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a Marcos capítulo tres versos
veinte al veintiuno y versos treinta y uno al treinta y cinco.
Queremos compartir acerca de la preocupación de la familia
del Señor y la lección que les dio. La preocupación de la familia
de nuestro Señor Jesucristo y se agolpó de nuevo la gente de modo
que ellos ni aún podían comer pan. Cuando lo oyeron los suyos,
vinieron para prenderle, porque decían, está afuera de sí. Verso 31. Vienen después sus
hermanos y su madre, y quedándose afuera, enviaron a llamarle. Y la gente que estaba sentada
alrededor de él le dijo, tu madre y tus hermanos están afuera y
te buscan. Él les respondió diciendo, ¿Quién
es mi madre y mis hermanos? Y mirando a los que estaban sentados
alrededor de él, dijo, He aquí mi madre y mis hermanos, porque
todo aquel que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano y
mi hermana y mi madre. Amén. En nuestro mensaje anterior
estuvimos considerando a aquellos hombres llamados apóstoles a
quienes nuestro señor Jesucristo escogió para que fueran sus discípulos. Esos doce hombres cuyas vidas
estuvimos describiendo eran hombres comunes y corrientes a quienes
el señor estuvo entrenando durante esos años de ministerio terrenal
Y lo que encontramos aquí básicamente es el registro de esa obra de
entrenamiento que nuestro señor llevó a cabo para formar a estos
hombres, hombres que habrían de ser los instrumentos suyos
para el establecimiento de la iglesia, que por dos mil años
ha sido columna y baluarte de la verdad en este mundo. Nuestro
Señor, a través de la palabra enseñada y predicada a estos
discípulos, formó y equipó a estos hombres, no solamente para establecer
la Iglesia del Señor, sino también para traernos el Nuevo Testamento,
a través del cual la Iglesia habría de ser educada y enseñada,
equipada para servirle a Él en el tiempo y en la eternidad.
De manera, pues, que Marcos aquí nos está enseñando acerca de
esta obra en la cual Cristo estaba desarrollando su ministerio de
entrenar a sus discípulos, de equipar a estos hombres comunes
y corrientes. Después de haber elegido a esos
doce hombres, dice Marcos que el Señor se fue a un retiro al
monte y allí estuvo con ellos durante un tiempo específico
y definido compartiendo con esos doce hombres a quienes había
elegido para que fueran sus apóstoles. Nos dice Marcos que después de
ese retiro volvieron a casa, volvieron a casa. ¿Y qué sucedió
cuando ellos retornaron de ese retiro y volvieron a casa? Dice Marcos y se agolpó de nuevo
la gente. y se agolpó de nuevo la gente. Sin haber sido convocados, sin
haber sido invitados, vemos como de nuevo el Señor Jesucristo
aquí se convierte en un centro de atracción. La gente había
encontrado en el Señor Jesucristo respuestas a sus necesidades
puntuales. Por eso, dondequiera que él se
movía, dondequiera que iba, dondequiera que se encontraba, atraía a las
multitudes, porque todos aquellos hombres y mujeres que venían
donde él, encontraban respuestas para sus necesidades. Como bien
lo define Juan, el apóstol, él era el buen pastor, y como buen
pastor se hallaba allí pastoreando a las ovejas que en esos días
estaban sin pastor, sin cuidado, sin guía, sin protección, sin
alimentación. Por eso dondequiera que nuestro
Señor se movía, las multitudes iban en pos de Él. Él era el
Buen Pastor. Todos aquellos que encontraban
al Buen Pastor, encontraban respuesta para sus necesidades. Por eso
acudían hasta Él en masa. La gente se agolpó en aquella
casa porque como las ovejas estaban hambrientas y sedientas, en él
encontraban los pastos y el agua que sus almas necesitaban. Él era el buen pastor para todos
aquellos endemoniados que iban detrás de él, porque en Cristo
encontraban liberación de sus cadenas En Cristo encontraban
la liberación plena de sus almas y de sus cuerpos de aquellos
demonios que le ocupaban su corazón, su casa, o su cuerpo, y le convertían
en una guarida. Nuestro Señor era el buen pastor
para todos aquellos que padecían de ceguera, tanto espiritual
como material. porque en él encontraban al cirujano
que le liberaba de aquellos impedimentos que le impedían ver. Él era el buen pastor para todos
aquellos que vivían encorvados bajo la pesada carga de sus culpas
y pecados, porque les oía decir con claridad meridiana, tus pecados
te son perdonados. Él era el buen pastor para todas
aquellas ovejas que padecían de lepra, porque con una sola
palabra salía de sus labios sus lepras eran curadas. Él era el buen pastor para todos
aquellos pecadores cargados con la culpa de sus pecados, porque
en Él encontraban redención para sus almas. Por esa razón es que
vemos que tan pronto llegó a la casa la gente se agolpaba en
torno a él. La gente llegaba en masa dondequiera
que se enteraban que él se encontraba. Vinieron a casa y se agolpó de
nuevo la gente de modo que ellos ni aún podían comer pan. Esto nos habla y destaca la cantidad
de persona necesitada que se encontraba allí en aquel lugar
pequeño, hambrientos y sedientos de esa obra redentora que Jesús
estaba desarrollando durante esos días. Ahora, Allí no solamente estaba una
multitud de gente que acudía para escuchar al Señor y para
recibir el impacto de su obra mesiánica. También se nos dice
que había una gran preocupación en el corazón de su familia cercana. Había una gran preocupación de
su familia cercana. Versículo 21. Cuando lo oyeron
los suyos, vinieron para prenderle, porque decían, está fuera de
sí. No solamente la gente acudía
donde el Señor, sino que también su propia familia acudía a Él,
y en ese contexto donde venía a Él, venían porque estaban movidos
por una preocupación interior. Cuando sus familiares de Capernaum
se enteraron de la conmoción que estaba provocando su hermano
mayor, el Señor Jesucristo, pues nos dice Marco, vinieron para
prenderle. ¿A qué vinieron sus familiares?
Sus hermanos y su mamá, dice Marcos, para prenderle, para
agarrarlo, para echarle mano. El término griego kratos, prender,
que usa aquí Marcos, significa fuerza, poder. En otras palabras, sus hermanos
estaban determinados a agarrarlo por la fuerza, empleando el poder,
el poder, con la finalidad de llevárselo consigo, pues en ellos
primaba una gran preocupación. ¿Cuál era su preocupación? Está fuera de sí. En otras palabras, ellos pensaban
que el Señor había perdido la cordura y que se había vuelto
loco. Por ende, Él necesitaba de un
psiquiatra, debían de llevárselo por la buena o por la mala con
esa intención fue que fueron donde se encontraba el Señor
rodeado de esta multitud. El punto aquí es que sus hermanos
no creían en Él como el Mesías, solamente veían en Él al hermano
mayor que se había vuelto loco y que había que llevarlo por
la buena o por la mala de retorno a su casa para ser tratado de
esa locura que estaba padeciendo. Sus hermanos no lo veían como
el Redentor del mundo, como el Cordero de Dios que quita el
pecado del mundo. Ellos no habían sido convencidos
de que su hermano mayor era el Mesías, De hecho, en Juan capítulo
7, versículo 5, dice, porque ni aún sus hermanos creían en
Él. Entonces Jesús les dijo, mi tiempo
aún no ha llegado, mas vuestro tiempo siempre está presto. Sus hermanos no tenían la seguridad
y la convicción de que Jesucristo era el hijo de Dios, el hijo
del hombre, aquel que Dios había enviado a esta tierra para ser
el salvador de su pueblo. Ellos no creían que él fuera
el Mesías redentor. Por esa razón, lo vemos que van
allí con la actitud y determinación de echarle mano al Señor para
llevárselo consigo. está fuera de sí", argumentaban
sus hermanos. Comentando este pasaje, un autor
llamado Miller dice, sus hermanos sólo podían explicar su invencible
celo con el argumento de que estaba fuera de sus cabales.
Oímos mucha de esta manera de hablar en esos tiempos cuando
algún consagrado discípulo de Cristo se olvida totalmente del
yo por amor de su maestro. La gente dice, se habrá vuelto
loco. Creen que está loco todo aquel
cuya religión se enciende en una especie de fervor no usual. o que se vuelve más fervoroso
que el cristiano promedio en la obra para el Señor. Pues es
una buena especie de locura, dice el autor. Es triste que
sea tan infrecuente ese tipo de locura que parecía el Señor
Jesucristo en la opinión de sus hermanos. Si hubiera más de ello,
más de ese celo fervoroso del Señor por el cual sus hermanos
pensaban que estaba loco, dice el autor, no habría tantas almas
perdidas muriendo a la misma sombra de nuestras iglesias. Si hubiese ese celo y fervor
que hubo en el Señor Jesucristo y que llevó a sus hermanos a
pensar que él estaba loco, No sería tan difícil conseguir misioneros
y dineros para enviar el Evangelio a los continentes entenebrecidos. Si hubiera más de ese fervor
y locura del cual acusaban sus hermanos al Señor Jesucristo,
no habría tantos bancos vacíos en nuestras iglesias, ni tantas
largas pausas en nuestras reuniones de oración. Si hubiese más de
ese celo fervoroso por el cual los hermanos del Señor Jesucristo
pensaban que Él estaba loco, no hubiera escuelas dominicales vacías por
la ausencia de los miembros de la Iglesia. Tampoco sería algo ¿Normal ver
los cultos de oración vacío si hubiese de ese celo fervoroso
en los corazones de los discípulos como aquel que hubo en el corazón
del Señor Jesucristo por el cual sus hermanos pensaban que estaba
loco? De hecho, es una locura mucho
mayor y mucho peor, aquella que en este mundo nunca piensa en
el otro, que moviéndose continuamente entre hombres perdidos nunca
se compadece de ello, ni hace ningún esfuerzo por ayudarles
a salvarse de la condenación y perdición eterna. Esa es la
más terrible de todas las locuras. Es una locura pecaminosa. Aquella
locura que hace a los hombres insensibles ante la gran e inminente
realidad de que los pecadores se van al infierno. Es fácil
mantener una cabeza fría y un corazón más frío y no preocuparnos
por almas que están pereciendo, pero somos los guardianes de
nuestros hermanos como lo fueron los hermanos del Señor Jesucristo. Fueron sus guardianes. No puede haber peor incumplimiento
del deber que aquel que no se preocupa de la salvación eterna
de aquellos a quienes estamos salvaguardando. Y en Estados Unidos, por ejemplo,
hay un temor a tocar a las puertas paralizante. Porque cada quien
tiene el derecho y libertad, y son intojables, no se le puede
hablar del Evangelio. Y obviamente, eso mantiene a
las iglesias, como están actualmente con 15 y 20 miembros por 30 años,
por 30, por 40, por 50 años, 15 y 20 miembros, no crecen. Porque hay un temor paralizante,
no quieren molestar a la gente, no le quieren estorbar. Hermanos,
básicamente eso se debe a la falta de celo, a la falta de
celo evangelístico en el corazón de aquellos que profesan la fe
y ser discípulos de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Quiera Dios darnos de esa locura,
de que acusaban a nuestro Salvador, y no de quienes le acusaban de
esa locura, sus propios familiares más cercanos. Sus hermanos y
María llegaron a la casa donde estaba el Señor. y nos dice Marco
que quedándose afuera enviaron a llamarle y la gente que estaba
sentada alrededor de él le dijo tu madre y tus hermanos están
fuera y te buscan ellos no llegaron allí como los demás a escuchar
el mensaje salvador que Cristo estaba ofreciendo a los pecadores
Ellos no llegaron aquí para apoyar al Señor con su presencia y oraciones
intercesoras delante del Padre. Ellos no fueron hasta donde estaba
el Señor para llevarle comida y agua fresca, un buen pollo
asado. No fueron con esa intención aquí.
Fueron aquí para aprenderle para prenderle por la buena y para
prenderle por la mala, como quiera que fuera necesario. Yo creo que los hermanos del
Señor, sus hermanos, sus medio hermanos, el Señor no era hijo
de Cristo, el Señor no era hijo de José, sino hijo de Dios el
Padre, engendrado por el Espíritu Santo. Ellos eran medio hermanos
del Señor. Creo que estos medio hermanos
convencieron a María de que fuera con ellos. No creo que María
fuera parte de ese convite de ir a prender al Señor. Ellos
convencieron a María, mira, vamos a buscarlo porque si tú vas,
lo más seguro que a ti te va a hacer caso es mamá. ¿Quién le dice que no a mamá?
¿Quién se le resiste a mamá? Nadie argumentaría en ello. Pues entonces es bueno que tú
vayas para que nos ayude en esa tarea de prender a tu hijo, a
tu hijo mayor, que se ha vuelto loco. Tú debes acompañarnos,
no nos dejes ir solos, porque yo sé que si tú vas, vamos a
conseguir el propósito por el cual emprenderemos este viaje. y claramente enseña la Escritura,
María creía en Jesús como Mesías. Ella creía en Jesús como Mesías. Mis amados hermanos, si los hermanos
del Señor, sus parientes cercanos, pensaban que nuestro Señor estaba
loco, si eso sucedió con el propio Señor Jesucristo, no debemos
de sorprendernos si algo parecido pasara con cualquiera de nosotros. Si hay en nuestros corazones
un celo encendido por la verdad, un celo encendido por las almas
perdidas, un celo encendido por la predicación y evangelización
de los perdidos, más allá de lo común y corriente, más allá
de lo usual, lo normal es que nuestros parientes más cercanos
reaccionen con esta misma clase de reacción con que reaccionaron
los hermanos menores de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Cristo mismo lo advirtió diciendo
en Mateos capítulo 10 verso 35 al 38 porque he venido para poner
en disensión al hombre contra su padre a la hija contra su
madre y a la nuera contra su suegra y los enemigos del hombre
serán los de su casa Y el que ama a padre o madre más que a
mí, no es digno de mí. El que ama a hijo o hija más
que a mí, no es digno de mí. Y el que no toma su cruz y sigue
en pos de mí, no es digno de mí, dice el Señor. De manera
que lo que él está aquí enseñando en Mateo, él lo pudo experimentar
y lo experimentó en su propia vida familiar. Fue malentendido,
fue incomprendido y fue acusado falsamente por sus hermanitos
queridos. De manera pues que él aquí argumenta
que habrá disensión en medio del hogar por causa de Cristo. Dice el texto, y la gente que
estaba sentada alrededor de Él le dijo, tu madre y tus hermanos
están fuera y te buscan. Tu madre y tus hermanos están
fuera y están buscándote Señor. Ahora, lo que me sorprende de
este pasaje es la amable respuesta que le dio el Señor. La amable
respuesta que le dio el Señor. La actitud de su familia natural
Vemos cómo el Señor la convirtió en una maravillosa oportunidad,
en una extraordinaria oportunidad para brindarnos una lección sobre
cómo obtener y formar parte de la familia espiritual. Tomó el error, la falta, el pecado
de su familia y lo convirtió en una oportunidad de oro para
enseñarle a ellos, a su familia y al público presente cómo formar
parte realmente de la familia de Dios. de la familia espiritual,
de esa familia cuyos lazos viven y permanecen para siempre porque
son eternos. Él respondió diciendo, ¿Quién
es mi madre y mis hermanos? ¿Quién es mi madre y mis hermanos? Y mirando a los que estaban sentados
alrededor de Él, Dijo, porque todo aquel que hace la voluntad
de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre. Y hermanos, quiero poner aquí
una nota de balance, una nota de aclaración. Con esta respuesta, el Señor
no estaba menospreciando, ni teniendo en poco a su madre que
le dio a luz. Con esta respuesta el Señor tampoco
estaba despreciando a sus hermanos o a sus medio hermanos. Él no estaba violentando ni socavando
el mandamiento que Pablo cita en Efesios 6, 2 al 3. Honra a tu padre y a tu madre
que es el primer mandamiento con promesa para que te vaya
bien y seas de larga vida sobre la tierra. Él no estaba socavando
ese mandamiento. Con esa actitud él estaba corrigiendo
el error. que María y sus hermanos estaban
cometiendo al llegar a una conclusión equivocada acerca de su fervor
y su celo al predicar el Evangelio a los perdidos. Aprovechó su
error para enseñarles cuál era el camino para formar parte,
no de una simple familia temporal, sino el camino para formar parte
de la familia de Dios. Él le puso con claridad delante
de ellos ese camino para llegar a formar parte de la verdadera
familia de Dios. Porque mis amados hermanos, si
esos medio hermanos no creían en ese único camino
para ir al Padre, iban para el infierno aunque fueran hermanos
del Señor Jesucristo. Iban para el infierno. Cristo
era consciente de esa realidad, por eso los paró en seco y les
presentó el camino por donde ellos debían de transitar si
iban a llegar al lugar que Cristo vino a preparar para su pueblo. De manera, pues, que nuestro
Señor no se quedó allí de brazos cruzados ante ese grave error
de incredulidad que estaban cometiendo sus hermanos. No se quedó de
manos cruzadas ante el pecado de sus hermanos. Él no se quedó
de brazos cruzados ante esa gravísima realidad espiritual que presentaban
sus hermanos. Eran unos incrédulos ante su
obra mesiánica. y aquello tenía un precio eterno
que sus hermanitos iban a pagar si no rectificaban sus conductas. Por eso vemos al Señor aquí reaccionando
como reaccionó. Él sabía que había un estrecho
margen, un paso muy estrecho entre el cielo
y el infierno. Y aquí el Señor le presentó a
él una oportunidad de oro para poder presentarle a sus familiares
el Evangelio, el Evangelio de salvación y de redención, sin
el cual, aunque ellos salieron del mismo vientre que él, se
irían al infierno. María creía en el Señor Jesucristo. como Mesías, como Salvador, es
odio. Si usted por ejemplo va a Juan
capítulo 4, en Juan capítulo 2, versos 2 al 8, aquí vemos a María dándole un empujón a nuestro
Señor Jesucristo para que se lanzara a la obra para la cual
Dios lo había señalado. Dice aquí Y faltando el vino,
la madre de Jesús le dijo, no tienen vino. Jesús les dijo,
¿qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora. Su madre dijo a los que servían,
hace todo lo que os digere. Y estaban allí seis tinajas de
piedra para agua, conforme al rito de la purificación de los
judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros. Jesús les dijo, llenad estas
tinajas de agua y las llenaron hasta arriba. Entonces le dijo,
sacad ahora y llevadlo a nuestra sala y se lo llevaron. María creía en el poder de Jesús
para convertir esas tinajas de agua por la gracia de Dios y
para la gloria de Dios, el sabroso vino de primera. Ella creía en
el Señor Jesucristo. Por eso yo pienso que cuando
ella fue allí, fue inducida por sus hijos, no porque ella fuera
una incrédula como sus hijos. María fue quien le dijo, tú,
tu hora, tu hora ha llegado, arranca ya. Eso fue lo que le
dijo ahí. Arranca ya, tu hora llegó. ¿Qué
es lo que no ha llegado? Dale para allá. Y el Señor se
sometió. Tranquilo. Hizo exactamente lo
que su mamá le había pedido. ¿Quién le niega nada, mamá? Obviamente
si usted la posibilidad de hacerlo. Si está la posibilidad. Si usted
no puede, no puede. aunque se lo pida mamá, no puedo
mami, lo siento, no tengo posibilidad para eso, pero el señor si podía
hacerlo, por eso la compasió sin problema, simple y llanamente
hizo exactamente lo que su mamá le había pedido, vemos como el
señor aquí la compasió, desde la A hasta la Z. Ahora, en lo
otro, te equivocó, Usted se equivocó, mamá. Ahí no vamos. Ahí no estamos de acuerdo. Tú estás equivocada. Nuestro Señor usó este incidente
para ministrarle a su familia y a los allí presentes sobre
un asunto crucial para todo ser humano. Todo aquel que hace la
voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre. Y mis amados hermanos, ciertamente
ese es el corazón del Evangelio. Lo que el Señor le presentó aquí
a su familia y a los allí presentes no era otra cosa sino que el
corazón mismo del Evangelio. Esta realidad es lo que hace
la diferencia entre el impío y el cristiano, entre el cielo
y el infierno, no hay la menor duda. Su familia espiritual está
compuesta por todos aquellos hombres y mujeres que hacen la
voluntad de Dios, sean blancos o negros, grandes o chicos, viejos
o jóvenes, hombres o mujeres, aquellos que hacen la voluntad
de Dios Eso forman la familia de Dios. Ahora bien, hermanos,
¿qué es la voluntad de Dios realmente? ¿Qué es la voluntad de Dios? Bueno, la voluntad de Dios es
todo aquello que ha sido revelado en la Biblia y que Dios desea
que el hombre conozca, que el hombre obedezca, que el hombre
ponga en práctica. Eso es la voluntad de Dios. ¿Cuál es la voluntad de Dios?
Por ejemplo, para un inconverso, ¿cuál es la voluntad de Dios
para un hombre, para una mujer, para un joven, para un niño,
para un anciano que aún no le ha entregado su vida al Señor
Jesucristo? ¿Cuál es la voluntad perfeita
de Dios? Bueno, hecho capítulo 3, verso
19, nos revela la voluntad de Dios para con el inconverso,
para con aquel que aún no se ha convertido. Así que arrepentíos
y convertíos para que sean borrados vuestros pecados, para que vengan
de la presencia del Señor tiempos de refrigerio. He ahí la voluntad
clara, precisa, concisa, llana, simple, sencilla de Dios para
contigo. Quienes han de formar parte de
la familia de Dios, aquellos que obedecen con puntualidad
y rapidez exactamente este mandamiento tal y como ha sido plasmado por
el Espíritu Santo aquí en este pasaje. Arrepentidos y convertidos. Esa es la voluntad perfecta de
Dios para tu vida. Si tú obedeces esa voluntad perfecta
de Dios para tu vida, entonces, ¿qué hará Dios como respuesta
a tu obediencia? Serán borrados tus pecados. Serán borrados tus pecados. Y la palabra borrar es tomada
aquí de largo, de largo de un aula de clase. Hay un maestro
que escribe en la pizarra una lección determinada. Borrar es
el acto de tomar el borrador y quitar de allí todo aquello
que había sido escrito. Tus pecados han sido registrados
en el libro negro de la vida. Y allí está registrado todo aquello
que tú has hecho desde que fuiste concebido en el vientre de tu
madre hasta el último respiro que estás teniendo ahora mismo.
Todo está allí registrado en ese libro de Dios. tus pecados
cada uno de ellos de pensamiento palabra y obra están allí registrado
absolutamente registrado sin que falte uno solo de ellos Dios dice aquí que borra cada uno
de esos pecados de tu expediente como una respuesta a tu acto
de obediencia en arrepentimiento y en conversión, por el hecho
de arrepentirte y convertirte. Si tú obedeces eso, entonces
Dios dice que Él borrará de tu expediente cada uno de esos atos
con los que tú has violentado la ley de Dios en la mente, el
corazón, los hechos, los atos, etcétera. Esa es la voluntad
de Dios agradable y perfecta. Mucha gente, uno le predica el
evangelio y dice, yo voy a orar. Tú no tienes que orar, si no
solamente para pedirle perdón por tus pecados, eso es todo
lo que tienes que hacer. Yo tengo que esperar, ¿esperar
a quién? La voluntad de Dios es clara,
arrepentido y convertido, y eso no es un proceso que dura un
año, es un acto del momento. En un abrir y cerrar de ojos,
Dios obra en ti la transformación plena de tu corazón y de tu mente
y te hace como consecuencia de ello una nueva criatura. Porque esa es la voluntad de
Dios. Amados hermanos, ¿por qué es
importante la voluntad de Dios? Porque con ella sellamos nuestro
destino eterno. Por eso era importante para esos
familiares del Señor Jesucristo saber que lo más importante en
esta vida era conocer de esta realidad. la obediencia a la
voluntad de Dios, porque eso iba a determinar su destino eterno. Y mis amados hermanos, lo que
fue real para los familiares de Jesús en sus días, sigue siendo
real en el día de hoy. La obediencia a Dios es lo que
determina nuestro destino eterno. Mateo 7, 21, No todo el que me
dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino
el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos. 1 Juan 2, 17. El mundo pasa y sus
deseos, pero el que hace la voluntad de Dios, ¿qué? Permanece para
siempre. Entonces la voluntad de Dios,
mis amados hermanos, determina el cielo o el infierno como tu
destino eterno. Que tú estás obedeciendo hoy
la voluntad de Dios o la voluntad de tus deseos y pensamientos
carnales. Eso determinará tu destino eterno. La voluntad de Dios era importante
que la conocieran los familiares de Jesús, porque ella es la base
de la relación personal del hombre con Dios. Mateo 12, 50, porque
todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos,
ese es mi hermano y mi hermana y mi madre. Está bien claro,
¿verdad? ¿Quién es hermano de Cristo?
¿Quién es familia del Señor Jesucristo? El que hace la voluntad de Dios. Nadie podrá experimentar una
relación personal con Dios, familiar con Dios, de intimidad con Dios,
si no es por el camino de la obediencia a su voluntad. La voluntad de Dios era importante
para los familiares del Señor Jesucristo porque ella proporciona
guía y dirección para caminar con seguridad por la senda de
la vida en esta tierra. Eremías capítulo 10, verso 23. Conozco, oh Jehová, que el hombre
no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar
sus pasos. ¿De quién es entonces? De Jehová. de Jehová. ¿Quiénes pueden tener
seguridad mientras caminan por la vida? Aquellos que viven una
vida de obediencia por principio a la Palabra de Dios. Cristo mismo dice en Juan capítulo
10, mis ovejas oyen mi voz y me siguen y yo les doy vida eterna
y no perecerán jamás. ¿Qué es eso? Seguridad. Pero
¿cuál es requisito? Oyen su voz y la siguen. ¿Qué
es eso? Obediencia. Obediencia. La obediencia es fundamental,
mis amados hermanos, porque ella nos brinda el conocimiento necesario
de los eventos futuros. Isaías, capítulo 46, verso 9, Y diez, acordado de las cosas
pasadas desde los tiempos antiguos, porque yo soy Dios y no hay otro,
y nada hay semejante a mí, que anuncio lo porvenir desde el
principio y desde la antigüedad lo que aún no era hecho, que
digo mi consejo permanecerá y haré todo lo que quiero. ¿Quiénes
conocerán el futuro y sus eventos y sucesos? aquellos que se siguen
estrictamente en obediencia a la voluntad de Dios. La voluntad
de Dios es fundamental, mis amados hermanos, porque a través de
ese camino podremos conocer realmente y en experiencia vívida la voluntad
de Dios. la voluntad de Dios, Efesios
5 y 17. Por tanto, no seáis insensatos,
sino entendidos de cuál sea la buena voluntad de Dios. ¿Cómo podremos conocer o comprobar
la voluntad de Dios? Amados hermanos, obedeciéndola,
obedeciéndola, no hay otro camino. La voluntad de Dios es necesaria
porque ella es la llave para abrir las puertas, las puertas
del cielo para obtener respuestas a nuestras oraciones. Primera de Juan 3, 22, Y cualquiera
cosa que pidiéremos la recibiremos de él. Razón, porque guardamos
sus mandamientos y hacemos las cosas que son agradables delante
de él. ¿Ven ahí la obediencia? condición
necesaria para obtener respuestas a nuestras oraciones? Juan 9.31, y sabemos que Dios
nos oye, y sabemos que Dios no oye a los pecadores, pero si
alguno oye, si alguno es temeroso de Dios y hace su voluntad, ¿qué
dice aquí? A ese oye, a ese oye, La voluntad de Dios trae las
bendiciones espirituales hasta nuestras almas por la gracia
de Dios, Hebreo 10, 36, porque os es necesario la paciencia
para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Mis amados hermanos, era crucial
para los familiares del Señor Jesucristo conocer la voluntad
de Dios y obedecer la voluntad de Dios porque eso iba a determinar
la clase de familia a la que iban a pertenecer, a las de Dios
o a la del diablo a la cual pertenecían antes de ser redimidos. Eso lo
determinaba. ¿Ven la importancia de la respuesta
del Señor a sus familiares queridos? ¿Ven por qué él no le tomó a
la ligera la actitud de su familia? ¿Ven por qué él aprovechó aquella
circunstancia de preocupación legítima? Noten, dice el pasaje
que no le daban tiempo ni para comer, no le daban ocasión ni
para comer, o sea, aquella multitud estaba tan empeñada en sacar
del Señor beneficios que no le daban tiempo ni para comida,
y naturalmente en su familia se levantó una preocupación. Vieron que había un desequilibrio,
porque no está bien que el Señor se dejara morir de hambre por
atender a aquella cantidad de gente que iba en pos de él buscando
respuestas a sus necesidades. Entienda, humanamente hablando,
estaban preocupados sus hermanos y su madre también. Sin embargo, el Señor tomó esta
extraordinaria preocupación de su familia para darle una extraordinaria
lección acerca de cuál era su verdadera familia y por dónde
ellos debían de apuntar sus tiros si deseaban realmente experimentar
el gozo de pertenecer a la familia de Dios, de la cual Él era la
puerta de entrada y por la cual aún sus hermanos no habían entrado
hasta ese momento de la historia. Luego vemos más adelante que
sus hermanos creyeron en el Señor también. El libro de Santiago se estima
que fue escrito por el hermano carnal del Señor, el medio hermano
del Señor Jesucristo, Santiago. De manera pues, que esta ocasión,
este encuentro entre Cristo y su familia no fue en vano. El libro
de Santiago posiblemente lo tenemos ahí, ¿sabe por qué? Por esa maravillosa
ocasión donde Jesús se paró ante ellos y les dijo, miren, esta
es la fórmula para ustedes pertenecer a la familia de Dios. Si ustedes
quieren pertenecer a esa familia de Dios, de la cual yo soy la
cabeza, ustedes deben de entrar por esta puerta. ¿Cuál es la
puerta? La obediencia. La obediencia
a todo aquello que Dios en su palabra ha revelado. Si me amáis,
guardad mis mandamientos. Mis amados hermanos, el amor
es la base que nos ha de mover a obedecer a Dios, guardando
sus mandamientos. Si me amáis, guardad mis mandamientos. Nos manda el Señor. Segunda de Timoteo capítulo 2 Hay un pasaje crucial que quiero que veamos
brevemente en este contexto para terminar. Segundo día de Timoteo, capítulo
2, versos 25 al 26, el Señor manda que con mansedumbre corrija
a los que se oponen por si quizás Dios les conceda que se arrepientan
para conocer la verdad. y escapen del lazo del diablo
en que están cautivos a voluntad de él. ¿Cómo está el hombre sin
Cristo, el hombre sin Dios? Obedeciendo la voluntad del diablo. ¿Cuál es la voluntad de Dios? Que tú escapes de ese lazo y
para ello la obediencia a Cristo es fundamental. Si los hermanos
carnales de Jesús necesitaban ser desatados de ese lazo en
que se encontraban obedeciendo a Satanás, tú no eres la excepción
a la regla. Tú también necesitas ser desatado
de ese lazo en que te encuentras cautivo a voluntad de Satanás. Nuestra oración debe de ser,
Señor, hágase tu voluntad en la tierra como en los cielos. ¿Para qué? Para que veamos una
iglesia compuesta por hombres y mujeres llenos de ese celo
que consumía a nuestro Salvador, lleno de ese celo por la santidad
y la piedad, y sobre todo por ese celo, por ver la familia
de Dios crecer siendo obediente al Señor conforme a lo demandado
por él en su palabra. Hermanos, en pocas palabras, para ilustrar la obediencia requerida por Jesús
a su familia y a nosotros, en esta mañana quiero compartir
con ustedes este ejemplo. Se dice que una buena mujer,
al caer enferma, le preguntaron si quería morir o vivir, a lo
cual contestó, lo que Dios quiera. Pero dijo uno de los presentes,
si Dios lo dejara a tu voluntad para decidir qué escogerías,
Oh, si Dios me dejara a mí escoger lo que yo escoger, vivir o morir,
yo lo volvería a dejar a Él decidir. Hermanos, eso es tener la voluntad
rendida a la voluntad de Dios. Si me tocara morir en este momento,
estoy enfermo, Y si me consiguiera a mí decidir qué escoger, yo
dejaría a Dios elegir para mí qué es lo mejor, si vivir o morir,
pero lo dejaría a Él elegir. ¿Es ese tu caso? ¿Tienes tu voluntad
rendida a Dios de tal manera que en todo tú prefieres la voluntad
de Dios en lugar de hacer tu propia voluntad? En Juan 4.34 Jesús dijo, mi comida
es que haga la voluntad del que me envió y que acabe su obra. ¿Cuál es tu voluntad? ¿Es tu
voluntad la voluntad de Dios en todos los aspectos de tu vida? ¿En tu vida familiar, en tu vida
laboral, en tu vida eclesiástica es tu voluntad la voluntad de
Dios? a la hora de elegir y decidir qué escoges para ti,
la voluntad de Dios o tus propios deseos y caprichos. Mis amados hermanos, la obediencia
es la señal, es la cédula de identidad. que declara nuestra
relación personal con Dios. Nuestra vida de obediencia es
la cédula de identidad que declara nuestra relación personal con
el Señor. Si la voluntad de Dios es, es y será siempre buena, agradable
y perfeita. Y mis amados hermanos, Lo que
queda fuera de ahí es un abismo insondable que lleva al infierno. No hay lugar para la felicidad
y el gozo fuera de la voluntad de Dios. Solamente en ella podremos
alcanzar, amados hermanos, disfrutar del paraíso antes de llegar allá. Solamente ahí podremos alcanzar
a disfrutar del cielo antes de llegar allá. ¿Cuándo? Cuando
estamos viviendo en armonía y en obediencia con la santa voluntad
de Dios. ¿Saben por qué el mundo donde
vivimos se parece más al infierno que al cielo? ¿Saben por qué,
hermanos? Porque la mayoría de los habitantes
de este mundo no están sometidos a la voluntad de Dios sino a
la voluntad del diablo por eso los noticieros cuando usted lo
prende lo que derraman es sangre porque en este mundo donde vivimos
nosotros el porcentaje mayor de sus habitantes
está sometido a la voluntad del diablo por eso este mundo se
parece más al infierno que al cielo. Hermanos, la iglesia,
la iglesia de Cristo, debe de ser la antesala del cielo. ¿Saben por qué? Porque aquí nos
sometemos a la voluntad de Dios. Y si aquí reina Dios y hace su
voluntad, entonces aquí el cielo debe ser una realidad para cada
uno de nosotros. o que Dios nos conceda esa gracia
de conocer su voluntad y de someternos a su voluntad. Ese es el camino
para establecer una verdadera, auténtica, real relación personal
con el Señor Jesucristo. Que Dios nos conceda, hermano,
esa bendición cada día en nuestras vidas.
La preocupación de la familia de Jesús y la lección que les dió
Series Evangelio Marcos
La preocupación de la familia de Jesús y la lección que les dió
| Sermon ID | 11224459551620 |
| Duration | 55:54 |
| Date | |
| Category | Sunday - AM |
| Bible Text | Mark 3:20-21 |
| Language | Spanish |
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