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Cuando vayamos a Marcos, capítulo
12, versos 28 al 34, la preeminencia del amor según el Señor Jesucristo. La preeminencia del amor según el Señor Jesucristo. Marcos, capítulo 12, versos veintiocho al treinta y cuatro nos dice aquí la palabra acercándose
uno de los escribas que los había oído disputar y sabía que les
había respondido bien le preguntó cuál es el primer mandamiento
de todos Jesús les respondió el primer mandamiento de todos
es Oye Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con
todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y
con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante. Amarás
a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor
que estos. Entonces, él escriba le dijo,
Bien, maestro, verdad has dicho, que uno es Dios y no hay otro
fuera de Él. Y el amarle con todo el corazón,
con todo el entendimiento, con toda el alma y con todas las
fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos
los holocaustos y sacrificios. Jesús, entonces, viendo que había
respondido sabiamente, le dijo, no estás lejos del reino de Dios.
Y ya ninguno osaba preguntarle. Oremos. Oh Dios y Padre, nosotros
ahora te imploramos la asistencia de Tu Espíritu para que Él nos
guíe en el estudio de esta porción de Tu Palabra. Rogamos para que
Él nos ilumine el corazón para entenderla. nos dé la gracia
para atesorarla y ponerla por obra, Señor, en nuestros corazones.
Bendicemos, lo rogamos en el nombre de Jesús. Amén. En el evento anterior, del cual
estuvimos hablando la semana pasada, pudimos notar cómo el
Señor silenció a los saduceos cuando éstos le preguntaron acerca
de la doctrina de la resurrección. Como sabemos, los saduceos negaban
la existencia de la resurrección corporal. De seguro que la respuesta
que el Señor le dio a éstos saduceos fue de gran alegría para los
fariseos, quienes ciertamente creían la doctrina de la resurrección
corporal. Aunque esto debemos de entender
que alegró a los fariseos, sin embargo, debemos también entender
el hecho de que los fariseos, al igual que los saduceos, deseaban
la cabeza del Señor. Ambos querían matarlos. Los saduceos
y los fariseos en ese sentido estaban unidos en un propósito
querían la cabeza del señor por eso habiendo el señor derrotado a los saduceos de nuevo
vienen a la carga los fariseos como podemos observar aquí en
este texto que hemos leído En Mateo capítulo 22, el texto paralelo,
versos 35 al 36, dice, y uno de ellos, intérprete de la ley,
preguntó por tentarle, no sé cuál fue el propósito de su pregunta,
el fin que procuraba su pregunta, tentarle, diciendo, maestro,
¿cuál es el gran mandamiento de la ley? Veamos en primer lugar
el contexto de la pregunta de los escribas al Señor Jesucristo. Dice Marcos, se le acercó uno
de los escribas al oírle discutir y dándose cuenta de que Jesús
había respondido bien, le preguntó, ¿Cuál es el primer mandamiento
de todos? Dice un autor, este escriba vino
a Jesús con una pregunta que comúnmente se debatía en las
escuelas rabínicas que había en Israel. Por la historia sabemos
que en el judaísmo había una especie de doble tendencia. Estaba la tendencia a extender
la ley ilimitadamente en cientos y miles de reglas y normas. se le llamaba a eso la mirna,
era una especie de comentario, a la cual le daban prácticamente
la misma autoridad que a la propia Biblia. Pero también existía
la tendencia a tratar de resumir la ley en una sola frase, una
afirmación general que fuera el compendio de todo su mensaje. Esas eran las dos tendencias
que habían o entre los maestros del pueblo de Israel en Mateo
capítulo 23 verso 23 vemos aquí al Señor Jesucristo que hace
uso de esa metodología para enseñar la palabra de Dios dice aquí
hay de vosotros Escribas, y fariseos hipócritas, porque dizmáis la
menta, y el enaldo, y el comino, y dejáis lo más importante de
la ley, la justicia, la misericordia, y la fe. ¿Qué es lo que hay en
ese versículo? Un compendio. Un compendio de
las enseñanzas básicas y fundamentales de la palabra de Dios. Aquí el Señor está contrastando
el camino malo con el camino bueno. En pocas palabras, el
Señor le resumió todo el consejo de Dios en el Antiguo Testamento. Se lo redujo a una simple porción
de palabras que contenían todo lo que ellos deberían de saber
y practicar. como obediencia a la Palabra
de Dios. Y esa era, como podemos notar,
la escuela que seguía a nuestro Señor Jesucristo. Por eso lo
vemos aquí haciendo uso de esa metodología para enseñar de manera
concisa y precisa la Palabra de Dios. El Rabino Hillel, un
proceso, o al Rabino Hillel, Un prosélito le preguntó o le
pidió que le instruyera en toda la ley mientras se mantenía parado
sobre un pie. Enséñame todo lo que la ley dice
o enseña mientras yo me paro en un pie, sin caerme naturalmente. ¿Qué cree usted que le enseñó
el Rabino Hílel a ese prosélito? La respuesta de Hílel fue, lo
que aborreces para ti mismo no se lo hagas a tu prójimo. Esto es toda la ley y el resto
no es más que comentario. Ve y aprende lo que eso significa. poniéndolo por obra. Lo que aborreces para ti mismo,
no se lo hagas a tu prójimo. Esto es toda la ley, y el resto
no es más que comentario, un comentario de la ley. Ve y aprende,
haz exactamente eso. ¿Ven que en el tiempo en que
se puede estar de pie sobre un pies? El hombre aquí les resumió
toda la ley, les redujo a unas pocas palabras, la infinitud
de palabras que aparecen allí en el Antiguo Testamento. El
Rabino Shamay enseñó que Moisés había recibido 613 preceptos
en el monte Sinai. David redujo los 613 preceptos
que recibió Moisés en el monte Sinaí a 11, a 11 preceptos, los
resumió en 11 preceptos. El Salmo 15 pregunta ¿Quién habitará en tu
tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? Él responde, el que ande en integridad,
el que hace justicia, el que habla verdad en su corazón, el
que no calumnia con su lengua, el que no hace mal a su prójimo,
el que no admite reproche alguno contra su vecino, aquel a cuyos
ojos el indigno es menospreciado, aquel que honra a los que temen
al Señor, el que aun jurando en perjuicio propio, no por eso
cambia, quien su dinero no dio a usura, ni contra el inocente
admitió soborno. Ahí está toda la Biblia presumida
en esos once preceptos. Isaías redujo esos once preceptos
a seis. en Isaías 33, 15, los redujo
a seis preceptos. Miqueas redujo los seis de Isaías
a tres preceptos en Miqueas capítulo 6, versículo 8. Y San Agustín
unos siglos después decía también, ama a Dios y haz lo que quieras. Ama a Dios y haz lo que quieras. Ahí él también resumía en muy
pocas palabras las enseñanzas básicas y fundamentales de la
palabra de Dios. Como alguien bien decía, dentro
del judaísmo habían muchos líderes que estaban en contra de sintetizar
la ley. Ellos sostenían que todos los
principios pequeños eran tan vinculantes como los grandes. y que tratar de distinguir entre
su relativa importancia era sumamente peligroso. El escriba que le
hizo a Jesús esta pregunta estaba interesado en algo que constituía
un tema candente en el pensamiento judío. Entonces, hermanos, es
el contexto donde aparece esta pregunta que le hace el escriba
a nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Ahora, en segundo lugar, podemos
observar la respuesta que el Señor le da a este hombre, la
respuesta que el Señor le da a este hombre. Mis amados hermanos,
si nos preguntaran a nosotros, si te preguntaran a ti, ¿Cuál
es la palabra que resume toda la Biblia? Pregunte. ¿Cuál es la palabra
que a tu entender, una palabra, resume toda la palabra de Dios? Los 66 libros. Si te preguntaran qué palabra
los resume, ¿Cuál tú crees que es? Amar. Amor. Esa es la palabra que resume
toda la Biblia. Toda la Biblia está contenida
en ese término. Amor. Amor es igual a Dios. es igual o equivalente a decir
Dios. ¿Su fin es revelar el amor de
Dios? Su fin es enseñarnos cómo amar
a Dios y cómo amar al prójimo como a nosotros mismos. ¿Cuál
es el fin de la Biblia? El fin de la Biblia es revelarnos
al Dios de amor. Pero también la Biblia tiene
como propósito enseñarnos cómo debemos de amar a Dios y cómo
debemos de amar al prójimo. Por eso, hermano, podemos decir
francamente que la palabra amor resume todo lo que la Biblia
enseña. nos revela el corazón amante
y amoroso de Dios y nos revela como Dios espera que le amemos
y que Él demanda de nuestro amor. Cristo nos enseña primero que
todos los deberes del hombre ante la ley espiritual y la ley
moral se resumen en una palabra, amor. El apóstol Pablo lo expresa
de esta manera en Romanos 13, 8 a 11. No debáis a nadie nada sino el
amaros unos a otros, porque el que ama al prójimo ha cumplido
toda la ley. Porque no adulterarás, no matarás,
no hurtarás, no dirás falsos testimonios, no codiciarás, y
cualquier otro mandamiento en esta sentencia se resume. Amarás a tu prójimo como a ti
mismo. El amor no hace mal al prójimo,
así que el cumplimiento de la ley es que el amor ¿Ven que el
amor es el resumen de toda la Biblia? Es lo que Pablo está
diciéndonos. Amor resume todo el consejo de
Dios. Es lo primero. Segundo, el amor
a Dios debe de ocupar el primer lugar en nuestras vidas. El amor a Dios debe de ocupar
el primer lugar en nuestras vidas. Deuteronomio capítulo 6 cuatro
al cinco dice oye Israel Jehová nuestro Dios Jehová uno es y
amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón y de toda tu alma
y con todas tus fuerzas y estas palabras que yo te mando hoy
estarán sobre tu corazón el amor a Dios tiene la preeminencia
sobre todas las demás relaciones que podamos establecer en este
mundo. Es lo que Dios le puso como prioridad
central para Israel. Dice Matthew Henry, estos dos
versículos son el compendio de la verdadera religión. Resumen los dos principales principios
de la fe y la obediencia. Los judíos tienen estos dos versículos
como la porción más importante de las Escrituras. Los tienen
inscritos en sus filacterías y se sienten obligados a repetirlos
por lo menos dos veces cada día, ellos afirman. bienaventurados
somos los que cada mañana y cada tarde decimos oye Israel Jehová
nuestro Dios Jehová uno es y hasta el día de hoy los judíos así
lo hacen así lo practican así lo obedecen constantemente o
como vemos aquí dos veces al día ellos hacen esa práctica
de recordar, remembrar, repetir en sus corazones y mente ese
resumen de la ley de Dios. La respuesta del Señor Jesucristo
tomó dos grandes mandamientos y los aunó en uno solo. Primero, establece que debemos
de amar a Dios ¿Por qué debemos de entregarnos a amar a Dios
de manera suprema en este mundo? Porque Él es el único Dios vivo
y verdadero, el único que es eterno, infinitamente perfecto,
autosuficiente y todo suficiente para llenar y satisfacer todas
y cada una de nuestras necesidades temporales y eternas. Nuestra prioridad número uno
debe de ser amar a Dios, porque haciendo eso podremos ser capacitados
para recibir de Él plena satisfacción para todas nuestras necesidades. Por eso, la prioridad primaria
del creyente es amar a Dios sobre todas las cosas. Y mis amados
hermanos, el conocimiento firme de esa verdad suprema en la Biblia
debe ser suficiente para que nos mantengamos libre de toda
idolatría y de todo apego a las cosas temporales de este mundo. los que tienen al Señor Jesucristo
como su único Dios, a quien aman por encima de todo y a quien
le sirven por encima de todas las cosas en esta tierra. Oye,
Israel, no hay más Señor que el Señor nuestro Dios. Esa debe ser una porción de la Biblia que continuamente
esté fija en nuestra mente, en nuestros corazones, para recordar
el gran y solemne deber de amar a Dios sobre todas las cosas. Cristo nos enseña que el corazón,
el alma, la mente y las fuerzas deben de cooperar a una para
que podamos entregarnos, así, a amar a Dios. Como sabemos,
el corazón es el centro de la vida del ser humano. Es el lugar
donde se originan todos nuestros pensamientos, palabras y hechos. Es la morada donde habita la
conciencia, el intelecto y la voluntad. Como bien En Seña Romano
5,5, el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones
por el Espíritu Santo que nos fue dado. Como podemos observar,
en el corazón habita el amor de Dios que nos he derramado
y allí también habita el Espíritu Santo. Por eso Proverbio 4.23
nos manda, sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de
él mana la vida. Es la residencia de la vida nuestro
corazón. Y ese lugar donde habitan tantas
cosas importantes para nuestras vidas, debe de ser sobre todas
las cosas reservado para que desde Él nos entreguemos a amar
a Dios con todo lo que somos y con todo lo que tenemos. Observemos que también se nos
manda a que amemos a Dios con toda el alma. El término alma
aquí se refiere al asiento de toda actividad emocional, al
asiento de toda actividad sentimental. El involucrar nuestras emociones
y sentimientos en amar a Dios es la fuente de todo sentimiento
de gozo, deleite y placer que habremos de experimentar en este
mundo. Cuando nuestros corazones están
empalagados, embriagados con emociones de amor a Dios, de
seguro que tendremos en nuestro ser interior un río de agua de
vida por donde correrá el gozo, la alegría y el placer que nacen
de la salvación que en Cristo Jesús hemos obtenido. Se nos requiere que le amemos
no solamente con el corazón y con los sentimientos, sino que también
que le amemos con nuestra mente. La mente es donde se asienta
toda actividad intelectual, donde se generan nuestras disposiciones
y actitudes de cara a todo aquello con lo cual nos relacionamos
en esta vida. Estamos llamados a amarle con
la mente. con toda la facultad que Dios
nos ha dado para pensar y para razonar, con ello debemos entregarnos
a amarle a Él. Este mandamiento nos dice que
debemos usar todas, todas las facultades que Dios nos ha dado
al máximo para entregarnos a cumplir con ese deber. Notemos la cuádruple
repetición de con todo el corazón, con toda el alma, con toda la
mente, con todas las fuerzas. ¿Cuál es el énfasis aquí? Con
todo. Todo aquí es el énfasis. Todo
lo que somos, todo lo que tenemos, debe ser empleado en su máxima
capacidad para amar a Dios. Esto quiere decir que la medida
del amor con que debemos amar a Dios es aquella misma medida
de amor con que Dios nos ha amado a nosotros. Debemos estar dispuestos
a amar a Dios tal y como Él nos ha amado a
nosotros. Nuestra meta debe ser que la
medida del amor con que amemos a Dios no sea menor de la medida
del amor con que Dios nos ha amado a nosotros. El amor cristiano
tiene como principal objetivo amar a Dios y se expresa de manera
explícita por nuestra vida de obediencia a sus mandamientos,
como lo expresa Juan 14, 15. Si me amáis, guardad mis mandamientos. Ustedes me aman, sí. Pues entonces,
el camino para que ustedes manifiesten ese amor es guardando mis mandamientos. Verso 21 y verso 23. El que tiene
mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama. y el que
me ama será amado por mi Padre y yo le amaré y me manifestaré
a él. El que me ama mi palabra guardará
y mi Padre le amará y vendremos a él y haremos morada con él. El que no me ama no guarda mis
palabras, dice el Señor. De modo, mis amados hermanos,
que el amor a Cristo, el amor a Dios, se expresa, se revela,
se da a conocer por nuestra obediencia a Sus mandamientos, por nuestra
obediencia a Su palabra, por nuestra sumisión a Su voluntad. ¿Qué tanto tú amas a Dios? Bueno, chequea a ver ¿Cuántos
mandamientos de la ley de Dios tú obedeces? ¿Tú quieres saber
cuánto ha crecido tu amor? Pregúntate para ver cuántos mandamientos
de la ley de Dios tú obedeces. Y eso nos dará con facilidad
la capacidad de medir nuestro nivel de amor por el Señor. Si quieres saber si tú no amas
a Dios, simple y llanamente observa cuántos mandamientos de su ley
tú desconoces y cuántos mandamientos de su ley tú no estás obedeciendo. Eso te dirá cuánto tú odias a
Dios, cuánto tú repudias al Señor, cuánto tú los rechazas en tu
diario vivir. ¿Por qué debemos de amar a Dios de esa manera? Romanos 11, 35
y 36 dice, porque de Él y por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria por los siglos
de los siglos. Amén. Por eso debemos de amar. sobre todas las cosas, porque
todo lo que hay, todo lo que existe, todo lo que habrá, tiene
un propósito, por lo cual Dios lo ha creado. Y el nuestro, por
el que fuimos creados, fue para eso, para que amemos a Dios. Para eso fuimos creados, para
eso fuimos salvados por gracia, porque para Él, de Él, y por
Él, son todas las cosas. A Él sea la gloria. Por siempre. Amén. Emíralo Coríntios 6, 20. Porque habéis sido comprados
por precios. Glorificad pues a Dios en vuestro
cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Él. ¿Por qué debemos de amar a Dios
sobre todas las cosas? Porque hemos sido comprado por
precio. ¿Y para qué fuimos comprado? Para que seamos de su propiedad. Y mis amados hermanos, solamente nos podremos entregar
a nuestro dueño si le amamos. No hay forma de que un hombre
pueda entregarse a Dios si no le ama. Un hombre no se entregará
a una mujer ni una mujer a un hombre si ambos no se aman. De hecho, lo natural es oír a
los que se están divorciando, que se divorcian, ¿saben por
qué? Porque ya no se aman. El amor es un principio vinculante. y
aún los impíos lo entienden así. Cuando el amor desaparece, se
esfuma de sus corazones, lo que queda es un inmenso vacío, una
gran separación entre uno y otro. Por eso van a un juez y ponen
el divorcio, porque ya no se aman. Mis amados hermanos, nadie
podrá estar cerca de Dios, relacionarse con Él, y tener comunión con
Él íntima y cercana, a menos que no haya un sentimiento de
amor que vincule nuestra alma con el Señor. Por eso, el requisito
de amarle a Él sobre todas las cosas en este mundo Porque a
menos que usted ame a Dios sobre todas las cosas en este mundo,
no podrá experimentar una relación vinculante con Él. Como un matrimonio. Como un matrimonio. Eso es lo que nos enseña la Palabra
de Dios. Juan capítulo 15, versículo 10. si guardáis mi mandamiento permaneceréis
en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre
y permanezco en su amor. ¿Ven que la ley que ata solamente
podrá atar si hay amor de por medio? Si esa ley está tejida, Con los hilos del amor habrá
vinculación. Por eso Él demanda que le amemos. Porque si no le amamos no le
vamos a obedecer. Eso no es verdad. No le vamos
a obedecer. A menos que le amemos no podremos
obedecerle. El amor es un sentimiento vinculante. que parte de la obediencia a
los principios de la Palabra de Dios. Es lo que Juan aquí nos está
estableciendo. Primera de Juan capítulo 2. Primera de Juan capítulo 2. Verso 5 dice, pero el que guarda
su palabra en este verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado. Por eso sabemos que estamos en
Él. ¿Cómo sabemos que estamos en
Él? Por el amor con que les amamos. Y ese amor es la gracia de los hilos con
que Dios ha hecho su ley para que nos sujetemos a ella. También
en el capítulo 5, primera de Juan, capítulo 5,
versículo 3, pues ese es el amor a Dios que guardemos sus mandamientos
y sus mandamientos no son gravosos hermanos el amor con que amamos
a Dios se hará evidente por nuestra obediencia a su palabra por nuestra
obediencia a su palabra es lo que nos enseña la palabra de
Dios Ahora, observemos también que
aquí el Señor Jesucristo no solamente demanda que amemos a Dios sobre
todas las cosas, sino que también Él aunó el primer gran mandamiento
con el segundo gran mandamiento para de ambos hacer uno solo,
un solo gran mandamiento. Levitico capítulo 19 versículo
18 nos dice no te vengarás ni guardarás rencor
a los hijos de tu pueblo sino amarás a tu prójimo como a ti
mismo y la firma es yo Jehová quien demanda ese grado de amor
dice aquí yo Jehová Él es quien demanda que nos relacionemos
que nos vinculemos con nuestro prójimo a través de los lazos
del amor. Al hablar del amor al prójimo,
dice un autor, el Señor aquí no está hablando de ese impulso
natural de nuestro sentimiento por aquellos que nos simpatizan
y caen bien. Hay gente agradable. Cualquiera ama a alguien que
anda limpio, bien perfumado, con buena apariencia, buenos
modales, delicado, gentil, cariñoso, con mucha gracia común. Cualquiera
ama a alguien así, ¿verdad? Le ama y le da hasta besos. Porque es simpático, es agradable,
es atrayente, resulta gratificante para la carne. Vincularse con
alguien con mucha gracia social. Ahora, dice el autor, el amor
con que debemos amar al prójimo es esa actitud que busca el bien,
el bien de todos, desde el circuito íntimo familiar, pasando por
el círculo de la iglesia y llegando hasta el prójimo más lejano. ¿Dónde debemos comenzar a amar? En el círculo más más cercano,
en el más estrecho, en el familiar, y ahí pasamos al círculo mayor,
la iglesia, y de ahí llegamos hasta el círculo, el círculo
ancho, el prójimo en general. Esos son los círculos del amor
que Dios espera que amemos. con un amor de entrega, con un
amor sacrificial, con un amor purificador, con un amor santificador. Es así como Dios quiere que amemos
al prójimo. Como lo expresa Romano 15.2,
cada uno agrade a su prójimo en lo que es bueno para edificación,
cada uno. agrade a su prójimo en lo que
es bueno para edificación. Eso es amar, mis hermanos. A quien ama al prójimo como a
sí mismo siempre le veremos buscando la oportunidad para hacerle bien
a todos. Esa es una marca distintiva de
quienes aman al prójimo. No es mera bla, bla, bla. es
alguien que busca oportunidades para hacer bien, para promover
el bienestar de los demás. Gárata capítulos 6 verso 10,
así que según tengamos oportunidad hagamos bien a todos y mayormente
a los de la familia de la fe. A todos debemos hacerle el bien. Pero obviamente, como nuestros
recursos son limitados, a la hora de elegir a quién hacerle
el bien, según nuestras posibilidades, ¿qué dice aquí? Que debemos de pensar, primero
que nada, en la familia de la fe. ¿A quién le falta un par
de zapatos de estos que me sobran a mí aquí? ¿En quién debo de
pensar primero? Yo entiendo que tú debes comenzar
por el círculo familiar. Por el círculo familiar. Si tu
hermana carnal te descalza y te calza contigo, ¿a quién tú le
llamas primero? Mira mi hermanita, aquí tengo unos zapatos que ya
los voy a echar para afuera. ¿Te interesan? Ay sí, tráemelo,
yo estoy de calza. Es una manera de usted predicar
el Evangelio, el amor de Dios. Ahora, si no le sirven a ella,
¿Qué hermanita de la iglesia tiene el pie que calza con el
mío? Esa es la manera en que debemos
de hacerle bien a todos y mayormente a los de la familia, de la fe. Y hermanos, el amor es algo que
se siente, se vibra. No estas vibraciones que hablan,
por eso charlatan. Siento una vibración cuando tú
te me acercas. No hablo de eso. No hablo de eso, hermano. Pero aún la he mirado. Usted
sabe cuando alguien está realmente interesado, no en su cartera,
no en lo que usted le pueda dar, sino interesado en qué tú necesitas,
en qué te puedo ayudar, en qué te puedo servir. aún con la mirada
usted lo puede identificar. Se ve. Se ve. Cuando alguien quiere servir
y cuando alguien lo que quiere es ser servido de lo que usted
tiene. Eso se ve. Usted no tiene que
ponerse un espejuelo para ver. ¿Qué es lo que busca este? ¿Qué
es lo que busca aquella? Muchas veces vienen con palabritas
bien suaves, para dormir y más atrás dan el palo. El Señor lleva su declaración
al escriba a una solemne conclusión. No hay otros mandamientos más
grandes que estos, afirma el Señor. ¿Y por qué causa de todos
los mandamientos que existen Estos son los más importantes,
los mayores. Bueno, hermano, primero que nada,
porque la fe y la esperanza normalmente reciben. Pero el amor no es como
la esperanza y la fe que reciben. Por lo regular, el amor da. Por eso es mayor. Por eso es
el mayor de todos los mandamientos, porque el amor da. El amor existe
para dar, de tal manera amo Dios al mundo que ha dado a su Hijo
unigénito para que todo aquel que en él crea no se pierda,
mas tenga vida eterna. ¿Qué hace el amor? Da. Da. Por eso el amor es el mayor de
todos los mandamientos. El amor significa darse, compartirse,
entregarse uno mismo para buscar y promover el bienestar y la
felicidad de nuestro prójimo. Por eso es un mandamiento mayor. Pero el amor también es un mandamiento
mayor porque comprende todas las demás gracias que encontramos
en la Palabra de Dios. El amor, cuando el amor es un
amor inteligente, activo y volitivo, de acuerdo a 1 Corintio capítulo
13, implica que usted será una persona paciente, bondadosa,
humilde, generosa, llena de fe, de esperanza, de confianza. El
amor comprende todas las gracias. Todas las gracias las comprende
el amor. Por eso el amor es una gracia
comprensiva. Por eso, hermano, es el más grande
de todos ellos, porque lo incluye a todos ellos. ¿Por qué usted guarda el día
de reposo? ¿Por qué guarda el día de reposo?
¿Por qué? Porque usted ama a Dios. Entonces,
¿el guardar el día de reposo está incluido en qué? en amar
a Dios. ¿Por qué usted se congrega fielmente
mañana y tal de aquí para adorar al Señor? ¿Por qué? Porque usted
ama a Dios. ¿Por qué usted asiste al culto
de oración para derramar su alma en libación santa delante del
Señor en oración y en ruego? ¿Por qué? Porque usted ama a
Dios. El amor es una gracia comprensiva. Comprende todos los demás mandamientos
de la ley de Dios. Todos. No deja ninguno fuera. Por eso el amar requiere todo
el corazón, toda la mente, toda el alma, todos los afectos, todos
los sentimientos. Requiere todo de nosotros. Nada
se puede quedar fuera. Porque es una gracia comprensiva.
Es demasiado grande. Aquí vemos cómo este hombre escriba
sumamente complacido, recibió la respuesta que el Señor le
dio a su pregunta, bien maestro, o sea, excelente maestro, espléndido,
satisfactoriamente ha sido tu respuesta a mi pregunta. Este
hombre aparentemente conocía bastante bien las escrituras,
porque él añade a lo que el Señor le dijo, el amor vale más que
todos los holocaustos y sacrificios. Eso lo dijo él, no fue el Señor
que lo dijo. El hombre estaba claro del lugar
del amor en el corazón del ser humano. Por eso él agrega, el
amor vale mucho más, mucho más que todos los holocaustos y sacrificios
que se le puedan presentar a Dios. O sea, él habló conforme a la
enseñanza del primer libro de Samuel, capítulo 15, verso 22. Fue bíblico, en lo que respondió
al Señor. O sea, Zay Zay dice, Lo que yo quiero es
fidelidad y no sacrificio. Fidelidad y no sacrificio. Amados hermanos, en conclusión,
en nuestra experiencia diaria de
vida, podemos definir el amor a nuestro Señor y Salvador Jesucristo
como el engrandecimiento y ampliación del corazón nuestro. ¿Qué es
el amor? El amor es el engrandecimiento
de nuestros corazones, es la ampliación de nuestros corazones
para que allí sea derramado el amor de Dios. Esa experiencia sucede cuando
nuestro corazón se eleva para buscar la gloria de Dios, en
Dios mismo, en Su persona, tal y como Él se nos ha revelado
en Su Palabra. Esa gloria de Dios que buscamos
por amor a Él la encontramos en el estudio y el conocimiento
de sus atributos, perfecciones y demás, gracias con las cuales
Él se nos ha dado a conocer en nuestra relación personal con
Él y en el estudio de Su Palabra. El amor a Dios es el racto, es
el racto, es el éxtasis del corazón. Cuando este se goza, se goza
en Dios. es el alma agrapándose de Dios
con todas sus facultades, la mente, la fuerza, la salud, el
brío, todo lo que Dios nos ha dado. En este amor a Dios, la
mente está siempre involucrada, meditando y haciendo planes de
cómo agradarle más y mejor a Él. Nuestra mente estará siempre
buscando temas piadosos en los cuales meditar y en los cuales
vivir caminando cerca de Dios, escuchando Su voz hablar a nuestros
corazones. Cuando amamos a Dios de vera,
nuestra voluntad, vigorizada por el poder del Espíritu Santo,
estará siempre inclinada para buscar hacer aquello que le agrada
a Dios, aquello que satisface al Señor. Serán las cosas que
nosotros estaremos buscando continuamente, porque ¿qué es lo que deseamos
sobre todas las cosas? vivir una vida agradable a Él
por amor. Cuando amamos a Dios de manera
suprema, nuestros sentimientos y afectos vivirán apasionados,
anhelante de un encuentro íntimo y personal con Él, Viviremos
llenos de anhelos y deseos de disfrutar de su compañía a través
de los medios privados y públicos que Él nos ha entregado. ¿Para qué? Para que busquemos
una comunión íntima, una amistad íntima, para que busquemos caminar
cerca de Él todos los días de nuestra vida aquí en la tierra.
¿Cómo podremos lograr eso? por el vínculo perfecto del amor. Cuando amamos a Dios sobre todas
las cosas, la conciencia, la conciencia que está dentro de
nuestro ser, velará con celo cada una de nuestras actividades,
velará con celo cada uno de nuestros comportamientos, velará con celo
cada una de nuestras actitudes. el fin de corregir lo torcido
y deficiente que nos aparta de Dios, porque el deseo y el anhelo
profundo del alma es andar con Dios de todo corazón. Por eso, aquellos que aman a Dios Su mente estará siempre involucrada procurando el conocimiento de
Él. Nuestra voluntad estará siempre
inclinada para obedecerle en sus preceptos y ordenanzas. Nuestros
afectos buscarán estar siempre apegados a Él para andar cerca
de Él. Nuestra conciencia siempre estará
vigilando para reprender nuestra mala conducta y comportamiento
cuando nos apartamos del Señor. Mis amados hermanos, aquellos
que aman al Señor Jesucristo se caracterizan y pueden ser
identificados porque los mismos mantienen sus almas llenas de
una inmensa gratitud, y sus labios destilarán siempre acciones de
gracias al Señor. Porque, al mirar el pequeño mundo
de su vida en el cual están viviendo, pueden decir, te amo porque mi
copa se desborda. y te ofrezco mi gratitud por
el aire que respiro, por la luz del sol que me alumbra, por el
alimento que renueva mis fuerzas, por eso, Señor, mi alma te alaba
y te ama con todo el corazón. Oh, Señor, mi alma te alaba y
te bendice, porque las ropas que me pongo
calienta mi cuerpo, porque la morada que me cobija es un lugar seguro donde puedo
concebir el sueño y descansar plácidamente durante las noches. Señor, te amo porque El perfume
de las flores y la música de los manantiales son sonidos que
deleitan mi vida aquí aún todavía. Te amo, oh Dios. porque tus manos bien hechora
me otorgan bendiciones sin número, cada día, en cada momento, en
cada segundo de mi caminar por este valle de lágrimas. Señor,
te alabo y doy gracias, y te amo entrañablemente. porque yo
sé que tus manos, tus manos bondadosas y compasivas son las que alejan
el mal de mi persona e impide que yo sea lo miserable que merecen
ser, que merezco ser por mis pecados. Señor, mi alma te alaba,
te alaba y te bendice por cuanto te amo. Te amo por el don inefable
de la fe en mi Señor y Salvador Jesucristo, que por gracia he
recibido, lo cual me ha capacitado para tener una íntima, estrecha
y pura relación contigo, una relación vinculante por el vínculo
sagrado del amor. Señor, te amo. Te amo sobre todas las cosas,
oh Dios, por la presencia regocijante de Tu Espíritu Santo, que ha
hecho de mi corazón un templo, un templo santo y sagrado donde
mora el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Por eso, Señor, mi alma
te alaba, mi alma te engrandece, y te amo sobre todas las cosas. Y aún más, Señor, te amo. Te amo porque por tu gracia silenciaste
la artillería del infierno que disparaba contra mí para matarme
y llevarme al infierno perpetuo donde merezco estar por uno solo
de mis pecados. Pero gracias, oh Dios, por ese
amor infinito con el cual me amaste y me amaste primero cuando
enviaste a Cristo a morir por mis pecados en la cruenta cruz
donde derramó su vida para darme vida a mí. Gracias, Padre, por tanto amor
sin merecerlo. Concédenos la gracia de levantarnos
de las ruinas de nuestros pecados del egoísmo y del yoísmo, Señor,
para poderte amar de todo corazón. Le rogamos y pedimos estas cosas
en el nombre de Jesús. Amén.
La preeminencia del amor según el Señor Jesucristo
Series Evangelio Marcos
La preeminencia del amor según el Señor Jesucristo
| Sermon ID | 112246394509 |
| Duration | 57:48 |
| Date | |
| Category | Sunday - AM |
| Bible Text | Mark 12:38-44 |
| Language | Spanish |
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