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Marcos capítulo 8, versos 1 al
10. Dice el apóstol, en aquellos
días como había una gran multitud y no tenían que comer, Jesús
llamó a sus discípulos y les dijo, tengo compasión de la gente
porque ya hace tres días que están conmigo y no tienen que
comer. y si los enviare en ayunas a
sus casas, se desmayarán en el camino, pues algunos de ellos
han venido de lejos. Sus discípulos le respondieron,
¿de dónde podrá alguien saciar de pan a estos aquí en el desierto? Él les preguntó, ¿cuántos panes
tenéis? Ellos dijeron, siete. Entonces mandó a la multitud
que se recostase en tierra, y tomando los siete panes, habiendo dado
gracias, lo partió y dio a sus discípulos para que los pusiesen
delante, y lo pusieron delante de la multitud. Tenían también
unos pocos peces, y los bendijo, y mandó que también los pusiese
delante, y comieron y se saciaron, y recogieron de los pedazos que
habían sobrado siete canastas. Eran los que comieron como cuatro
mil y los despidió. Luego entraron en la barca con
sus discípulos, vino a la región de Dalmata. En esta noche queremos compartir
este pasaje bíblico con el título el segundo milagro de multiplicación
de panes y de peces que nos narra Marcos. El segundo milagro de
multiplicación de panes y peces que nos narra Marcos. Aquí en este pasaje, cuando lo
leemos, surge a nuestra vista la siguiente pregunta. ¿En qué
radicaba el magnetismo atrayente que caracterizaba a nuestro Señor
y Salvador Jesucristo? En Mateo capítulo 15, versos
29 al 33, el pasaje paralelo al que hemos leído nos da la
respuesta a esta pregunta. Se le acercaron grandes multitudes,
dice Mateo, que llevaban cojos, ciegos, lisiados, mudos, y muchos
enfermos más, y los pusieron a sus pies, y él los sanó. La gente se asombraba al ver
a los mudos hablar, a los lisiados recobrar la salud, a los cojos
andar, y a los ciego ver, y también y se amontonaban las multitudes
delante del Señor? La respuesta es bien simple. En la persona de nuestro Señor
y Salvador Jesucristo se conjugaban la compasión, la sabiduría, el
amor, la autoridad y el poder para saciar todas las necesidades
humanas. en él se conjugaban cada uno
de esos atributos de la gracia de Dios para liberar a los hombres
y a las mujeres de todas sus miserias. En nuestro señor y
salvador se conjugaban cada uno de esos atributos de Dios para
sanar a los hombres de todas sus enfermedades, de Ahí estaba el corazón de su concurrido
y fructífero ministerio, el que llegaba enfermo a los pies del
Señor Jesucristo, allí de seguro que encontraba la salud. ¿A quién llevaban muerto donde
el Señor Jesucristo? De seguro que allí encontraba
la vida. quien era llevado a aquel lugar
muerto de hambre podía fácilmente comer pan de restaurante, fino
pan, sin pagar un centavo. Entonces, por esas razones, las
multitudes se congregaban delante de él, ese era el secreto de
su atrayente ministerio, de su fructífero ministerio, por eso
la gente venía en pos de él y no escatimaba esfuerzo, no escatimaba
lo agreste del lugar para ir allí en pos de él. Enfrentaban
y desafiaban todos los peligros y todas las nada más y nada menos que en
la presencia de Aquel que habría de responder a sus necesidades. Muchos de los milagros que hizo
el Señor los realizó porque la gente los pedía. Pero también encontramos que
muchos de los milagros que nuestro Señor realizó para satisfacer
las necesidades de la gente los llevó a cabo sin que a él se
lo pidiesen. Vemos, por ejemplo, en este mismo
caso, que no hubo un pedido expreso de alguien que le dijera, señor,
yo me estoy muriendo de hambre, me están dando mareos, señor,
tengo tres días en ayunas. Y como tú sabes, no solamente
de pan vivir el hombre, sino de toda palabra que sale de la
boca de Dios. Yo tengo un cuerpo de carne y
hueso que todavía necesita del pan. ¿Tú puedes resolverme ese
problema, Señor? No, aquí no hubo un pedido expreso
para que le diera un bocado de comida a alguien de la multitud. No hubo nadie que le dijera,
Señor, haz un milagro y multiplica estos panes para que sacia el
hambre de esta multitud hambrienta que durante tres días no ha probado
bocado. Ahora, aquí podemos observar
que el ojo omnisciente del Señor miró a las alforjas de aquella
multitud, miró a los estómagos de aquella multitud y vio que
estaban vacíos. Las alforjas estaban vacías y
sus estómagos estaban vacíos. De ahí que nuestro Señor tomó
carta en el asunto. Él pudo ver que la gente simplemente
le seguía y no estaba preocupada por el hambre, no estaban ansiosos
ni preocupados por sus circunstancias y necesidades temporales. ¿Por qué esta gente no le prestaba
atención a sus carencias y necesidades materiales? Posiblemente mucha
de esta gente ya había oído al Señor hablar, predicar, enseñarles
a ello en Mateos capítulo seis verso treinta y uno al treinta
y cuatro donde dice nos afanéis ¿O con qué nos cubriremos? Porque
los gentiles buscan todas estas cosas, pero vuestro Padre que
está en los cielos sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Más bien, buscad primeramente
el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas serán añadidas. Así que, no os afanéis por el
día de mañana, porque el día de mañana traerá su propio afán. Basta cada día su propio mal. Esta multitud posiblemente muchos
de ellos habían escuchado esas sonoras palabras de nuestro señor
y salvador Jesucristo ellos llegarían a la conclusión si nuestro padre
celestial alimenta a innumerables pájaros y viste con hermosura
a innumerables flores no se va él a ocupar de nuestras necesidades
temporales aquí en en este lugar a Greste en este desierto? La respuesta de ellos en su corazón
y por supuesto fue ciertamente él se ocupará. De ahí que no
prestaron atención a sus necesidades temporales, no prestaron atención
a su era buscar el reino de Dios y
su justicia, conscientes y seguros de que las demás cosas vendrán
por añadidura. Y mis amados hermanos, este milagro
confirma esa verdad, sí o no, confirma esa realidad Ellos creían
que si buscaban el reino de Dios y su justicia, el problema de
la alimentación temporal sería encarado por el mismo Señor a
quien estaban oyendo con presteza y con atención. Note a quién
le comunica el Señor su preocupación por esos hombres, y niños hambrientos
que les seguían. Es lo primero que nos dice el
pasaje. A quienes le comunicó el Señor
su preocupación por aquella multitud de personas hambrientas, dice
Marco, que Jesús llamó a sus discípulos y les dijo, siento
compasión de esta gente. porque ya llevan tres días conmigo
y no tienen nada que comer. No quiero despedirlos sin comer,
no sea que se desmayen por el camino. El Señor se dirige a
sus discípulos, porque si ellos iban a ser realmente discípulos
suyos, si ellos iban a ser realmente apóstoles suyos, si ellos realmente
iban a ser pastores suyos esa gracia de la compasión con la
cual el señor veía a aquella gente también debía de brillar
en el corazón y en la vida de esos hombres así como el sol
brilla en el firmamento Si ellos iban a ser pastores,
si iban a ser diáconos, si iban a ser apóstoles, esas gracias
de la compasión y sus componentes debían de brillar en lo alto
del parnazo cielo de sus vidas, porque sin ella estarían descalificados. para ser pastores, para ser apóstoles
y para ser diáconos. Hermanos, la compasión es una
gracia que debe de brillar como el sol, no solamente en los pastores
y en los diáconos, sino en todo discípulo del Señor Jesucristo,
en todo discípulo, varones y hembras. Esta gracia debe de brillar como
el sol en su cenit, en lo alto del cielo, al mediodía. Señor se dirige a sus discípulos
porque ellos debían de aprender algunas lecciones imprescindibles
de esa realidad que afrontaba esa multitud. Si ellos iban a
ser ministros del nuevo pacto el término griego que se traduce
como compasión describe el sentimiento de angustia que se genera en
el corazón debido a los males que padecen los demás que es de angustia que genera la necesidad
ajena en el corazón mío. Cuando contemplo, cuando palpo,
cuando observo la miseria de aquellos que la están padeciendo,
eso es compasión, mis hermanos. Es ese sentimiento que mueve
nuestras entrañas para sentir lástimas e identificarnos con
las necesidades ajinas y que a su vez nos capacita para ponernos
los zapatos apretados de mi prójimo, de nuestro prójimo. Esa gracia
es la que nos capacita para meter la mano en el bolsillo y decirle
toma, resuelve tu problema, tu necesidad. Es la gracia que nos capacita
para meter la mano en nuestros corazones, para sacar de allí
los mejores tesoros de la consolación, para alentar las almas acongojadas
y afligidas por circunstancias adversas, como veíamos este fin
de semana entre nosotros en las predicaciones del pastor Barker.
Esa gracia brillaba en el corazón y en la vida del Señor Jesucristo
y era sin lugar a duda el imán atrayente de las multitudes hacia
su persona, hacia su obra y hacia su ministerio. Cuando el Señor
llamó a sus discípulos y les dijo, tengo compasión de la gente
porque ya tienen tres días que están conmigo y no tienen que
comer, Él sabía muy bien. Él sabía muy bien que ninguno
de sus discípulos tenía a mano la solución a ese gran y grave
problema que afectaba no a dos o tres sino a una multitud de
cuatro mil hombres, sin contar mujeres y niños, dice Mateo. Y hermanos, ciertamente hay situaciones
en las que usted lo único que puede hacer es llorar, cuando
ve situaciones que usted no puede resolver. Y yo sé de sus sentimientos,
porque usted no tiene. ¿Cómo darle a una multitud? A todo el mundo. Y usted lo que
le queda es orar y clamar delante del Señor para que haga un milagro
como ese. El Señor sabía la limitante que
tenían ellos, conocía las debilidades de ellos, la incapacidad, la
incompetencia, la insuficiencia que había en ellos. Él lo sabía
muy bien. Ahora, hermano, el hecho de que
ellos fueran de esta manera, poseyendo tales debilidades y
flaquezas. No los exoneró para que el Señor
le hiciera partícipe de su preocupación. El Señor sabía que ellos no iban
a hacer nada, ni tenían cómo hacer nada. Sin embargo, los
hizo partícipe de ese grave problema que afectaba a esa multitud. Y, hermanos, Si bien es cierto
que muchas veces no tenemos 500 pesos o mil pesos para darle
a la multitud que está pasando el Niágara en bicicleta, sin
embargo, como pueblo de Dios estamos llamados a conocer de
las realidades que afectan a los demás para que así podamos identificarnos
con ellos, orar e interceder. Cuando el Señor le puso a ellos
el problema y les llevó a pensar en el asunto, ¿qué era lo que
en realidad nuestro Señor estaba procurando de sus discípulos? Yo pienso que el Señor con esta
enseñanza, mediante la cual le ponía a ellos una carga al examinar
la condición y el estado en que estaba la multitud, estaba más
que nada cultivando en sus corazones el sentido de responsabilidad
el sentido de responsabilidad que como pastores debían de tener
con sus ovejas lo hizo para darles cátedra del
cuidado que ellos como pastores debían de tener por cada una
de las ovejas del rebaño. Lo hizo para que ellos aprendieran
como pastores a velar por el rebaño, a cuidar el rebaño, a
proveer para el rebaño y a guiar el rebaño en ese desierto, particularmente
en los tiempos desiertos. Porque cuando las familias están
viendo en popa, ¿cómo están las cosas, hermanas? Aquí está todo
bien, como decía Pato Alvarque esta mañana. ¿Cómo está la nevera? Full de comida. ¿Cómo están las
deudas? No, yo no tengo deuda. ¿Cómo
está la situación suya en el colegio de los muchachos? No,
están todos pagos. Todos los problemas están resueltos. Todas
las facturas están pagas. No hay gente enferma. Todo el
mundo está trabajando, todo el mundo está contento, feliz. Oíme, qué bendición visitar esas
familias, compartir con ellos y hablar de la esperanza del
cielo. Es una bendición. Pastor, ¿usted
quiere un jugo de limón? ¿O prefiere Coca-Cola? ¿O prefiere,
pastor, un jugo natural? hay para brindar a esa variedad.
Oiga, qué bendición. Pero muchas veces, hermano, uno
llega a las casas y ni café, ni café hay para brindar. Y uno ve el apuro de los hermanos.
Hermano, yo lamento, no podré brindar nada, te salve. Aquí estamos en olla. No, no
te preocupes, yo sé de olla también, no te preocupes. Hermanos, Cristo aquí estaba
enseñando a sus discípulos que ellos debían de cultivar ese sentido de responsabilidad
para cuidar del rebaño, para proteger el rebaño. para velar
por el rebaño, para proveer y para guiar el rebaño. Sabía que ellos
eran unos saltapatrás, unos devarataos, pero ellos debían
de cultivar en sus corazones ese sentido de responsabilidad
ante el que sufre, ante el que padece necesidad, porque eso es lo que la compasión
hace, No es posible ser pastor ni diácono
sin participar de ese sentimiento de compasión por los desafortunados
e infelices en el pueblo de Dios y en el mundo, mis hermanos,
y en el mundo. Pablo define su corazón con pasivo
diciendo en 2 Corintios 8, 29, ¿Quién se enferma sin que yo
no me enferme? Cuando al hermano le daba fiebre,
él sentía la calentura. ¿Qué le parece? ¿Cómo se llama
eso? Compasión, sentido de responsabilidad. ¿A quién se le hace tropezar
sin que yo no me indigne? Cuando veía que a las ovejas
le estaban molestando para faltarla del camino, cómo se sentía él,
contento, feliz y gozoso. Sentía ganas de arrancarle la
cabeza al que estaba haciendo ese mal. Dice él, ¿a quién le
hacen tropezar? Y yo no me lleno de indignación. Era la intención del Señor enseñar
a los doce a decir, este es nuestro propio problema. El problema
de esa multitud es también nuestro propio problema. ¿Quién tiene
hambre sin que yo no sienta mi estómago arder de hambre? Porque cuando hay
hambre el estómago arde, sobre todo si hay problema de gastritis
y duele. Amados hermanos, esos son los
músculos que forman el cuerpo del verdadero discípulo de nuestro
Señor Jesucristo. ¿Se puede ser un verdadero seguidor
del Señor Jesucristo sin tener compasión Amados hermanos, la
gente vendrá a este lugar para seguir a Cristo en la medida
en que vean por medio de nosotros la compasión de nuestro Salvador,
la compasión de nuestro Señor, en la medida que vean los brazos
misericordiosos del Señor Jesucristo extendido para darle solución
y como del cuerpo, tanto del alma
como del cuerpo, tanto lo individual como lo familiar. ¿Tiene Cristo respuestas en el
día de hoy para todas las necesidades humanas? Por supuesto que sí,
siempre la ha tenido y la tendrá. Este milagro nos revela la eficiencia
de su poder para hacer bien y en abundancia todas las cosas en
favor de los suyos. Como bien enseña el primero de
Timoteo 6, 17, a los ricos de este mundo, mándales que no sean
arrogantes ni pongan su esperanza en la riqueza, que son tan inseguras
o efímeras sino en Dios, que nos provee de todo en abundancia
para que lo disfrutemos. Dios provee de todo y en abundancia. ¿Para qué? Para que lo disfrutemos. ¿Pero para qué más? Provee en
abundancia. Dice el versículo 18. Mándales
que hagan el bien. Hermano, ¿para qué nos dan las
cosas? para que la disfrutemos en abundancia, sí, pero también
para que mediante ellas hagamos el bien, para que seamos ricos
en buenas obras, generosos y dispuestos a compartir con el que tiene
necesidad. De este modo atesorarán para
sí un seguro caudal para el futuro y obtendrán la vida verdadera. Está claro, ¿verdad? Ahora, observemos también en
el pasaje la respuesta de los discípulos, hermanos, y qué poco conocían
todavía ellos de la gracia de Dios, qué escaso ellos estaban
de ese conocimiento de la gracia poderosa del Señor Jesucristo.
A pesar de que ya habían sido testigos de tantas obras trascendentales,
sin embargo, aún tenían una terrible miopía espiritual. Sus discípulos
respondieron, ¿de dónde podrá alguien saciar a éstos? Note
la expresión, a éstos, de pan. en el desierto, en el desierto. ¿Qué veían ellos a su alrededor? Arena, piedra, guasábara, cactus, todo ese tipo de plantas que lo único que producen es
espinas y arañazos para quien se le acerque a ellos. Según se puede notar en esa respuesta
o en esa pregunta, aparentemente ellos ya habían olvidado el milagro
anterior en el cual se destaca la obra del Señor, la capacidad
del Señor para alimentar, no solamente sobre la verde hierba,
como se dice en el milagro anterior, sobre el césped, sino también
en el desierto. Ellos aún no creían que el Señor
podía producir pan sin harina. Pensaban que el Señor todavía
no podía producir pan sin un horno. No creían todavía que
el Señor podía producir pan sin haber fuego de por medio. No
creían eso. No creían que el Señor podía
convertir su palabra, su palabra, su palabra en pan físico. Hermano, su palabra produjo el
mundo, su palabra la produjo de la nada. Sin materia prima preexistente. Él habló y las cosas fueron y vinieron
a ser lo que son ahora. Hermano, el que produjo el sol
con su palabra, con tan solo hablar, no podía producir un mugroso
pedazo de pan. Hermano, ¿pero no es esa la materia
de la que también estamos hechos nosotros? Examine para que usted
vea. su material, de lo cual usted
también está hecho. No somos tardos para creer en
la promesa del Señor, no somos lentísimos para creer en las
promesas del Señor cuando nos vemos achivado o enchivado en
medio de una terrible situación pantanosa. No nos quedamos ahí. teniendo
el 4x4 y nos lo ponemos, se nos olvida el 4x4, se nos olvida
el 4x4. Nos olvidamos de los milagros
pasados y no damos crédito a lo que Él puede hacer ahora mismo
en nuestras circunstancias en las que nos encontramos inmersos. Sin embargo, hermanos, Observad
cómo el Señor pasa por alto, cómo Él pasa por alto la respuesta
de los discípulos y le pregunta simple y llanamente, ¿cuántos
panes tenéis? ¿No le da mente a la pregunta
necia y catciosa? ¿Y quién tiene para alimentar
estos? esta gente? ¿Quién tiene pa'
eso? Señor Norizo Castro, ni le respondió palabra. Dale la comida a cuatro mil personas
con tres días de hambre en aquel desierto sin lugar a dudas, que
era un gran desafío donde la gloria de Dios podría ser desplegada
como en ningún otro lugar. Primero que nada, Notemos se requeriría de una
gran cantidad de harina, muchos sacos de harina se necesitarían
para hacer todo ese pan, se necesitarían muchas vasijas para mezclar y
batir esa harina, se necesitarían hornos y aquello era un simple desierto. Ahora, observemos que el Señor
pregunta, ¿cuántos panes tenéis?, ¿cuántos panes tenéis? Ahora, esa pregunta de nota,
hermanos, que el Señor siempre usa lo que tenemos a mano para
resolver nuestros problemas. Y este principio, hermano, es
importante observarlo aquí en este pasaje, muy importante observarlo
en este pasaje. Ellos dijeron siete. El Señor
quería que ellos grabaran ese número en sus mentes para que
nunca jamás lo olvidaran. En el primer milagro de multiplicación
de panes, el Señor alimentó a cinco mil y sobraron cuántas canastas? 12. En ese segundo milagro, Él alimentó
a cuatro mil con siete panes y sobraron siete canastas de
pedazos. Esos números, amados hermanos,
nos permiten ver el alcance del poder de Dios y tiene como finalidad
motivarnos a nosotros a creer y a confiar en la todo suficiencia
de Dios de cara a cada una de nuestras carencias, necesidades,
y circunstancias adversas. Oh, mis amados hermanos, que
la llevados a cabo cada día aplasten
y erradiquen nuestra incredulidad de cada rincón de nuestros corazones. Amados hermanos, en los días
del señor Jesucristo se nos enseña aquí que lo poco era mucho. en la mano del Señor. Y hermanos,
lo que era verdad ayer sigue siendo verdad en el día de hoy. Lo poco, lo poco es mucho cuando
lo ponemos en las manos todo suficiente de nuestro Señor y
Salvador en cualquier área de nuestras vidas. Eso será así. Lo nada lo es todo cuando nosotros
ponemos este asunto en las manos del Señor. Y es interesante observar que el Espíritu Santo
colocó aquí, en ambos milagros, la cantidad de pedazos que quedaron
como sobrante. ¿Saben para qué el Espíritu Santo
nos colocó aquí esos pedazos de sobrante y no lo pasaron por
alto. ¿Saben para qué, hermanos? Para
decirnos que Dios siempre dará en abundancia. Dios nos dará
en abundancia. Él nos dará para que comemos,
nos hacemos y, si es necesario, llenemos la nevera para calentar
al otro día, para que no tenga que cocinar al otro día. para que pueda levantarte un
poco más tarde al día siguiente. Comieron y se saciaron y recogieron
siete cestas de pedazos que habían sobrado y eran como cuatro mil
personas. ¿Qué revela todo eso, hermano?
Lo poco, Dios lo transforma en mucho, en abundancia. para satisfacer plena y cabalmente
toda toda tu necesidad hasta que sobre y abunde. Hasta que sobre y abunde. La
pregunta de los discípulos ¿De dónde podrá alguien saciar a
estos de pan? Aquí en el desierto es la tendencia
de todos los nos olvidamos de las grandes
liberaciones de Dios que Él ha obrado en el pasado. Esa realidad que vivió este grupo
de apóstoles ayer es la realidad que vive la iglesia en el día
de hoy. Hermanos, que no seamos culpables
de ese mismo pecado del que fueron culpables los discípulos. cuando
se ven rodeados de enemigos, preguntan, ¿cómo me podré salvar
de este grupo de enemigos? ¿Cómo me podré librar de ellos? cuando se ven sumido en la escasez,
se preguntan de dónde voy a sacar solución a esta necesidad. Cuando
no tienen solución a mano, la tendencia es preguntar cómo,
cuándo, de qué manera, dónde lo voy a solucionar. Hermano,
esa es la tendencia natural nuestra. Así somos. David preguntado en el Salmo
121, versículo 2, ¿de dónde vendrá mi socorro? Y a seguida responde,
mi socorro, mi ayuda viene ¿de dónde? Del Señor, Creador del
cielo y de la tierra, asegura él. Y hermanos, este es un versículo
que debe resonar en nuestros corazones. ¿De dónde vendrá mi
socorro? del que creó los cielos y la
tierra, no del presidente de la república, no del pastor,
no de mis hermanos, no de la iglesia, aunque él puede usar
la iglesia, puede usar el pastor, puede usar los instrumentos humanos,
pero, hermanos, la primera puerta a tocar no es la de los instrumentos
humanos, es la de Dios, es la de Dios para que Él mueva conforme
a sus propósitos a aquellos a quienes Él quiera mover para bendecirnos. Qué bueno es ver que el Señor
no se desanima por el ataque de Agnesia de sus discípulos
en aquellas circunstancias, no se desanima por la falta de fe
que había en ellos, sino que prosiga adelante con su agenda
de bien para su pueblo. Versos 6 y 7. Entonces él mandó
a la multitud a descortarse en tierra, tomó los siete panes,
Y habiendo dado gracias, lo partió y daba a sus discípulos para
que ellos los sirviesen. Y ellos los sirvieron a la multitud. Los puso a trabajar como hizo. Note que la multiplicación se
hizo, ¿dónde? En las manos del Señor. No en
la de los discípulos, porque son buenos incrédulos. si le
ponen los panes en la mano de ellos, ¿qué usted cree que le
ha pasado a ellos? Se lo comen, mi hermano. Con
esa hambre que esos tigres tenían, se lo ponen la mano a ellos y
se desaparecen los panes. ¡Ay, Señor! Se me olvidan los
demás. Tú sabes, nosotros tenemos que Servir tenemos que estar fuerte,
por eso le entramos los panes. No hermanos, el Señor recibió
los panes y en sus manos era multiplicado cada gramo de harina
que contenía cada pan de esos que le entregaron. dice, habiendo dado gracias los
partió y daba a sus discípulos para que ellos los sirvieran. ¿Qué servían ellos? Los panes
multiplicados, los panes multiplicados, eso servían ellos. También tenían unos pocos pececitos
y después de bendecirlo, Él mandó que también lo sirviesen. Y, hermanos, allí hubo pescado
de primera, pescado sin espinas para jóvenes, adultos y niños,
pan en abundancia, carne de pescado en abundancia. para todo el mundo. Algunas aplicaciones, mis amados
hermanos. Muchos se preguntan, ¿por qué
el Señor se tardó tres días para saciar el hambre de esa gente? ¿Por qué? Pienso que la razón
por la cual el Señor se tardó tres días para saciar a esa gente
de pan Fue básicamente para poner en evidencia que esa gente no
estaba allí por los panes y los peces, sino por el pan que a
vida eterna permanece. Por eso lo dejó tres días ahí
en ayunas. Déjame ver si esto es verdad
que están aquí por pescado y pan material o por el pan de vida
que a vida eterna permanece. Déjame ver en qué están estos. Juan capítulo 6 verso 26 dice
Jesús le respondió diciendo es cierto esto os digo que me buscáis
no porque habéis visto las señales sino porque comisteis de los
panes y os saciasteis trabajar no por la comida que pereces
sino por la comida que permanece para vida eterna que el Hijo
del Hombre os dará porque en este Dios el Padre ha puesto
su sello ¿Por qué lo dejó allí tantos días sin comer? Hermanos,
para demostrar que esta gente no estaban allí por pescados
y por panes. Pero también, hermanos, estaban
allí esta gente sin comer durante tres días para decirnos a nosotros
que la prioridad número uno de todo ser humano es la comida,
que a vida eterna permanece. Nuestros mayores sacrificios
y esfuerzo en esta vida deben de ser por esa comida que a vida
eterna permanece. Nos debe de gobernar el principio
que dice, busca primeramente el reino de Dios y su justicia
y las demás cosas vendrán por añadidura. El Señor usó los panes que tenían
como base para realizar este milagro, para enseñarnos a nosotros
que debemos de usar todo lo que tenemos
a mano. Todo lo que tenemos a mano, mis
amados hermanos, debe de ser usado con diligencia, con puntualidad,
y en toda cabalidad, en toda su plenitud. No debemos ser perezosos,
sino que debemos ser diligentes en usar todos los recursos, sean
pocos o sean muchos, que el Señor ha puesto en nuestras manos para
hacerle bien a nuestra propia alma, a nuestra familia, de la carne y a nuestra familia,
de la fe, confiando en que el Señor los multiplicará para su
gloria y para nuestro bienestar. ¿En lo poco fuiste fiel? ¿Qué promete el Señor? En lo
mucho te pondré. ¿Fuiste fiel administrando poco,
sirviendo en poco? Dios dice te pondré en lo mucho. te pondremos mucho para que pueda
administrar mucho, servir a muchos. Tercero, esta multitud de cuatro
mil hombres que se hallaban allí reunidos en aquel lugar desierto,
sin contar las mujeres y los niños, nos dicen con mucha claridad,
amados hermanos, que debemos de congregarnos. ¿Qué nos dice
esa multitud que estaba congregada y la presencia del Señor? Nos
dice que debemos de congregarnos, que debemos de emular y seguir
las pisadas de ese buen ejemplo que nos dejaron plasmado allí. Noten hermano que esta gente
no estuvo allí por media hora. No estuvo aquí por una hora el
miércoles, ni por una hora y media el miércoles, ni por tres horas
el domingo de la mañana, ni por dos horas el domingo de la tarde. Estuvo allí tres días. ¿Ven el ejemplo del Señor con
esta multitud? Tres días. Tres días. Hermanos, ¿no nos reprende la
actitud de esta multitud? Nos da tanto trabajo. Vení al
lugar de la cita con el Señor en este lugar, los miércoles,
una simple hora y media de 24 que tiene el día. ¡Qué trabajo
nos ¿Pero qué trabajo nos da sacar el domingo en la mañana
tres horas, tres horas y media para estar aquí en la cita con
el Señor? Y en la tarde? Y eso me preguntaba que si estaba
en la iglesia esta mañana, ¿por qué habrá preguntado el hermano
esa pregunta? Será interesante preguntarle
a él por qué él estaba preguntando tal cosa. Cuánto trabajo, hermano, nos
da pasarnos una hora con el Señor. Estos se estaban muriendo de
hambre tres días y no en aire acondicionado, no bajo un rico
abanico. sentado en sillas con cojines
azules, después de haber tomado una siesta
el domingo en la tarde, y haber un buen almuerzo al mediodía. No hermano, tres días y en ese
fuego, en ese polvazo. Tres días en ese fuego, en ese
polvazo ahí, comiendo polvo. ¿Qué le atraía? ¿Qué le atraía
a esa gente? ¿No nos dan esa gente una galleta? ¿No nos dan una bofetada? Amados hermanos, note que cuando usted mira cada una
de esas sillas vacías, esas sillas vacías, están vacías, pero están
hablando. Las sillas vacías hablan. ¿Usted
sabía eso, mi hermano? ¿Qué mensaje dan las sillas vacías
en una iglesia? donde se supone que hay gente
suficiente para llenarla. Porque, naturalmente, si somos
50 miembros y tenemos 150 sillas, pues lo natural es que queden
100 vacías. ¿Está bien? Por lo menos nos
dirán los que nos dicen, váyanse para la calle a llenarlas, pues,
saquen para afuera a predicar para que no estén vacías. Es lo más que nos pueden decir
las sillas a nosotros. Tu silla vacía le dice algo a nuestro Señor
y Salvador Jesucristo. Cada vez que tú dejas tu silla
vacía en el lugar, en el lugar de la cita con el Señor, tu silla
vacía le dice al Señor Jesucristo que a ti no te interesa lo que
Él tiene que decirte, sí o no. Eso es lo que dice tu silla vacía
al Señor Jesucristo, que a ti no te interesa lo que Él tiene
para decirte, que a ti no te interesa su adoración, que a
ti no te interesa su evangelio, no te interesa su pan de vida,
no te interesa su amor, no te interesa su adoración, no le
interesa a tu alma tener comunión con Él. Eso es el mensaje claro,
preciso, contundente que da Tu Silla Vacía al Señor Jesucristo. Tu Silla Vacía también le habla
a los predicadores que se sientan aquí, a los directores de devocionales
que se paran aquí, también le habla Tu Silla Vacía de manera
elocuente y en alta voz. ¿Qué dice tu silla vacía al predicador?
Que su mensaje para ti no tiene importancia, no tiene valor,
te es indiferente, no te interesa. Tu silla vacía le dice al que
dirige el devocional, esas alabanzas a mí no me interesan, no me importan,
si canto o no canto, si alabo o no alabo, a mí no me interesa
eso. Eso es lo que dice tu silla vacía de ti, no de tu vecino,
de ti. Tu silla vacía le dice al no
convertido, al que aún viene aquí sin convertirse, a las visitas,
que vienen a esta iglesia, ya ves, no vale la pena sentarse
una o dos horas en la presencia del Señor en ese lugar. No vale
la pena que tú pierdas tu tiempo allí. No ves que mi silla está
vacía. No vale la pena. ¿Qué tú vas
a hacer ahí? ¿A qué tú vas ahí? No tiene importancia para ti. No tiene valor. Si tu silla vacía
le dice al nuevo creyente, haz lo mismo que yo hago. Voy cuando
me parece o cuando puedo. No te preocupes tanto por congregarte,
eso no es importante. Si te sobra el tiempo, tú vas.
Si te sientes bien, tú vas. Si no te sientes mal, si te sientes
mal, no vayas, eso no es importante. Eso es lo que tu silla vacía
le dice al nuevo creyente. No es importante congregarse.
No es valioso congregarse. No es trascendente congregarse
junto al pueblo de Dios. Eso no es singular para ti. tu silla vacía le dice a los
miembros de la iglesia ustedes también pueden ausentarse el
domingo y el y el próximo miércoles porque no se van a perder de
nada que valga la pena te puede desaparecer porque total de qué
te va a perder de nada que valga la pena eso es lo que tu silla
vacía cada vez que se queda vacía le dice a los demás miembros
de esta iglesia, tu asiento vacío es una fuerte, poderosa y terrible fuente de
desaliento para quienes llegan aquí hambrientos, cojos, ciegos,
lisiados, mudos y enfermos. porque le dice que aquí no hay
esperanza y si hay esperanza para ellos. En Cristo hay esperanza
para todo. Pero tu silla vacía es lo que
le dice al que viene aquí, que este es un lugar donde no
hay esperanza porque aquí no está la fuente de todo bien para
los hombres. ¿Ves que tiene que arrepentirte
de tu silla vacía? Tu pecado de silla vacía es un
pecado que te va a alcanzar y tarde o temprano esas sillas se te
van a romper en la cabeza. ¿Quién? No será el pastor Dante,
ni este que está aquí, tampoco los diáconos. Satanás, cuando tú vayas al infierno,
él se va a ocupar de coger esa silla donde tú allí fuiste el
gran faltante y te la romperá en la cabeza muchas veces. Tu asiento vacío impide que el
Señor haga grandes milagros para saciar el hambre de salvación
que tienen los pecadores. De ahí que tu silla vacía. Es una
vergüenza en esta iglesia. Es una vergüenza, mis hermanos.
Esa multitud de gente muerta de hambre, cuatro mil hombres,
tienen mucho que decirnos a nosotros. Aprendamos, hermanos. Aprendamos
a decir con el salmista, me alegré con lo que me decían, a la casa
de Jehová iremos. Hermano, ¿tú puedes decir eso
con una limpia conciencia? ¿Puedes en lo interior de tu
corazón clamar esa verdad? Me gocé con lo que me decían,
a la casa de Jehová iremos? Recuerda que tu asiento vacío
es un mal testimonio, impide que el Señor haga grandes
milagros. entre nosotros para saciar a
los cojos, para saciar a los hambrientos, para saciar a los
ciegos, a los lisiados, a los mudos, a los enfermos del alma
y del cuerpo. Entre nosotros. Primera de Samuel veinte dieciocho
nos dice tú serás echado de menos. serás echado de menos. ¿Por qué? Porque tu asiento estará vacío. Hermano, cuando tú faltas, tú
eres echado de menos. ¿Por quién eres echado de menos?
¿Por los ojos del pastor Dante? ¿Por los ojos de Francisco, Guzmán? No, hermano, por los ojos del
Señor Jesucristo. tú serás echado de menos, porque
tu asiento estará vacío. Hermano, que nunca tu asiento
esté vacío. Por la gracia de Dios. Ecclesiastes
capítulo 5 verso 1 también dice, cuando vayas a la casa de Dios,
cuida tus pasos y acércate a escuchar. Cuando vayas a la casa de Dios. Oiga, ¿cómo se define la iglesia?
¿La casa de quién? De Dios. ¿A dónde venimos aquí
el miércoles a las 7.30? A la casa de Dios. ¿Dónde venimos a la mañana a
las 9 aquí a este lugar? A la casa de Dios. Recuerda que hay un asiento para
ti en la casa de Dios. No lo dejes vacío. Hebreo 10.25. no dejando de congregarnos,
como acostumbran a hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros
y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca. Hermanos, se acerca el día. ¿Qué
día? El día del Señor Jesucristo.
Ese es el día que se acerca. No es el lunes que se acerca,
es el día del Señor Jesucristo. No es el martes que se acerca,
es el día del Señor Jesucristo, su venida. Oh, hermanos, que
no se diga de nosotros, tú serás echado de menos porque tu asiento
estará vacío. Reprende a Satanás y todas sus
altimañas. todas sus excusas con las que
tú invalidas el principio y el deber de venir aquí, a la casa
de Dios, para conocerle, amarle, servirle, adorarle, honrarle,
glorificarle y gozarte en él. Que Dios nos conceda, hermanos,
ver en esta multitud de cuatro mil hombres este gran deber de
buscar y estar en la presencia del Señor. Que nada nos aparte
de eso.
El segundo milagro de los peces
Series Evangelio Marcos
El segundo milagro de los peces
| Sermon ID | 11224526574006 |
| Duration | 1:03:08 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Mark 8:1-10 |
| Language | Spanish |
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