, y la
piedra viva que nos sustenta y alimenta, hasta que estemos
en la patria celestial. que su nombre sea glorificado
en nuestra iglesia como grupo y en nuestras vidas individuales
cada uno. Amén.
Piedras vivas
Series 1 Pedro
| Sermon ID | 1212254241027 |
| Duration | 36:32 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | 1 Peter 2:4-10 |
| Language | Spanish |
Add a Comment
Comments
No Comments
© Copyright
2026 SermonAudio.
