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Mis hermanos, nos estamos acercando
al final del capítulo 5 en esta mañana de la carta a los romanos. Ha sido un recorrido largo, yo
no sé si llevan la cuenta de los sermones que hemos estudiado
hasta este punto, pero en este momento no hemos llegado ni a
la mitad de la carta. Sin embargo, termina una discusión
importante que es la que Pablo ha venido haciendo en cuanto
a la justificación, los efectos de la obra, o podemos decir,
de la desobediencia de Adán, y los efectos de la obra de Cristo
en comparación con los de la obra de Adán. Estableciendo la
superioridad de Cristo, la superioridad de la gracia, la grandeza de
la gracia y de la justificación que ahora tenemos. Y este último
pasaje, lo que vamos a leer hoy, se siente casi como un cierre
a esa discusión en particular, para luego tomar otros temas
a partir del capítulo 6. Entonces, como he dicho antes,
toda verdad importante merece una explicación precisa. Y ahora quisiera añadir, que
toda verdad importante merece una repetición constante. Yo creo que Pablo eso es lo que
ha venido haciendo, asegurándose de que quede claro este punto.
Romanos 5, versículos del 18 al 21, para terminar el capítulo,
dice así. Así que, como por la transgresión
de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera
por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación
de vida. porque así como por la desobediencia
de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también
por la obediencia de uno los muchos serán constituidos justos. Pero la ley se introdujo para
que el pecado abundase. más cuando el pecado abundó,
sobreabundó la gracia, para que así como el pecado reinó para
muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida
eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro. Amén. Amado Dios, queremos
darte gracias porque tú eres el mejor maestro y a través de
tu palabra nos enseñas, a través de la repetición, a través de
la insistencia. Sabemos, oh Dios, que nuestras
mentes son lentas y nuestros corazones duros y necesitamos
muchas veces escuchar una y otra vez las mismas verdades para
que calen profundo surtan un efecto transformador en nuestras
vidas y empiecen a producir fruto. Así que te damos gracias, oh
Dios, por esta carta y por los temas que hasta este punto hemos
podido ver una y otra vez. Y te rogamos que hoy, una vez
más, los imprimas en lo profundo de nuestro corazón Nos ayudes
a meditar en estas verdades después del culto y durante la semana,
y que todo esto sirva para la edificación de esta tu iglesia,
la de cada uno de nosotros, personalmente, y sobre todo para llevar gloria
a tu nombre. Gracias por tu verdad. En el
nombre de Jesús. Amén. Empieza con el versículo
18 diciendo, así que como por la transgresión de uno vino la
condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia
de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Recuerden
que... Les dije cuando vimos el versículo
12, yo no sé si se acuerdan porque fue hace rato, pero cuando vimos
el versículo 12 se abrió como una condicional, una oración
que estaba empezando y yo les dije todavía no va a cerrar.
Esa idea que Pablo empezó en el versículo 12 va a cerrar hasta
el versículo 18. Y pues han pasado varios sermones
desde el versículo 12, pero ya nos encontramos aquí al final
de esa idea que Pablo empezó en el versículo 12, y la repite
un poco para recordarnos dónde era que estaba él, de qué era
de lo que estaba hablando, y la cierra, ¿verdad? Entonces, nos
está recordando primero... que la transgresión de uno fue
por causa de esa transgresión o por medio de esa transgresión. En este caso, la palabra transgresión
es la segunda que habíamos hablado de caída u ofensa de una persona. Ya sabemos quién es esa persona.
Ese uno que transgredió fue Adán. Y por causa de él o por medio
de su transgresión vino la condenación a todos los hombres. Y hemos
hablado de lo que se produjo a raíz de la caída de Adán, el
castigo y la perdición que vinieron a ser parte de la realidad de
todos los seres humanos desde que Adán pecó. Ese fue el resultado. Eso fue lo que causó a todas
las personas, a toda la humanidad, ahora viene y dice Pablo de la
misma manera por la justicia de uno o sea por el acto de justicia
de una persona Podríamos decir, por la conducta o por la obediencia
de una persona, Jesucristo vino a todos los hombres o, de nuevo,
ese vino se puede traducir como se produjo o trajo como resultado
o llevó a todos los hombres a la justificación de vida. Todos
los hombres. Lo dijo cuando habló de la caída
y los efectos de la caída, y ahora lo dice hablando de Cristo y
los efectos de su justicia. Y en los dos casos dice todos
los hombres. Recuerden que las Escrituras
son las que interpretan las Escrituras. Si nos agarramos sólo a ese versículo,
vamos a decir, a todos se van a salvar. La salvación es universal,
es para todas las personas, y todas las personas al final se van
a salvar. Pablo utiliza un recurso retórico de equilibrio, ¿recuerdan? A veces el equilibrio se ve así,
todos los hombres fueron o cayeron en Adán, todos los hombres son
justificados en Cristo. Pero en otras ocasiones más bien
limita y dice muchos, lo hemos visto también, muchos cayeron,
no fueron muchos, fueron todos. Pero él dice muchos cayeron o
muchos fueron condenados y muchos son salvos, ¿verdad? Entonces
hemos visto los dos casos. Entonces, nada más tengamos eso
presente. Aquí, ya informados por la teología
de Pablo, por todo lo que él dice y por las Escrituras en
general, sabemos que ese todos los hombres en el segundo caso,
se refiere a los creyentes, se refiere a los que están en Cristo.
También podría ser que se refiera a que no hay distinción entre
judíos y griegos. Entonces, Pablo está diciendo,
no es sólo para los judíos, sino para todos los hombres, o sea,
judíos y también no judíos, o también podría ser a todo tipo de personas,
a toda clase, toda raza, toda lengua, todo tipo de persona,
todo trasfondo, toda clase social, todo género, a ese puede servir
también esa palabra todos, todos los hombres. Y a todos los hombres
dice vino la justificación de vida. El término justificación
es un término que hemos estudiado bastante. Y sin embargo, creo
que es necesario seguirlo recalcando. Si Pablo lo ha repetido tantas
veces, yo no soy quien para no repetirlo. Ser justificados significa
ser declarados justos. Eso es muy importante tenerlo
claro. No significa ser hechos justos. No significa que en nuestro
interior de repente ahora somos perfectos y obedientes como Cristo
fue perfecto y obediente. Ya quisiéramos, pero no es eso
lo que significa. significa que por la justicia
de Cristo que nos ha sido atribuida a nosotros ahora nosotros somos
vistos como justos y esa justificación lleva a la vida porque así como
la condenación traía muerte y destrucción La justificación trae todo lo
contrario. Vida. ¿Verdad? Es una justificación
de vida. La salvación, al final de los
tiempos, es cuando lo vamos a ver con mayor claridad esa vida y
lo que significa tener esa vida. Estamos hablando de vida eterna,
estamos hablando de la vida de resurrección que cada uno de
nosotros ya posee por la obra del Espíritu Santo en sus corazones. Pero hasta la gloria se va a
manifestar en toda su plenitud, esa vida de santidad perfecta.
La vida en la que ya no vamos a pecar más. Una vida de restauración
plena. Ahorita estamos en proceso de
restauración, pero seremos restaurados plenamente. Y esa realidad todavía
nos aguarda. Y podríamos hablar junto con
ello de la glorificación. Ese es el final que nos espera.
Esa es la vida. Esa es la justicia de vida que hemos recibido. Entonces,
debemos ser bien cuidadosos cuando leemos esos términos como muchos,
todos, ¿verdad? Y hacerlo siempre a la luz de
otros pasajes. Recuerden esta regla si algo
van a recordar en su estudio bíblico en casa, cuando estén
estudiando las escrituras, recuerden, la escritura interpreta la escritura. Entonces, no se trata sólo de
lo que dice ese pasaje, porque a veces hay pasajes oscuros.
Entonces, cuando hay pasajes que no son muy claros, ¿qué hacemos?
Acudimos a los pasajes que son claros. Y las Escrituras son
muy claras de que no todo mundo se va a salvar. Entonces, no
puede ser que ese todo los hombres se refiera a todas las personas
que han existido, existen y existirán. Porque la Biblia enseña, por
ejemplo, sólo para tomar un ejemplo, en Mateo 25, del 31 al 34, dice,
cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos
ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán
reunidas delante de él todas las naciones, y apartará los
unos de los otros. como aparta el pastor las ovejas
de los cabritos, y pondrá las ovejas a su derecha y a los cabritos
a su izquierda. Y entonces el Rey dirá a los
de su derecha, venid, benditos de mi Padre, heredad el reino
preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Y luego,
al final, en el versículo 46, habla del destino de los de la
izquierda. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida
eterna. Entonces, está clarísimo que
son dos grupos, que ese todos no se puede referir a todas las
personas. Apocalipsis 20.15 dice, y el que no se halló inscrito
en el libro de la vida, fue lanzado al lago de fuego. Hay dos destinos
diferentes. Está claro. ¿Los que se salvan,
entonces, por qué se salvan? Esa es la otra pregunta que debemos
hacernos al encontrarnos con pasajes así. ¿Por qué se salvan? Bueno, yo creo que como reformados
y como miembros de esta iglesia que hemos llevado el curso de
qué es la teología reformada en este punto, ¿verdad? Tal vez
no necesito convencer a nadie de la doctrina de la elección.
Que ha sido Dios, y ha sido por su gracia, y porque Él ha querido
que ha escogido algunos para salvación. Efesios 1.4 Nos escogió
en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos
y sin mancha delante de él. Primera de Pedro 2.9 Mas vosotros
sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa. pueblo adquirido
por Dios. El mismo Pablo en Romanos 8,
29 dice, porque a los que antes conoció, también los predestinó,
para que fuesen hechos conformes a la imagen de su hijo, para
que él sea el primogénito entre muchos hermanos. y Segunda de
Tesalonicenses 2.13, pero nosotros debemos dar siempre gracias a
Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios
os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación
por el Espíritu y la fe en la verdad. Entonces, sí, nosotros
vemos esas palabras, todos, muchos, pero las interpretamos a la luz
del resto de la Escritura. Pero recordemos algo, a modo
de aplicación, Nosotros no sabemos quiénes son esos muchos. Nosotros
no sabemos quiénes son los elegidos. No lo sabemos. No se nos ha dado
el saber a quiénes Dios ha elegido y a quiénes no. Por lo tanto,
la oferta del Evangelio, que sí tenemos nosotros como una
responsabilidad, debe ir a todos, y ahí sí decimos, todos los seres
humanos, que hay, que haya y que habrá. Como Iglesia, nos toca
predicar el Evangelio, sin distinción, a todas las personas. en cierta
manera porque no sabemos quiénes son elegidos y quiénes no, ni
nos toca saber, y en cierta manera porque sabemos que hay elegidos. Y saber que hay elegidos debe
ser para nosotros un motivador, un motor para predicar el Evangelio
a todos, a todos. Romanos, 5.19 continúa diciendo,
porque así como por la desobediencia de un hombre, los muchos, ven
ahora vemos el caso de los muchos, los muchos fueron constituidos
pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos
serán constituidos justos. De la misma manera entonces,
que por la desobediencia de un hombre, o como resultado de su
desobediencia, y de nuevo ya sabemos quién es, Adán, los muchos
fueron constituidos pecadores, Esos muchos, entonces, ¿a quién
se refiere? A toda la humanidad. Aunque está diciendo muchos,
se refiere a todos. Toda la humanidad. Todos fueron
hechos, fueron constituidos pecadores. En su naturaleza, desde su nacimiento,
y en su vida activa, pecadores. Pero dice, así también, por la
obediencia de un Jesucristo, los muchos serán constituidos
justos, y esos muchos son los elegidos, serán hechos o se volverán
justos. Aquí, no está hablando solamente
de la justificación, sino que está incluido el proceso de la
santificación. Porque, ¿qué es la santificación?
Sino el proceso mediante el cual esa justicia que se nos ha declarado,
se vuelve una realidad en nuestras vidas. Ese es el proceso de santificación.
Entonces, yo soy declarado justo por la obra de Cristo en mi vida,
pero además de ser declarado justo, esto quiere decir que
tengo una justicia mucho mayor legalmente que la justicia que
tengo en la práctica. ¿Cierto? O sea, Dios me ve a
mí justo como Cristo es justo. Eso es gran. Eso es increíble. Pensar que Dios me ve como si
yo nunca hubiese transgredido la ley. Pensar que Dios me ve
como si yo hubiese obedecido a la perfección todos los mandamientos
de Dios y hubiese caminado toda mi vida conforme a su voluntad,
eso es impresionante, es invaluable. Pero no solamente me da esa justicia,
sino que también me da su Espíritu Santo, que me empieza a santificar
de tal manera que mi justicia Activa, real, cada vez se va
acercando más a la altura de la justicia de Cristo. Y eso
es lo que significa ser hechos conformes a la imagen de Jesucristo. Ese es el proceso en el que estamos.
Entonces, por la obra de ese Uno, de Jesucristo, todos nosotros
los elegidos estamos siendo hechos cada vez más como Cristo. Y aquí
Pablo habla en futuro, ¿verdad? Dice, serán constituidos justos
en doble sentido. Serán declarados justos y llegará
el día. en que serán hechos justos, cuando
Cristo vuelva y recibamos nuestros cuerpos glorificados que tanto
anhelamos. Pero lo cierto es que, en medio
de este proceso, mis hermanos, ustedes y yo, los que estamos
en Cristo, estamos en una relación correcta con Dios, porque Él
ya nos ve justos por medio de Cristo. Entonces, abracemos esa
realidad de nuestra vida. Aún cuando pecamos y fallamos,
recordemos que lo que nos hace aceptos ante Dios, no es nuestro
desempeño, sino el desempeño de Cristo. Y entonces, para retomar
la confesión de pecados, no buscamos la solución en nosotros mismos,
sino que la solución viene de afuera, viene de Cristo, que
fue obediente por nosotros. Ahora esto es increíble, Dios
no solo perdona todos nuestros pecados, sino que nos ve como
si fuéramos guardadores del pacto y nos declara justos ante sus
ojos. Esta es una definición de la
justificación de un diccionario de términos teológicos. Y a mí
me gusta ver esas cosas porque, de nuevo, son declaraciones precisas,
concisas, que nos ayudan a recordar. Voy a leerlo desde el principio,
me salté una parte, pero voy a leerlo desde el principio.
Dice, la justificación. Un término legal relacionado
con la idea de absolución. o sea, de ser perdonados de pecados,
tiene relación. Se refiere al acto divino por
el cual Dios hace que los seres humanos pecadores, y por tanto
dignos de condenación, sean aceptables ante un Dios santo y justo. La
justificación es por gracia y por medio de la fe. Dios no sólo
perdona todos nuestros pecados, sino que nos ve como si fuéramos
guardadores del pacto y nos declara justos ante sus ojos. Este acto
no se basa en nuestro propio mérito, sino en la plena obediencia
de Jesucristo, que nos es imputada por Dios y la recibimos por medio
de la fe sola. Pero la ley, dice el versículo
20, se introdujo para que el pecado abundase. Más cuando el
pecado abundó, sobreabundó la gracia. ¿La ley se introdujo
en qué momento? En Moisés. Fue dada a través
de Moisés la ley, y entró entonces, se convirtió como en un factor
en este proceso en el que ya estábamos. El pecado y la muerte
ya estaban. Todos los hombres eran pecadores,
todos los hombres morían, hasta Moisés, recuerdan, desde Abraham
hasta Moisés, desde Adán hasta Moisés, ya lo había dicho el
mismo Pablo aquí en Romanos. Pero ahora, entra un nuevo factor,
el factor de la ley declarada por Dios, la revelación de los
10 mandamientos, y empieza a desempeñar un papel en la realidad de la
existencia humana. Y dice que es para que la transgresión,
o la ofensa, o el pecado, o el quebrantamiento, empeore. Esa es la idea que está dando.
¿Verdad? Dice, se introdujo para que el
pecado abundase. Se introdujo la ley para que
el pecado se multiplicara o empeorara. ¿En qué sentido? Es para que
se viera con mayor claridad el efecto del pecado. No es que
el pecado abundó. O sea, no es que se empeoró,
es que ante la ley de Dios, cuando a mí me dice todo lo que a Dios
le agrada, no sólo conscientemente yo, personalmente, me doy cuenta
de lo grave que es mi pecado, sino que me doy cuenta de lo
grave que son los efectos del pecado en el mundo. Y la realidad
de la maldad que hay en el mundo se vuelve más evidente, salta
a la vista ante los mandamientos de Dios. Ese es uno de los efectos
de la ley. Entonces, la conciencia de pecado
crece. Podemos definir el pecado puntualmente,
podemos ponerle nombre al pecado, adulterio, avaricia, codicia,
idolatría, asesinato, ¿verdad? Y ahora los pecados tienen nombre,
la maldad tiene nombre, se puede definir y por lo tanto su seriedad
y su gravedad se intensifican. Este es uno de los usos de la
ley. La ley tiene otros usos, paréntesis, que vamos a ver después. Pero este es uno de los usos
principales, mostrarnos la gravedad del pecado. Más cuando el pecado
abundó, dice Pablo, sobreabundó la gracia. Sí, la conciencia
de pecado aumentó, la gente fue más consciente de su pecado y
a raíz de que los 10 mandamientos existen, uno puede decir, sí,
ahora pecan y pecan más. ¿Por qué? Porque se ve con más
claridad. verdad, lo que es el pecado y
los efectos del pecado, pero la maravillosa gracia de Dios
abundó más, sobreabundó, se multiplicó más, se desbordó aún más, demostró
su poder, porque ahora el pecado se ve tan grande que la gracia
de Dios se ve sublime, exaltada, excedió lo que el pecado pudo
hacer. La gracia de Dios lo deshizo,
lo trastocó, lo derribó, lo venció. Es mucho más grande, mucho más
poderosa. Logró lo que la ley no podía.
Salvación, seguridad de vida. ¿Y dónde se vio la mayor manifestación
de pecado? ¿Dónde se vio la más grande manifestación
de la gracia? En el mismo lugar. La mayor manifestación
de pecado El pecado más grave, podríamos decir, se dio cuando
los seres humanos se unieron para crucificar al Hijo de Dios.
Pero en ese mismo momento se manifestó la gracia en su mayor
plenitud. En el mismo evento, la muerte
de Cristo en la cruz, se ve lo profundo de la maldad y los efectos
del pecado, pero también se ve lo grande y poderosa de la gracia
de Dios. Entonces, el pecado no es un
problema sin solución. La maldad en el mundo no es un
problema sin solución, aunque se ve enorme, no es un problema
sin solución. Pero más allá de eso, la maldad
en nosotros no es un problema sin solución. Si ustedes se sienten
en algún momento aplastados bajo la carga del pecado, aplastado,
así que esto es algo que no logro vencer, no lo logro superar,
me tiene agobiado la realidad de mi propia maldad, sí, el pecado
es poderoso, no lo vamos a minimizar. Hemos hablado de los efectos
del pecado, es algo pesado, es algo tedioso y es abundante,
todo eso es cierto, todo eso es cierto, no se puede minimizar,
pero, mis hermanos, por un lado podría ser mucho peor, Si la
gracia de Dios fuese retirada por completo, nosotros de lo
que seríamos capaces, sería mucho peor. No tenemos una idea de
lo que podríamos hacer sin la gracia de Dios. Por un lado,
Arcis Pro lo pone en estos términos, él dice, ¿qué pecado no han cometido
los cristianos? Excepto la blasfemia contra el
Espíritu Santo. ¿Los cristianos han cometido asesinatos? han
cometido adulterio, los cristianos roban, mienten, comienzan guerras,
se practican abortos. El pecado tiene consecuencias
terribles aún en los cristianos. Pero no vamos a minimizar esa
realidad. Y conocemos sus efectos, por experiencia conocemos su
destrucción. Pero, donde abunda el pecado,
sobreabunda la gracia. en estos corazones, en el suyo
y el mí, sin importar el pecado, sin importar su efecto, sin importar
sus consecuencias, la gracia puede vencer la maldad en nuestras
vidas. Y debemos abrazar esa verdad
con todas nuestras fuerzas. Aunque perdiste lo que Adán tenía,
a causa de su pecado, en Cristo has ganado más de lo que él tenía. Entonces, no solamente no debemos minimizar el pecado,
eso es cierto. Pero mis hermanos, también es
nuestro deber, y debemos recordar esto, magnificar la gracia de
Dios. No minimicemos el pecado, pero
siempre magnifiquemos la gracia de Dios, porque es más grande,
es más grande. Vean, Él no solamente nos redimió
para regresarnos al huerto, no sólo nos redimió para que volviéramos
a estar como en el principio, no. Nos rescató y nos salvó para
darnos algo mucho más grande, mucho más grandioso, más glorioso
que el huerto. Algo mucho mejor. Es infinitamente
mejor. Así que magnifiquemos la gracia,
magnifiquemos la cruz, magnifiquemos la obra de Cristo, magnifiquemos
a Cristo. para que así como el pecado reinó
para muerte, así también la gracia reine por la justicia, para vida
eterna mediante Jesucristo Señor nuestro. Este era el propósito,
que la gracia que sobreabundó pudiera reinar por la justicia,
donde antes reinaba la muerte, ahora reina la gracia. Así como el pecado gobernó, así
como el pecado tuvo su dominio para muerte, para destrucción,
así también la gracia ahora reina
por la justicia para vida. La gracia venció el pecado. La gracia venció la maldad. Y
el resultado es vida. Y nunca debemos ignorar, yo creo
que Pablo lo hace muy a propósito, esas últimas frases, esas últimas
palabras, es todo lo que debemos llevarnos en el corazón. Todo
esto suena muy bien, pero no olvidemos de quién se trata.
Mediante Jesucristo, Señor nuestro, se trata de Él, se trata de Cristo,
de nadie más. y damos gloria a Dios por este
representante. Porque nuestro primer representante
metió la pata y nos mandó a condenación, a muerte eterna y todas las consecuencias
del pecado. Pero el problema no estaba en
el método de Dios de usar representantes. Ahora tenemos un muy buen representante,
el mejor representante. nuestro Señor Jesucristo, que
nos ha dado vida nueva espiritual, que nos ha declarado justos en
su justicia, que nos ha dado la vida eterna, que todavía está
por consumarse, que nos aguarda en gloria, y esa es nuestra realidad
ahora, gracias a nuestro representante. Nuestro pecado no es más grande
que nuestro Salvador. La maldad que hay en el mundo
no es más grande que la gracia de nuestro Señor Jesucristo.
Y Satanás, por fuerte y poderoso que sea, no es más grande que
nuestro Rey victorioso. Yo sé que el mundo puede desalentarnos
cuando lo observamos y vemos la maldad que hay a nuestro alrededor. Entonces, recordemos ese mismo
Evangelio que nosotros tenemos que aplicar en nuestras vidas
todo el tiempo. Cuando vemos la maldad en nosotros, es el
mismo evangelio que debemos predicar afuera, cuando vemos la maldad
en el mundo. No, no hay otra respuesta, no
es que la solución cambia dependiendo de las circunstancias, no. La
solución es una y la misma siempre. La gracia de Dios tiene más poder
que la maldad más terrible que haya en nosotros o a nuestro
alrededor. Así que con esa confianza, armémonos
de fe, armémonos de valor en medio de un siglo oscuro para
llevar el mensaje de la gracia hasta el último rincón de nuestra
ciudad, de nuestras comunidades, de nuestra nación y hasta lo
último de la tierra. Porque solo en el Evangelio hay
esperanza. Amén. Que Dios nos ayude.
Por la justicia de uno
Series Romanos
| Sermon ID | 11241435277417 |
| Duration | 29:20 |
| Date | |
| Category | Sunday - AM |
| Bible Text | Romans 5:18-21 |
| Language | Spanish |
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