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Marcos 12, 41 al 44. Dice la palabra, estando Jesús
sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo
echaba dinero en el arca, y muchos ricos echaban mucho. Y vino una
viuda pobre y echó dos blancas, o sea, un cuadrante. Entonces,
llamando a sus discípulos, les dijo, de cierto os digo, que
esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el
arca, porque todos han echado de lo que les sobra, pero esta,
de su pobreza, echó todo lo que tenía, todo su sustento. Amén. Aquí podemos observar el gran
valor de la ofrenda de esta mujer viuda. El gran valor de la ofrenda
de esta mujer viuda. En su última semana de vida,
nuestro Señor Jesucristo se encontraba enseñando en el templo, como
ya hemos estudiado en sermones anteriores. Nos dice Marco que
una gran multitud del pueblo le oía de buena gana, mientras
él les ministraba a sus corazones allí en el templo. Entre las
cosas que el Señor estuvo enseñando en el templo, estuvo el hecho
de corregir aquellas enseñanzas a medias que los escribas estaban
ofreciendo al pueblo de Israel acerca del Mesías. Partiendo
del Salmo 110, versículo 1, los escribas le habían enseñado al
pueblo que el Mesías sería un descendiente de David, y eso
era lo correcto. Pero ellos habían fallado en
explicarle al pueblo la segunda parte de ese versículo, en donde
David le llama a su vástago, mi señor, porque David era del
entendimiento que ese subástago no solamente sería su descendiente
físico en la carne, sino que también su descendiente sería
hijo de Dios en Manuel, Dios con nosotros. Al dejar fuera
de sus enseñanzas la divinidad del Señor Jesucristo, estaban
cometiendo un error letal para el alma de aquellos que se exponían
a sus enseñanzas. Porque si Cristo no es enseñado
y creído como Dios, no puede ser salvador de nadie. por eso sus enseñanzas eran letalmente
erróneas, incapaces de poder salvar a ningún pecador, porque
estaban dejando fuera la Deidad de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Aquí el Señor Jesucristo tomó
la vida de los escribas para advertir de las consecuencias
que producen las religiones donde Cristo no es tenido como Dios,
donde Cristo no es creído como Señor en su deidad. Si Cristo no es Dios, entonces
Él no es digno de ser temido, Él no es digno de ser amado,
Él no es digno de ser servido, Él no es digno de ser adorado. como lo que Él realmente es y
dice ser, Dios. De ahí que Cristo le dice a sus
discípulos, guardaos de los escribas, porque ellos son la quinta esencia
de lo que es una religión de apariencia y no de corazón, que
es lo que realmente produce toda enseñanza en donde Cristo es
sacado de su Deidad en donde Él simplemente es presentado
como un profeta puramente humano y llanamente humano y nada más. Toda religión que no gira en
torno a Cristo como Hijo de Dios y como Hijo del Hombre es falsa
y produce frutos falsos. De ahí la vida que vivían los
escribas y que vivió Israel como frutos de las enseñanzas a medias
que acerca de Cristo ellos estaban ofreciendo. Después que el Señor
hubo ministrado sobre su divinidad, después de denunciar la falsedad
religiosa de los escribas y de Israel en general, Marcos nos
dice el lugar donde estaba sentado el Señor en el templo. Dice, estando Jesús sentado delante
del arca de la ofrenda. Un autor llamado Barclay dice,
entre el atrio de los gentiles y el atrio de las mujeres estaba
la puerta hermosa. Bien puede ser que Jesús hubiera
ido a sentarse allí tranquilamente después de la discusión y tensión
del atrio de los gentiles y los claustros. En el atrio de las
mujeres habían trece cajas de bronce de la colecta que se llamaban
las trompetas, porque en la parte superior tenían esa forma. Cada una de ellas era parte de los medios con que se recolectaban
las ofrendas especiales. Por ejemplo, para comprar grano
o vino o aceite, había una caja especial donde los ofrendantes
colocaban sus ofrendas. Eran para las aportaciones, para
los sacrificios diarios que se celebraban allá en Israel. Para eso estaban allí esos lugares
designados para las ofrendas. Marco también nos dice qué hacía
Jesús sentado en ese lugar. Dice, el Señor miraba cómo el
pueblo echaba dinero en el arca. Él vio que muchos ricos Estaban
en fila, allí colocando sus fondos, su dinero, en esas arcas. Dice Matthew Henry, era cosa
buena ver a gente rica, que era caritativa. Ver a muchos ricos
y verlos echando mucho, eso era un espectáculo maravilloso, porque
son cosas muy raras y escasas. Ver rico echando mucho. Eso es
escaso y eso es raro, dice Matthew Henry. Si Dios nos da con abundancia,
ha de esperarse que nosotros demos también con abundancia. Lo que tienen mucho deben dar
mucho, concluye Matthew Henry. Segundo a lo Corintio, capítulo
9, versos 6 y 7, dice, pero esto digo, el que siembra escasamente
también segará escasamente, y el que siembra generosamente, generosamente
también segará. Cada uno de como propuso en su
corazón, no con tristeza ni por necesidad, porque Dios ama al
dador alegre. El señor vio también que vino
no solamente ese grupo de gente rica para dar ofrenda, sino que
también él vio a una viuda pobre que echó dos blancas, o sea,
o sea, dos cuadrantes. Según el original, esta viuda echó dos lectas, que
significa blanca, cuadrante. Ahora, ¿un cuadrante de qué fue que
esta viuda echó en el arca de las ofrendas? Bueno, si el denario,
que era la moneda común que corría en Israel, si el denario se considerase
como el equivalente de 16 centavos de dólares, entonces la blanca
valdría solamente un octavo de centavo de dólar, un octavo de
centavo de dólar. Las pequeñas monedas de cobre
que la viuda echó en la urna eran literalmente muy delgadas
y livianas. Eran de poco valor monetario. Su ofrenda era casi nada, porque
era la mínima cantidad monetaria que se acuñaba en aquellos tiempos. El valor monetario más pequeño
que había en circulación eran esas blancas que ella colocó
en la caja de la ofrenda. Sin embargo, aunque desde el
punto de vista humano esta ofrenda era la más pequeña que se podía
dar porque era la moneda de menos valor que había en circulación,
según la opinión de Dios aquí en este pasaje, aquilatado por
las normas divinas, estas dos blancas fueron la más grande
de todas las ofrendas que allí se echaron en ese lugar. Y, hermanos, esto es sorprendente. La contribución que hizo esta
mujer viuda y pobre Fue la más grande de todas las contribuciones
que se echaron allí durante ese día. La más valiosa de todas
las que se colocaron en esa caja fue la que trajo esa viuda. Esta viuda pobre, dice Cristo,
echó más que todos lo que han echado en el arca. Más que todos lo que han echado
en el arca. Como podemos observar en este
pasaje para nuestro Señor Jesucristo, no es la cantidad de dinero que
la gente da lo que tiene realmente importancia, lo que tiene valor
para Dios, no es el monto de lo dado, sino el corazón y la
motivación con que se da la ofrenda. La intención con que se da la
ofrenda es lo que aquilata a los ojos de Dios lo mucho o lo poco
que podemos ofrendar, cuando adoramos a Dios por medio de
nuestros diezmos y ofrenda. Es lo que nos enseña ese pasaje. Ahora, hermanos, es interesante
observar en este texto nuestro Señor Jesucristo aquí no habló
con la viuda. Ni siquiera posiblemente la viuda
se dio cuenta de que Cristo lo estaba observando. No se percibió de que la mirada
escrutadora del Señor Jesucristo conocía exactamente cuánto ella
iba a colocar en esa ofrenda. Ella no se dio cuenta de que
la estaban chequeando. Ella tampoco llegó allí voceando, voceando de que iba a dar todo
lo que tenía. Miren lo que yo tengo. Somos
dos blancas, ¿eh? Ustedes la ven. Y es todo lo
que yo tengo. La voy a echar, ¿eh? Obsérvenlo.
ya no llegó con esta actitud allí vociferando que iba a dar
todo lo que tenía ahora este pasaje nos enseña
que el señor Jesucristo conocía al dedillo todo lo que estaba
sucediendo allí mientras se echaban las ofrendas en esas cajas Él
sabía la cantidad que cada uno daba. Él veía y escrutaba el
corazón o motivación que había en el ser de todos aquellos que
estaban allí ofrendando. Eso está claro en el pasaje.
Como bien enseña Hebreo capítulo 4, versículo 13, y no hay cosa
creada que no sea manifiesta en su presencia. Antes bien,
todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de Aquel
a quien tenemos que dar cuenta. Por eso, Él pudo observar la cartera de todos aquellos
que estaban en esa fila ofrendando, y él veía si había poco o había
mucho en su interior. Él podía llegar al corazón de
esas personas y conocer qué motivación había en ello para dar. Él sabía
la condición económica, financiera, de todos y cada uno de los ofrendantes. Él sabía que los ricos tenían
mucho dinero, tenían dinero de sobra. ¿Y de qué dieron ellos? Dieron de lo que les sobraba.
De eso fue que dieron. Y sobre todo dieron porque les
sobraba. Por eso dieron. De ahí que Cristo
dice, eso echaron menos que la viuda. Porque eso dieron, y dieron
porque les sobraba. Posiblemente, si no hubiesen
sobrado algo, tampoco habrían dado nada. ¿Dieron sin sacrificio alguno
para ellos? Dieron sin sacrificio alguno
para sus carteras. Por eso Cristo los descalificó
como ofrendantes. Por eso la viuda, aunque dio
la moneda más pequeña que había en circulación, echó más que
todos ellos juntos. Y note que dice, muchos ricos
echaban en grandes cantidades. No moneditas. echaban papeletas,
papeletas con muchos números, de los números más grandes que
había en su tiempo. La viuda echó muy poco en cantidad,
pero echó todo lo que tenía. Echó poco en cantidad, pero echó
todo lo que tenía. Echó con ello su propia vida. Y eso fue lo que Jesús aquilató
allí a través de esa pequeña ofrenda que ella estaba dando.
Esto era lo que significaban esas monedas que ella puso allí
en ese cofre de la ofrenda. Ahí colocó ella su vida por medio
de esas dos blancas. Su propio corazón lo colocó allí
en esas dos blancas cuando se acercó a ese lugar. Debemos recordar,
hermano, que lo que allí se hacía era nada más y nada menos que
un acto de adoración a Dios. Las ofrendas que se colectaban
en ese lugar eran para ofrecerle a Dios adoración y alabanza en
medio del Templo de Jerusalén. Por eso, encontramos allí al
Señor Jesucristo mirando atentamente lo que sucedía en ese sitio,
porque allí se estaba adorando a Dios a través de los bienes
materiales que en Su gracia Dios coloca en nuestras manos. que nuestro Señor estaba allí
sentado, observando, mirando, no de manera casual o casuística,
sino que allí estaba Él observando con atención, con atención para
juzgar las intenciones del corazón de todos y cada uno de aquello
que estaban dando para contribuir con la adoración a Dios para
contribuir con el mantenimiento del templo en operación para
tributarle a Dios alabanza y adoración. Cuando él se sentó en ese lugar, con sus ojos omniscientes, él
pudo ver el contraste que había entre la ofrenda de los ricos
y la ofrenda de esta pobre viuda que dio todo lo que tenía. Y hermanos, yo no creo que la
ofrenda fue valiosa para Jesús por el simple y mero hecho de
que ella dio todo lo que tenía. Yo no creo que el problema estaba
en eso o que el bien, la bendición estaba en dar todo lo que tenía.
El meollo del asunto aquí era que ella dio con un corazón rebosante
de amor y devoción a Dios. Los ricos daban porque les sobraba. Y esta mujer daba porque amaba
a Dios sobre todas las cosas en esta vida. Y ella quería agradarlo
a pesar y a costa de su propia comida. Estas dos blancas representaban
su comida, su sustento. Ella quiso adorar a Dios aún
a pesar de que cuando se fuera del templo no tendría como ir
al colmado a comprar poquito de harina para amasar y hacer
un poquito de pan con esas pequeñas monedas a pesar de eso el deber de adorar le impulsó
para hacer un sacrificio que a la luz de los ojos humanos
era irracional porque no irracional hermano que usted ve lo poco
que tiene para comer. Eso es irracional. Eso es irracional,
hermano. En la cabeza racional de un incrédulo,
eso es una locura. Eso es ser fanático. Eso es ser extremista, dirán
otros. Ahora, observemos las lesiones,
las lesiones que nos da el Señor por medio de la ofrenda de esta
viuda pobre. Los versos 43 y 44 dicen, llamando
a sus discípulos les dijo, solamente os declaro que esta pobre viuda
echó más en el tesoro que todos los demás, porque todos dieron
de su abundancia, pero ella de su pobreza echó todo lo que tenía
todo su sustento. Ahora, notemos aquí lo siguiente.
Primero, lo que esta viuda hizo fue importante
a los ojos de Jesús. Y fue tan importante que Él llamó
a sus discípulos, los reunió para que se fijaran en la obra,
en la buena obra que esa mujer acababa de hacer. Esta era una
lección donde los discípulos debían de fijar fijamente sus
mentes, sus corazones. Esta era una lección que los
discípulos debían de observar atentamente para que aprendieran
de ella. y el fin no era meramente para
que su cabeza fuera adornada con un buen ejemplo, sino también
para que imitaran el corazón y el ejemplo de esa viuda que
de manera sacrificial estaba haciendo lo que estaba haciendo. Cuando el Señor les dice solamente
os declaro expresa el hecho de que aquello
que él está a punto de decir era algo de gran significado
como consecuencia era algo que los discípulos debían de tomar
muy en serio porque aquello era de trascendental importancia
para la vida de ellos y para la vida de la iglesia hermanos
Cuesta mucho dinero el sostén de la obra de Dios. Esta iglesia, por 30 años, ha tenido sus puertas abiertas.
Y todo, desde el edificio hasta
el mantenimiento y el sustento de esto, cuesta mucho dinero. y no es el Estado Dominicano
el llamado a sustentar la obra de Dios aquí en este lugar. Son los miembros de iglesia bíblica
de la Trinidad. Y gracias a que Dios ha colocado
el mismo espíritu que puso en esta viuda, porque fue Dios que
lo hizo, puso ese espíritu sacrificial para dar. Gracias a eso, por
treinta años, aquí las puertas nunca se han cerrado por falta
de fondo para predicar el Evangelio y
hacerle bien a este mundo. Esta viuda pobre echó más en
el arca del templo que todos los demás. Ahora, ¿por qué, hermano? Esa es la pregunta del millón.
¿Por qué esta viuda, aunque echó la cantidad más pequeña que había
en circulación en los días del imperio romano, por qué esta
viuda pobre echó más que todos los demás ricachones que estaban
allí echando sumas considerables? ¿Por qué? Número uno, porque
ella le había rendido primero que nada su corazón al Señor. Eso es lo número uno, hermano.
Sin eso, aún esa doblanca es basura. ¡Pura basura! Y nada más que basura. Igual que la suma enorme que
daban los demás, ¿Por qué para Cristo era basura lo que daban
los demás? Aunque era mucho. Porque en esa
basura no estaba el corazón de ellos cuando daban. Ese era, ese era el secreto de
la ofrenda idónea de esta viuda. No era la poca cantidad, era
el gran corazón que ella tenía. Y lo colocó ahí. cuando entregó
esas dos ofrendas, esas dos monedas. Por eso todo lo que daba y hacía
era de gran valor a los ojos de Dios. Como Pablo le dijo a
los macedonios, segundo a los corintios 8, 8, 5, a sí mismos se dieron primero
al Señor, lo número uno. y luego a nosotros por la voluntad
de Dios. Los macedonios recogieron una
gran ofrenda y la enviaron a los creyentes que estaban pasando
miseria allá en Palestina. Ahora, esa ofrenda generosa que
ellos le dieron a los palestinos fue el fruto de la voluntad de
Dios mediante la cual ellos cedieron primero a sí mismos al Señor. Como alguien escribió, cuando
el corazón ha sido entregado al Señor, ya no es necesario
apremiar a los brillante para que den. Mediante relatos conmovedores, calculados para tocar sus emociones
más sensible. Ya no es necesario manipularle
mediante trucos astutos pensados para sacarle todo lo que poseen. Ya no hay necesidad de eso. Cuando un creyente se ha entregado
todo a sí mismo al Señor, él sabe que todo lo que posee, ¿de
quién es? Es del Señor. Por eso no hay
que estarlo empujando, ni manipulando, ni... Dame gracias a Dios, en
esta iglesia nunca le hemos llevado la contabilidad a nadie. A nadie. ¿Cuánto tú ganas? ¿Cuánto
tú das? Tú das, tú no das. Pues un problema
suyo es el Señor. Es su conciencia el Señor. Lo que le darán un veredicto para que usted pueda manejar
su conciencia. Esta viuda dio primero que nada
su corazón como una ofrenda, como una ofrenda agradable y
aceptable ante los ojos de Dios. Por eso su ofrenda fue la más
valiosa de todas, a pesar de lo insignificante que era a los
ojos de los hombres. Dos. Su ofrenda fue intrínsecamente
valiosa porque ella dio de manera voluntaria, no por obligación. Y hermanos, este es el detalle
importante. La ofrenda es algo voluntario. No por imposición, no por manipulación,
no por amenazas, como se oye en el día de hoy. Recuerdo una
vez que escuchaba a una señora que estaba pidiendo en un maratón
de eso que hacen en las emisoras. Esta señora allí Después de hablar
como por media hora acerca de lo importante que era dar y todo
lo que la gente iba a conseguir después que diera y que sembrara. Y entonces, recuerdo que lo último
que dijo fue orando por en voz de gañotada. Señor, rompen el
codo a ese que está agarrando sus manos para no entrar al bolsillo. Guau. caliente esa mujer, pidiendo
dinero. Rómpele el codo, fractúrale el
brazo para que pueda finalmente... Bájalo, ¿verdad? Porque no quiere
bájalo. ¡Señor, bájale el brazo y métele
el brazo! Es una locura, hermanos. Eso
no es la manera de Dios. Eso es basura. Una ofrenda que
salga de una manipulación de esa categoría, eso es basura
a los ojos de Dios. Una impiedad que ni de regalo
la quiero aquí. Esta mujer dio de manera voluntaria,
no por obligación, en ninguna parte de la ley se exigía que
ella diera para la adoración a Dios todo lo que tenía. Eso no está en la Escritura.
Sin embargo, aunque ella no tenía un mandamiento expreso que le
ordenara que diera todo lo que tenía, sin embargo, lo hizo.
Sin compulsión. Allí no había un escriba ni un
sacerdote manipulándola para que diera. Se puso en fila y
dieron lo que tenían a punto, sin que la apremiaran a hacer
eso. Fue una ofrenda voluntaria. Hermano, eso le puso clate brillante
a los ojos de Dios, a la poca cantidad que esa mujer dio allí.
Esa blanca que era una especie de latón que se... acuñaba con
la imagen del César, se convirtió en oro molido a los ojos de Dios,
cuando esa mujer puso allí eso y lo trajo al altar de Dios para
sacrificarlo. Según el Ocorrinto 9.5, como
de generosidad y no como de exigencia nuestra, debían de ofrendar los
macedonios, no por exigencia apostólica, sino por generosidad,
por compasión, por misericordia, para con los necesitados. Segundo
lo Corintios 9.7, cada uno de como propuso en su corazón, no
con tristeza ni por necesidad. No porque yo te vaya a bendecir
más, si tú da tanto. Como si fuera un negocio. Porque
en eso han convertido muchas iglesias las ofrendas, el negocio. Tú le das tanto a Dios y Él te
va a devolver tanto. Hoy en el caso de un señor, un negocio, porque han convertirse
en un negocio, un negociante de eso de iglesias, que él puso un día la gente a
sembrar. Bueno, alguien trajo una yipeta
de Estados Unidos, de esos emigrantes, de esos que se mudan ya, de esos
retirados más bien, de esos retirados, Trajo su chipeta, la dejó ahí,
volvió a Estados Unidos. Cuando volvió, la mujer la había
sembrado en un lugar de esos que siembran. Porque el tipo
habló de que le iban a conseguir un, ¿cómo se llama? No una chipeta, no una, un yate,
un avión, una cosa de esas. A cambio de la chipeta, le tenían
que sembrar allí. Esa siembra produce grandes cosechas. Oye, no tallispetas, no, aviones,
helicópteros. Ya ustedes se imaginan lo que
pasó cuando el hombre llegó y encontró que la mujer le había sembrado
tallispetas. Ya ustedes se imaginan lo que pasó allí. Cada uno de
cómo propuso en su corazón, no con tristeza ni por necesidad. Tercero, ella dio más que todos
aquellos dadores, porque lo poco que tenía lo dio por amor al
Señor del templo. Por eso su ofrenda fue tan valiosa,
porque ella dio por amor al Señor que habitaba en ese templo, por
amor al Señor que era adorado en ese templo, que era servido
en ese templo, que era predicado en ese templo. Por eso su ofrenda
fue tan valiosa, tan costosa desde el punto de vista de Dios,
aunque insignificante desde el punto de vista humano. Esta ofrenda
revelaba su amor a Dios, la cual sin lugar a duda lo amaba con
todo su corazón, con toda su mente, con todas sus fuerzas. Y nada en su vida era más importante
que poder adorar a Dios con lo poco o con lo mucho que tuviera,
no importa el costo que tuviera eso. Estaba dispuesta a pagarlo. Con esta ofrenda dijo ella a
Dios, estoy dispuesta a pasar hambre si es necesario, pero
te voy a adorar. Aunque no tenga cuando salga
de aquí con qué comprar, lo daré para adorarte. Porque te amo
con todo el corazón, con toda la mente, con todas las fuerzas,
con toda el alma, con todo mi ser. Aquello fue un acto de amor,
de amor agnegado y sacrificial. Eso le puso quilate a sus pobres
monedas. Segundo de Samuel 24, 24, porque
no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten
nada. Lo que nada me cuesta no lo voy
a ofrecer como sacrificio a Jehová Dios. y amados hermanos, en cuarto
lugar, su ofrenda fue valiosa, porque su ofrenda fue un acto
de sacrificio y de autonegación. Fue un acto de sacrificio y de
autonegación. Ella no dio de lo que le sobraba,
no le dio porque tenía en abundancia, no le dio porque estaba con su gastos cubiertos y tenía ciertas
facilidades para buscar el prestado o el fiado. No fue por eso que ella dio,
motivado por eso. Ella dio porque, amados hermanos,
sabía que su acto de dar era un sacrificio de autonegación
que implicaba expresarle a Dios cuánto le amaba, cuánto le adoraba. ¿Cuánto le creía a sus promesas? Quinto, su ofrenda fue superior
a la de los ricos porque su ofrenda fue el fruto genuino de un corazón
generoso. De hecho, la gente más generosa,
¿quiénes son? Son los regulares, los que menos tienen. Los que
menos tienen son los más generosos, los que más dan. Mientras más
tienen, más tacaños, más mezquinos. Es notable que ellos daban de
lo que les sobraba. Claro, así cualquiera da. Según el Corintio 8.2, en grande
prueba de tribulación y su profunda pobreza abundaron en riquezas
de su generosidad. Eran gente pobre, hermano, los
macedonios. Gente de baja condición social
y económica. Sin embargo, en grande prueba de tribulación
y gran pobreza ante la necesidad de lo que estaban
pasando peor que ellos, ¿qué hicieron? Abundaron en riquezas
de su generosidad. Cuando damos, mientras estamos
en mala, ¿qué se revela allí? La riqueza de nuestra generosidad,
porque cuando usted tiene mucho para dar, y da algo, ¿Qué revela eso? Nada. Lo de estos ricos, ¿qué dieron
por qué? Porque tenían mucho. Y de lo que les sobraba, de eso
dieron. Ahora, esta viuda reveló cuán generoso era su corazón
cuando sacó esa dos monedas únicas que habían en su cartera y las
colocó allí. Para adorar a Dios, hermano,
eso habló de su generosidad, del corazón generoso que participaba
en su interior. Sexto, finalmente, su ofrenda
fue más cara que la ofrenda de los ricos, porque su ofrenda
fue una muestra de su fe y confianza en la bondad de Dios. fue una
muestra de su fe y confianza en la bondad de Dios para con
ella. Esa viuda pobre dio con fe de
manera generosa y espontánea. Por eso, mis amados hermanos,
el Señor la elogió y la colocó como un monumento para que la
futura generación de creyente lo vean y lo imiten. Ella creía lo que la Biblia enseña
sobre el cuidado de Jehová por las viudas. Ella estaba bajo
su cuidado y protección, como enseña Éxodo 22, 23. Dios grande, poderoso y temible,
que hace justicia al huérfano y a la viuda, dándole pan y vestidos. Ella creía las promesas de Dios. ¿La dejaría Jehová morir de hambre
porque ella dio esas dos pequeñas monedas? No, hermano. Ella era
consciente de que hambre no iba a pasar porque Dios adhere esa
mesa delante de nuestros angustiadores, dice la Biblia. capítulo 15 verso 25 de proverbio
jehová afirmará la heredad de la viuda salmo 146 versículo 9 jehová
guarda a los extranjeros al huérfano al huérfano y a la viuda sostiene
hermano estas son promesas de dios para quienes para las mujeres
que están en esa condición en ese estado necesidad y de indigencia. Son objeto del cuidado especial,
de la protección especial, del sustento especial del Señor Jehová,
Dios de los ejércitos. Esta mujer creía en esas promesas,
por eso, amados hermanos, fue movida a entregarlo todo. y con ello a entregarse en la
mano todo suficiente de Aquel que le había prometido tales
promesas. Cuando ella entregó lo que tenía,
con eso le estaba diciendo a Jehová, Jehová, Tú sabes que yo no tengo
dónde comprar pan, ni con qué comprar pan, yo estoy desnudo
y no tengo vestido, estoy descalzo y no tengo calzado, Tú sabes
cuál es mi circunstancia y mi necesidad, pero yo confío en
que Tú me proveerás. Señor, yo no tengo heredad, pero
yo sé que Tú eres mi heredad. Tú te encargarás de darme todo
lo que yo necesito en este mundo pasajero. Amados hermanos, no ha prometido
Dios en Juan 6.33 que suplirá nuestras necesidades solamente
a las viudas. ¿Qué dice Juan 6.33? Más buscar primeramente el reino de Dios
y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Por eso, Cristo dice, no se afanen
por el día de mañana. No se llenen de ansiedad sobre
qué comeremos o qué vestiremos, porque si el Señor alimenta a
las aves de los cielos, si Él se ocupa de vestir con hermosura
los líos del campo, ¿no hará el Señor provisión para vosotros,
que sois sus hijos? ¿Se quedará él de brazo cruzado
cuando tú tengas los bolsillos vacíos y no tengas con qué ir
a comprar el pan que tú y tu familia necesitan? ¿Qué tú piensas? ¿Se quedará él de brazo cruzado
cuando tú no tengas con qué comprar una medicina? El Señor no va a reaccionar para
ir en tu auxilio cuando te veas en la necesidad de pagar tu factura
de luz o tu factura de casa. No va a ir a obrar en consecuencia.
¿Te dejará morir de hambre y de inanición o de inanición? ¿Te dejará morir de sed porque
tú no tienes 60 pesos para comprar un botellón de agua? Él le dirá a Miriam, mira Miriam,
esta hija mía no tiene agua, mándale un botellón de agua. Busca primeramente el reino de
Dios y su justicia y todas estas cosas os serán añadidas. Esa viuda creía esa promesa. Por eso no le tembló el pulso
a la hora de sacar esas dos monedas, las únicas que habían en su cartera,
para colocarlas en la caja de las ofrendas. Ella pudo haber
dicho, bueno, los ricos que den y mantengan el templo, que yo
con los míos voy a comer. Es lo natural, ¿verdad? Si hay
tantos ricos ahí, echando en abundancia, ¿Qué van a hacer con esos dos
chelitos que yo voy a dar? ¿Qué van a hacer en el templo? Nada. ¿Para qué sirve eso? ¿Qué se
compra con eso? Con dos chelines. ¿Qué se compra
con eso? Le argumentaría el diablo a su
corazón. No nos olvidemos de Satanás,
que estaba también ahí, diciéndoles, mira, ten cuidado, no es más
nada. Recuérdate que cuando tú salgas
de aquí, nadie te va a dar nada. Quizá también habrían algunos
consejeros diciendo, mira, ten cuidado, hay que ser prudente.
Hay que ser prudente, tú no puedes. No tientes a Dios. Hay que ser prudente, hay que
ser precavido. Tú tienes que, en vez de dar las dos, da una
y quédate con una por si acaso. Porque hay que guardar para mañana.
Recuérdate, el que lo da todo, a pedirse queda, ten cuidado.
Muchos buenos consejeros estarían allí también susurrándole al
oído de esta mujer para que ella, nada más de la mitad, son dos,
da una, quédate con una en el bolsillo por si acaso. Hermano,
esta mujer desafió al diablo, los consejeros, y muchas otras
cosas más, como el engaño de su corazón, Por eso su ofrenda fue la que
más brilló, la que más brillaba ahí en ese canato. No era la
de dos mil, que yo era el ricachón de lo que le sobraba. La que
más brilló allí fue esa pequeña lata. con la imagen de César
impresa. Esa fue la que me abrilló ayer,
hermano, en ese cofre, según Cristo. Que Dios nos conceda, hermano,
por la gracia de Dios, vivir de esa manera. Vivir de esa manera. La promesa es, en lo poco fuiste
fiel, en lo mucho te pondré. No es al revés. En lo poco fuiste fiel, en lo
mucho te pondré. Oigan bien a hermanos tacaños
que están aquí sentados. Créanle a Dios y no al diablo. Créanle a Dios y no a sus corazones,
engañosos y perversos, más que todas las cosas. Y no le va a
ir mal. No le va a ir mal. no les va
a ir mal. ¿Cuánto dar? Yo no sé. Lea su
Biblia. Ahí está la información. Léala.
Dios le dirá. Amados hermanos, antes de terminar esta predicación, hay alguna pregunta que debemos
de hacer, naturalmente. ¿Te diste tú primeramente de
manera completa al Señor. Es tu vida, es tu alma una ofrenda
entregada sin reservas al Señor Jesucristo. De manera real le
entregaste cada trozo de tu vida, de tu alma, de tu cuerpo al Señor
Jesucristo. Esa es una realidad, una realidad
tangible en ti ¿desea ser feliz y feliz para siempre? ¿Qué es
lo que debe de hacer? Entrégale tu vida a Cristo, y
Él te hará una ofrenda agradable y aceptable a los ojos de Dios,
de manera completa y entera. Él te hará una ofrenda dichosa
y feliz, bienaventurada. Él te va a aquilatar con la gracia
de Dios. que convertirá tu vida en una
ofrenda hermosa a los ojos de Dios. Y te aseguro que nada te
hará más feliz que esto, mientras viva en esta tierra. ¿Qué tú
debes de hacer en esta mañana? Exclama diciendo, Señor, toma
mi vida para que ella sea consagrada a ti. Tómame y siempre seré para
ti, oh Señor, Dios de amor y de misericordia.
La ofrenda de la viuda y su gran valor
Series Evangelio Marcos
La ofrenda de la viuda y su gran valor
| Sermon ID | 11224548857 |
| Duration | 51:48 |
| Date | |
| Category | Sunday - AM |
| Bible Text | Mark 12:41-44 |
| Language | Spanish |
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