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título del sermón es El impacto
del pecado humano, la escritura Segunda Samuel, capítulo 20,
y la serie La promesa del reino mesiánico. Amén. Confiando que
todos los días tienen sus Biblias abiertas, vamos a leer el capítulo
entero y el Señor va a hablar a nuestros oídos. Amén. Y a nuestras
vidas. Y se encontraba ahí un hombre
indigno que se llamaba Seba. hijo de Bikri, el Benjamita.
Y este tocó la trompeta y dijo, no tenemos parte con David, ni
tenemos heredad con él, hijo de Isaí. Y Israel, cada uno a
sus tiendas. Y todos los hombres de Israel
dejaron de seguir a David y siguieron a Zeba, hijo de Bikri. Pero los
hombres de Judá permanecieron fieles a su rey, desde Jordán
hasta Jerusalén. Cuando David llegó a su casa
en Jerusalén, el rey tomó las diez mujeres Las concubinas que
había dejado para guardar la casa, la puso bajo custodia y
les dio alimento, pero no se les llegó a ellas. Ellas estuvieron
enceradas hasta el día de su muerte, viviendo como viudas. Entonces el rey dijo a Amasa,
convócame a los hombres de Judá dentro de tres días, y tú también
preséntate aquí. Amasa fue para convocar a los
hombres de Judá, pero tardó más que el tiempo que él le había
señalado. Y David dio a Visayí, ahora Seba,
hijo de Bikri, nos hará más daño que Absalón. Toma a los siervos
de tu Señor y persiguelo, no sea que haya para sí ciudades fortificadas
y se nos escape. Entonces los hombres de Joab
salieron tras él, junto con él los ceretos y los peleteos, y
todos los hombres valientes salieron de Jerusalén para perseguir a
Zeba, hijo de Bicri. Estaban junto a la piedra grande
que está en Gabaún cuando Hamasa vino a su encuentro. Joab estaba
vestido con su ropa militar y sobre esta llevaba un cinturón atado
a la cintura con espada en la vaina y mientras avanzaba se
le cayó la espada, en otras palabras, en sus manos. Y Joab dijo a Hamasa,
¿te va bien, hermano mío? Y Joab tomó a Amasa por la barba
con su mano derecha para besarlo. Pero Amasa no se protegió de
la espada que estaba en la mano de Joab, y este le hirió en el
vientre con ella, y derramó sus entrañas por tierra, sin herirlo
de nuevo, y murió. Entonces Joab y Esaí, sus hermanos,
siguieron tras Zeba, hijo de Bikri. Y junto a Amasa estaba
uno de los jóvenes de Joab, y dio, quien esté por Joab y quien esté
por David, que siga a Joab. y Amasa estaba revolcándose en
su sangre en medio del camino. Al ver el hombre que todo el
pueblo se detenía, trasladó a Amasa del camino al campo y echó sobre
él una vestidura porque vio que todo el que pasaba junto a él
se detenía. Cuando Amasa fue apartado del
camino, todos los hombres pasaron tras Joab para perseguir a Zeba,
hijo de Bikri. Y pasó Zeba por todas las tribus
de Israel hasta Abel Bet-Maka todo Barim, quienes se reunieron
y fueron también tras él. Llegaron los de Joab y los sitiaron
en Abel Bet-Maka, levantaron un terraplén contra la ciudad
y este estaba junto al baluarte. Todo el pueblo que iba con Joab
se puso a sobocar el muro para derribarlo. Entonces, una mujer
sabia gritó desde la ciudad, oigan, oigan, ruego que digan
a Joab, venga acá para que hable con usted. Y él se le acercó
a ella y la mujer dijo, ¿Es usted Joab? Yo soy, respondió él. Entonces, ella le dijo, escuche
las palabras de su sierva. Escucho, respondió Joab. Ella dijo, antes acostumbraban
decir, ellos ciertamente pedirán consejo en Abel. Y así terminaban
la querella. Yo soy de las pacíficas y fieles
en Israel. Usted procura destruir una ciudad
madre en Israel. porque ha destruido la heredad
del Señor. Y Juab respondió, Lejos, lejos
esté de mí, que yo destruya o extermine. Esto no es el caso, sino que
un hombre de la región montañosa de Ifraín, llamado Zeba, hijo
de Bikri, ha levantado su mano contra el rey David. Solamente
entreguenlo, y yo me iré de la ciudad. Y la mujer dijo a Juab,
Enseguida su cabeza le será arrojada por encima del muro. Entonces,
la mujer, con su sabiduría, fue a hablar a todo el pueblo, y
ellos le cortaron la cabeza a Zeba, hijo de Bikri, y se la arrojaron
a Joab. Joab, pues, tocó la trompeta
y se retiraron de la ciudad, cada uno a su tienda. Joab también
regresó al rey en Jerusalén. Joab era jefe sobre todo el ejército
de Israel, y Ben-Enayah, hijo de Joaida, era jefe sobre los
celeteos y los peleteos. Adoram estaba a cargo de los
trabajos forzados, y Josafat y Odahilud era cronista. Zeba era escriba, y Sadok y Abirtar
eran sacerdotes. También Ira, el airero, era sacerdote
de David. Mucho acontecendo aquí, ¿verdad? Muchas dinámicas que vamos a
tener que platicar, que el Señor hable al pueblo del Señor. Haremos.
Padre, te damos gracias por tu palabra. Abre nuestro entendimiento,
Padre, tomamos tu palabra en serio, porque en ella encontramos
la voz de Dios. Pidimos, Padre, que nos enseñes
grandes verdades, que cambien nuestras vidas, que nos conformes
a la imagen de Cristo. Y si hay alguien aquí que no
sea salvo, Padre, que tú lo salves. Pidimos esto en el nombre santo
y divino de Jesucristo. Amén y Amén. Pueden tomar sus
asientos, amado. Bueno, casi todo Segundo Samuel,
capítulo 20, trata sobre Seba y la nueva amenaza que enfrenta
el reino de Dios debido a su intento de rebelión. Seba era
Benjamita y parte de la tribu del rey Saúl y probablemente
quería que Israel volviera al gobierno Benjamita. Él no miraba
a David como el rey legítimo. ¿Usted recuerda cómo se terminó
el capítulo 19? El rey David iba hacia casa. El tribu de Judá fue y se vino
y lo trajo, pero no invitó a las tribus del norte, a Israel del
norte, a las diez tribus. Ellos llegaron. ¿Y por qué? Si
nosotros fuimos los primeros que queríamos traer el rey, esperándolos
ustedes. Ustedes se adelantaron y fueron
y lo trajeron sin nosotros. Y hubo un gran pleito entre las
diez tribus del norte e Israel el sur. Y había aquí, miramos,
la inicia de la separación del reino en dos partes. Y eso va
a concluir, usted sabe, ser consumido durante el tiempo de Salomón. Después de Salomón, su hijo,
ahí se divide Israel entre dos reinos. Pero aquí miramos la
inicia, miramos el pensamiento aquí. Y miramos a Zeba, él era
un Benjamita de la primera tribu que fueron reyes. Quería ser
el rey, quería arrancar las diez tribus de las manos de David. La amenaza específica entonces
que planteaba Seba era de un reino fracturado. Si no se trataba
con él de inmediato, era posible que las tribus del norte se separaran
y formaran un nuevo reino. David estaba consciente de esta
amenaza y quería afrontarla de inmediato. El reino no debe ser
dividido. Y recuerden que David regularmente
es una foto mesiánica de Cristo Jesús, profética de Cristo Jesús
y su reino. Es una foto, es una profecía
del reino por venir. No absolutamente. Miramos pecado
en David, miramos pecado en el reino, en el reino de Dios, de
Cristo y en Cristo nunca vamos a ver pecado. Pero en muchas
maneras él parece, él profetiza de lo que ha por venir. Y lo
que miramos aquí es que el mundo intenta atacar el reino, dividir
el reino, del Mesías o del Rey y nunca lo podrá hacer. Si Dios
puede mantener el reino de David junto, consagrado y en unísimo,
él va a poder hacer que el hijo más grande de él, David, y el
reino más grande que va a venir sobre este mundo, el hijo de
Cristo, de Cristo Jesús, nunca sea fracturado. Esta es la amenaza
de un reino fracturado, un reino dividido. Una nota interesante
sobre nuestro capítulo es que, aparte de la referencia de la
mujer, sabe en el versículo 19, no hay ninguna referencia a Dios,
ni ninguna mención de cómo Dios está obrando. Sabemos que Dios
está obrando, que Dios va a mantener el reino junto, pero no se menciona
a Dios. ¿Por qué? La razón es porque este capítulo
se centra realmente en el impacto del pecado humano. ¿Qué es lo
que ocurre cuando los humanos viven sin restricciones. Eso
es lo que estamos mirando aquí. Miremos entonces el versículo
1 y 2, donde miramos la rebelión humana al reino de Dios. La rebelión humana al reino de
Dios. Bueno, usted no tiene que conocer
mucha Biblia para saber que el hombre siempre está opuesto al
reino de Dios. Cristo dijo, el reino está entre
vosotros, el reino está aquí, el reino ahora dice Cristo, corran
y entren por las puertas del reino. El hombre está opuesto
en su rebelión al reino de Cristo, igual que a cualquier reino establecido
por Dios, incluso el reino de David. Después de la discusión
entre las tribus del norte y Judá en el capítulo 20, Seba se aprovecha
de la ira de las tribus del norte para promover un éxodo. La rebelión
de Seba tiene más que ver con la secesión que con una rebelión
total. Él quiere fracturar y quiere
llevarse 10 tribus para sí. La Biblia no deja dudas sobre
qué clase de hombre era este Seba. Se le describa como un
hombre indigno. Inmediatamente la palabra dice
había un hombre indigno ahí se llamaba ¿quién? Seba de la tribu
de Benjamín. Literalmente esto, un hombre
indigno, habla de un hombre sin valor, un hombre que no importa,
un hombre que no tiene ningún precio, un hombre sin convicciones.
Era un hombre indigno, es un hombre de bilial, Pero nos tenemos
que preguntar, ¿qué es lo que hizo a Seba que fuera este tipo
de hombre? ¿Qué hace Seba un hombre indigno? Y la respuesta se encuentra en
sus acciones, en el rechazo de Seba, en el rechazo de Seba a
la autoridad apropiada apuntada por Dios, en el rechazo de David,
el reino de Dios. Recuérdense que David era rey,
nada más no porque era rey, sino porque Dios lo había proporcionado
rey. Porque ellos tenían un pacto
entre Dios y las tribus y David, de que David iba a ser el rey,
el rey que iba a establecer el reino de Israel como debe de
ser. El rey que apuntaba a un futuro reino mesiánico. Esa es
la promesa que Dios le hizo a David, es la promesa que estamos mirando
en su fundación. Entonces, este rey era proporcionado
¿por quién? Por Dios. Seba sabía eso, le
dio la espalda porque él quería ser rey. ¿Pueden ver? Entonces,
lo que lo hace indigno y sin valor es que le da la espalda
al rey David. Y en darle la espalda al rey
David, le da la espalda al pacto con Dios. Y dándole la espalda
al pacto y a las palabras de Dios, le da la espalda ¿a quién?
A Dios mismo. Bueno, hemos visto muchas personas
en la escritura que son hombres indignos, hombres sin valor.
Consideran a Judas Escariote, caminó con Cristo, lo conoció,
comió con él. Judas miró todos los milagros
de Cristo, nosotros solo los que están escritos por nosotros,
pero no todos. Judas escuchó cada palabra que
salió de la boca de Cristo, nosotros no, solo las que están escritas
por nosotros. Judas caminó con Cristo, comió
con Cristo, dormía en la misma casa donde Cristo estaba. Por
tres años, él tuvo un seminario como ningún otro seminario. Amén. Y le dio la espalda ¿a quién?
Al Rey. ¿Y qué dice la palabra de Él? Mejor que nunca viera
¿qué? Nacido. Esos son los hombres. Cualquier hombre que le dé la
espalda a Dios, a su Rey, al pacto de Dios, es un hombre ¿qué? Indigno. Un hombre que no vale
la pena, un hombre que no vale nada. Pueden verlo, amados. Es
tan importante que lo vean. Porque el propósito en el crear
el hombre, Dios no creó para nosotros. ¿Para qué? Para adorarlo
y glorificarlo a Él. Si le damos la espalda a ese
propósito, para nada servimos. Mejor nunca ver qué? Nacido. que nacer, vivir toda una vida
y morir sin Cristo en obediencia a su reino y ir al infierno.
Mejor nunca haber sido nacido. Este era un hombre indigno. Seba
se rebelaba contra el pacto divino que unía al rey y las tribus
del norte en lealtad mutua. Si se recuerda, ese pacto se
encuentra en 2 Samuel 5, 3. Vinieron, pues, todos los ancianos
de Israel, las 10 tribus, rey en Hebrón. Recuérdense, David
primero se convirtió en el rey de Judá. Ese era el primero.
Era el rey solo de Judá. Y las diez tribus estaban en
rebelión, siguiendo el hijo de Saúl, Esbosheth. Y después, cuando
a él murió y le cortaron la cabeza, se recuerda, ellos vinieron,
ellos, tú tienes que ser nuestro rey. Y se ligaron a David con
un pacto. Hicieron promesas que iban a
seguir a Dios. Escuchen más acerca de este pacto.
Y el rey David hizo un pacto con ellos en Hebrón, delante
de ¿quién, amados? Del Señor. Esto no era un pacto
humano, era un pacto ¿qué? Divino, del Señor. Luego ungieron
ellos, incluso la tribu de ¿quién? Benjamín, ungieron a David como
rey sobre Israel. Ese era el pacto. Había habido
un problema. Absalón se levantó contra su
padre. A lo mejor él iba a ser rey, pero Dios mató a Absalón,
lo destruyó. Y Dios punta su dedo y dice,
David es el rey apuntado. Este es el mío. Y Dios lo trae
para atrás. Y este Seba quiere ¿qué? Fracturar
el reino. Quiere olvidarse del pacto con
Dios. Quiere olvidarse de la palabra de Dios. Es un hombre
¿qué? Indigno. ¿Pueden verlo? ¿Pueden ver lo
importante? Revelarse contra el pacto era
revelarse contra el Dios mismo del cielo. Amado Seba no tenía
libertad para romper el pacto establecido por Dios y su pueblo. Él estaba obligado a obedecer
el pacto que ellos habían hecho. Su obediencia se tenía que extenderse
al rey, a los líderes legítimos, a Dios y, primeramente, a su
qué? Palabra. Él estaba bajo obligación
ser un buen ciudadano. pues Dios había apuntado ¿a quién?
A David como su rey. Su propio tribu había ungido
a David como el ungido del Señor frente a la presencia de Dios.
¿Cómo se atreve a decir qué porción tenemos con David? Demos la espalda,
vamos a establecer lo que nosotros queremos, vamos a olvidarnos
de la palabra ¿de quién? De Dios y del pacto. Por tanto,
el pecado de Seba era grave. Para cumplir sus propios deseos,
ignoraba su deber de obedecer a Dios. ¿Qué aprendemos de esto? Lamentablemente, la rebeldía
de Seba suele estar demasiado presente en la iglesia evangélica
actual de hoy. Encontramos en nuestras iglesias
que el pueblo a menudo parece muy feliz estar en una iglesia
con una alta visión de la autoridad de la Biblia, pero solo hasta
que la Biblia les imponga algo que ellos no quieren obedecer.
Entonces, la Biblia no importa. El pacto con Dios no Queremos
al Salvador, pero no queremos al Señor. Pero recuerde el título
por el cual Cristo será siempre reconocido. En ese momento, en
ese día, toda rodilla doblará, toda lengua confesará que Cristo
es el que, amados, Señor, el Rey, el que tiene todo derecho
mandar a su pueblo, exigir que su pueblo le siga. Amén. Recuerde, esa va a ser
la confesión. No solamente que es nuestro Salvador,
pero que Él es el que? El Señor. Él es el Señor. Y aquí,
muchas personas dicen, oye, voy a una iglesia. Y predican la
Palabra, pero bien a mí. Tienen una alta visión de la
Palabra de Dios. No están brincando de una porción
a otra porción. No están relajando. No están
contando chistes del púlpito. No están dando experiencias a
personales. Solo predican la Palabra de Dios
con gran convicción. Tienen una alta visión de la
Palabra de Dios, de los anuncios, todo, del principio al final,
todo es la Palabra de Dios. Cantas canciones que no son emocionales,
pero canciones que son bíblicamente correctas. Esa es la iglesia
que yo existo, con mucho orgullo decimos cosas así. Pero venga
la Palabra y te diga que tienes que hacer algo que no quieres
hacer, y puedes decir, pero eso no aplica ya a mí. Quiero al
Salvador, pero no quiero a quien? Al Señor. Ese era Seba. Estaba
muy contento de seguir a David cuando todo estaba bien. Pero
cuando se levantó Absalom, cuando miró oportunidad de pecar y hacer
lo que él quería, ya David no era el rey legítimo. Vamos a
darle la espalda al pacto con Dios. Muy, muy pronto ocurren
tales cosas. En otras palabras, hay deleite
en la enseñanza bíblica y esa enseñanza bíblica, un gran deleite
y mucho deseo de aprender y tener el gran conocimiento de lo que
dice la Biblia, pero poco deseo de someterse a su autoridad. Y encontramos ese problema en
nuestras iglesias hoy, con mucha frecuencia. Déjeme darle un ejemplo.
Habrá una mujer casada que busque a otro hombre que prefiera un
marido que haya encontrado una mujer en el trabajo que le gusta
más que su esposa y quiera abandonar su esposa y de repente la palabra
ya no tiene autoridad y lo que la Biblia dice ya no importa
el pastor dice pero como te atreves tú sabes mejor has leído que
esto no es legítimo no no es que no aplica en este caso porque
para todo el mal todo el mundo dice eso se aplica pero para
mí no aplica porque Dios sabe cómo es esa mujer con quien estoy
casado Él quiere que yo esté contento Algunos de ustedes se
sonríen, pero yo lo he visto, lo he presenciado en mi oficina
como pastor, hablando con personas. Personas que yo crea que eran
maduros, que saben la palabra de Dios, tienen mucho conocimiento,
pero la palabra ya no aplica porque yo quiero hacer lo que
yo quiero hacer. Otro ejemplo que he visto. Un hermano ofende
al otro, de repente la palabra de Jesús sobre el perdón obligatorio
ya no parece ser importante. La persona Dice, la herida fue
demasiado profunda, la ofensa demasiado cruel. Nunca podrá
jamás perdonar a esta persona. Lo que me hizo fue terrible.
Iglesias se fracturan. Amén. Relaciones son terminadas
porque el hermano me causó gran dolor. Bueno. Sin embargo, leemos
en Mateo 6, 12 lo siguiente. y perdónanos nuestras deudas,
como también nosotros ya hemos perdonado a nuestros deudores. Aquí hay algo que Cristo está
presumiendo ¿verdad? Que nosotros orando ser perdonados,
pedir el perdón, ya hemos perdonado a la otra persona porque nosotros
sabemos el valor del perdón. Y si leemos un poquito más hacia
adelante Porque si ustedes perdonan a los hombres sus transgresiones,
también su Padre Celestial los perdonará a ustedes. Pero si
no perdonan a los hombres, tampoco su Padre les perdonará a ustedes
sus transgresiones. Aquí no está diciendo que el
perdón hace que Dios nos perdone. Lo que está diciendo es que el
hombre que ha experimentado el perdón de Dios sabe perdonar.
Pero el hombre que no sabe perdonar, aunque tenga confesión de ser
cristiano, nunca ha experimentado el perdón de Dios. Amén. Entonces
yo como pastor le he dicho a persona tu no tienes ningún derecho a
orar el Padre Nuestro, si no puedes perdonar a tu hermano
esta gran ofensa, realmente nunca son tan grande como la queremos
hacer, pero esta gran ofensa que el te hizo, si tu no quieres
perdonarlo a el, tu no tienes ningún derecho a orar el Padre
Nuestro, perdona nuestras deudas, porque nosotros ya hemos perdonado
a nuestros que te odores. No lo puedes orar con conciencia,
como puedes orar algo así si no lo estas haciendo. Al enfrentarse
a la verdad, muchos se niegan todavía a obedecer. Su rabia
y su dolor son demasiado valiosos. Su pecado es demasiado muy valioso
para ellos. La palabra de Dios no aplica
por qué. No voy a escuchar esta vez por qué. Hay, hay servos amados en las
iglesias por donde quieren, incluso a la iglesia reformada bautista
como la de nosotros. Ojalá que no se encuentre uno
aquí hoy. Personas con demasiada frecuencia se rebelan contra
la autoridad legítima. Están decididos a seguir su propio
camino, a tomar sus propias decisiones. Levantan la mano contra el Rey
Jesús. El pacto con Dios y su pueblo
no es sagrado para ellos. Hacen lo que quieren, pero vienen
a la iglesia, son parte del reino. Amados, déjeme hacerle la pregunta.
¿Qué clase de creyente es usted? Todos nos deleitamos con Cristo
como Salvador, amén. Pero muy pocos se deleitan como
Cristo el Señor. Queremos un Salvador, pero que
nos deje quietos a hacer lo que nosotros queremos hacer. Pero
es imposible tenerlo como Salvador si no doblamos las rodillas,
confesamos con la lengua que Él también es el que, el Señor.
Satanás un día tendrá que doblar la rodilla y confesar con ansiedad,
con odio, con lo que tenga Cristo. es el Señor. Los demonios tendrán
que doblar la rodilla y confesar con la lengua, Cristo es el Señor. Los ateos de la historia van
a tener que doblar la rodilla y confesar con la lengua, Cristo
es el Señor. Todo humano ser a que ha vivido,
está viviendo, va a vivir, tendrá que confesar, Cristo es el Señor. Nosotros que somos cristianos,
que ya lo hemos confesado, vivamos de tal manera. Amados, ¿qué clase
de creyente es usted? ¿Qué tan importante es el pacto
con usted? Cuando usted vino a Cristo, usted
prometió ciertas cosas, ¿verdad que sí? Señor, sálvame de mi
pecado. Señor, impúntame tu bendición
en Cristo. Dame la justicia de Jesucristo.
Señor, hago un pacto, te seguiré. Tú eres el Señor de mi vida.
Tú controlas todo. Hicimos un pacto con Él, un pacto
divino. ¿Le importa el pacto a usted?
Mi oración es que cada uno de ustedes, cada uno de nosotros
nos demos cuenta de que Dios odia tanto la rebelión como la
desobediencia. Él lo odia. Y se recuerda, lo
hemos visto una que otra vez, y lo hemos visto en el primer
rey, Saúl. Es el rey que se rebeló contra
Dios, no hizo lo que Dios le mando hacer. Y el profeta viene
y le habla de parte de Dios y dice porque la rebelión es como el
pecado de adivinación. Esperemos ahí. Dios odia la magia. Amén. Y yo sé que hoy hacemos
la magia algo interesante, algo para niños, las películas, hay
magia. Dios odia la magia. la práctica
de la adivinación y magia. Dios, si usted lee la Biblia
del principio al final, va a ver cuánto, especialmente en el viejo
testamento, antiguo testamento, usted va a ver cómo Dios odia
¿qué? La magia. Y mire lo que dice, tu rebelión,
tu falta de hacer, tu falta de obedecer, para mí es igual que
la práctica de la adivinación. Que terrible. Lo compara y dice
son igual, los odio ambos igualmente. Y si eso no fuera Suficiente
la desobediencia como la iniquidad de la idolatría. Esta es la presunción
de que yo voy a hacer lo que yo quiera. Nadie me puede decir
a mí lo que yo quiera. Dios dice lo odio tal como odio
que la idolatría. Otra vez si usted lee la Biblia
del principio al final. Va a ver cuántas veces Dios habla
de la idolatría. Es el pecado peor que se puede
encontrar específicamente en ambos testamentos. Vamos a ver.
Es tan terrible que Dios lo puso en forma escrita en los 10 mandamientos.
No tendrás otro Dios. Yo soy un Dios celoso. No adorarás
a cosas. La idolatría es algo que el Señor
impide. Es el pecado más grave que cometió
Israel. Y por ese pecado el Señor los
mandó al cautiverio. Amén. ¿Qué dice Dios? Tu desobediencia
para mí. es igual, si, es igual a la,
al que, a la idolatría nosotros decimos es que yo soy un Dios
que ama y perdona y el sabe como yo, no, no, no el Señor odia
estas cosas, amén, el absolutamente odia estas cosas y mira lo que
dice la Palabra de Dios por cuanto tú Saúl has desechado la Palabra
ser desobediente es agarrar la Palabra, hacerle una bola y desecharla
como que si fuera basura Amén? Es lo que dice Dios, porque tú
has desechado la Palabra de Dios, el pacto con Dios. Él también
te ha desechado como basura para que no seas Rey. Esta es una
porción impactante ¿verdad? Porque nos enseña que la desobediencia
que nosotros queremos es el mínimo. El Señor dice no, no, no, es
como que la adivinación, es como la idolatría, la odio. El que
hace estas cosas está desechando, tirando la Palabra como si fuera
basura. Yo lo desecharé también. Mi oración es que ustedes puedan
entender. Que ustedes vinieron no solo a un Salvador, pero al
Señor, el Maestro de sus vidas. Y sigan con Él. No deben haber
cebas en la iglesia. Personas que deleiten en cosas,
pero que no obedezcan al Señor. Miren el versículo 3. Aquí cambiamos
de la rebelión humana a la tristeza humana. La tristeza humana. ¿De qué estamos hablando aquí?
La ubicación de nuestro siguiente versículo le da gran importancia. Aquí, en el medio de Seba, el
Señor interrumpe y habla de estas diez concubinas. Voy a tratar
de hablar de esta manera. Es una manera gentil, pero escuchen
que es muy importante. David regresa y encuentra las
diez concubinas que él había dejado. Su hijo Absalón abusó
de ellas. lo hizo público, se recuerda,
erigió una tienda encima del palacio, invitó a toda la nación
a venir a ver lo que él estaba haciendo y abusó de estas pobres
mujeres. Es terrible lo que leemos. Lo
hizo público, las humilló de la peor manera que puede humillar
cualquier persona, cualquier alma. Le causó gran dolor. Y cuando David regresa, él no
ya puede tener relaciones con ella, porque si lo hace, le hace
legítimo la clama que tenía Absalom al rey y no lo puede hacer. No
se la puede dar a otros hombres porque le pertenecen al rey,
son sus esposas. Así que David las encarcela, vamos a decir
de una manera mejor, las encarcela, las hace viudas para el resto,
les provee todo lo que ellas necesitan, pero las encarcela.
Si ellas tienen que pagar por algo que ellas no hicieron, no
fue culpa de ellas. Amén. Y es posible que usted
esté aquí y dice, esto no es justo. Yo digo, Tienes razón. Esto no me cae bien. No debe
caerle bien. Y las mujeres, por lo regular,
se ofenden. Aquí tratan a estas mujeres como que si fuera nada
y parece que nada ocurre. Y las que sufren son las mujeres.
Y yo estoy con usted y digo, sí, así parece. Pero todo no
parece como a veces inicialmente lo miramos. Usted recuerda las palabras de
Dios a David. David había humillado a una mujer
que no era su esposa. lo hizo un secreto, lo cayó por
casi un año. Vino el profeta y lo expuso a
todo el mundo. Amén. Y David tuvo que oír la
palabra de Dios. El Señor dijo, lo que viene para
ti, te perdono, pero vienen consecuencias. ¿Cuánto sabe que cuando pecamos
hay perdón en Dios? Amén. ¿Pero cuánto sabe que también
hay las consecuencias de nuestro pecado para que aprendamos? Y
las consecuencias de David se encuentran en 2 Samuel 12, del
11 al 12, unas de ellas, habían varias, pero unas de ellas. Así
dice el Señor, por eso de tu misma casa levantaré el mal contra
ti, Absalón, y aún tomaré tus mujeres delante de tus ojos y
se las daré a tu compañero, Absalón, y éste se acostará con tus mujeres
a plena luz al día. Errigió las tiendas, ¿se recuerdan?
En verdad, tú lo hiciste en secreto, pero yo haré esto delante de
todo Israel y a plena luz del sol. Qué terribles palabras,
¿verdad? Esta amenaza estaba sobre David. Y cuando él llega para a Israel
y le cuenta lo que ocurrió, estoy seguro que las palabras de inmediatamente
regresaron. ¿Qué he hecho yo? Dice David.
Mira lo que mi pecado me está costando. Lo mismo, estas palabras que
son tan tristes para nosotros, fueron también tan tristes para
David. Él fue el formado del abuso de Absalón hacia sus concubinas. David decidió encerrar a estas
mujeres. No pudo legitimar a Absalón,
no las puede dar a otro hombre. La promesa del juicio que Dios
le pronunció debe haber pesado repetidamente por su cabeza. Y él dice, ¿y qué ha hecho? El pecado de David había ocasionado
la miseria de estas mujeres. Mira, estas mujeres no iban a
ser mujeres sin hogar. David le proporcionó alojamiento,
separado, apartado, encarcelados, pero tenían un lugar donde vivir.
No iban a sufrir hambre ni indignidad de frío. David proveyó todo lo
que ellas iban a necesitar. Pero ya no tendrían, ella, nada
que ver, David no tendría nada que ver con ellas. Estabas confinadas,
aisladas y solas. Pasaron los días de su soltería
existiendo como que si fueran viudas, cuando tenían un marido.
Encontré lo siguiente. Estaban condenadas sin culpa
suya a ser cautivas, maldiciendo probablemente el día en que su
belleza las había llevado al palacio y deseando poder intercambiar
suertes con la más humilde de sus hermanas que respiraban el
aire libre. Versículo 3, lo podemos leer
rápido, pero realmente es un versículo triste. Diez vidas
arruinadas por el pecado. Simplemente hay algo muy triste
en el versículo 3. Sin embargo, no cometa el error
de culpar a Dios por este resultado. Ah, sé que ustedes ya conocen
mucho la palabra de Dios. ¿No acabas de leer? Usted pastor
dice, yo lo haré, lo que tú hiciste es en secreto, yo lo hago a luz,
yo lo hago, yo lo traigo. ¿Fue Dios que hizo esto? Absolutamente,
es la soberanía de Dios. Mandó Satanás, usó el permiso
de Dios para destruir a estas vidas claramente. Pero recuérdense
que el juicio no fue mencionado contra David hasta que David
había cometido su qué? Pecado. Estas palabras nunca
hubieran sido pronunciadas. Estas acciones nunca hubieran
sido cometidas si David no hubiera pecado contra Dios primeramente.
Amén. La culpa la tiene quién? David. Es el rey, el ungido de
Dios, el hombre que tantas veces parece como Cristo pero no es
en este instante. Esto es un dolor terrible. Al
final, el pecado de David devastó a estas mujeres, devastó al reino,
devastó a su familia y a las naciones. Él hizo una decisión,
tomó algo que no tenía que tomar. Si se recuerda, vino el profeta.
Después de ocultarlo por un año, lo presionó. El niño que nació
murió. La hija que tenía sufrió grandemente
a las manos de su hermano. El otro hermano mata a ese hermano
por abusar de su hermana. Ese hermano hace una rebelión
contra Israel, divide el reino. Hay una guerra civil, miles de
personas mueren. Finalmente David gana, regresa,
pero sus mujeres han sido también abusadas. A veces las consecuencias
vienen como olas y olas y olas durante mucho y largo tiempo.
Y creo que esta historia está aquí en la Palabra de Dios para
advertirle a usted. Cuidado con lo que haces hoy, porque es posible
que sufras las consecuencias de estas acciones mañana, el
año después, diez años después. Cuidado lo que hagas, porque
las consecuencias a veces no vienen todos en un momento, vienen
como olas, olas tsunamis, olas terribles que destruyen y cuando
piensas que se terminó todo, aquí viene otra ola. Es lo que
está experimentando David y estas mujeres por las acciones de David.
Ahora usted me dice, Pastor, no es justo. Estoy de acuerdo,
el impacto del pecado nunca es justo, en el sentido de que destruye
no solamente al pecador, lo cual es justo, sino que también destruye
a quienes lo rodean. Hemos escuchado esta lección
antes y está nuevamente ante nuestros ojos. El pecado te llevará
más lejos de lo que deseas, te mantendrá más tiempo de lo que
deseas quedarte y te hará pagar un precio más alto de lo que
pretendes pagar. Escuchen otra vez, el pecado
te llevará más lejos de lo que deseabas ir. David dijo, solo
una noche. Pero esa noche se convirtió en,
mira, estoy embrazada. Y esa, mira, se convirtió en que tengo
que hacer que Uriah secuestre con su mujer. Y cuando eso no
ocurrió, ahora lo tengo que matar. Ahora lo tengo que secuestrar.
¿Vio? Lo llevó. David nunca pensó que
él iba a llegar a este extremo. Pero ahí lo vemos. Una decisión
llega a otra, llega a otra y seguimos. El pecado te llevará más lejos
de lo que tú quieres ir. El pecado te hará cautivo más
largo de lo que tú pensabas que ibas a hacer, te quedas más tiempo
de lo que pensabas que ibas a hacer. David pensó solo una noche, un
año después viene el profeta. Años después ocurre con su hija,
años después ocurre con su hija, años después, David se quedó
en ese programa, vamos a ir por años y años. Lo que él pensaba
que iba a ser unos momentos de indecreción, se terminó en una
vida de consecuencias. y el pecado te hará pagar un
precio más alto de lo que pretendías pagar. Si David hubiera podido
mirar el futuro, mirar lo que le iba a costar esa noche, nunca
lo hubiera hecho. Amén. Si él pudiera ver la muerte de
un hijo, vamos a decir casi la muerte de una hija, la muerte
del otro hijo, la muerte del otro hijo, la muerte de miles
de personas que eran civiles, las concubinas, si él hubiera
podido, diría, no, no, esto no vale la pena. Lo que él pensaba
iba a ser placentero por un momento le iba a costar tanto. te hace
pagar un precio más alto de lo que querías pagar. Amados, el
pecado nunca, nunca es una cosa individual. He hablado con personas
que dicen, no, ya no le está haciendo nadie enganar a nadie.
Si estoy pecando es contra mí solo. Es una mentira de satanás.
Siempre afecta como, como lepra a todo lo que está alrededor
de nosotros. Siempre toca y consume a todo, a todo y a todos alrededor. Muchos, del pueblo de Cristo
saben lo que es tener sus vidas arruinadas debido a los pecados
de otros. A lo mejor usted ha experimentado
algo así, donde usted no hizo nada, otro pecó y el impacto
de su pecado afectó a su vida. ¿Qué le podemos decir a esta
persona? Bueno, es lo que ocurre en este mundo primeramente, amén,
y segundo pongan sus ojos en aquel que un día quitará toda
lágrima de todo ojo, amén. ¿Es justo que el pecado de David
arruine la vida a estas mujeres? No. Pero así ocurre. Así es el pecado. Por eso debemos
evitarlo. Amén. Sigamos hacia adelante.
Miremos al versículo 4 a 14, la traición humana. La traición
humana. David no permitiría que creciera
la revuelta de Zeba y ordenó al nuevo jefe, Amasa, que llamara
al ejército de Judá en un plazo de tres días. Amasa O fue lento,
no tenía la habilidad, o no quiso, pero no llegó a tiempo. Y David,
sabiendo la urgencia de la cosa, manda a Abizaí, el hermano de
Joab, le entrega a su guardia personal. Ponga mucha atención,
él no llama a Joab, él había quitado a Joab. Él manda a quién?
A Abizaí. Le dice, te voy a hacer a ti
comandarte mientras Hamas regrese, porque no ha regresado. Y lleva
a mi guardia personal y ve y búscalo, ve y mátalo antes que me haga
más daño. Pero preste mucha atención a lo que dice la Palabra de Dios.
Las tropas no son llamadas por el nombre de David. David dice,
llevan mis tropas. Pero la Palabra dice, los hombres
de Joab. Los hombres de Joab. Esos hombres
de David le pertenecían en alma a Joab, en lealtad y en servicio.
Ellos amaban a Juab, lo miraban como un gran general. Y entonces,
aunque David lo puso en manos de Abizaí, ellos se consideraban
los hombres de quién? De Juab. David había perdido
el ejército a las manos de quién? Juab. Bueno, al marzo, alcanza
las tropas de Abizaí en Gabaón y Juab estaba esperándolo, vestido
con su ropa militar y sobre ella llevaba un cinturón atado a la
cintura. con una espada chica en la vaina, y mientras avanzaba,
se le cayó la espada, en otra palabra, en sus manos. La tenía
atada de una manera especial, en el muslo izquierdo, de que
cuando él caminaba y tocaba, en cierta manera, la espada salía
y se le caía en sus manos, listo para matar. Era un hombre de
guerra y sabía cómo matar a este hombre. Tenía esta vaina escondida,
tenía la espada ahí adentro, listo para, si no puedo usar
la mano derecha, ¿puedo usar la mano qué? pero alguien tiene
que morir. Y Joab se acercó a Amasa con
palabras amables. Mi hermano, ¿cómo estás? Y aparente
cariño, dice la palabra, lo besa. Si se acuerda, la palabra dice
que Joab tomó con su mano derecha la barba de Amasa para darle
un beso. Con la mano derecha, la mano que por lo regular tiene
una espada, porque él era de mano derecha, agarra la barba
para jalarlo, para darle un beso, una costumbre de amor. Y Amasa
lo mira, que con la mano derecha no tiene nada, y dice, pues,
me quiere enseñar, eran familiares, eran parte de la misma familia.
La referencia específica a la mano derecha es intencional.
La mano derecha es la mano con la que los soldados luchaban.
Aquí está vacía, así que por lo que Amasa no se da cuenta
de la amenaza que está en la mano izquierda. No era zurdo,
como yo lo soy. Era la mano derecha. Cuando miró
la mano derecha, sin espada y me quiere dar un beso. Me está hablando,
me quiere. Aceptó que yo voy a ser el general.
Usted conoce a Juan, usted sabe que él no va a dejar que nadie
lo suplante. Ya había matado a quien, a Abner, a otro general
que David había intencionado ponerlo sobre él y lo mató en
sangre fría. ¿Cómo no va a matar a masa? Bueno,
el relato aquí se pone espantoso. Amasa no estaba mentalmente desarmado,
estaba sin preocupación, viendo la mano derecha sin espada, no
se ocupó a ver la mano izquierda. Entonces, Joab dice la palabra
de Dios, hirió a Amasa en el vientre con ella y derramó su
extraña por tierra sin herirlo de nuevo. No lo tuvo que cortar
dos veces porque lo cortó tan eficazmente con la primera vez,
lo abrió, lo partió en dos, las extraña el estómago, todo adentro
salió por fuera y el pobre hombre cayó agonizando en su propia
sangre en la tierra. Es realmente una escena terrible,
una manera horrible de morir. Esto es lo que hizo Juab. Después
leemos que Juab y Avisaí, sus hermanos, dijeron vamos a perseguir
a Zeba, hijo de Bikri. Aparentemente mataron a un hombre
en sangre fría, era normal. No era algo especial. Joab no
muestra ninguna emoción, ningún arrepentimiento, ningún arredomordimiento. Matar era un asunto clínico para
Joab. Se ha eliminado el obstáculo
y ahora tengo que seguir. ¿Qué es lo que sigue? Vamos a
seguir al otro. Vamos a matar al otro, a Bikri. No miramos
que nadie se sorprenda, nadie dice, ¿qué has hecho? Nadie dice,
esto no es justo, no es legítimo. Todo el mundo conocía a Joab.
Dijeron, sí, claramente es lo que Joab iba a hacer. Parece
que todo el ejército sabía lo que Joab iba a hacer, porque
lo reconocían, qué tipo de hombre era. Lo único que no sabía era
pobre quién, Amasa, y pagó con su propia vida. Note la insensibilidad
de Joab, mientras Amasa estaba revolcándose en su propia sangre
en medio del camino, dice la Palabra de Dios. Los hombres
llegaban y parece que no, no. no lo podemos dejar el pobrecito
aquí, sangrando las extrañas ahí en la tierra, la sangre por
donde quiera, la gente parece que no quería pasar. El hombre
de confianza de Joab se dio cuenta, arrastró los restos de amasa
desde el camino al campo, lo cubrió con un manto y continuó
con la siguiente tarea de ir a buscar al vicre. Lo tiraron
como que si fuera basura al lado del pobre hombre. Matar no es
nada nuevo para Joab. Recuerde, él había matado a Abner,
también mató a Absalón cuando David le dijo que no, y ahora
mata a Amasa. Después de toda esta escena,
cuando Joab regresa para atrás a Jerusalén, él regresó con el
rey, dice la palabra, y se enfrentó ninguna consecuencia. David no
le hace nada. ¿Por qué? Porque los hombres
le pertenecían a quién? A Joab. David sabía que si él
mataba a Joab por lo que había dicho, es posible que todo el
ejército se revelara contra él. Así que David lo acepta, no con
abrazos, no con, qué bueno, pero Joab fue a la campaña, mató a
Bicri, vino victorioso, había salvado al reino, trae la cabeza
del enemigo de David y David lo tiene que aceptar. Y ponerlo
sobre, otra vez sobre qué, el ejército. Y Joab parece que gana,
pero no se crea que gana, Mire lo que David dice a su hijo Salomón
en 1 Reyes 2, 5 al 6. También sabe lo que me hizo Juab,
hijo de Sarbia, lo que hizo a los dos jefes de los ejércitos de
Israel, como mató a Ebner, hijo de Ner, y a Mahas, hijo de Heter,
a los cuales mató también derramó sangre de guerra en tiempo de
paz con Ebner, y puso sangre de guerra en el cinturón cuando
lo mató y puso su espada para atrás. que lo ceñían, las sandalias
que tenían sus pies. Haz pues conforme a tu sabiduría
y no permitas que sus canas desciendan al Señor en paz. Vio, David no
le hace nada a él. Pero David sabe que Dios no lo
va a dejar que este hombre se vaya a su sepulcro sin pagar. ¿Qué es lo que aprendemos aquí?
Usted sabe la palabra de Dios. ¿Qué dice? La venganza es mía. ¿Dice quién? el Señor. Y nosotros no nos olvidamos de
eso. Y no es justo que esta persona hizo esto y que parece que no
hay consecuencias. Para Job, parece, vivió 10, 20,
30 años sin consecuencias aparentes. Pero a Dios nunca se le olvida.
Amén. Y antes de morir él va a pagar.
Y si se hubiera muerto sin pagar, tiene que presentarse delante
de la presencia de Dios en el último día y ahí hay que pagar.
En otras palabras, todo que le haga mal al cuerpo de Cristo
tiene que qué? Pagar. A lo mejor no en el tiempo
que nosotros queremos si alguien me hace el mal, que el Señor
a mi mismo le. Y es posible que a la persona vida, una vida parece
sin problemas y una vida perfecta. Y uno dice, esto no es justo,
mira lo que me hizo Dios. Lo miramos en el libro de Apocalipsis.
¿Hasta cuándo Señor justo y santo? ¿Hasta cuándo estos hombres que
han cortado las cabezas de tus santos van a vivir sin consecuencias? El Señor dice, espérate un momentito
más. Vendrá las consecuencias. Pero aún en el cielo encontramos
a hombres que dicen ¿Hasta cuándo Dios vas a permitir esto? Pero
sabemos alguien. Nadie, nadie escuche, se escapa
con el mar que hacen con los hijos de Dios. Amén. Amén. Tan importante. Porque si sabemos
y creemos esto, entonces podemos decir ¿La venganza le pertenece
a quién? A Dios. Y yo me quito del tema. Si no creemos, queremos avengarnos
a nosotros mismos. David le dice a Salomón, tú sabes
lo que tienes que hacer con él. Usted sabe que Joab muere de
una manera sin gracia y terriblemente. Una vez más es importante señalar
que los militares le pertenecían a Joab, pero todo le pertenece
a Dios. ¿Qué aprendimos de Joab? Joab
es fiel a David. ¿Amén? No parece, pero es muy
fiel a David. Cada vez que hay un obstáculo,
algo que quiera destruir a David o a su reino, el primero que
viene a defender el reino es que, Joab, él es muy fiel a David. Él no intenta convertirse en
rey, pero sí actúa como su propio rey. Es extremamente leal a David,
pero esencialmente insumiso a su autoridad. Él hace todo lo que
David quiere que le haga, pero si no le gusta, no lo va a hacer.
Tú vas a poner a alguien sobre mí, lo mato. Yo soy el que me
tengo que quedar en esta posición. Según Samuel, entonces, describe
en el capítulo 20 dos dobles de rebelión, la de Seba y la
de Joab. Joab es un hombre que ama a David,
pero no puede ser controlado por David. Está matando para
mantener su propia posición. Y creo que hay algo aquí que
se pueda comparar con este próximo versículo. No todo el que me
dice Señor, Señor entrará al reino de los cielos, sino el
que hace la voluntad de mi padre que está en los cielos. Juan
no tiene ninguna palabra llamar a David Señor, Señor. Tú eres
el rey. Lo que tú quieras yo hago. Pero
no todo el que me diga a mí que Señor, Señor, entrar en el reino
del cielo. En otras palabras, escuche, es
tan importante. Su confesión de ser cristiano y cristiana
no vale nada si no hay obediencia en su vida. Amén. La palabra no dice por su confesión
serán reconocidos. La palabra de Dios dice por sus
¿qué? Frutos, las acciones, el poder de Dios viviente en su
vida serán reconocidos. Amén. Tenemos que ver eso. En ninguna parte de la palabra
hay levántate tu mano, camina hacia el frente, ora estas oración
y ahora serás salvo. El llamamiento al pecador. Ningún
lugar se encuentra que si tú oras con un pastor en frente
de todos, cuando nosotros bajamos la luz y tocamos los instrumentos
de una manera suave, que eso es auténticamente una persona
que ya es salva. La palabra del Señor no se encuentra
en ninguna parte de la palabra del Señor que nada más ores y
confiesas y vas a estar bien. La Palabra de Dios repetidamente
dice, hay un cambio de vida, hay un cambio de vida, hay un
cambio de vida. Esa es la evidencia. Y en Juárez
no había cambio de vida, él amaba al Rey, él amaba al Rey, pero
no era leal. Este versículo aquí nos enseña
que existe algo así como reconocer la soberanía del Rey, pero no
hacer caso a su voluntad. Señor, Señor, tú eres Rey, Pero
yo no vivo tras de ti. Mire lo que dice el versículo
otra vez. No todo el que me dice Señor, Señor entrará al reino
de los cielos. ¿Quién entrará? Si no el que hace la voluntad. Ahí está la diferencia. Lo llama
Señor y vive en obediencia. ¿Pueden ver? Ese es auténtico. El que dice por el poder de Dios
el Espíritu Santo, yo caminaré tras Cristo. Si cometo error,
me arrepiento inmediatamente, lo confieso por lo que es pecado
y sigo hacia adelante. Pero vivir habitualmente pecado
y decir, pero yo tengo confesión, es imposible, es imposible. Amados,
estas personas que llaman al Señor, Señor, pero no viven en
obediencia, no tendrán lugar en el reino de Dios. Es lo que
dice Cristo, aquí lo dice, no entrarán en el reino de los cielos,
es imposible, no hay lugar para ellos, no hay cupo para el que
diga tengo confesión, pero no tengo obediencia. Es cierto que
hay multitud de juabs en las listas de miembros de nuestras
iglesias, hombres y mujeres que son fieles en ir a la iglesia,
dar sus ofrendas y sus diezmos, cantar las canciones, escuchar
la palabra de Dios, pero ignoran la voluntad del Rey en su vivir
diario. Hombres y mujeres que juran lealtad
a Dios, pero viven una vida incontrolablemente pecaminosa sabiendo que está
mal. Cristo lo pone de esta manera.
¿Cuáles son los sabios? Por tanto, cualquiera que oye
a mis palabras y las pone en práctica, será semejante a un
hombre sabio que edificó su casa sobre la roca. El que oye y las
pone en práctica. Al contraste, todo el que oye
estas palabras mías y no las pone en práctica, será semejante
a un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena. Entonces, estamos escuchando
cada domingo la palabra de Dios. Amén. ¿Están en aplicación en
sus vidas? Porque ahí está realmente la
lealtad a Dios. Ahí está el Salvador y el Señor
que necesitamos en nuestras vidas. Terminemos entonces con la sabiduría
humana. La sabiduría humana. Después
del llamado inicial de secesión de Sheba, todo Israel se fue. Todo Israel lo siguió por un
momento, pero parece que Israel cambió de opiniones y todo lo
abandonaron. Solo su familia lo siguió al
final. Seba sabe que esto es un problema. Al principio todo
Israel se fue, pero ahora quedó solo con su familia y aquí viene
David. Solo los becritas se reunieron
y lo siguieron. El hecho de que Seba vaya tan
al norte como la ciudad que fue demuestra que tenía poco apoyo
por sí mismo o por su movimiento de cesión. Inicialmente se esconde
en la ciudad de Abel de Bat-Maka. Joab y sus hombres comienzan
su asalto a la ciudad. Pero una mujer local comienza
a hablar. Pide hablar ella con Juab. La
mujer cuenta con orgullo la historia de la ciudad. La ciudad de Abel
tenía una historia de sabiduría y era una ciudad madre antigua
de Israel. Cuando los hombres tenían un
problema, vinieron a nosotros porque nosotros somos tan sabios.
Y esta ciudad ha estado aquí antes de las otras ciudades.
Somos una madre, una ciudad antigua, una madre de Israel. Eso es lo
que ella le dice. Entonces, con estas palabras,
empieza a acusar a Joab. Le dice, ¿por qué procuras destruir
a una ciudad madre de Israel? ¿Por qué ha de destruir la heredad
del Señor? Y Joab se defiende. Las palabras
asaltan su dignidad. Él dice, ¿cómo me acusas? Yo
no quiero matar a nadie. Y él dice, lejos, lejos esté
de mí, que yo destruya y que yo extermine. Y hay una gran
ironía en estas palabras. Él acaba de matar a masa. Lo
tiró como basura en el lado. Sus estrellas por donde quiera.
Yo nunca mataría y exterminaría a nadie injustamente. Lo acabas
de hacer. Lejos sea de mí. ¿Cómo que lejos
sea de ti? Es el carácter tuyo. Joab explica, esto no es el caso,
sino que un hombre de la región montañosa, aquí llamado Zeba,
hijo de Bikri, ha levantado su mano contra el rey. Solamente
entrégamelo y aquí lo dejaremos ir. Bueno, sabemos algo del carácter
de Joab. Él estaba atacando esta ciudad
porque él estaba ahí. Él iba a pretender que todas las personas
ahí, si lo estaban escondiendo y no se lo daban, eran qué, leales
a Bikri. Y él iba a matar a toda la ciudad,
a hombre, mujer, a niños, él iba a destruir a todos. La mujer
lo sabe. Si este hombre rompe la pared
y entra aquí, aquí está Bricky y aquí morimos todos. Por eso
llegó con su plan, dice la Palabra de Dios. Debemos tener cuidado
con lo que está. El episodio enfatiza la cefatería
humana. La mujer de Abel es llamada una
mujer sabia, que va a todo el pueblo y los convence. Y a Zeba, hijo de Bikri, le cortan
la cabeza. Se la arrojan a Joab. Entonces,
tocó Joab la trompeta y se disparsearon de la ciudad, cada uno a su casa.
Su sabiduría salvó a la ciudad. Ella sabía que si él entra aquí,
aquí morimos todos. Pero si te lo entregamos, él
dice, los dejó vivir. Él pide que se lo entreguen para
él matarlo. Ella dice, no queremos abrir la puerta porque realmente
no tenemos tan gran confianza que no los vas a matar. Así que
si le cortamos la cabeza y te la tiramos, nos deja quietos,
claramente. Ella habla con los ancianos,
todo el mundo dice, ¿sabe qué? Mejor uno que todos nosotros.
Le cortan la cabeza a Seba, la tiran al lado. Él confirma que
Seba se lleva su trofeo y ahí terminó. La ciudad sobrevive. Ese es el asunto, la sabiduría
de esta mujer. Quiero hablar unas pocas palabras,
si me permiten, de la sabiduría. Tiene usted cuidado con la sabiduría
si no es sabiduría divina. Joab pide que le entreguen al
hombre, la mujer le da la cabeza. Debemos recordar que la sabiduría
es simplemente la habilidad de saber cómo tener éxito en cualquier
asunto. Esa habilidad puede usarse para
bien, pero también se puede usar para mal. La sabiduría humana
se puede usar para bien, se puede usar para el mal. La sabiduría
que no se mezcla con la santificación es letal, es destructora. En el capítulo 20, la sabiduría
de la mujer fue beneficiosa. Ella lo usó para bien. Pero no
es siempre así. Hemos visto la sabiduría de Ajitofél.
Era tan sabio que hasta David le dio un temor cuando vio que
Ajitofél había cambiado su alianza a Absalón. Él dijo aquí, oh señor,
oró, se recuerdan, que el consejo de Ajitofél llega a nada. Porque si Ajitofél consea, vamos
a perder. Era un hombre grandemente sabio.
Era como que si Dios estaba hablando la sabiduría que tenía. Pero
lo usó esa sabiduría para qué? Para proclamar una rebeldía contra
Dios. Sabiduría sin santificación es
terrible. Hemos visto la sabiduría de Salomón.
Él dijo ¿Cómo es que hago estos reyes enemigos, amigos? Yo sé,
si me caso con cada una de sus hijas, hay alianzas de matrimonio. Y aquí vamos entonces, ellos
no pueden atacar porque van a estar atacando a su propia hija. Y
él era sabio, algo sabio que hacer lo destruyó. Las mujeres
fueron las que causaron que él diera la espalda, dice la Palabra
de Dios, a lo que era correcto. Hemos visto la sabiduría de Pilato. Cuando le dice, ¿pero por qué?
¿Qué ha hecho este hombre? No, que lo queremos muerto. Y cuando
él miró que había una revolución que estaba ocurriendo y que César
lo iba a él culpar si había un gran pleito, él dice, ¿sabes
qué? Yo me lavo las manos y lo entrego. Así hay paz. Sabio. Era sabio esa decisión. A él
le terminó lo que podía haber sido algo terrible. Pero no era
justo, correcto o santo. Amén. Condenar a un hombre que
no había hecho nada. La Palabra tiene ejemplos de
personas que hacen decisiones sabias conforme al pensamiento
humano, pero que no son santas y traen gran dolor. Lo que usted
y yo necesitamos es sabiduría santificada, la sabiduría que
viene de Dios, la sabiduría por la cual habla Proverbios 9, 10.
El principio de la sabiduría es el temor del Señor, y el conocimiento
del Santo es inteligencia. Tenemos que amarlo a Él. temerle
a él, porque así vamos a usar esa sabiduría que él da para
lo bueno y no para lo malo. O como dice Santiago 1.5, Y si
a alguno de ustedes que le falta sabiduría, hablando sabiduría
divina, es posible que usted sea muy sabio en las cosas del
mundo, pero no sabe en las cosas divinas. Si a usted le falta
la sabiduría divina, que se la pida Dios, quien da a todos abundantemente
y sin reproche, y se le da a dar. Aquí hay una promesa, hermano,
que si usted se incaurara y pide al Señor, Yo quiero sabiduría
para amarte. Quiero sabiduría para amar a
mi esposa, para amar a mis hijos. Quiero sabiduría para liderar
esta iglesia como pastor. Necesito sabiduría, Señor, para
hacer las cosas correctas. Necesito sabiduría para mantenerme
fuera del pecado. Señor, necesito sabiduría espiritual.
Esa es una oración que el Señor se complace y dice, te la doy.
Y te la da de varias maneras, en la canción que cantas, en
los himnos que revisas, en los libros santos que estás leyendo,
en la palabra de Dios que te enseña quién es Dios, en el Día
del Señor, cuando tú asistes y oyes la Palabra del Señor,
el Señor te imparte sabiduría espiritual. Bueno, nuestro capítulo
termina con una lista de administradores en la casa de David. Salse, un
poco extraño, ¿por qué terminamos con que esta persona fue líder
de esto y lo otro? ¿Qué importa cuando estamos leyendo
de Seba? ¿Por qué está aquí? Pero, a su
manera, estos versículos nos enseñan una gran verdad. dicen
tranquilamente que el reino de David todavía está intacto. El
reino de David era frágil debido a la pecaminosidad de David y
las rebeliones de Absalón y de Seba y de Agitofel y las personas
que han atacado. Sin embargo, a pesar de toda
la corrupción y los ataques, el reino sigue en pie. Todos
sus administradores están trabajando. Y si Dios puede mantener el reino
de David lleno de tanto pecado intacto, que amas el reino que
no tenga pecado que viene. No hay nadie que lo pueda atacar
o dividir. Los administradores de ese reino,
Dios mismo estará trabajando. Gloria a Dios. Se nos recuerda
repetidamente que el reino de Dios, como dice Martín Lutero
en su gran himno, es para siempre. Amén. Es para siempre. Gloria
sea a Dios. Oremos. Padre, te damos gracias
por tu palabra bendita y perfecta. Creo que en esta iglesia tenemos
una alta visión de la Palabra de Dios. Y aquí padre, practicamos,
intentamos a practicar lo que es correcto, no lo que es emocional,
sino lo que es correcto, padre. Y en lo correcto nuestras emociones
se regocijan. Bendice este lugar, bendice este
pólpito, bendice los administradores que has puesto en lugar para
hacer los varios trabajos, padre. Pero bendice a tu pueblo también,
padre. que no solo somos un pueblo de escuchar y aprender, sino
de acción y obediencia. Hemos aprendido que la desobediencia,
que el orgullo propio, Padre, son cosas que tú odias, igual
que la adivinación idolatría. Hemos aprendido, Padre, que es
posible proclamar al rey como soberano y vivir en desobediencia
su palabra, como lo hizo Joab. Hemos aprendido, Padre, que podemos
darle la espalda al pacto Padre, si no nos guardamos en tu palabra,
a las cosas que vemos, estamos comprometidos a obedecer. Padre,
impide esto en cada vida aquí. Que cada persona que camine y
esté en este lugar, Padre, no solo tenga a Cristo como Salvador,
sino como el Señor de sus vidas. Y si hay alguien en converso,
Padre, que hoy ellos puedan escuchar en las palabras que hemos predicado,
la necesidad de un mejor rey que David, un mejor reino que
el de él. donde todo será perfecto. Viene
Cristo. Y hemos predicado, Padre, específicamente
para el converso, que cada persona que le dé la espalda al conocimiento
de quién es Cristo y a su reino, es un hombre indigno que no vale
nada. Mejor que esa persona nunca hubiera vivido. Así que, Padre,
Padre, remide, bendice y trae a la salvación a la incrédulo.
Bendice a tus santos, cáusanos amarte y buscarte con todo el
corazón. en el nombre de Jesús, Padre,
y para tu gloria. Amén.
El impacto del pecado humano
Series Promesa del Reino Mesiánico
En nuestro sermón, estudiamos el impacto del pecado humano y, sin embargo, vemos que la mano soberana de Dios asegura que Su reino permanecerá para siempre.
| Sermon ID | 11424236587341 |
| Duration | 1:04:10 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | 2 Samuel 20 |
| Language | Spanish |
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