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se ha creado en nuestra cultura,
y yo creo que es algo que traemos impresos los seres humanos, un
sistema de méritos constante, ¿verdad? Y a veces, aun cuando
entramos al Evangelio, nos cuesta pensar en términos de que vayan
más allá o que se salgan de esos parámetros del ojo por ojo, de
que el castigo debe ser equitativo con la ofensa, ¿verdad? Si hay
premio, debe ser un premio equitativo o que sea como justo, se puede
pensar justo, adecuado al logro, ¿verdad? Entonces, si una persona
logró algo y se le da un premio, no se piensa en un premio exagerado,
un premio más allá. de lo que merece. Entonces, ese sistema de mérito
está siempre ahí presente, a veces para bien, en el sentido de que
procuramos, en la medida de lo posible, que el castigo no exceda
la ofensa. En un sistema legal justo, si
hay una ofensa leve, el castigo es leve, y si hay una ofensa
grave, el castigo es fuerte. ¿verdad? Y eso es lo ideal. Y
lo mismo en el sistema de premiación. Si el logro es pequeño, el premio
es pequeño. Si es un logro grande, el premio
es grande. Sin embargo, en el pasaje que
estaremos estudiando en esta mañana, nos vamos a dar cuenta
de que la gracia funciona de manera muy diferente al mérito
o a lo merecido, ¿verdad? Porque por definición, la gracia
es algo que no se merece. Pero aún así, no tendría por
qué exceder. Sin embargo, la gracia de Dios,
o el don de la gracia de Dios, excede por mucho, y va mucho
más allá del castigo, va mucho más allá de las consecuencias
del pecado. Y ese es el punto que Pablo señala
en este pasaje de Romanos capítulo 5, versículos del 15 al 17. Pero el don no fue como la transgresión. porque si por la transgresión
de Aquel Uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los
muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre,
Jesucristo. Y con el don no sucede como en
el caso de Aquel Uno que pecó, porque ciertamente el juicio
vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don
vino a causa de muchas transgresiones para justificación. pues si por
la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán
en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia
de la gracia y del don de la justicia. Oremos. Dios, queremos pedirte una vez
más esta mañana que al examinar esta tu palabra, que es profunda,
que es rica, que es abundante en verdad y en tesoros, Nos ayudes,
porque sabemos que somos criaturas limitadas y pequeñas. No somos
capaces de sacar todo lo que podríamos sacar de este pasaje. Y sabemos que cada vez que lo
visitemos encontraremos algo más, porque Tu Palabra es viva
y eficaz. Pero queremos pedirte que en
esta mañana, esta exposición de Tu Palabra de hoy llene nuestros
corazones, nos transforme, nos capacite, nos ayude a ver a Tu
Hijo Jesucristo glorioso a exaltar tu nombre, a crecer en adoración
y gratitud, a ser desafiados para una vida que te agrade cada
vez más. Y esto sabemos que sólo es posible
si tu Espíritu Santo, que inspiró esta palabra, actúa en nuestros
corazones. Así que pedimos tu ayuda. Reconocemos
que dependemos de ti. Danos vida por tu espíritu y
por tu palabra de vida en Jesucristo. Amén. El gran don de la gracia de Dios. Ese es el título de este sermón.
Y vamos a ver tres puntos. El primero es que el don trajo
mucho mayor bien que la ofensa trajo mal. Vamos a ver en segundo
lugar que el don neutraliza mucho más que una sola ofensa. y vamos
a ver que el don destruye la muerte y trae vida. El primer punto, el don entonces
trajo mucho mayor bien que la ofensa trajo mal. Romano 5.15
dice, pero el don no fue como la transgresión. Porque si por
la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron
mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la
gracia de un hombre, Jesucristo. El don no fue como la transgresión. No hay un sistema de transacción equitativa en
cuanto al don. y la transgresión. La transgresión
de Adán fue terrible, pero las consecuencias para bien del don
de Dios son mucho más abundantes y mucho más grandes que los efectos
del pecado de Adán. El don de la bondad de Dios es
mucho mayor que el fracaso, que la ofensa y la mala acción. de Adán, la transgresión de Adán
o la desobediencia de Adán. Es curioso que aquí el versículo
15 utiliza el término transgresión que lo vimos antes Y hablamos
de que transgresión significa romper una ley dada, ¿verdad? Esa fue la definición que dimos.
Sin embargo, vale la pena aclarar que, a pesar de que la traducción
es la misma, en el versículo 15, en el original, se usó otro
término, que también se traduce en las Escrituras como transgresión,
pero no tiene el mismo significado exactamente. Entonces, en este
caso, transgresión es un poco más general, no es tan específico
como romper una ley, sino que tiene que ver con dar un traspié
o cometer una maldad, hacer algo malo, en general, no necesariamente
ante la presencia de un mandamiento, pero ese es el término que aquí,
por carecer de un término mejor, En español se utiliza también
transgresión. Entonces lo vemos en el versículo
15, si no me equivoco es también en el 14 que aparece, pero no
es el mismo término, no es en el original. Entonces nada más
tengamos eso ahí presente. Aquí en énfasis, no es romper
la ley sino hacer algo malo, simplemente, ¿verdad? Sin necesidad
de que haya una ley presente, un traspié que rompió la relación
que tenía Adán con Dios. Es el pecado de Adán y seguimos
hablando. de su pecado, seguimos hablando de su transgresión,
el desvío del camino, o la falla de Adán. Entonces, tal vez se
parece un poco más a pecado, que significaba errar el blanco,
en este caso es como no dar un buen paso, sino como dar un mal
paso al caminar. Esa es la transgresión, y Pablo
está diciendo que el don no fue como la transgresión. Fue mejor,
fue mayor, fue superior a la transgresión. El don, ¿a qué
se está refiriendo Pablo con el don? Se refiere aquí a la
obra de Cristo por la humanidad en términos amplios, ¿verdad? Entonces, lo que Adán hizo versus
lo que Cristo hizo, ese es el punto de la comparación. Lo que
Cristo hizo es una obra de gracia. no una obra de mérito. Su sacrificio
resulta en la justicia de los creyentes, y la gracia de Dios,
entonces, se ve reflejada en esa persona, en la persona de
Cristo. Cristo, su persona, y su acción
al morir en la cruz. Ese es el punto de comparación.
También se puede hablar del don como el resultado de esa obra,
¿verdad? Ya lo mencioné, nuestra justificación
es también parte de ese don. Y aquí es donde nos empezamos
a dar cuenta de que esto es más grande. Porque el don de la gracia
de Dios, si ustedes hablan del don de la gracia de Dios, tenemos
muchos temas. Hay muchísimo que decir acerca
del don de la gracia de Dios. Cuando hablamos de la transgresión
de Adán, es una. ¿verdad? Comió del fruto prohibido
y trajo la muerte a todos los hombres. Pero cuando hablamos
del don de la bendición de Dios, de la gracia de Dios, uff, aquí
podemos pasar toda la mañana. Y más adelante vamos a hacer
un pequeño repaso de algunas bendiciones que se derraman con
este don. Pero, algunos incluso dicen que
se refiere al Espíritu Santo, porque recuerdan que en Romanos
5 al principio hablamos de que el amor de Dios fue derramado
en nuestros corazones por el Espíritu Santo, Y yo digo, también,
también podríamos decir que es el Espíritu Santo, porque el
don de Dios y todo lo que Cristo hizo y todo, todo eso se hace
efectivo en nuestras vidas por la obra del Espíritu Santo también.
Entonces, todo eso lo podemos meter en el mismo saco. ¿Cómo
es diferente? ¿Cómo es diferente este don tan
amplio? ¿Cómo es diferente de la transgresión? de aquel uno. Bueno, primero
dice, porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos,
abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de
Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo. Entonces, primero
ese fragmento, porque si por la gracia, perdón, porque si
por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, ese
término, ese sí, lo que está diciendo es, si esto es cierto,
Si es cierto que por el pecado de uno, entró la muerte para
muchos, o sea, para toda la humanidad... Si es cierto que el hombre, Adán,
pecó y por su pecado entró la muerte, por medio de ese pecado...
toda la humanidad se ve afectada por la realidad de la muerte,
como vimos hace 15 días, el efecto se esparció a todos. Si eso es
cierto, si eso es verdad, si la gente muere física y espiritualmente
a causa del pecado de Adán, si hay una separación de Dios que
es parte de la realidad de todos los seres humanos, si eso es
cierto, mucho más cierto es que han abundado para los que están
en Cristo, la gracia y el don de Dios. ¡Mucho más! Fueron derramados. Hablamos con el don del Espíritu
Santo, que Él derramó el amor de Dios. Hablamos del vaso, ¿verdad? Que es como tratar de llenar
un vaso de una cascada. ¿Recuerdan esa ilustración? Esta
es la idea. una sobreabundancia. Nosotros
somos un vaso debajo de una catarata del amor de Dios, de la bendición
de Dios, del don de la gracia de Dios. Nos llena y se sobresale,
se rebasa, ¿verdad? Es muy grande la bendición que
hemos recibido. Es sobrepasa entonces, sobreabunda,
se excede, se multiplica, mucho más que la transgresión de Adán,
mucho más, como hemos cantado, su gracia es mayor. Su gracia es mayor. Y para los
muchos aquí, no se refiere a los seres humanos, todos. Los muchos,
en el fragmento anterior, sí se refería a toda la humanidad.
Pablo, recuerden que él es medio poeta, ¿verdad?, cuando escribe.
Entonces, le gusta usar términos similares, términos que rimen. Entonces, él utiliza los muchos
en ambos casos, pero los utiliza en sentidos diferentes. Los MUCHOS
que sufrieron por la transmisión es toda la humanidad. Él podría
haber dicho TODOS en lugar de los MUCHOS. Lo raro es que digan
los MUCHOS allí, ¿verdad? Pero ya él había establecido
que es a TODOS los hombres, ya lo había dicho. El pecado y los
efectos del pecado pasó a todos los hombres. Pero, cuando habla
de la gracia, ahí sí tiene que ver con los MUCHOS O sea, no
todas las personas, pero los muchos, porque son muchos los
que están en Cristo. Son muchos los creyentes. a lo
largo de toda la historia de la humanidad son muchos, en momentos
específicos de la historia parecen pocos, pero cuando estén todos
en el cielo alabando al Señor, verdad, la Biblia en Apocalipsis
Juan nos dice que son millares de millares, y ese término es
como decir tantos que no se pueden contar, verdad, esa es la idea,
esa es la cantidad, son muchos, verdaderamente son muchos los
que reciben el don de la gracia de Dios, y al hablar de la gracia
de Dios, de nuevo, este es un término muy rico, Porque nos
habla tanto de lo que motivó a Dios para enviar a Cristo.
O sea, esto es por gracia. No lo motivó nuestra necesidad. Aunque es una respuesta a nuestra
necesidad, pero no es la motivación nuestra necesidad. No lo motivó
nuestro mérito. El hecho de que mereciéramos
que Cristo muriera por nosotros, esa fue la motivación. El motor
detrás de la obra de salvación es la gracia. Y eso nos dice
una cosa, si nos dice sólo esto que esté claro, nos dice que
la razón está en Dios y no en nosotros. Nos dice que Él tendrá
sus motivos, no nos toca a nosotros especular cuáles son los motivos
por los que me escogió a mí y no a otro. Pero lo cierto es que
cualquier motivo o razón, está en Dios. Y es por su gracia,
no es un favor merecido, no sería gracia, si fuera merecido. Entonces,
el favor no merecido de Dios, que motiva la salvación, y podemos
hablar de la gracia también en términos de lo que recibimos
por gracia, propiamente la salvación. Entonces, tanto lo que motiva
la salvación, como la salvación misma, eso todo está encerrado
en el término gracia. Es lo que hemos recibido por
gracia, es el don de la gracia de Dios. Por la gracia, repite
el término ahora en asociación con Cristo, por la gracia de
un hombre. Y este punto es clave porque
Pablo, de nuevo, poéticamente está diciendo, por un hombre
entró el pecado y ahora por un hombre llega la gracia. Por un
hombre, Adán, entró la muerte a todos y por un hombre, Cristo,
entra la vida. a muchos, la salvación, el don
de la gracia, para muchos. ¡Qué gran diferencia! ¡Qué gran
diferencia entre el pecado y el don del perdón de Dios! Cristo
Jesús trajo el don de la bondad de Dios a muchos, y nosotros
somos objeto de esa bondad, de esa misericordia. Y el efecto
del pecado sí, sí es grande, y hablamos del efecto del pecado
en los sermones anteriores, de lo profundo y lo terrible que
es. Pero recordemos, el don de la gracia de Dios supera por
mucho. lo que el pecado hizo. Supera por mucho el pecado de
Adán. Sí, él hizo que muchos murieran,
pero la gracia logró mucho más para muchos. Y ahí estamos nosotros. Está presente el principio de
representación del que hablábamos en el principio. Dios siempre
ha lidiado con la humanidad. Lidiar es una palabra un poco
negativa a veces, de verdad, pero tratado. Siempre ha tratado
con la humanidad en términos de pacto. Y en esos pactos Él
establece representantes. Nuestro primer representante
fue Adán. Y en su caída caímos todos. En su pecado pecamos todos. En su muerte morimos todos. Pero
también somos representados por Cristo y ese es el punto ahora.
Cristo es nuestro representante como creyentes, y es en Él que
hemos recibido todas estas bendiciones. No olvidemos eso. Lo vamos a
retomar al final, pero no olvidemos eso. Se trata de Cristo, de Jesucristo. Sí, el pecado de Adán trajo maldición. ¿Pero qué les parece si dedicamos
unos segundos a contar las bendiciones que trajo el don de la gracia
de Dios? Bueno, una de esas bendiciones es que ahora podemos conocer
a Dios, cosa que antes no podíamos. Estamos en una relación cercana
y personal con el Dios creador del universo. Antes estábamos
alienados de él por el pecado, separados de él sin esperanza.
Pero en Cristo hemos sido acercados a Dios. Lo podemos conocer. Podemos conocerlo a través de
su palabra. Y esa es otra bendición que a veces no contamos. La posibilidad
de poder abrir ese libro sobrenatural y poder leerlo y entenderlo. Y entender lo que Dios nos está
diciendo a través de su revelación, su auto revelación. El Espíritu
de Dios que mora en nosotros y aplica esa palabra a nuestras
vidas, eso es una bendición enorme con la que antes no contábamos.
Hermanos, yo sé que no somos salvos por creer en la elección,
pero creer en la elección trae un consuelo, una paz y un gozo
insuperables. Pensar que yo, este pecador,
inmerecedor, fui elegido desde antes de la fundación del mundo
y así cada uno de nosotros, por la gracia de Dios, por su amor
demostrado en la cruz, elegidos en Cristo desde antes de existir. Eso es una bendición enorme.
Saber que estamos en sus manos para siempre, que estamos en
su amor para siempre. Porque Él nos amó antes de que
pudiéramos hacer algo para ganarnos su amor. Así que no podemos hacer
nada para perderlo. Porque nunca se ha tratado de
nosotros. Estamos en su amor para siempre. Ninguna cosa creada
nos podrá separar. y no solamente reconciliados
con él, no solamente amigos suyos, no solamente siervos del Señor,
sino miembros de su familia, adoptados en su casa, con todos
los privilegios de un hijo, coherederos con Cristo. Es un estatus honorable y altísimo,
y no lo merecíamos. Además, contamos con sus promesas
para nuestro andar diario, no solamente escatológicamente,
sino que hoy ya somos parte de su familia y como él es nuestro
padre, hoy provee para nosotros, como un padre de familia provee
para sus hijos. Y se asegura de que no nos falte
nada física, material o espiritualmente. nos bendice, con toda bendición,
por sus riquezas en gloria. Y aun cuando hay necesidad aparente
para nosotros, o carencia en algún área, Él está promoviendo
lo mejor de todo, que es crecimiento en santidad y en carácter cristiano. El sello de Su Espíritu que nos
recuerda nuestro futuro, La garantía de la gloria a la que nos estamos
dirigiendo en este momento y ese mismo Espíritu ayudándonos a
vivir cristianamente. Esa presencia activa y constante
de la que cuesta ser consciente porque no lo vemos. No lo vemos,
no vemos al Espíritu Santo físicamente, pero Él está con nosotros y en
nosotros, de manera real y activa, una persona de la Divinidad con
nosotros, todos los días. Siendo templo Suyo, eso es un
privilegio enorme. ¿En qué debe estallar todo esto
si no en gratitud, en alabanza, en adoración, Porque nosotros
no vivimos en un mundo al azar. No vivimos en un mundo donde
a veces pasan cosas buenas y a veces pasan cosas malas y uno tiene
que navegar ahí dependiendo de las fuerzas de la naturaleza
o las fuerzas de la fortuna o los dioses antojadizos de la creación.
No. Tenemos un Dios que es bueno,
justo y sabio siempre. Y podemos alabar, adorar y agradecer
a ese Dios en todo momento. Y eso es una bendición enorme.
Que nuestra vida tenga sentido, que haya un norte, que haya un
propósito. Hermanos, ¿cuántos no viven así? ¿Nosotros no vivíamos así? Vean
cómo ha sobreabundado el don de la gracia de Dios. Y estas
son sólo algunas cosas. Podríamos quedarnos, como ya
les dije, toda la mañana, todo el día, varios días, varias semanas,
contando las bendiciones, los dones, los matices, las áreas,
las implicaciones del don de la gracia de Dios que hemos recibido
en Cristo Jesús. vemos entonces que el don es
mucho mayor, trae mucho mayor bien. que la ofensa trajo mal. Ahora, en segundo lugar, veamos
cómo el don neutraliza mucho más que una ofensa. El versículo
16 dice, y con el don no sucede como en el caso de aquel uno
que pecó, porque ciertamente el juicio vino a causa de un
solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas
transgresiones para justificación. Lo que resultó del don no es
como lo que resultó del pecado. El don de Cristo es diferente
de la condenación. El juicio vino a causa de un
solo pecado para condenación. El veredicto de Dios, la sentencia
de Dios, fue condenación. El día que de él comieres, ciertamente
morirás. Ese fue el castigo, esa fue la
condenación, muerte. Y esta siguió a un solo pecado,
el pecado de Adán. al comer del fruto. Adán pecó
y fue declarado culpable. Y luego ese veredicto cayó sobre
todos nosotros. Y fuimos declarados culpables. Y nacimos en pecado a partir
de Adán. ¿Y para qué? Ese es el camino.
Empieza en el pecado y termina en condenación. Es una historia
triste. Una historia lamentable. Empieza
en pecado y termina en condenación. En castigo, en perdición. Pero,
Los maravillosos peros de la Biblia. Yo sé que hay fans de
los peros de la Biblia aquí presentes, ¿verdad? Aquí hay un perro. Un
perro bíblico. Pero, el don vino a causa de
muchas transgresiones para justificación. El don, de nuevo, es el regalo
de la gracia que incluso en el versículo 15 surgió, o responde
a, o siguió a muchas transgresiones, muchas maldades, el mismo término,
muchos traspiés, muchos fallos, muchos fracasos, muchos pecados,
para justificación. Porque Cristo vino a morir no
sólo para deshacer el pecado de Adán. Cristo vino a morir
no sólo para neutralizar lo que Adán hizo. Cristo vino a morir
y pagar el precio por todos los pecados de su pueblo. No sólo
uno, no sólo el pecado de Adán, sino todos los pecados de su
pueblo. Hermanos, tenemos seguridad en
estas palabras. Tenemos seguridad, aun cuando
pecamos, de que somos perdonados de todos nuestros pecados. Pecados
pasados, pecados presentes y pecados futuros. Todos ellos, todos,
fueron cubiertos en la cruz. Muchas transgresiones, muchas
transgresiones. Sí, a veces pensamos en nuestro
pecado pasado y recordamos lo terrible que fue, y hemos hablado
de esto también, y quisiéramos no haberlo cometido, y cuando
lo recordamos nos trae dolor, tristeza, quisiéramos poder reescribir
esa parte de nuestra historia, ¿cierto? Pero recordemos que
Cristo murió por multitud de transgresiones, y esas transgresiones
fueron cubiertas. Mi pecado pasado, no importa
cuán terrible fue, Ese pecado que cometí, o esos pecados que
cometí, no importa cuán terribles fueron, fueron cubiertos por
la sangre de Cristo. ¡Gloria a Dios por eso! Pero
también, pensemos en lo terrible del pecado cuando lo cometemos
ahora. Ahora que conocemos a Cristo.
¿Cómo es posible que conociendo la gracia de Dios en Cristo,
pequemos? ¡Qué malagradecidos! ¡Qué cabezones! ¡Qué malvados! Y sí, podríamos
detenernos ahí, es cierto. Somos malagradecidos cuando pecamos
contra la gracia que ya hemos recibido en Cristo, es cierto.
Pero aún esos pecados están cubiertos en la cruz de Cristo. Él murió
por todos nuestros pecados. tomémoslos en serio, no es para
que nos hagamos de la vista gorda y le restemos importancia al
pecado, no, tomémoslo en serio, tomemos muy en serio el pecado, luchemos contra el pecado con
toda nuestra fuerza, porque también hay una mirada al futuro, y debemos esforzarnos por andar
en santidad, debemos esforzarnos por vivir conforme a la palabra
de Dios, por supuesto que sí, pero vamos a caer, vamos a pecar,
vamos a fallar. No es necesario conocer el futuro
para saber que eso es así. Van a venir pruebas demasiado
difíciles y vamos a fallar en nuestra fe, vamos a tropezar,
vamos a caer, vamos a pecar. Pero la gracia de Dios, de Cristo,
ha cubierto esos pecados también. Todos los pecados, muchos, muchos
pecados, muchas transgresiones. Ahora, también hay una promesa
de que en su perdón no es simplemente perdonar los pecados que cometemos,
sino que, como vimos en primera de Juan 1.9, Él perdona nuestros
pecados y nos limpia de toda maldad. Entonces, junto con el
perdón hay una promesa, y debemos aferrarnos a esta promesa también,
con todas nuestras fuerzas, de que nuestro Señor no sólo nos
perdona, sino que nos está restaurando. Y yo creo que ahí, en las implicaciones
profundas de nuestro pecado, de cómo Él rehabilita nuestro
interior, ahí también están presentes esas muchas transgresiones por
las que Cristo murió. No sólo los pecados que cometemos,
sino los efectos en nuestra vida del pecado. La maldad que hay
en nosotros y esa necesidad de ser transformados en nuestra
mente. Y la Biblia dice que tenemos
ahora la mente de Cristo. Ser transformados en nuestro
cuerpo, en nuestras acciones. La Biblia dice que ahora somos
el cuerpo de Cristo. Y también somos morada del Espíritu
Santo. Como templo de Cristo. Así que
a nivel interno y en lo más profundo de nuestro carácter y de nuestro
ser, Él está haciendo algo nuevo y gloria a Dios por eso. Así que odiemos ese pecado, aunque esté
presente y aunque sabemos que lo vamos a cometer, odiémoslo,
odiémoslo con todo nuestro corazón y hagamos todo lo que podamos
por luchar contra él para la gloria de Dios. Todos esos pecados
fueron cubiertos. en Cristo. Y en tercer lugar,
el don destruye la muerte y trae vida. Versículo 17. Pues si por
la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán
en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia
de la gracia del don de la justicia. Vamos a darle unas vueltas a
este versículo para acomodarlo de manera diferente, solo por
un tema de exposición. No va a cambiar el sentido del
versículo. Si por la transgresión de uno solo reinó la muerte,
de nuevo, si es cierto esto, y ya dijimos, hemos establecido
que es cierto, que por la maldad de uno, la muerte obtuvo dominio,
de modo que todos mueren, todas las personas mueren y morirán,
esa es una realidad. Ahora vienen mucho más, mucho
más, los que reciben la abundancia de la gracia y el don de la justicia,
ese es el cambio de orden que estamos haciendo, Entonces, mucho
más seguro es esto, que los que hemos recibido la plenitud, o
ese exceso, esa multiplicación de la gracia y el don de Dios,
en una medida mucho mayor, porque la gracia ha sido derramada en
nuestras vidas de manera generosa, por un Dios generoso. Entonces,
aquí hay un punto importante. Yo creo que cuando hablamos del
don de Dios y de la gracia de Dios, como es sinónimo de regalo,
casi siempre pensamos en que estamos recibiendo algo, y me
gustaría cambiar esa imagen un poco. James Dunn, un comentarista
que escribió acerca de este libro en romanos, lo pone en estos
términos, estoy parafraseando un poco. En el don de la gracia,
Dios no nos da algo que pasa a nosotros de su mano. sino que
Él mismo nos toma a nosotros en sus manos. Esa es la gracia. Él no nos está dando algo externo
a Él. La gracia se trata de que hemos
sido traídos a Él y que ahora somos suyos y Él es nuestro para
siempre. Voy a leerlo de nuevo. En el don de la gracia, Dios
no nos da algo que pasa a nosotros de su mano. sino que Él mismo
nos toma a nosotros en sus manos. Y aquí viene algo interesante
porque dice que por el pecado reinó la muerte y uno esperaría
y entonces por la obra de Cristo y por ese don reina la vida.
¿Verdad? Eso sería lo que uno anticiparía,
pero Pablo lo pone diferente, él no dice reinará la vida, él
dice que nosotros reinaremos en vida. por uno solo, Jesucristo. Reinarán,
gobernarán. Lo hemos cantado también. Hay
un himno, en este momento se me olvida cuál es, donde decimos
que somos reyes junto a Él, somos reyes junto a Cristo. Tiene que
ver con esta promesa de que nosotros reinaremos con Cristo. Seremos
reyes y reinas, y yo sé que nos queremos alejar todo lo posible
del Evangelio de la Prosperidad que pervierte estas enseñanzas,
¿verdad? Pero recordemos esto. Tiene que
ver con el hecho de que Cristo ha vencido la muerte y el pecado.
Como Rey vencedor, Él comparte esa victoria con nosotros. Y
entonces nosotros reinaremos con Él sobre la muerte y sobre
el pecado. O sea, no habrá más dominio de
la muerte y el pecado. en nuestra vida. Y sí, también,
la Biblia habla de que en el Nuevo Orden, en el Cielo Nuevo
y la Tierra Nueva, gobernaremos. No sabemos qué significa eso
a ciencia cierta. Cuando estemos ahí nos daremos
cuenta. Pero estoy seguro, sea lo que sea que imaginemos, lo
que nos espera sobrepasa con creces lo que nosotros estemos
pensando. El punto es, mis hermanos, que
todo esto, todo esto, es por uno solo. Jesucristo. Los que
creemos en Cristo tendremos mayor gloria, riqueza y bendición que
la miseria y el dolor que ha causado el pecado en el mundo. Permaneceremos con Cristo para
siempre, estaremos en sus manos para siempre y Él será nuestro
para siempre. disfrutaremos de esa vida nueva
para siempre, y hoy ya disfrutamos de esa vida nueva. El Espíritu
que resucitó a Cristo entre los muertos es el mismo Espíritu
que hoy mora en nosotros y nos hace nuevas criaturas en él. Lo que seremos, sólo lo podemos
imaginar. Sólo lo podemos imaginar. Pero,
¿habrá vida? ¿Vida plena? ¿Vida en abundancia? ¿Vida en verdad? Lo que sea que
eso significa. Pero suena bien. Y suena mejor
que lo que podríamos experimentar en este mundo. Porque estaremos
con Dios. Vida de verdad. Porque estaremos
con Dios para el que fuimos creados. Vida de verdad, porque Dios estará
con nosotros. Y todo esto, insisto, por uno
solo. En el versículo 15, ya Pablo
lo dijo, por la gracia de un hombre. Y ahora en el versículo
7 lo repite, por uno solo. cada bendición que disfrutemos
de este lado del cielo, debe llevarnos a pensar en Cristo. Cada vez que pequemos, cada vez
que fallemos y experimentemos el perdón de Dios, deberíamos
pensar en Cristo. Cada vez que logremos luchar
de manera efectiva contra el pecado, aunque sea unas cuantas
veces, y cada vez que podamos vencer, cada vez que pasemos
la prueba, debemos pensar en Cristo. Cada día, al pensar en
la nueva vida que nos aguarda, en la gloria que veremos, en
la gloria que tendremos, en el cielo, en la nueva creación. Cada vez que nos encontremos
meditando en esas cosas, pensemos en Cristo, porque se trata de
Él. Es por uno solo, Jesucristo. Por un hombre, Jesucristo. El don de su gracia, su obra
en la cruz, su don de sí mismo, al morir en la cruz. Es interesante que la muerte
y el dominio de la muerte haya sido vencido por la muerte sacrificial
de nuestro Señor Jesucristo. Es como que usó su arma contra
ella misma y destruyó a la muerte con su muerte. Y a partir de
su resurrección resplandece la vida y seguirá creciendo la vida
en nosotros y sobreabundando hasta que lleguemos a ese punto
máximo que sólo podemos imaginar, pero todo para la gloria de Cristo. Así que, adoremos a Cristo, alabemos
a Cristo todos los días de nuestra vida, con cada aliento que nos
quede en este mundo. practicando para la gloria, practicando
para el cielo y para la eternidad, donde seguiremos haciéndolo por
los siglos de los siglos.
El gran don de la gracia
Series Romanos
| Sermon ID | 1124142110414 |
| Duration | 36:18 |
| Date | |
| Category | Sunday - AM |
| Bible Text | Romans 5:15-17 |
| Language | Spanish |
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