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Carta de Pablo a los Colosenses, capítulo 3, versículo 9. Vamos a leer del 9 hasta el 11. Y os habéis vestido del nuevo
hombre, el cual se va renovando hacia un verdadero conocimiento,
conforme a la imagen de Aquel que lo creó. Una renovación en la cual no
hay distinción entre griego y judío, circunciso e incircunciso, bárbaro,
escita, esclavo o libre, sino que Cristo es todo y en todos. Entonces, como escogidos de Dios,
santos y amados, revestidos de tierna compasión, bondad, humildad,
mansedumbre y paciencia, soportándoos unos a otros y perdonándoos unos
a otros, si alguno tiene queja contra otro, como Cristo os perdonó,
así también hacedlo vosotros. Amén. Hermanos, vamos a orar. El Señor nos ayude a entender
su palabra. Padre nuestro, bendícenos, susténtanos y fortalécenos. Danos
un mismo sentir y parecer. Danos una misma mente, la mente
de Cristo, para amarnos, para cuidarnos, para renovarnos en
amor, en la fe del Hijo de Dios. Por Cristo te lo imploramos.
Amén. Hermanos, nosotros Estamos concluyendo
el llamado que Dios nos hace a ejercitarnos en los fundamentos.
Y como hemos visto aquí, la iglesia no puede estar dividida. La iglesia
debe tener una misma mente. Por eso tú necesitas renovarte
en los fundamentos. Tú necesitas volver, recuperar
tu amor por la Palabra de Dios. Tú tienes que amar la Palabra
de Dios. Todos los hijos de Dios deben tener esta misma mente,
amar la Palabra de Dios. Ella me dio vida, ella me va
a dar crecimiento y fortaleza. Pero también hemos visto que
Dios nos manda para poder tener esta mente de Cristo donde no
hay distinción, no que yo soy griego, No, yo soy judío. No,
yo soy hondureño. No, yo soy dominicano. Yo soy
americano. No, no hay distinción. Todos
tienen que amar la palabra de Dios. No hay diferencia. Todos tienen que vivir para la
gloria de Dios. El fundamento, la base, la pone
Cristo en la vida de todo el que cree. No puede haber diferencia. Hay una unidad de mente y corazón
en el cuerpo de Cristo. Todos tenemos que vivir para
glorificar a Dios, para que Dios sea conocido en el mundo entero.
Todos tenemos que vivir obedeciendo a Dios y su palabra. No importa
dónde tú te estés congregando, tú tienes que tener la mente
de Cristo. Y cada creyente debe tener esa unidad en la que la
obediencia a la palabra es básica y necesaria. Todos tenemos que
recuperar un amor por Jesucristo, volver y crecer al amor en Cristo
Jesús. Cada creyente tiene que amar
a Cristo con toda su alma, mente y corazón, obedecer a Cristo. Cada creyente tiene que orar
Todo creyente debe de orar. Eso no puede ser que en el pueblo
de Dios alguien diga, no, pues yo tengo como tres días que no
oro. Tú estás enfermo. Hay que llevarte rápido al médico.
Hay que llevarte a Cristo. Tú tienes que arrepentirte. Tú
sabes las veces que en un solo día tú pecas y tú tienes tres
días sin tú orar. Tú no te has arrepentido de tus
pecados. Tú andas mal. Tú estás más frío
que un hielo, que el hielo. Queridos hermanos, la oración
es parte del respirar. La oración son como los pulmones.
Esa oración, si el hombre no tiene pulmones, se muere. Por
eso es que el COVID tan peligroso. Si te llena los pulmones de esa
secreción, de esa... Si llena los pulmones y ya tú
te mueres, no se puede hacer nada. Yo no he visto, y si lo
hay, en cuanto al COVID, eso no se ve ni que trasplante de
pulmones. La gente se muere. Si los pulmones dejaron de funcionar,
no hay más nada que hacer. Si tú dejas de orar, por ti no
hay nada que hacer, mi hermano. Es más primo, porque ya tú no
eres hermano. Porque la oración es parte de la respiración, de
lo que es la vida del creyente. Tú tienes que llenarte de la
esperanza del Evangelio. Tú no puedes estar como los hombres
de este mundo, con la esperanza de ellos. Mi esperanza que llega
el día 30 para yo cobrar. Mi esperanza es yo hacer este
negocio. Mi esperanza es la felicidad que me dan mis hijos. Mi esperanza
es... No, mi amigo, tu esperanza vence al mundo. Tu esperanza
está por encima de lo que la gente dice, de lo que la Biblia
enseña. Fuimos salvados en esperanza. Pero hermanos, yo quiero que
ahora repasemos los últimos cuatro elementos que vimos, los últimos
cuatro que vimos. Porque en eso hemos estado, hemos
estado viendo la enseñanza, hemos estado repasando la enseñanza
y ahora vamos a repasar nuevamente los últimos cuatro elementos
de esos fundamentos. Yo acabo, ahorita mismo acabo
de mencionar seis, me faltan cuatro que los voy a tratar ahora. Tú y yo tenemos que tener un
mismo sentir y un mismo corazón como Cristo. como escogidos de
Dios. Eso se va a lograr cuando tú
confieses tus pecados. En el Salmo 51, versículo 1 al
5, encontramos a David confesando sus pecados. Todo hombre y mujer
debe de ir a Dios y arrepentirse de sus pecados. Usted no puede
andar en esta vida acumulando en un saco sus maldades e impiedades,
porque un solo pecado, sacó a Adán y Eva del Edén, un solo pecado
condenó a toda la raza humana, un solo pecado. Y todos los descendientes
de Adán somos pecadores, todos. Por lo tanto, el hombre, la mujer
de Dios que se arrepintió de sus pecados, pero que en alguna
situación particular en su vida se aira y dice algo que no debió
haber dicho, pecó contra su hermano, tiene que arrepentirse, tiene
que pedir perdón. Aquí encontramos a un siervo
de Dios diciendo en el Salmo 51, versículo 1, ten piedad de
mí, oh Dios, conforme a tu misericordia, conforme a lo inmenso de tu compasión,
borra mis transgresiones, lávame por completo de mi maldad, límpiame
en mi pecado. Él está diciendo méteme en la
pila, Señor, en la pila de la sangre de Cristo y lávame, quítame
esta mancha del pecado. Las hermanas que están comúnmente
usando la pila o la lavadora, Hay ropa que se mancha de tal
manera que hay que usar productos, leche o cosas así para quitar
la mancha. Queridos hermanos, la pila que
Dios tiene para quitar el pecado es Cristo. Usted tiene que ir
a Cristo, no se quede con sus pecados ahí tragando sus pecados
y guardándolos en el corazón. Esos pecados los van a amargar,
los van a destruir, los van a matar. El odio, el rencor, eso destruye
el egoísmo, la idolatría. Todos esos pecados destruyen
el alma desde adentro hacia afuera, porque también salen por la boca
y destruimos los demás. ¿Qué tenemos que hacer, amados
hermanos? Arrepentirnos. Tenemos que apartarnos de nuestros
pecados, llevarlos a la pila, donde Dios limpia el pecado,
a la cruz de Cristo. Toda nuestra culpabilidad, toda
nuestra corrupción. Cristo, mira, yo pequé. Señor,
Padre, yo pequé. Perdóname. Yo le hablé mal a
mi mamá. Perdóname, Señor. Pequé contra
ti. Mami, perdóname. Te ofendí. Es la manera en cómo Dios manda
que tratemos el pecado. El mal de la humanidad proviene
todo de esa sola fuente, el pecado. Toda la desgracia que el mundo
tiene y la gente se pregunta, ¿por qué hay tanta maldad? Yo
a veces me río y le digo, pues, ¿será que el mundo está lleno
de caballos? ¿Será que está lleno de palos? Porque él no se pregunta,
¿por qué no se pregunta? ¿Por qué los hombres somos tan
malos? Hazte esa pregunta, vela, incluyete. Pero no. El mundo
está lleno de maldad. Como que llegó de la lluvia o
del río o de los árboles. No, no de ahí que llegó la maldad.
Es del corazón del hombre. La pregunta correcta es ¿por
qué yo soy tan malo? ¿Por qué tú eres tan malo? ¿Por
qué tú no te arrepientes? Las desgracias en nuestra familia
es por el pecado, hermanos. Es por el pecado de nuestros
hijos, por el pecado nuestro, por el pecado de nuestros familiares,
compañeros, amigos, el pecado. La descomposición social es el
fruto de que no se ha parado el pecado. Las autoridades no
están ejerciendo su deber y dejan que los pecadores hagan lo que
les dé la gana. Eso es lo que pasa. Que los padres
no cumplen con su deber. Dejan que los hijos hagan lo
que les da la gana. Que los propios padres y madres
no cumplen con su deber. Y ellos mismos no se someten
a Dios y su palabra. El pecado. El pecado y la desobediencia
a la palabra de Dios. ¿Qué tú necesitas conocer para
tú confesar tu pecado? Tú necesitas conocer más a Dios.
Tú necesitas entender que Dios es santo, que Dios es justo,
que Dios no tiene compasión del que peca. Él tiene compasión
del que se arrepiente. Él perdona el que se arrepiente.
Por lo tanto, amado hermano, no crea que tu pecado no es nada.
Arrepiéntete. Por lo tanto, no creas que los
pecados de tus hijos no son nada. amonéstalos y llámalo arrepentimiento,
porque si nosotros no tratamos con el pecado como Dios demanda,
Dios va a tratar conmigo y con todo el que ha pecado como Él
demanda. Por eso, nosotros tenemos que
ir delante de Dios, de un Dios compasivo, un Dios misericordioso,
que tiene misericordia del pecador cuando se arrepienta. pero que
envía su juicio sobre todo pecador, que no se arrepiente. Tenga pendiente
eso. Dios nos está viendo. Dios está
en todo lugar. Toma pendiente eso. Tú has desobedecido,
tú has mentido delante de Dios, en su misma cara. En su misma cara. Pero también
tú tienes que entender que Dios demanda al hombre que se aparte
y se arrepiente de su pecado. Yo creo, amados hermanos, que
vamos en segundo lugar. Otro fundamento que nosotros vimos
y que estamos repasando es el fundamento de ser llenos del
Espíritu Santo, como dice Efesios 5, 18. Efesios, Efesios, Vamos a buscar nuestras Biblias. 5.18. Y no os embriagueis con vino,
en lo cual hay disolución, sino sed llenos del Espíritu. Observen
que tú puedes ser lleno de algo vano y hueco. Tú te puedes llenar
y tener alegría por algo hueco y muerto. Puedes tener alegría
y gozo por el Espíritu Santo. Es lo que uno dice en Efesios
5, 18. La felicidad del hombre no está en las cosas que tiene.
No está en el esfuerzo personal. No está en sus afanes. Dejar... El hombre debe de... El hombre debe de dejar de buscar
la felicidad como el fin de su vida. No, amado hermano, tú lo
que tienes que estar lleno de Dios, buscar a Dios y Él va a
traer a tu vida felicidad y gozo. El buscar a Dios, el creer en
Cristo es lo que va a producir Dios, va a producir en mí felicidad. Canten la idea. No es detrás
de la felicidad. Yo me voy todos los fines de
semana a una playa porque yo busco mi felicidad, mi placer. Esa persona está buscando la
felicidad a través del placer. Yo me voy todos los fines de
semana con mis amigos porque a través de mis amigos yo obtengo
la felicidad. Yo me voy los fines de semana
a beber. Yo me pierdo los fines de semana
porque los fines de semana son míos. La gente busca la felicidad
en los lugares inadecuados, incorrectos. Yo busco la felicidad en mi trabajo
porque es lo que me da cuarto, yo necesito dinero. ¿Ven la idea? ¿Dónde está la felicidad? Para
esa persona. Pero cuando no hay dinero, cuando
no importa que tú trabajes, trabajes, trabajes y no llega la felicidad,
¿qué pasa? Somos infelices porque estamos
buscando en el lugar que no corresponde, en el lugar que no es. Sed llenos
del Espíritu. sed llenos de Dios, vivan continuamente
deseando todo lo que Dios quiere, aborreciendo lo que Dios aborrece,
entrégate a su dirección, obedécelo continuamente y que vas a tener
gozo, paz, deleite, placer, lo que produce el Espíritu Santo
en la vida del que le tiene a él. No sé si pueden ver eso, Usted
puede estar, mire, el día entero en una piscina, acotado en una
piscina, bañándose en una piscina el día entero. Eso no le va a
dar felicidad, ni gozo le va a dar. Ahora, qué bonito, qué
bueno que todos los hermanos juntos estamos allí gozándonos. Tú dices, wow, Dios ha bendecido
nuestras almas porque hemos obedecido, hemos buscado la comunión con
los hermanos y ha producido gozo. La obediencia a Dios, el buscar
a Dios, el encontrar en Dios nuestro gozo, nuestro tesoro,
es lo que va a producir una felicidad que no va a morir, no perece.
Continúa, abunda más y más. Cuando entregamos todo nuestro
ser a su dirección y obedecemos su palabra, ¿Qué va a haber? Lo que dice Efesios 5, 19. Hablando
entre vosotros con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando
y alabando con vuestro corazón al Señor. Obedece al Señor y
habrá cánticos de alabanza en tu corazón. Efesios 5.33, la
mujer va a hallar en su esposo un hombre que la protege, que
la cuida, porque ella cumple con su deber, ella respeta a
su marido, cuida de su marido. El hombre va a encontrar gozo
y deleite en su hogar, en su casa, porque él ama a su mujer,
como Cristo amó a la iglesia. Cuando ambos, la mujer y el hombre,
están cumpliendo con su parte, la mujer respetando a su marido
y cuidando a su marido, y el hombre amándola y velando por
ella, hay felicidad. Hay felicidad. La felicidad está
en buscar del Señor y la obediencia a lo que Él demanda en su Palabra.
Págame eso. Ahí es que está la felicidad,
amados hermanos. La felicidad no hay que perseguirla. ella
es el producto de conocer a Dios, de amar a Dios, de buscar a Dios
y de obedecer a Dios. Entonces, no es en busca de la
felicidad, es en busca del Dios misericordioso que trae paz,
perdón, salvación y felicidad y un gozo que sobrepasa el entendimiento. Y en tercer lugar, debes, amados
hermanos, para fortalecer tu fe, crecer como todo creyente,
todos debemos de crecer, ¿en qué tenemos que estar ocupados?
Dice aquí, predicando a los perdidos, 2 Corintios 4, 5. Otro fundamento para crecer.
Usted quiere ser un hombre gozoso, una mujer gozosa. No, no solamente
con las salidas, también está en predicar el Evangelio. Cuando
usted le predica un inconverso y ese inconverso se arrepiente,
usted trabaja con los jovencitos de su iglesia, con los ancianos
de su iglesia y usted como esa gente persevera y se arrepiente
y se bautiza, usted dice, wow, Dios me usó, Dios usó mi vida,
mi debilidad. para guiar un hombre, una mujer
a Cristo. Dice 2 Corintios 4, 5. Porque no nos predicamos a
nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor y a nosotros
como siervos vuestros por amor de Jesús. Dios nos llama a comunicar
las buenas nuevas. ¿Y cuáles son las buenas noticias? ¿De qué tenemos que hablar? De
las leyes. de los sacrificios de animales.
No, mira lo que Pablo dice aquí. No nos predicamos a nosotros,
sino a Cristo. Yo predico a Cristo. Yo hablo
a gente de Cristo. No, porque explícame de dónde
vino la mamá, los hijos de Eva. ¿Quién fue la mamá de Eva? Amado
hermano, amigo que me esté escuchando, que me viene. Aquí lo importante
es Cristo. Arrepiéntase. Crea en Cristo.
No ponga su mente a pensar tonteras. He visto a los niños que están
a veces jugando en el aire y pensando lejos. Algunos adultos se ponen así,
a pensar tonteras. Yo tengo una pregunta y de ahí
depende todo. ¿Quién fue primero, la gallina
o el huevo? Gran pregunta. Pensando tonteras,
Piensa en esto mejor. Si te mueres sin Cristo, ¿a dónde
vas a ir? ¿Al cielo o al infierno? Piensa en eso. Deja de pensar
tonteras, un hombre tan viejo. Pensamos tonterías. Piensa en
cosas que tengan peso. La eternidad, ¿a dónde tú vas
a ir? Bueno, eso es una pregunta difícil. Pues mira qué fácil la respuesta.
Si tienes a Cristo, tienes vida eterna. Y si tú no tienes a Cristo, estás
condenado por la eternidad. Es fácil la respuesta. Queridos
hermanos, nosotros estamos llamados por el Señor a predicar a Cristo. Prediquemos a Cristo. Estamos
llamados a la comisión de ir y a ser discípulos. El Señor
le dijo a Pablo esto en Hechos capítulo 26, 28. Te envío para que abras sus ojos Escúchame lo que estoy leyendo
Hechos 26, 28 Te envío para que abras sus ojos Para que se conviertan
de las tinieblas a la luz Y de la potestad de Satanás a Dios
Para que reciban por la fe que es en mí perdón de pecados y
herencia entre los santificados. Miren el propósito del llamado
de Pablo. Pablo fue salvado para la gloria
de Dios, si eso es verdad. Fue salvado para que sirva a
Dios, para que obedezca a Dios, pero luego que Dios hizo, lo
envió, te envío. Te envío ahora, ve y abre sus
ojos con la predicación de la palabra. que crean en mí por
la predicación de la Palabra, que se conviertan de las tinieblas
a la luz por la predicación de la Palabra, amados hermanos.
Predica la Palabra. Dios abre los ojos a los ciegos. ¿A través de quién? A través
de ti y de mí que predicamos la Palabra. A través de la Palabra.
¿Pero quiénes tienen que ir a llevar la Palabra? ¿Somos nosotros?
¿Quieres tú crecer en gozo? Predícale a mucha gente y verás
cómo Dios, salvando a esos pecadores, producirá una felicidad y un
gozo en ti, que no se parece a nada, hermano, a nada. Mira
que me comí un atol más bueno, un atol más bueno, ese me dio
tanta felicidad. Pero eso no se compara con que
un alma se salve porque tú le predicaste. Que un alma se salve
y esa diga, mira, esa Carolina es mi hermana, esa Tania es mi
hermana porque esa me predicó y me lo hizo y salva por esa
persona. Gloria a Dios. Hermanos, mire,
eso produce gozo. Eso produce gozo. Siempre debe
de acompañar a esa predicación del evangelio un corazón lleno
de amor. Lo que debe estar en tu corazón
para hablar a los hombres es el amor de Dios en ti. ¿Y por qué es que tú me hablas
tanto y me molestas tanto? Porque te amo. Dios me mandó a amarte. Y yo te amo, yo quiero que te
vaya bien y que Dios te prospere. Pero tú no vas a ser prosperado
viviendo una vida tan desordenada, gastando lo que tú tienes en
tonterías. gastando tu vida, sufriendo. Hay personas que están sufriendo,
amados hermanos, porque están solos en sus tribulaciones. Agarra
a esa mujer, agarra a ese hombre y predícale la Palabra, todos
los días predícale. Reúnase, lea la Biblia con esa
persona, lea la Biblia con esa persona. Es la Palabra de Dios lo que
le va a dar libertad, esperanza y gozo. Es la Palabra de Dios. Queridos hermanos, prediquemos
la Palabra del Señor. ¿Y qué debe estar acompañando
un corazón lleno de amor por esas personas? Realicemos todo
esfuerzo para que nuestros vecinos, hijos, amigos, padres, abuelos,
todos escuchen el mensaje, todos vengan a la iglesia, todos escuchen
la palabra del Evangelio. Todos. Hagamos un esfuerzo para
compartir las bendiciones que Dios nos ha dado. Las esposas
compartan el Evangelio con su esposo inconverso. Los hombres
con sus esposas, sus hijos inconversos, comparten el evangelio con todo
el mundo. Hermano, si un alma se salva, hay fiesta en los cielos. Dios produce esa fiesta en los
cielos y en la tierra, en tu corazón y en el alma de esa persona. No perdamos el tiempo, toquemos
la puerta y llamémosle, fulano, ¿quiere ir a la iglesia hoy?
Vuelve y llámalo. Vuelve y tócale, vuelve y búscale,
vuelve e invítale, vuelve otra vez. Y en último lugar, otro
fundamento, y fue el último que vimos, el domingo pasado lo terminamos
de ver, es la santidad práctica. Lo vimos en Hebreos 12, 14. Buscad
la paz y la santidad, sin la cual nadie verá a Dios. Buscad
la santidad, la santidad del que estuvimos hablando, la santidad
práctica. Porque somos santos al creer en Cristo. Somos santos
al Espíritu Santo venir sobre nosotros y hacernos creer en
Cristo. Hacemos el don de la fe. Tener
arrepentimiento. Sin embargo, a partir de allí
comenzamos un proceso en el que Dios nos lleva a un progreso
de santificación. En el que Dios está ocupado en
quitar tu vida de ira en quitar tu egoísmo y poner allí el amor,
en quitar tu orgullo y poner ahí el dominio propio, en quitar
de ti todos esos pecados que están allí habitando, viviendo
en tu vida, en las habitaciones de tu casa, de tu corazón. ¿Y
qué vino a Dios a hacer? Él vino a santificarnos. y el
quiere que estemos ocupados. Los creyentes no podemos ser
perezosos, hay que vivir una vida práctica de santidad. Lea los evangelios, mire a Cristo
viviendo en santidad, mire el libro, lea el libro de los hechos,
ve al Espíritu Santo dando dones a la iglesia para practicar la
santidad. mire a esos hombres de la antigua
edad, antiguo testamento y véalos viviendo en santidad, vea al
padre, un Dios santo que da muerte a su hijo, un hijo santo para
que pecadores vengan a ser santos para él. Vaya conmigo a Efesios,
Efesios capítulo 1 versículo 4, Efesios 1, 4. Dice, según nos escogió en él,
antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin
mancha delante de él. En amor. Dios nos escoge para
que seamos santos y sin mancha delante de él. Querido hermano,
podemos vivir en santidad práctica porque ese es el deseo, esa es
la voluntad de Dios. Dios no nos manda a ser santos,
nos salvó para que seamos santos. La santidad práctica es rechazar
todo pecado conocido y guardar la palabra de Dios. La santidad
práctica es amar lo que Dios ama, aborrecer lo que Dios aborrece. La santidad práctica es imitar
a Cristo, ser como Cristo, como allí se describen los evangelios.
Buscar el fruto del espíritu. ¿Cuál es el fruto del espíritu?
Amor, gozo, paz, paciencia, bondad, virginidad, mansedumbre, templanza,
humildad, paciencia. Contratar las cosas. ¿No hay
condenación? ¿Dios no condena a un hombre
humilde? ¿Dios no condena a una mujer mansa? No, hay alabanza,
bien buen siervo. La santidad es siempre una obra
progresiva, no es una obra pasiva. Yo me voy a quedar aquí para
que le pida que el Santo me limpie. Si tú eres creyente, ya él lo
hizo, ya él te limpió. Si tú eres creyente, ya él te
purificó. Ahora, ocúpate. Tú tienes que
estar ocupado, trabajando, fajado, dejando esa lengua sucia, lavándotela
con la palabra. Arrepintiéndote, Dios mío, ayúdame
para yo tener dominio sobre esta lengua. Dame dominio propio. Y comenzar a estudiar la Biblia.
¿Qué dice la Biblia? Que yo debo de hablar con himnos,
con salmos, con cántico. A partir de ahora me voy a memorizar
la Biblia. A memorizarla. La voy a memorizar. Y eso ayuda. Porque en tu mente
ya va a haber una idea que dice, Dios dice en Efesios tal cosa,
Dios dice en los Salmos tal cosa, Dios dice tal cosa, y tu mente
va a tener una guerra, una guerra ahí, pero una guerra contra el
viejo hombre. Va a ser una guerra buena. Ahí
va a estar tú peleando por ser un hombre santo. Si, el Espíritu
Santo es quien nos santifica. Si, somos santos por Cristo.
Pero mire, David pecó sin un hombre santo. Demas abandonó a Pablo, predicando
la palabra con Pablo. Judas traicionó a Cristo. Pedro negó al Señor. Esos ejemplos
son demasiado evidentes para decirnos que hay que estar, como
dijo Jesús, velad y orad. El velar es la práctica de la
santidad, el orar es la práctica de la santidad, amados hermanos.
Esto no es juego. El que se crea muy santo le va
a coger tiempo porque en cualquier momento va a caer, porque es
un orgulloso. Y no estoy negando que el Espíritu
Santo es quien obra en nosotros, aún el creer como lo hacer. Yo creo que esto es claro, ¿eh? Pero necesitamos un equilibrio.
Algunos dicen, no, yo voy a ser santo porque el Espíritu Santo
me va a limpiar a mí. Y se quedan ahí, yo no tengo
que hacer nada. Pero vete a ver, no cumplen su palabra, son unos
mentirosos. No sirven a nadie. Entonces,
le falta mucho. La práctica de la santidad es
bíblica. Y Dios nos dice, sin santidad
nadie verá al Señor. Buscad la santidad. Búsquela. No sea perezosa. No sea perezoso. Búsquela. Trabaja. No que yo voy a estar aquí sentado.
No. Párese de ahí. No sea perezoso. Muévase. Póngase
a orar. Lea la Biblia. Obedezca. Sirva
al hermano. Vaya a visitar al enfermo. Predica
la palabra. No me sea perezoso, levántese. La vida cristiana no es estática,
siempre debe ir en avance. avanzando la santidad, avanzando
la gloria de Dios, avanzando el servicio a los hermanos, avanzando
el amor a la palabra, avanzando la obediencia, avanzando viviendo
para la gloria de Cristo, para la gloria del Padre, para la
gloria del Espíritu, avanzando, llenándome de la esperanza del
Evangelio, avanzando, avanzando. en santidad práctica, arrepintiéndome
de mis pecados, arrepintiéndome de mis pecados, avanzando, nunca
en retroceso, nunca parado ahí, esperando que le llegue que,
nada. Querido hermano, usted es creyente, avance, la santidad
debe de progresar, debe de avanzar, debe de crecer. Tú no puedes
ser el mismo ladrón cuando llegaste a la iglesia y te arrepentiste.
Pasaron 10 años, 5 años en la iglesia y tú le sigues robando
los celulares y la cosa, la cartera de los hermanos de la iglesia,
por favor. Tú no puedes ser el mismo ladrón. Si te arrepentiste,
usted tiene que trabajar para ayudar al necesitado. Usted no
puede ser el mismo, tiene que luchar contra tu pecado. ¡Lucha! Eso es la santidad práctica.
Lucha, deja tu necedad. Lucha para la gloria de Dios. Es para el Señor. Yo voy a hacer
esto para el Señor. Yo voy a dejar esta boca que
yo tengo es por el Señor. Yo voy a luchar con mi pereza,
es por el Señor, no por mí. Porque si por usted y por mí
fuera, nosotros, siguiéramos viendo nuestro pecado. Pero es
por el Señor que lo hacemos. Buscad la santidad sin la cual
nadie verá al Señor. Hermanos, no es el perezoso que
Dios va a bendecir, no es el perezoso porque comúnmente el
perezoso es un impío, no es un creyente. Los creyentes no son
perezosos, son diligentes en obedecer lo que Dios demanda. Queridos hermanos, con esto concluimos
este breve repaso. y hemos visto que cada elemento,
cada fundamento va a levantar nuestra vida y nosotros tenemos
que edificar sobre ese fundamento. Edificar, levantar, levantar,
levantar sobre ese fundamento, el fundamento de la oración.
Yo tengo que orar más y levantar y mejorar. Voy a leer los salmos
para mejorar mi vida de oración. Voy a memorizar la Biblia para
mejorar mi vida de oración, pero también para leerla, para entenderla.
Voy para amar más la Biblia. Voy a estudiar más la Biblia
porque yo quiero confesar mis pecados correctamente. Yo quiero
conocer más a Dios. Miren cómo cada elemento de estos
fundamentos nos ayudan a madurar y a crecer. Voy a predicar la
palabra, amados hermanos, con ese fin de que las almas sean
salvadas. de que nosotros guiemos a otro
a Cristo. Yo le comentaba ayer a un hermano
que estuvimos hablando sobre el cielo y eso me llenó de esperanza,
de fortaleza. Volver a estudiar ese pasaje,
volver a predicarlo, me llenó otra vez, como que me reanimó
el cielo. Estoy en la iglesia, pero mire
el calor que hace. Esto no es el cielo. Estoy aquí, pero hay
que prender esto, hay que arreglar aquello. Estoy en mi casa, pero
falta tal cosa. Estoy en el carro, el carro se
me paga. Mis mujeres, tanto que palea.
Muchachos. Es decir, donde usted mire, hermano,
te va a encontrar algo defectuoso. Debajo de la tierra no hay ninguna
perfección. Mira que mi mujer es casi la mujer más perfecta
del mundo, pero no es perfecta. Pero estoy relajando, ¿verdad? Pero les digo una cosa, hermano,
¿eh? No encontrará paz en este mundo. Y qué bueno uno meditar
y aprender. Hermano, Cristo ha ido a la casa
de su Padre a preparar un lugar para nosotros porque ahora somos
sus hijos. ¡Qué esperanza, hermanos! Tenemos que conocer más la esperanza
del Evangelio que nos ha dado en tantas etapas, en tantas porciones
de la Escritura, pero que a veces no la conocemos y vivimos en
esta tierra como cristianos, como arrastrando los pies el
que siempre está cansado. Medite la esperanza, fortalécete
en ella. Que el Señor, queridos hermanos,
nos ayude a poder volver a esos fundamentos, meditar en esos
fundamentos, conocer más de estos fundamentos y también ocuparnos. Que Dios nos ayude a conocer,
a vivir piadosamente. Y mi querido joven, niño que
estás aquí, adulto que estás en Cristo, tú necesitas encontrar
en Cristo tu esperanza, tú necesitas encontrar en Cristo tu obediencia,
Tú necesitas encontrar en Cristo tu paz. Tú necesitas encontrar
en Cristo la confesión de tus pecados, la santidad. ¿Y cómo
tú podrás hacer la más pequeña de todo lo que yo mencioné? Y
solamente mencioné 10. Podría mencionar más. Pero la
más pequeña para ti sería una carga tan pesada que no la podrías
cargar. Nada más orar, leer la Biblia. Una carga tan pesada para ti.
Congregarte y escuchar un mensaje. Una carga tan pesada para ti.
¿Pero por qué es tan pesada? Porque Cristo no es tu tesoro. Tú tienes otro tesoro en tu corazón. Tú amas otra cosa. Cuando tú
decidas por el conocimiento de la palabra, buscar del Señor. Recuerda lo que el Señor dice
en su palabra, que el que confiesa su pecado, se arrepiente y se
aparta, alcanza misericordia. Si confías tus pecados, Dios
es fiel y justo para perdonarte y limpiarte de toda maldad. Recuerda
lo que Dios te promete. y el gozo y el deleite que habrá
en tu alma si crees en Él. Pero recuerda también el gran
peligro en el que te encuentras, porque no hay esperanza para
el impío, no hay paz para el impío. Y un joven sin Cristo
es un impío. No hay esperanza, no hay vida
eterna, no hay gozo, no hay perdón. Si no te arrepientes, no hay
nada de eso. Oye al Señor y créele al Señor. Confía en el Señor y arrepiéntete
de tu pecado. Vamos a orar. Señor y Dios y
Padre nuestro, queremos implorarte que Tú nos ayudes y bendigas,
que Tú nos concedas la gracia necesaria para adorarte, para
bendecirte y glorificarte. Padre, mira a nuestros niños
que aún no te conocen. Mira, Señor, como ellos tienen
un corazón lejos de Ti. Ablande ese corazón de piedra,
dales un corazón de carne, Mira a nuestros jóvenes, los adultos
que nos escuchan, ablanda su corazón para que crean a tu palabra.
Ayúdales y tráeles a ti arrepentimiento y fe. Padre, ten misericordia
de ellos y ministra sus corazones para tu gloria, salvándolo del
juicio que viene, de la ira que se acerca. Ven, Señor, y bendícenos. con salvación en nuestros hijos.
Por Jesús nuestro Señor. Amén.
018 Resumen de los fundamentos de la fe parte 3
Series Fundamentos de nuestra fe
Resumen de los fundamentos de la fe parte 3:
7.- La confesión de nuestros pecados
8.- Sed llenos del Espíritu Santo
9.- Predicando la palabra a los perdidos
10.- La santidad práctica
| Sermon ID | 1129212022331800 |
| Duration | 43:12 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Psalm 51:1-5 |
| Language | Spanish |
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