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guardaos de los escribas. Es
la advertencia que nos da el Señor aquí en este pasaje, guardaos,
guardaos, guardaos. ¿De qué debemos de guardarnos?
Cristo ahí en ese pasaje nos da una lista de aquellos pecados
en que estaban los escribas y de los cuales también nosotros hoy
debemos de guardarnos. Vayamos a Marcos capítulo doce,
versos treinta y nueve al cuarenta. Dice aquí la palabra en Marcos
capítulo doce, verso treinta y ocho, y les decía en su doctrina,
guardaos de los escribas que gustan de andar en largas ropas
y aman las salutaciones en las plazas. y las primeras sillas
en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas, que devoran
las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones. Estos recibirán mayor condenación. Oremos. Padre Soberano, nosotros
invocamos ahora tu nombre y te suplicamos que tu espíritu traiga
tu gracia abundante para que nuestras almas sean apacentadas
de la verdad. Trae, Señor, a través de tu palabra
esta amonestación y concédenos por ello despertar y mantenernos
alerta ante la realidad del pecado que nos asedia y nos acecha.
Bendícenos con ello. Te lo rogamos en el nombre de
Jesús. Amén. Este pasaje, mis amados hermanos,
nos dice que es posible quedarlo con el cascarón del huevo, pero
sin clara y sin yema en su interior. Esto fue precisamente el evento
o la historia, la experiencia que sufrieron los escribas. Y esto tiene una aplicación primero
para los líderes del pueblo de Dios. Es posible que nosotros tengamos en las manos el cascarón,
pero vacío por dentro. Es posible tener la Biblia en
las manos, propiedad nuestra porque la compramos, pero es
posible también estar vacíos de Dios en nuestros corazones,
vacíos del Dios de la Biblia en nuestros corazones, eso es
posible. Es posible tener un gran caudal
de conocimiento de la verdad, pero estar vacío, vacíos del
Dios de la verdad, que se revela en la verdad. Es posible tener
una iglesia y estar vacíos del Dios de la iglesia. Esa es una realidad a la cual
estamos expuestos, de ahí que es válida esta advertencia y
amonestación que el Señor le da aquí a sus discípulos. Al
hacer una evaluación de la vida espiritual de los líderes de
Israel, esta fue la realidad que el Señor encontró. Esta gente
tenía lugares de preeminencia en el seno del pueblo de Dios
en esos días. Sin embargo, el Dios del pueblo
estaba ausente de sus corazones y de sus vidas. Aunque eran los
líderes de Israel, para servirle a Dios al pueblo de Israel, Sin
embargo, Dios estaba ausente de la vida de ellos mediante
la cual debían de servirle al pueblo de Israel. Esa es una
realidad patética que el Señor describe aquí en esta porción.
Podemos observar en este pasaje que después de que el Señor silenció
a sus oponentes con sus respuestas precisas, veraces y contundentes,
Él tomó la iniciativa de usar todo aquel escenario para enseñar
y equipar a Sus discípulos. ¿Y cuál fue el libro de texto
que él tomó para enseñar y advertir a sus discípulos de ayer y a
nosotros en el día de hoy? La vida de los escribas. Ese
fue el texto que él tomó para enseñar de ahí, de ese pasaje
de la vida de los escribas, lo que nosotros hoy debemos de evitar. Por eso, Él toma ese texto de
la vida de los escribas y lo usa para advertir a sus
discípulos de los pecados y patrones de conducta, de lo que ellos
debían de guardarse, de lo que ellos debían de cuidarse. Guardaos de ellos, advierte el
Señor. ¿A quién Él le está dirigiendo
estas palabras en primer lugar? A Sus discípulos, y a todo el
pueblo que había concurrido a esa asamblea ahí en el templo donde
Él se encontraba, guardaos de ellos. La palabra griega blepo,
guardaos, es un presente del modo indicativo, se usa como
mandato, como advertencia, como exhortación, para indicarle a
sus discípulos que debían de prestar atención a esa amonestación
que Él les daba en el contexto del ministerio que estaba desarrollando
ahí en el templo. Ellos debían de guardarse, de
imitar los patrones de vida que identificaba a los líderes de
Israel en ese tiempo. donde el Señor se hallaba ministrando. Esta palabra griega vlepo también
se traduce como mirad en Colosenses capítulo 2 verso 8 donde Pablo
dice mirad que nadie os engañe. Tenemos corazones engañosos y
perversos más que todas las cosas nos advierte la palabra de Dios
y por naturaleza estamos inclinados a copiar e imitar lo malo sobre
todas las cosas. Y esto es algo muy común, que
es lo que observamos a nuestro alrededor, que cuando un famoso
se prone una prenda de vestir, no importa lo estrafalaria que
esa sea, inmediatamente esa prenda de vestir se hace popular, y
usted la encuentra por millares en los escaparates de las tiendas,
y a cientos y cientos de personas que la visten y la exhiben con
gran orgullo y devoción, una manera de honrar a sus líderes, que ellos quieren imitar. Esa es la realidad, somos imitadores
por naturaleza. La vida de estos hombres tenía
una constelación de pecados, de los cuales Los nuevos líderes
de la iglesia del Señor debían de cuidarse para que no cayeran
en la misma trampa donde cayeron los líderes de Israel allí, en
aquella generación donde el Señor estaba viviendo. Guardaos de
ello. Guárdense de su mala influencia,
porque las malas influencias corrompen las buenas costumbres. los buenos hábitos son corrompidos
cuando usted se asocia y vive mucho tiempo junto a alguien
que sigue una conducta antivíblica, impía, atea, una vida pecaminosa. Israel necesitaba de un nuevo
liderazgo porque los que habían estaban totalmente corrompidos
de pies a cabeza. Ya ellos no representaban a Dios,
a Jehová Dios, a quienes ellos estaban llamados a ministrar
al pueblo de Israel. Los discípulos serían los nuevos
líderes para el nuevo pueblo de Dios que habría de iniciar
a partir de Pentecostés. Y esos pecados que eran dominantes
y claramente comprobables en la vida de estos hombres, los
escribas, debían de ser evitados a toda costa en el liderazgo
de la nueva iglesia, del nuevo Israel, del nuevo pueblo de Dios
que habría de nacer a partir del día de Pentecostés. Cristo
quería un nuevo liderazgo espiritual. que llenara las medidas de Dios
para servirle a su pueblo. De ahí la advertencia, guardaos
de esos patrones de vida y de conducta que siven estos líderes
actuales en el seno del pueblo de Israel. Lucas 20, 45, cuando
todo el pueblo le escuchaba, dijo a sus discípulos, guardaos
de los escribas La foto que el Señor presenta de estos escribas
nos dice que ellos se caracterizaban porque eran individuos arrogantes,
eran individuos egoístas, eran unos hipócritas y unos indignos
de confianza. De esta levadura era que los
discípulos se debían de guardar, porque esa es una levadura peligrosa,
dañina, para la fe y la piedad en el liderazgo del pueblo de
Dios. ¿Quién le podrá servir a Dios? ¿Quién le podrá servir al Señor
Jesucristo de una manera beneficiosa para el pueblo de Dios si se
identifica y caracteriza en su vida por ser un arrogante, un
egoísta, un hipócrita, un indigno de confianza, ¿se le podrá servir
al Señor dignamente con esas cualidades? ¿Quién le podrá servir
a Dios sin la gracia de la humildad, de la cual se habían despojado
hacía muchos años los líderes del pueblo de Israel. Debemos, en consecuencia, los
líderes de esta iglesia tomar nota de esta advertencia que
da el Señor a Sus discípulos. El retrato de los líderes para
el pueblo de Dios aparece colgado de la pared. brillando a todo
color en uno de los salones de la Palabra de Dios. Específicamente
en el salón, ubicado en Primera de Timoteo, capítulo tres, uno
al siete, ahí aparece colgado el cuadro del retrato de lo que debe ser el pastor
o el diácono que sirve en la iglesia del Señor. Si alguno
anhela obispado, buena obra desea, pero es necesario, esto no es
negociable, Es necesario que el obispo sea irreprensible,
amable, apacible, no avaro, que gobierne bien su casa, que tenga
a sus hijos en su gestión, que no caiga en descrédito y en lazo
del diablo, o sea, que no sea un neófito. Los diáconos asimismo
deben ser honestos, sin doblez, no dados a mucho vino, no codiciosos
de ganancias deshonestas, que guarden el misterio de la fe
con limpia conciencia, y éstos también sean sometidos a prueba
primero, y entonces ejerzan el diaconado si son irreprensibles. ¿Ven el cuadro ahí? ¿La fotografía? del hombre de Dios que él ha
de usar en la iglesia para pastor o para diácono? Esas cualidades
hacía año que ya no brillaban en el carácter y en la vida de
esos líderes a los cuales el Señor aquí está reprendiendo. ¿Cuál era la radiografía cuál
era la radiografía del alma de estos hombres? Vemos seis cualidades que revela la radiografía
que el Señor le hizo al alma de estos individuos. Observa
que Cristo dice que ellos se deleitan en andar por todos lados
con vestiduras largas. se deleitan en andar por todos
lados con vestiduras largas. En otras palabras, ellos se daban
el aire de andar por todos los lugares vestidos como si fueran
príncipes, como si fueran reyes. Especialmente, se vestían con
toda la pompa que se dice en los reyes a la hora de ir a una
audiencia. Esta gente andaba veinticuatro
horas al día, vestido de príncipe, vestido de reyes. Donde quiera
que iban, iban bien vestidos, bien plantados, bien buenomosos,
muy bien parados, como dirían algunos. Ahora, ¿había problema en que
ellos anduvieran bien vestido, vestido decorosa y decentemente
como hombre de Dios? ¿Hay algún problema en que un
siervo ande con su corbata y su saco, sobre todo si su vida laboral
así se lo exige? ¿Hay algún problema en que un
siervo de Dios, una sierva de Dios, venga bien plantado, bien
vestido, con decoro, con decencia, hermoso a la iglesia, a la casa
de Dios? ¿Hay algún problema en que la
hermana vista bien y luzca bien, aún para entrar a la cocina,
fregar, lavar y aplanchar? ¿Hay problema con eso? Por supuesto
que no, hermanos. El problema no estaba en que
ellos fueran meticuloso o cuidadoso
en el vestir. Ahí no estaba el problema de
ellos. Dice un autor, les encantaba
andar por ahí con ropas solemnes, un ropaje largo que se mecía
al andar. Era una señal de dignidad. Era la clase de atuendo en que
uno no podía ni correr ni trabajar. y era la señal del ocio honorable. El problema estaba ahí, es que
eran unos vagos que andaban bien vestidos para vagar. Se vestían
bien no para servir y ministrar, sino que se vestían bien para
llamar la atención a su vagancia en la que vivían. Ese era el
problema. en todo caso le gustaba llamar
la atención sobre sí mismos. Ese era el quid del asunto. ¿Para
qué se vestían y andaban vestidos como reyes? ¡Ah! Para llamar la atención sobre
sí mismos, para que la gente lo pudiese ver donde quiera que
estuviesen parado. ¡Ah, allá viene el escriba! ¿Cómo tú lo sabes? Ah, por el
vestido, esa ropa, eso es sin lugar a duda la que identifica
a un escriba. Esto nos denota a nosotros que
estos individuos Su marca distintiva era el egocentrismo. Eran individuos egocéntricos. Querían que todas las miradas
de todo quien pasaba a su alrededor se dirigieran hacia ellos. Eso era lo que buscaban con esa
clase de vestimenta a todas horas, incluyendo para andar en la calle. querían ser el foco de atención
de todo el mundo a su alrededor, ese era el problema. Cristo dice, se deleitan en andar
por todos lados con vestiduras largas. ¿En qué se deleitaban? En la vestidura. no se deleitaban
en el Dios que ellos representaban o suponían representar con esa
vestidura de dignidad que se ponían, sino que se deleitaban
en los aplausos, en el reconocimiento, en la devoción que de cierta
forma la gente tenía para con ellos al observarlos y mirarlos. Ese era su mal. ¿Quién no identifica a una monja?
¿Cómo usted puede identificar a una monja católica romana?
¿Cómo usted la identifica? ¿Eh? Un traje impecablemente largo, bellamente confesionado. ¿Cuál es el fin de ese traje?
Mostrar su castidad, su decencia, su pureza, su dignidad, llamar la atención sobre sí mismas. Yo recuerdo un evento cuando
era niño todavía. Tengo unas tías muy católicas
desde que yo era niño y siempre andaban con una monja detrás.
Recuerdo que fueron a casa una tarde Y por frente a casa siempre
estaban personas montadas a caballo, que venían de para allá, de la
zona, de la parte alta, para allá en agua, en los campos.
Ese señor se desmontó su caballo, se quitó el sombrero, se arrodilló
y se presinó cuando dio a esa monja. Yo recuerdo que me quedé mirándola
a ella para ver la reacción, tú sabes, que ella tendría ante
ese gesto de profunda devoción y reverencia. Esa señora se sonrojó,
se sonrojó, se puso roja cuando ese señor, ya un hombre anciano,
hizo ese gesto delante de ella. Ahora hermano, ¿a qué fue que
ese hombre se apió del caballo, se arrodilló y se presinó? ¿A qué? ¿A qué se humilló él? al Dios que esa mujer, entre
comillas, representaba, o a ella. Y obviamente al atuendo con que
ella quería representar su oficio. A eso fue que ese hombre se arrodilló
al atuendo con que ella lo impresionó, con que ella llamó la atención
de ese individuo sobre su persona. Fue eso que él se inclinó y se
presinó. Vemos entonces, hermanos, que el clericalismo es un problema
en la iglesia. Es un problema en la iglesia.
¿Qué es lo que hace el clericalismo? Ah, que torna la mirada de los
hombres hacia los hombres y no hacia Dios. Convierte a los individuos y
a su atuendo en el foco de atención. Convierte a los individuos y
a su atuendo en el foco de las miradas, que miran estaciada. apestasiados, como queriendo ver allí a Dios
mismo, al Señor mismo. Estos hombres se deleitaban con
las salutaciones en las plazas. Esta era otra marca que identificaba
a estos señores. La palabra griega aspasmos, salutación,
en su forma sencilla significa dar la bienvenida, saludar amigable
o gratamente a una persona. Ahora, aquí el Señor emplea esa
palabra en el sentido de firmeza, en el sentido fuerte como se
emplea. Se usa para indicar que lo que
estos hombres deseaban cuando los saludaban no era una simple
señal, de amistad y de simpatía. ¡Hola, cómo tú estás! ¡Saludos,
cómo tú estás! Lo que estos hombres deseaban
no era una simple señal de simpatía y de amistad. Lo que ellos exigían
mediante su salutación era una señal de respeto, una señal de
admiración, una señal de reverencia, una señal de asombro por su persona,
por su prominencia social y religiosa. Eso era lo que ellos básicamente
demandaban cuando alguien se le acercaba para saludarse, para
saludarles. Querían que la gente les prestara
su respeto, su admiración, su reverencia, su asombro ante la
prominencia social y religiosa que ellos poseían. Esta era una de las marcas que
caracterizaba a los escribas, a los maestros de la ley de Dios,
los individuos que estaban llamados a modelar el carácter de Dios
vivían exactamente una vida que era todo lo opuesto a los requisitos
de Dios para el liderazgo y Cristo dice guardaos Guárdense. ¿A quiénes le dicen guárdense?
A los discípulos. Porque, hermanos, si estamos
en una posición de liderazgo en cierta altura o posición de
liderazgo en cierta plataforma, es natural que nuestros corazones
demanden y exijan una dosis de respeto, una dosis de que
nos admiren, una dosis de que nos acepten, una dosis de que
nos aplaudan, de que nos reverencien, y aun de que muestren cierto
asombro con nuestros logros y personalidad. ¡Qué gran hombre de Dios! Mírenlo
ahí, miren su vestimenta, ¡qué cosa más extraordinaria! estamos expuestos a esos pecados. Pastores, diáconos, maestros,
maestras, ¿quién sirve? A grupos de personas
están expuestos a esos pecados, a esas debilidades, por eso el
guardaos Porque ¿a quién no le gusta que
le respeten? ¿A quién no le gusta que le admiren? ¿A quién no le gusta que le reverencien
y que le muestren ciertas señales de asombro cuando hace cualquier
cosa? ¿A quién no le gusta eso? Ahora, ese es un camino espíritu
para llenarnos de orgullo y de arrogancia, de altivez. Qué terrible
se siente el hombre cuando está lleno de orgullo y altivez y
no siente que los demás los admiran. ¡Qué mal se siente! Sobre todo
cuando están aplaudiendo a alguien al lado de él o reconociendo
el trabajo de otro al lado de él y de él no dicen ni jota. ¡Qué mal se siente! Tú ves que
regularmente hacen así y como que plotan de pronto. explotan
allí y algo sueltan para desviar la atención del reconocimiento
que se le está haciendo al hermano o a la hermana. Y eso es triste
cuando se da en pastores y en líderes y se da, hermanos. Yo
he estado en reuniones donde me han pedido que dé un reporte
de lo que Dios está haciendo aquí entre nosotros. Y he visto como hombres de Dios
que están al lado mío ¿Han reaccionado? No de buena forma. ¿Cuál es tu
problema? Lo que hemos hecho, lo hemos
hecho por la gracia de Dios, eso no es por mi gracia. ¡Alébrate con eso! También amaban los lugares de
honor en los banquetes. ¿Qué más le caracterizaba? ¡Ah,
su amor por los banquetes! no solamente por los banquetes,
le gustaban los banquetes, claro, ¿a quién no le gustan los banquetes?
Pero le gustaban sus puestos de preeminencia en los banquetes. El Señor en Lucas 14, 8 al 10,
pronunció una advertencia contra ese pecado que busca los primeros
lugares en los banquetes. Dice Cristo, cuando seas invitado
por alguien a una fiesta de bodas, no te sienta en el primer lugar,
no sea que otro más distinguido que tú hayas sido invitado por
él, y que viniendo el que os invitó a ti y al otro te digas,
¡Ey! ¡Ey! ¡Tía, tía, tía! ¡Ven acá! ¡Párate de ahí! Eso es algo terrible. Es algo
humillante y vergonzoso. ¿Qué es lo ideal, dice el Señor?
Más bien, cuando sea invitado, ve y siéntate allá en el último,
para que cuando te vea el dueño de la fiesta... ¡Ey! ¡Tú no te
me quedes allá tan lejos! ¡No es para tanto! ¡Échate para
acá! ¡Ven! Siéntate aquí. ¡Ah! Me tomaron en cuenta. ¡Qué bien me siento! Amigos, sube más arriba, entonces
tendrás gloria delante de los que se sientan contigo en la
mesa. Esa es la razón por la que tú
vengaste allá atrás, para que te digan, ven. Y obviamente cuando
te vean caminar por el medio, Lo demás, ah, pero este tigre
es alguien importante, mira, ¿por dónde lo están sentando? Los asientos en los banquetes
se fijaban rigurosamente, dice un autor. El primer lugar estaba
a la mano derecha del anfitrión, el segundo a su izquierda, y
así alternativamente a derecha y a izquierda alrededor de la
mesa. Era muy fácil decir el honor
en que se tenía al hombre por el lugar que ocupaba en el banquete. ¿En qué lugar tú estás? Déjame
mirar la mesa. Ah, usted está en la cola de
la relación con ese individuo. Era fácil saber dónde estaba
cada quien por el lugar. Tercera fila a la derecha. cerquita del corazón de ese individuo. Santiago condenó el pecado de
asignarse, de asignarle a los primeros a siempre a los ricos,
mientras los pobres lo dejaban por allá atrás. Y hermano, esto
se daba en las iglesias. los trabajadores aquí del mundo,
en las iglesias se daba esto. ¿Qué tan bien montado anda? Ah,
este llegó en una carreta de laños. Acá, aquí adelante. ¡Ah, este es un empresario próspero! ¡Un negocio de millones! ¡Para
acá, para acá! Hermanos míos, tened la fe de
nuestro glorioso Señor Jesucristo, sin hacer distinción de personas,
porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de
oro, un anillazo de esos que andan con esos tígueres de allá
de los Estados Unidos que llevan con los cadernones y la cosa,
si llega uno de esos, ropa lujosa, y también entra un pobre con
vestido sucio, y sólo atendéis con respeto al que lleva ropa
lujosa y le decís, siéntate aquí, en un buen lugar, y al pobre
le decís, quédate allí, de pie, o siéntate aquí, a mis pies.
¿No hacéis distinción entre vosotros y no venís a hacer jueces con
malos criterios? Esa era una marca que distinguía
a estos individuos. Y amados hermanos, ese mal hoy
lo vemos en las iglesias, en muchas iglesias. Quejas amargas
entre los miembros de la iglesia, porque hay acerción de personas
según el tamaño del anillo y el tamaño de las cadenas que se
pone el individuo. Así mismo estará cerca del corazón
de los líderes esa persona. Y por lo regular no lo tocan
ni con el pétalo de una rosa, no importa la diablura que haga. Y amados hermanos, eso es diabólico
de pie a cabeza. Estos individuos devoraban las
casas de las viudas. Pero eran fáciles esta gente.
¡Devoraban las casas de la viuda! Dice William Henderson. Nos preguntamos,
¿pero de qué manera lo hacían? Se han dado diferentes respuestas.
Entre ellas están las siguientes. Exigían a las viudas que aportaran
más de lo que para ellas era razonable. Este aporte iba a fondos que
estaban bajo el control de los escribas, y de los cuales podían
éstos disponer. quizá se ofrecían para ayudar
a legalizar trámites referentes a heredades que recibían las
viudas, cobrando más de lo justo, u obtenían beneficios fraudulentos
del apoyo material que inicialmente las viudas habían ofrecido, cualquiera
que hubiese sido el método que usaban, Es evidente que aquí
Jesús está condenando el crimen de extorsión practicado en contra
de las viudas. Eso está claro ahí. Y obviamente,
hermanos, eso tiene una aplicación para la iglesia de hoy. Vemos
con tristeza cómo muchas veces el nombre de Jesucristo es empleado
para escatrear el bolsillo de la gente. usando el humo de los milagros. Usando el humo de los milagros.
Con ese humo marean e entontecen
la mente de la gente. Y hay muchos que osan hoy sanar
hasta con pedazo de tela traído de por ahí de palestina o con
tierra de palestina o con lodo de palestina usan eso como humo
para marear la gente para escatrearle los bolsillos porque ellos saben
que si no es por ese medio las abejas pican verdad si le entran
a las abejas a mano pelada y sin humo habrá una reacción no de
una abeja sino de la colmena y obviamente Cuando esa colmena
se rebortea, patica pa' que te tengo, a correr
fanáticos. Esa es la realidad. Por eso emplean
el mamotreto de los milagros, y no es que el Señor no haga
milagros, el problema es que usan los milagros para manipular
y engañar a la gente. y hoy está muy de boga, la famosa
siembra. ¡Siembra un reloj role! Y tendrás, no un reloj role en
tu muñeca, sino una docena de reloj role en tu armario. ¡Oh mentira y engaño del diablo! No te falles a trabajar. ¡Duro! A ver si conseguirás reloj
rojo. Claro, ellos se llenan sus gavetas
de roles, porque donde hay 10 y le dan 10, ellos llegan sin
nada y se van con 10. Entre los pecados que esta gente
practicaba también estaba el de practicar largas oraciones,
largas oraciones, 10 minutos, 15 minutos, media hora, una hora. Conocían muy bien la necesidad
de la gente, porque obviamente para poder orar largo tenían
que saber mucho de la gente, de los problemas que estaban
afectando a la gente. Y obviamente a través de ese
medio también ellos manipulaban a las personas para granjearse
el favor de las personas. Por eso dice, como pretexto,
hacen largas oraciones. Ellos de esta manera se vendían
como hombres de una piedad prominente, de una fe extraordinaria, de
un corazón. generosamente dispuesto a interceder
delante de Dios para que Él satisfaciera las necesidades temporales y
espirituales de los demás. Era un hombre de un corazón amoroso. Así era como se vendían. Así
era como ellos se vendían para atraer la atención del público. Así era como se vendían. Ahora,
¿de qué nos advierte el Señor en Mateo 6, 5 al 8? Cuando oréis,
no seáis como los hipócritas que aman orar de pie en las sinagogas
y en las esquinas de las calles. ¿De quién estaba aquí hablando
el Señor? ¿A quién se está describiendo
ahí? ¿A quiénes? ¿A los escribas? ¿Les encantaba
orar en público en las sinagogas, pero también en las esquinas
de las calles? para ser visto por los hombres.
De cierto os digo que ya tienen su recompensa. Pero tú cuando
ores, entra en tu aposento, cierra la puerta y ora a tu padre que
está en secreto. Y tu padre que ve en lo secreto,
¿qué hará? Te va a recompensar en público,
nos dice el pasaje. Estos hombres habían usado la oración como
un mamotreto para que la gente fijara su atención en ellos y
no en el Dios a quien supuestamente ellos estaban orando. Y obviamente eso habla de hipocresía,
de la hipocresía que caracterizaba la religión de estos individuos. Estos hombres según nos enseña la Palabra de
Dios, tienen una sentencia colgando
sobre sus cabezas, que dice Cristo, al fin, ellos recibirán mayor condenación. Una sentencia más dura será la
que sobre sus cabezas habrá de caer. Ahora, hermanos, ¿por qué? ¿Por qué ellos serán juzgados
y sentenciados con una sentencia dura según Cristo en ese texto?
¿Por qué? Por algo bien simple. ¿Quiénes eran los que sabían
la ciencia cierta? Porque eran estudiosos de la
palabra de Dios. Que Dios requería de sus siervos
humildad. ¿Quién sabía eso mejor que ellos?
¿Quién sabía mejor que ellos que Dios demanda arrepentimiento
a aquellos que le sirven? ¿Quién sabía mejor que ellos
que Dios demanda sinceridad, amor, sumisión y una rendición
plena para aquellos que le sirven? ¿Quién lo sabía mejor que ellos?
Yo pregunto, ¿quién lo sabría? si ellos eran los encargados
de enseñar al pueblo de Israel humildad, obviamente debían de
conocer ese material de la revelación de Dios. Pero ellos no estaban llamados
simplemente a ser emisores de ese material, de esa doctrina
bíblica de la humildad. lo cual posiblemente hicieron
con muy buena maestría para enseñar la gracia
de la humildad. Ahora, ¿qué había en sus vidas? ¿Humildad? Por supuesto que no. ¿Había en sus corazones arrepentimiento? Por supuesto que no. ¿Había en
su corazón sinceridad, amor, sumisión, rendición a Jehová? Por supuesto que no. Entonces, estos maestros de la
humildad estaban viviendo de espalda a la humildad. Estos
maestros del arrepentimiento estaban viviendo de espalda el
arrepentimiento. Estos maestros de la sinceridad
en su devoción a Dios estaban viviendo de espalda a esa sinceridad
y devoción a Dios que ellos enseñaban al pueblo. Estos individuos que
enseñaban del amor a Dios y del amor al prójimo estaban viviendo
de espalda a ese amor a Dios y al prójimo. Estos individuos
llamados a vivir en una vida de sumisión y rendición al Señor
estaban viviendo exactamente todo lo contrario a lo que Dios
le demandaba en sus vidas. Ese era su gran pecado. Se le
llama a eso hipocresía. Le demandan a otros lo que ellos
mismos no hacen. Y esto es muy común. Es común oír a gente decir, pero
tú no eres cristiana, tú no eres cristiano, ¿y por qué tú no lo
haces? Pruébalo tú, ¿y por qué tú no lo haces? la demanda nada más no es para
mí. Si tú eres el maestro, tú tienes primero que nada que hacerlo. Si no, tú eres un imbécil. Le demandaban a otros o que ellos
no movían ni con un dedo. Ese era su pecado. Finalmente, hermanos, Finalmente. ¿Tiene el Señor poder
para salvar al hombre? No importa lo mal que se encuentren,
como se hallaban esos individuos, ¿Habían quiso poder en ese momento
histórico de su vida para salvar a esos escribas de esa clase
de pecado en la que se hallaban esclavizados? ¿Qué usted piensa? La respuesta es sí, porque según
Hebreo 7, 24, Cristo tiene un sacerdocio inmutable. por lo cual puede también salvar
perpetuamente a los que se acercan a Él, a los que se acercan a
Dios por medio de Él. Lo que dice Dios aquí es que
ninguna cantidad de culpa, ningún volumen de pecado, ninguna cifra
de maldad en tu vida, puedes superar el poder salvador del
Señor Jesucristo si vienes a Él en arrepentimiento y en fe. Tus pecados pueden convertir
tu alma en una masa abominable de maldad, y tú puedes ser la
más abominable de todas las criaturas que habitan el planeta tierra.
Tú puedes ser más abominable que el más abominable de los
demonios que habitan en cámara de oscuridad. Eso puedes ser
tú. Pero si te arrepientes, el Señor
te puede salvar, perdonar, lavar y limpiar de todos tus pecados. Él puede hacer de ti una nueva
criatura. un hombre nuevo, una mujer nueva,
para vivir una vida nueva en el seno del pueblo de Dios. Para que puedas, siendo oveja,
ser pastoreado por pastores, hombres no perfectos, pero hombres
con el temor de Dios en sus vidas. Este texto nos enseña que aunque
tú hayas llegado tan lejos como los confines donde llega el universo,
pecando contra Dios, hasta esos confines distantes pueden llegar
los rayos del amor de Dios para alcanzarte y atraerte a Sus regazos
de salvación y de vida eterna. que gratuitamente Él ofrece para
todo pecador. Aunque hayas llegado a los bordes
mismos del infierno pecando y te halles en las últimas etapas
de la iniquidad, de la maldad, de la rebelión a Dios y de la
desintegración de tu vida física, aunque hayas llegado al borde
de todo eso, aún ahí el Señor te puede salvar. Si tan sólo
clamas, sé propicio a mí, soy un pecador. aunque te encuentre balanceándote
sobre las fauces de los abismos del infierno, y esté a punto
de caer en él, tienes esperanza de ser salvo si te arrepiente
y te aferras a los brazos omnipotente, extendido para alcanzar tu alma
y sacarte de allí, de esa cuerda donde te balanceas. sobre los
abismos del infierno. Recuerda, el Señor tiene un sacerdocio
inmutable, por lo cual puede también salvar perpetuamente
a los que por Él se acercan a Dios. Eso no ha cambiado. Eso no ha
cambiado. No importa que tú hayas violado
millones de veces todos los mandamientos de la ley de Dios, si te arrepiente,
para ti hay perdón, perdón abundante. No importa que tú hayas quebrantado,
quebrantado miles de veces el día de reposo, Dios puede en
Cristo Jesús perdonarte todos y cada uno de esos pecados mediante
los cuales tú has vivido para violentar y quebrantar el día
de reposo. Aunque estés viviendo en estos
momentos en dureza y en un corazón incrédulo, aun así el Espíritu Santo hoy
te dice, y no cesa de decirte, ¡Regresa, regresa, regresa a
los brazos de tu Creador y Sustentador de la vida en esta tierra! Oh, mi amigo, no regreses a tu
casa siendo Un reo de condenación, un reo del infierno, para ti
hay ocasión en este día de alcanzar ese regalo inefable de la salvación
y de la vida eterna. ¡No te pierdas! Cristo es el
buen Salvador de los pecadores arrepentidos. Ven que el Señor
te va a trasladar del reino de las tinieblas donde has vivido,
al reino de la luz, al reino de su amado Hijo, para que seas
salvos y siempre salvo, una vez y para siempre. Sólo tienes que
arrepentirte y venir a Él, y venir a Él humillado y quebrantado,
al corazón humillado y contrito, Él nos rechazará. Ven a Jesús. salvo será.
Guardaos de los escribas
Series Evangelio Marcos
Guardaos de los escribas
| Sermon ID | 1122478287121 |
| Duration | 55:07 |
| Date | |
| Category | Sunday - AM |
| Bible Text | Mark 12:39-40 |
| Language | Spanish |
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