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Buenos días, hermanos. Fíjense que en la última predicación
que me tocó exponer sobre Lucas 7, particularmente sobre esta
mujer que busca a Cristo cuando él está en una reunión y comienza
a lavar sus pies con perfume. Como esas ocasiones que muchas
veces nos pasan, asocié inmediatamente por unos segundos ese pasaje
con un pasaje anterior que está en Lucas 5 acerca de un hombre
paralítico. Y este relato de esta historia
se encuentra en tres de los cuatro evangelios. Entonces, para poder
contar la historia completa y no estar aclarando qué parte viene
de qué evangelio, pregunté al pastor sobre la posibilidad de
reconstruir un texto utilizando estos tres relatos a lo que tuve
su permiso. Por ejemplo, en el laboratorio
donde yo trabajo, una de las cosas que hacemos es que extraemos
el ADN de las plantas, de los animales, bacterias, etc. y luego
estudiamos su secuencia pero para eso secuenciamos en pedacitos
o sea es decir no podemos hacerlo en un solo paso y lo que tenemos
son pedacitos de todo ese ADN más o menos como de 500, 600
letras y luego lo vamos armando como si fuera un rompecabezas
por medio de cómputo por supuesto Y vamos agregando cosas que son
faltantes hasta que al final tenemos casi una secuencia completa. Bueno, sin más explicaciones,
dije, ¿qué tal si hago esto? Entonces, el texto que vamos
a leer no está tal cual en su Biblia. Pero, tomando como base
el pasaje de Lucas 5 del 17 al 26, añadí algunos elementos faltantes
de Mateo 9 del 1 al 8 y también de Marcos del 1 al 12, pero el
pasaje base será Lucas 5, 17 al 26. Y al ir en la lectura, ustedes
notarán probablemente algunos elementos que no están ahí, pero
que están en otros evangelios. Entonces queda de la siguiente
manera este texto reconstruido. Dice Entró Jesús otra vez en
Capernaum después de algunos días y se oyó que estaba en casa. Desde ahí comienza el 17. Aconteció
un día que él estaba enseñando y estaban sentados los fariseos
y doctores de la ley, los cuales habían venido de todas las aldeas
de Galilea, de Judea y de Jerusalén. Y el poder estaba con él. El poder del Señor estaba con
él para sanar. Y se juntaron muchos de manera
que ya no cabían ni aún a la puerta. y les predicaba la palabra. Y sucedió que cuatro hombres
que traían cargando tendido sobre una cama a un hombre que estaba
paralítico, procuraban llevarle adentro y ponerle delante de
él. Pero no hallando cómo hacerlo a causa de la multitud, subieron
encima de la casa, descubrieron el techo donde estaba, y haciendo
una abertura, le bajaron con el lecho y poniéndole en medio
delante de Jesús. Al ver la fe de ellos, le dijo,
Ten ánimo, hijo. Tus pecados te son perdonados.
Entonces, algunos de los escribas y fariseos comenzaron a cavilar
en sus corazones, diciendo, ¿Quién es este que habla blasfemias?
¿Quién puede perdonar pecados si no solo Dios? Jesús entonces,
conociendo en su espíritu los pensamientos de ellos, respondiéndoles,
dijo, ¿Qué caviláis en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil,
decir al paralítico, tus pecados te son perdonados, o decir, levántate,
toma tu lecho y vete a tu casa? Pues para que sepáis que el Hijo
del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados,
dijo al paralítico, a ti te digo, levántate, toma tu lecho y vete
a tu casa. Al instante, levantándose en
presencia de ellos y tomando el lecho en el que estaba acostado,
se fue a su casa glorificando a Dios. Y todos, maravillados
y sobrecogidos de asombro, glorificaban a Dios y llenos de temor decían,
nunca hemos visto tal cosa. Hoy hemos visto maravillas. Bien,
hermanos. El título de la predicación de
hoy es Una necesidad imperiosa o una necesidad de vida o muerte. El punto número uno lo he titulado
el llamamiento irresistible de Dios. Jesús, como vemos, estaba
de nuevo en la ciudad y por lo que podemos apreciar en eventos
anteriores a estos, Jesús a veces salía de la ciudad para evitar
los tumultos con las personas, pues se había hecho un personaje
muy famoso en toda la región, de tal manera que la gente se
amontonaba en donde sabía que él estaba o donde sabía que él
iba a pasar. Y esta vez no fue la excepción.
Pues al saber que Jesús estaba en casa, dice la palabra que
los fariseos, los doctores de la ley y ciudadanos comunes otra
vez se agolparon hacia donde estaba Él. Y dice que vinieron
incluso de otras aldeas. De tal manera que la casa en
donde estaba Jesús no podía recibir una persona más. No cabía un
alfiler. Y parece ser que la multitud
incluso comenzó a rodear la casa donde él estaba. Muchos querían
escuchar a Jesús o estar cerca de él por diferentes motivos.
Por ejemplo, los escribas y los doctores de la ley querían estar
cerca de él para debatir con él o tratar asuntos académicos
de la ley, o a veces también para ponerle trampas, porque
deseaban desenmascarar a quien ellos creían era un falso maestro.
El resto del pueblo, porque quería ver cosas impresionantes y atraídos
por su morbo, iban a Jesús porque sabían que iban a ver algo que
no habían visto antes o porque querían ser beneficiarios directos
de alguno de sus milagros, ya sea obtener comida gratis, ser
sanados de algún padecimiento, algo querían de Jesús. Pero entre
esas multitudes había excepciones. Había excepciones que eran individuos
que llegaban a él de manera muy especial, a veces de forma poco
ortodoxa. y tenían una atención especial
también de Jesús hacia ellos. Por ejemplo, una mujer que entre
una multitud quiere tocar su manto porque esa mujer cree que
si toca su manto, ella va a ser sanada. Y a pesar de que muchas
manos están tocando a Jesús entre la multitud, Él siente que una
lo ha tocado de manera especial y le dedica su atención a esa
mujer. En otra ocasión, caminando entre multitudes en Jericó, hay
un hombre que es bajo de estatura, pero quiere saber quién es Jesús.
Entonces sube a un árbol y entre la multitud Jesús lo llama a
él. Y en la predicación anterior
veíamos que en Betania un fariseo invita a Jesús a su casa y de
repente llega una mujer, se hace presente, y aparentemente de
manera imprudente, entra de manera sorpresiva, comienza a lavar
los pies del señor con perfume, y así muchos otros casos. Y surge
la pregunta, ¿qué diferenciaban a estas personas del resto de
la multitud? ¿Qué tenían de especial estas
personas? Y entre los evangelios vemos
un espacio dedicado a relatar los eventos donde ellos tuvieron
parte con el Señor. Estas personas a las que Jesús
prestaba especial atención tenían en común que eran consideradas
por el pueblo y los líderes como personajes despreciables. pecadores
como las prostitutas, como los cobradores de impuestos, como
los gentiles, o personas que estaban en una condición de inmundicia
por lo que nadie se les quería acercar, leprosos, esta mujer
con el flujo de sangre, son los que aparecen en estos relatos.
Pero en esta ocasión, viene en camino al encuentro de Jesús
un hombre que es cargado por cuatro personas. Y al leer los
pormenores que da la palabra sobre la forma en que nada menos
que cuatro personas se ocupan para traer a este hombre, podemos
intuir que se trataba de una persona en estado cuadripléjico.
Es decir, alguien que no movía ni piernas y tampoco brazos. Alguien que estaba paralizado
desde C5, desde el cuello. una condición terrible para cualquier
persona, pero más en aquellos tiempos. Siempre que leemos la
palabra debemos tratar de hacerlo entendiendo el contexto histórico
de las situaciones a las que se enfrentaban las personas o
el Señor. Y si estar paralizado desde el
cuello hacia abajo, es una condición muy complicada para cualquier
persona, lo era mucho más en la época antigua. La antigüedad
era una época terrible para ser un hombre cuadripléjico, no solamente
por la falta de tratamientos médicos, sino porque todo lo
que implicaba. Entonces, como les digo, imaginemos
un segundo, un mundo en el que no existen sillas de ruedas,
camas especiales o para entretenimiento algún televisor. o tecnología
que pudiera darle a este hombre algún tipo de comodidad o algún
tipo de rol en la sociedad. Hoy tenemos personas en ese estado
que pueden ser maestros, que pueden usar la computadora, pueden
trabajar, pueden tener alguna función. Antes no. sino que probablemente había
muchos de estos días en que amanecía y se metía el sol y este hombre
se mantuvo en la misma posición, siempre en total dependencia
de otros. Noten de nuevo, se ocupaban cuatro
personas para moverlo de un lugar a otro. Era una condición terrible. Y me recuerdo esto a un caso
que sucedió en 1998. Una persona en la misma condición,
Ramón San Pedro, tomó la decisión de acabar con su vida y con la
complicidad de sus amigos, grabó un video de despedida al lado
de un vaso que contenía agua con cianuro mezclado y un popote.
Y después de dar las razones por las que estaba tomando esa
decisión, la mayoría de ellas relacionadas con su falta de
deseo de vivir a causa de su condición, tomó el agua para
después morir en unos cuantos minutos. Y con esto no quiero
hablar en favor de la eutanasia. De hecho, estoy en contra. Pero
es para que podamos entender el tipo de desesperación que
se puede llegar a vivir estando en una condición así. Pero volviendo
a nuestro texto, esta persona cuadriplégica se entera que Jesús
está en el pueblo. Hasta ese momento, Jesús, si
lo vemos de manera cronológica, ya había sanado a muchos en Galilea,
Marcos 1. Había sanado a varios leprosos,
Lucas 5. Había sanado al siervo del centurión,
a la suegra de Pedro, Marcos 8. Por eso era famoso. El saber
que Jesús estaba cerca de él, debió suponer una luz de esperanza
para él. Tanto así, que aún con lo complicado
que era su transporte, tuvo el valor de pedirle a cuatro amigos
que lo llevaran hasta donde estaba Jesús. O no sabemos también,
a ciencia cierta, si fue iniciativa de sus amigos. Pero de que quería
ir él, ahí están las pruebas. Y entonces se dieron a la tarea
de llevarlo. Estos eran buenos amigos, por
lo que entiendo. Y abro aquí un paréntesis para
los jóvenes. Quiero usar esto de manera ilustrativa.
Un amigo o pareja sentimental que algún día puedas llegar a
tener, que realmente valga la pena, te acercará a Cristo. No te alejará de Él. Su presencia
en tu vida significará un soporte espiritual. porque esos son los
verdaderos amigos en Cristo. Cerrando paréntesis, y entonces
estos hombres vienen por el camino y llegan a la casa y, oh decepción,
se topan con una multitud afuera de la casa, donde el acceso es
prácticamente imposible. Entonces ellos, en lugar de rendirse,
toman la determinación de subir al techo cargando a su amigo.
Yo me pregunté, ¿Cómo pueden subir al techo con una persona
así? Y estaba escuchando un análisis
de Artsy Sproul de este pasaje. Dice que las escaleras exteriores,
perdón, que las casas tenían escaleras exteriores para subir
al techo. Entonces, eran angostas, supuso
un gran esfuerzo, pero subieron a su amigo. Dice el versículo
19 de Lucas 5 con elementos de Marcos, dice, pero no hallando
cómo hacerlo a causa de la multitud, subieron encima de la casa, descubrieron
el techo donde estaba y haciendo una abertura le bajaron con el
lecho, poniéndole en medio delante de Jesús. Imaginen por un segundo
la escena. Es notorio, al menos para mí,
¿Cómo estas personas de las que hablamos, que buscaban a Cristo,
lo hacían rompiendo todos los esquemas, saltándose todos los
protocolos de etiqueta? ¿Y cómo mostraban una determinación
infranqueable para venir a Cristo? Es como si nada los pudiera detener
para llegar hasta donde Cristo estaba. Como si fueran invencibles,
como si no hubiera obstáculos que pudieran a ellos frenarlos
en su misión de llegar hasta Cristo. Este hombre venía literalmente
siendo cargado por cuatro personas, pasa por en medio de una multitud,
sube un techo y finalmente baja a través de ese techo, asistido
por sus amigos, hasta donde estaba Jesús hablando. Bajó específicamente
delante de él. pudiendo desistir antes de cada
uno de esos pasos. No, es que, híjole, pues hay
mucha gente. Otro día lo buscamos. No, pues
es que el techo, no, no es peligroso. Abrir el techo, no. Tomó la determinación
de continuar. No desistió. Era como si una
fuerza lo llevara. ¿Qué hacía que estas personas
que buscaban a Jesús lo hicieran con tal empeño? ¿Qué les daba
la fuerza para no rendirse, para no claudicar en su búsqueda de
Jesús? La respuesta es que Dios el Padre
los llevaba de la mano. Juan 6, 44 dice, Ninguno puede
venir a mí si el Padre que me envió no le trajere. Pensemoslo
de esta manera. ¿Puede haber alguna ocasión en
la que Jesús se proponga llevar a un pecador hacia los pies de
su hijo y que fracase en el intento. Es decir, que planee mal la estrategia,
que se equivoque en las formas y que fracase. No, hermanos. No. Esa determinación inquebrantable
de esos hombres y mujeres que venían a Cristo era el mismo
Dios llevándolos a él. Era un llamamiento eficaz. Por
eso, podemos tomar la situación de este paralítico como una analogía
hacia nosotros mismos. Incluso cuando tú no puedas venir
a él, cuando no tengas los medios, cuando no puedas caminar en su
dirección, él te hará venir. Incluso cuando estés espiritualmente
muerto, oirá su voz. Por eso la palabra en este y
en otros casos dice que Jesús vio la fe. Jesús vio que era
el padre, la fe que el padre había implantado en ellos para
traerlos hacia él. ¿De dónde viene la fe? De Dios. Nosotros generamos la fe, es
decir, nosotros la ejercitamos filosofando, yéndonos a un retiro, No. Dice Efesios 2 8 en la traducción
de las Américas dice porque por gracias soy salvos por medio
de la fe. Sí, ok. Pero dice que y esto no es obra
tuya. Esto no es algo que se genere
en ti, que tenga su génesis en ti. Esto no es algo que tú desarrolles. Dice es don de Dios. Es Dios quien determina, planifica,
comienza, desarrolla y culmina todo el proceso de salvación.
Este hombre cuadriplégico nos representa a todos, sin la capacidad
de ir a él, espiritualmente inválidos para buscarlo. Pero en nuestra
invalidez, Él nos manda a traer y el proceso no termina hasta
que estamos cara a cara frente a Él. Pero la historia no queda
acá. con este hombre que vence cada
obstáculo para llegar a Jesús, lo que nos lleva a nuestro punto
dos, la necesidad de cada hombre. Entonces, Este hombre, que no
podía mover ni un dedo de su cuerpo, termina con la ayuda
de sus amigos, poniéndose frente a Jesús. Y encontré unas referencias
relacionadas a la ingeniería, si es que se le puede llamar
así, o a la arquitectura también, de las casas de aquellos tiempos. Y dice que las casas en ese entonces
eran de palma con traves de madera y recubiertos con barro apisonado. Por lo que me puedo imaginar
que mientras Jesús está hablando, de repente comienza a caer polvo,
tierra, pedazos de palma. Yo creo que un favor adicional
que estos amigos tuvieron que hacer a este hombre es reconstruir
el techo que dañaron, porque no era un orificio cualquiera,
pues debía de caber una camilla completa a través de él. Y en
algún momento, me imagino que vieron que se hacía una abertura
en el techo, con cuatro hombres mirando hacia abajo, y las personas
de abajo, evidentemente, mirando hacia esos cuatro hombres, que
acto seguido, comienzan a bajar una camilla improvisada, sostenida
por cuerdas, y en la camilla este hombre cuadripléjico. Dice
la palabra, y haciendo una abertura le bajaron con el techo, poniéndole
en medio delante de Jesús. Finalmente estaba cara a cara
con Jesús. Y todos estaban a la expectativa
de qué era lo que Jesús iba a ver. Otra vez vamos a ver algo impactante. Esperaban que sanase a ese enfermo,
pero contrario a lo que ellos esperaban. Y para sorpresa de
todos, Jesús le dijo, Ten ánimo, tus pecados te son perdonados. Dice versículo 20, al ver la
fe de ellos, le dijo, ten ánimo, hijo, tus pecados te son perdonados. Y podría uno preguntarse, a ver,
¿que no era más que obvio que este hombre venía a ser sanado
por Jesús? Digo, no resultaba evidente que
este hombre lo que deseaba era volver a caminar, que eso era
su motivación de llegar a Jesús. Y sin embargo, Jesús le dice
que sus pecados le son perdonados, dejándolo en la misma condición
en la que había llegado. Y no solo eso, sino que además,
Le dice que debe tener ánimo por lo que ha pasado, que debe
estar muy contento, muy feliz por lo que ha pasado, por lo
que ha sucedido. Y a lo mejor nosotros, con nuestra
lógica, podríamos decirle al Señor, Jesús, es que no entendiste
la situación. Lo que a este hombre le daría
verdadero ánimo es volver a caminar. Lo que este hombre quiere es
que obres uno de tus milagros donde él se recupera, él recupera
su salud y termina con ese martirio. De hecho, pensaba que hoy muchos
de estos pastores modernos, milagreros, podían hacerle ver a Jesús su
error, entre comillas, ¿verdad? Es decir, al dejar la oportunidad
de grabar ese evento donde lo sana y tiene millones de visualizaciones,
equivocaste, Señor. Pero realmente Jesús no entendía
la situación. Es decir, ¿no sabía que venía
este hombre, Jesús? ¿No entendía cuáles eran sus
deseos más profundos? Por supuesto que los entendía,
por supuesto que sabía que venía ese hombre. Pero Jesús comienza
atendiendo la necesidad más grande de este hombre, el más grave
de todos los problemas que podía tener su necesidad más imperante,
su condición de pecado. Recordemos que lo que tenían
en común muchas de estas personas que buscaban a Jesús entre las
multitudes era que eran despreciados, que sufrían el rechazo de la
comunidad porque eran pecadores, porque eran inmundos. Sin embargo,
este hombre tendido en una cama no tenía esas condiciones. Ciertamente
había personas que pensaban en ese entonces que si los padres
pecaban, entonces enfermedades caían sobre los hijos, o si una
persona había pecado, bueno, le venía alguna enfermedad. Pero
este hombre no sufría el rechazo de la sociedad, más aún, si ni
siquiera podía levantarse a hacer algo malo. No podía robarse algo,
no podía matar, no podía hacer ningún pecado que implicara moverse. Y sin embargo, la palabra nos
hace ver que aún en esa condición, este hombre era pecador. En 1985,
John Dominic Bowie un hombre que sufrió síndrome
de cautiverio. El síndrome de cautiverio es
una condición en donde tu cerebro funciona perfectamente, pero
tu cuerpo no se puede mover. Entonces, él estaba totalmente
paralizado. No se podía mover, comer, hablar,
ni respirar sin asistencia. Aún en esa condición, Este hombre
escribió un libro titulado La Escafandra y la Mariposa, y lo
hizo utilizando su párpado izquierdo, que era la única parte de su
cuerpo que podía mover. Entonces, idearon un lenguaje
en donde él se comunicaba con su terapeuta y le iba dictando
letra por letra, después formaba las palabras y las palabras formaban
enunciados, los enunciados formaban párrafos, y así Un trabajo arduo
hasta que terminó el libro de La Escafandra y la Mariposa.
Y en este libro, este hombre francés relataba cómo se sentía
ser prisionero de su propio cuerpo, expresaba sus pensamientos, la
forma en cómo llevaba el día a día. Recuerdo que dice que
no le gustaban los domingos porque era donde no trabajaban los terapeutas
y él estaba solo todo el día. Pero entre todas esas cosas,
una de las cosas o asuntos que llamaba la atención era que él
escribía, él confesaba que deseaba e imaginaba que tenía relaciones
adúlteras con sus terapeutas y que deseaba emborracharse,
entre otras cosas. Este hombre, aunque solamente
podía mover un párpado, podía pecar y pecaba. Porque el pecado
no es un asunto que dependa de nuestras capacidades físicas
para hacerlo, de nuestras capacidades motrices. Es un asunto del corazón. Externamos el pecado que ya está
en nosotros. Muchas veces lo que se gesta
dentro de nosotros es la acción. de llevar un pecado al mundo
material. Pero ese pecado ya estaba ahí.
Solamente no habíamos tenido la oportunidad de externarlo. Por eso es que Jesús le da a
este hombre cuadripléjico lo que su alma eterna necesitaba,
el perdón de los pecados. Porque pongámoslo al revés, invirtamos
por un momento las cosas, ¿De qué le serviría a este hombre
ser sanado? Es decir, ¿sabes qué? Sí, levántate
y sal corriendo, y es más, te voy a dar unas piernas de maratonista,
como los que andan corriendo aquí en las madrugadas, ¿no?,
en la ciudad. Tú vas a ser así. Vas a ser capaz de correr los
cuarenta y tantos kilómetros. para después morir sano, en un
buen estado físico para su edad, pero con su alma condenada eternamente. Al estar frente al tribunal de
Dios, ese hombre iba a querer regresar el tiempo para que Jesús
invirtiera las cosas, que lo dejara cuadripléjico el resto
de su vida, pero que perdonara sus pecados, por favor. Hermanos,
cuando Jesús le dice a este hombre que tiene todos los motivos del
mundo para tener ánimo, no estaba mintiendo. Es porque el milagro
más grande ya había ocurrido. Sus pecados habían sido perdonados
y en los próximos días esos pecados serían cargados a la cuenta de
este que lo estaba perdonando. y siendo muy catastrofista, no
importa cuál sea tu condición. No importa qué vida tan difícil
te ha tocado vivir, cuán frustrados hayan sido todos tus anhelos.
Si has confiado en Jesús como tu Salvador, con una fe genuina,
Él te dice, ten ánimo, tus pecados te son perdonados. El juicio
divino en tu contra ha sido cancelado. Tu destino ha sido resuelto para
bien. no fueron palabras vacías para
esta persona, porque tiempo después, ese mismo que lo estaba perdonando
se encargaría de hacer válida la promesa al morir por él en
la cruz. Fíjense, dice Salmos 84.10, que
aquí lo hemos visto mucho últimamente, porque mejor es un día en tus
atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta
de la casa de mi Dios que habitar en las moradas de maldad. Da
a entender la palabra que un día, uno, en la casa de Dios
es mucho mejor que el conjunto de mil de los mejores días que
un hombre pudiera pasar en su vida terrenal. Así de maravilloso
es estar en la presencia de Dios. Y Jesús le estaba garantizando
a este hombre que no solo un día iba a pasar en sus atrios,
sino una eternidad. Finalmente, hemos llegado al
punto número tres. La voluntad y la soberanía de
Dios. Y por supuesto, como cada vez
que Jesús perdonaba los pecados o hacía algún milagro, llegaban
las críticas de los escribas y los fariseos. Versículo 21
dice, Entonces algunos de los escribas y fariseos comenzaron
a cavilar en sus corazones, diciendo, ¿Quién es este que habla blasfemias?
¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? Ellos estaban
en lo correcto, porque sólo Dios puede perdonar los pecados, porque
los pecados se cometen inicialmente en contra de Él. Aunque se hayan
hecho en contra de otra persona, van inicialmente en contra de
Él, porque Él es quien ha decretado la ley, y es su ley la que se
incumple en primera instancia. Versículo 22 dice, Jesús entonces,
conociendo en su espíritu los pensamientos de ellos, respondiendo
les dijo, ¿Qué cabiláis en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil
decir al paralítico? ¿Tus pecados te son perdonados?
¿O levántate, toma tu lecho y vete a tu casa? Jesús hace una pregunta
hasta cierto punto muy lógica. A fin de cuentas, ¿cómo podían
saber estos hombres si los pecados del paralítico realmente habían
sido perdonados? Cualquiera de ellos puede haber
dicho lo mismo y no había evidencia que lo demostrara. No había evidencia visual, pero
decirle a este hombre que llegó en camilla, levántate, toma tu
lecho, y vete a tu casa, eso realmente representaría una evidencia
para que ellos vieran que Jesús era quien él decía. Entonces,
imagínense, me imagino que muchos hemos visto cuál es la condición
física de un hombre cuadripléjico, ¿no? ¿Cómo son sus brazos? Sus
brazos no tienen músculos, casi no tienen carne, porque no los
usa. O sea, están atrofiados, entonces
tienen una atrofia muscular. Casi podemos ver sus huesos,
sus codos, sus rodillas. Se ven muy grandes en apariencia,
pero es porque no hay carne. Las conexiones nerviosas están
totalmente deterioradas, no se usan. Entonces, decirle a un
hombre, levántate, a diferencia de lo
que se ve hoy, que muchas veces Somos o somos testigos, entre
comillas, de milagros de los que no podemos ver su evidencia.
Usted ha sido sanado de la diabetes, su cáncer ha desaparecido. Esto
era evidencia. Esto era evidencia. Entonces
dice muy bien. Quieren evidencia. Pues para que sepáis que el Hijo
del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados,
dijo al paralítico, a ti te digo, levántate, toma tu lecho y vete
a tu casa. Dice que al instante, levantándose
en presencia de ellos y tomando el lecho en el que estaba acostado,
se fue a su casa glorificando a Dios. Y todos, maravillados
y sobrecogidos de asombro, glorificaban a Dios y llenos de temor decían,
Nunca hemos visto tal cosa. Hoy hemos visto maravillas. sin una sanación gradual, sin
terapias, de pronto la atrofia muscular de este hombre desaparece,
sus fibras musculares se multiplican, sus tendones se conectan, sus
conexiones nerviosas se restauran y su cerebro, que posiblemente
antes no lo había hecho, se reconfigura para dar las señales correctas
para que este hombre mueva todas sus extremidades como si lo hubiera
hecho ayer. y es que hermanos ustedes no
saben la complejidad biológica que se requiere para mover un
dedo de la mano y Jesús simplemente da la orden
y paradójicamente la parte que parecía difícil o que decían
que era difícil es decir hacer moverse a este hombre era la
parte fácil Y la parte aparentemente fácil decir que sus pecados eran
perdonados era la parte difícil. Al cuerpo de este hombre paralítico,
Jesús solamente tenía que ordenarle que funcionara de la manera adecuada. Sólo se necesitaba que Dios lo
decretara. Pero para el perdón de los pecados,
la cosa no funciona así. Para perdonar los pecados, la
justicia de Dios no admite decretos. No en el sentido de que acepta
que se eliminen como si nada hubiese pasado, porque no hubo
una retribución. Y eso no representa una justicia
perfecta. Por eso en el texto que leíamos
dice que las cosas viejas pasaron, y aquí todas son hechas nuevas,
pero no pasaron nomás así. Cristo se quedó con las cosas
viejas. Él las llevó en la cruz. Por
eso termina diciendo ese texto que leímos que al que no conoció
pecado por nosotros, lo hizo pecado. Para perdonar no se ocupó
de un decreto, se ocupó todo de Dios. Que el Hijo se hiciera
como uno de nosotros, que viviera una vida perfecta, y después
de haberla vivido, darnos la cambio, mientras Él recibía lo
que nos correspondía, y después de morir, resucitar al tercer
día. Requirió también del Padre, eligiéndonos
y dándonos su providencia, castigando el pecado en el Hijo, requirió
también del Espíritu Santo, santificándonos y siendo testador. Todo Dios
se involucró en la salvación de nosotros. Lo que Jesús demostró
al sanar a este hombre es que él era quien decía ser, que frente
a ellos estaba el único con la autoridad de perdonar los pecados
y que las cosas pasan según su voluntad en el marco de su soberanía. El cuerpo de este hombre no podía
simplemente desobedecer la voz de Dios. La voz de Jesús es lo
mismo. Esa fue la voluntad de Dios.
Si Jesús hubiese dejado a ese hombre en el estado en el que
llegó, hermanos, el perdón de sus pecados seguía siendo el
más grande milagro que Jesús podía regalarle, la más grande
dádiva que Jesús podía darle, porque ese regalo implicaba la
vida misma de Cristo. Y su voluntad en ese momento
fue que ese hombre recibiera ambas cosas. que ese hombre saliera
de ese lugar justificado y además caminando. Pero entre esas multitudes
y entre sus mismos discípulos que lo seguían, hubo personas
que también creyeron en Jesús, también recibieron el perdón
de sus pecados, pero que contrario a lo que sucedió con este hombre
que recibió un milagro tras otro, a ellos el ser perdonados El
seguir y ser leales, ¿a quién los perdonó? Les terminó costando
persecución, les terminó costando la vida. Sin embargo, todos esos
hombres que fueron perdonados y que están en la presencia de
Dios saben hoy que hayan sufrido en vida o no, hayan sido perseguidos
o no, que hayan padecido enfermedades o no, o cualquier cosa por la
que hayan atravesado, su Dios al final les dio lo que su alma
necesitaba, vida en Cristo, mientras que el resto de lo que sucedió
en su vida fue por voluntad y soberanía de Dios. Al final, para este
hombre una bendición haber podido caminar los últimos años antes
de su muerte. Y no tengo en absoluto el ánimo
de menospreciar lo que el Señor hace en su perfecta voluntad,
pero ese milagro de caminar palidece y palidecerá en la eternidad
al ser comparado con el perdón de los pecados. Y yo no sé cuál
sea tu situación, pero si conoces a Cristo, si Él es tu Salvador,
ya tienes todo lo que necesitas para la eternidad. El resto,
el resto son añadiduras. Y si no lo conoces, sigue en
ti esa necesidad imperante. Y hoy está el Maestro frente
a ti, diciéndote que puede perdonarte los pecados. Ven a Él en arrepentimiento
y fe. Oremos, hermanos. Señor, te damos
muchas gracias porque Tú, con Tu sacrificio en la cruz, has
atendido, has resuelto el más importante de nuestros problemas. Has resuelto nuestra más grande
necesidad, Señor. Ayúdanos, Señor, a permanecer
leales a Ti. Ayuda a aquellos, Señor, que
todavía están dudando a venir a Ti, que vengan hasta Ti y que
Tú puedas decirle Bienaventurado, tus pecados son perdonados. Ten ánimo. Te pedimos, Señor,
por el resto del día y por la predicación de la tarde también,
en el nombre de tu Hijo Cristo. Amén. La bendición final, hermanos,
es de Número 6, 24 al 26. Jehová te bendiga y te guarde. Jehová haga resplandecer su rostro
sobre ti y tenga de ti misericordia. Jehová alce sobre ti su rostro
y ponga en ti paz. Estamos despedidos. Estimados
hermanos, nuestra congregación transmite los cultos en vivo
para aquellos que por enfermedad o edad les es imposible asistir
a la iglesia. El Señor instituyó la iglesia
como el lugar donde Él quiere que juntos unánimes la adoremos.
Él también ha establecido la comunión entre hermanos como
un medio de gracia. Estas transmisiones no deben
tomar el lugar de su iglesia local. Entendemos que hay hermanos
que no tienen donde asistir, no tienen quien les predique.
Les invitamos a ver estas transmisiones, pero siempre orando al Señor
de la Mies que envíe obreros y establezca iglesias bíblicas
donde puedan congregarse. Confiamos que el Señor edificará
su iglesia.
Una necesidad de vida o muerte
En un mundo lleno de problemas y necesidades, solo una tiene trascendencia eterna: nuestra necesidad de salvación.
| Sermon ID | 1129232021462487 |
| Duration | 41:54 |
| Date | |
| Category | Sunday - PM |
| Bible Text | Luke 5:17-26 |
| Language | Spanish |
© Copyright
2026 SermonAudio.