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En un pintoresco pueblo enclavado
entre onduladas colinas, un cultivador de olivos cuidaba su olivar con
esmero y devoción. Durante largos años había cultivado
un olivo en particular, asegurándose de que sus raíces Este árbol era perfecto en sus
cimientos, testimonio de la inquebrantable dedicación de aquel hábil colivicultor. Sin embargo, las ramas de este
árbol contaban una historia diferente. Se negaban obstinadamente a dar
fruto, como si no pertenecieran a ese árbol tan excepcional.
Un día, el agricultor se fijó en unas ramas de olivo silvestre
que crecían cerca. Estas ramas eran indómitas, poco
llamativas y producían solamente frutos amargos. Sin embargo,
impulsado por un sentimiento de amor, decidió injertar estas
ramas silvestres en su árbol perfecto. Sabía que al unirlas
a las raíces fuertes y profundas que había cultivado, las ramas
silvestres se transformarían y rendirían fruto. Como un propósito
deliberado, cortó las ramas infructuosas, haciendo espacio para las ramas
silvestres. El proceso de injerto fue meticuloso. Al principio, las ramas silvestres
parecían fuera de lugar entre los miembros bien cuidados del
árbol. Pero con el tiempo ocurrió algo
extraordinario. Las ramas silvestres comenzaron
a prosperar. Tomando fuerza y alimento de
las magníficas raíces y de la nutritiva savia del árbol cultivado,
empezaron a dar frutos más ricos y abundantes de lo que nunca
podrían haber producido por sí solas. Frutos verdaderamente
buenos. Aquel árbol, que en sí permaneció
inalterado en su perfección, transformó aquellas ramas, las
cuales se volvieron fructíferas gracias al favor que el cultivador
de olivos depositó en ellas. Romanos, capítulo 11, versículos
del 17 al 21, nos cuenta otra versión. Dice así, pues si algunas de
las ramas fueron desgajadas y tú, siendo olivo silvestre, has sido
injertado en lugar de ellas y has sido hecho participante de la
raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes contra las ramas.
Y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a
ti. Pues las ramas, dirás, fueron
desgajadas para que yo fuese injertado. Bien, por su incredulidad
fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensobervezcas,
sino teme, porque si Dios no perdonó a las ramas naturales,
a ti tampoco te perdonará. Dios, gracias por la riqueza
de Tu Palabra. Gracias porque en ella encontramos
todo lo que necesitamos. Gracias porque Tú has dejado
absolutamente toda la enseñanza, la doctrina profunda y rica del
Evangelio de nuestro Salvador Jesucristo y sus implicaciones
para nuestra vida. Y como Iglesia, hoy nos acercamos
a esta fuente inagotable una vez más. sedientos, deseosos,
oh Dios, de escuchar lo que tú tienes para nosotros, pero a
la vez conscientes de que no podemos beber de esta agua, no
podemos ingerirla, no nos satisface, no la hallamos rica a menos que
tu Espíritu Santo produzca en nosotros el efecto que ha prometido
producir. Así que apelamos a tus promesas.
Llena estos corazones vacíos, satisface estas almas sedientas
y produce en nosotros una transformación como sólo Tu Palabra y Tu Espíritu
pueden hacer. Ayúdanos a ver glorioso a Cristo
y a poner nuestra mirada sólo en Él. En su nombre. Amén. Vamos a empezar estudiando los
primeros dos versículos juntos, el 17 y un pedacito del 18. Dice
así, pues si algunas de las ramas fueron desgajadas y tú, siendo
olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas y has sido
hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo,
no te jactes contra las ramas. Esa es la primera idea que comunica
Pablo en una sola oración. Ese pues se puede traducir en
algunas expresiones como pero, y no sé por qué algunas dicen
pues, otras dicen pero. Pero lo cierto es que en el argumento
de Pablo lo que se está introduciendo es un contraste. Pablo está diciendo,
bueno, que algunas ramas fueron desgajadas para que otras ramas
fueran introducidas. No está colocando ese sí como
un condicional. Si algunas ramas fueron desgajadas
como una posibilidad de que algo pudiera haber ocurrido, no. Está
diciendo esto como un hecho. Está diciendo, lo cierto es,
es un hecho, que algunas de las ramas fueron desgajadas. Está
hablando de Israel. Está hablando del pueblo de Israel,
de los judíos que rechazaron a Cristo. y por su incredulidad,
por no haber creído en Cristo, ya lo vimos en los pasajes anteriores,
fueron arrancados, fueron desgajados, es lo que está diciendo Pablo
ahora. Entonces, esto es un hecho, algunas de las ramas fueron arrancadas. Y él dice algunas, yo creo que
usando de algún tipo de recurso literario, para no decir la mayoría,
o casi todas, porque en el resto del pasaje lo que nos ha dado
a entender es que ha sido la mayoría. de los judíos, los que
han sido arrancados, los que no creyeron en el Mesías, que
no lo aceptaron, y Él ha hablado de un remanente, de unos pocos
que eventualmente creerán o han creído en Jesucristo, pero una
minoría. Entonces, yo creo que está suavizando
un poco la declaración. En lugar de decir casi todos
o la mayoría, que en realidad era el caso de los judíos, algunos
de ellos fueron arrancados, fueron cortados, separados, y ¿quién
es el actor de ese desgaje, de ese arrancar de las ramas? ¿Quién
es el que los ha arrancado? Dios, ¿verdad? Dios es el agente,
Dios ha sido el cultivador de este olivo, y Él mismo ha arrancado
ramas que no están produciendo frutos, ramas, malas ramas, podridas
ramas que no creyeron en Jesucristo, entonces dice que fueron arrancadas
Y tú, recuerda que les estaba hablando a los gentiles, ¿verdad?,
les estaba hablando a los romanos. Y tú, o ustedes, gentiles, ustedes,
romanos, o sea, nosotros, aquí nos podemos colocar nosotros
en esta posición de los romanos. Y tú, siendo olivo silvestre,
o sea, nosotros no fuimos parte del olivo que el agricultor estaba
cultivando. El que abonó, el que cuidó, el
que le trató el suelo, el que trabajó para que la raíz fuera
fuerte, que la savia fuera rica. Él trabajó en un olivo en particular
y era el pueblo de Israel. Nosotros no, nosotros crecimos
en una tierra en el desierto digamos o fuera del campo del
agricultor a punta de las inclemencias del clima y una tierra podrida,
una tierra sin cuidado, sin abono, y solo producíamos fruto malo,
fruto amargo, lo único que podíamos producir. Y Él dice, ustedes
serán eso, ustedes serán olivos silvestres. Dios los ha injertado en su olivo,
en su olivo cultivado. Es bien curioso que debemos notar
que todas las ramas son ramas de olivo. Él no está diciendo
que el pueblo de Israel era otro tipo de árbol y que la gente
que venía de afuera, los argentinos, era otro tipo de árbol. No es
eso lo que está diciendo. Él los coloca a todos en la misma
categoría, olivos. Y nosotros debemos entender esto
como que los judíos son tan normales en un sentido de su naturaleza,
¿verdad? Son iguales que cualquier ser
humano. Hay algunos movimientos en las iglesias donde tienden
como a idolatrar un poco al pueblo de los judíos, ¿verdad? Como
si ellos fueran especiales en sí mismos. No lo son. No lo son. Hay algo especial que fue el
cuidado que Dios les dio, el haberlos elegido para cultivarlos,
para ponerlos en la tierra firme del pacto y de las promesas hechas
a Abraham. Esa es la... eso es lo especial
que tiene, pero en su esencia, en su naturaleza, igual es que
cualquier olivo, ¿verdad? En su esencia, igualmente olivos,
pero sí Dios los apartó, y Dios los plantó en sus promesas, y
Dios los regó y Dios hizo de ellos un árbol que debía producir
buen fruto, un árbol que debía, tenía todo, tenía todo lo necesario
para producir un fruto abundante, un fruto rico, pero no lo hicieron. porque no creyeron en Jesucristo,
no recibieron al Mesías, no lo aceptaron, y entonces por eso
Pablo dice que han sido cortados, muchas ramas del olivo cultivado
han sido cortadas, y usted y yo, gentiles, olivos silvestres,
hemos sido injertados en lugar de ellas, unidas al mismo tronco
Y en lugar de ellas, también se puede traducir como entre
ellas o en medio de ellas. Tomemos nota de esas diferencias
textuales porque a veces cambian el significado, ¿verdad? No es
que Dios tomó o quitó a algunos de los judíos y nos puso a nosotros
para tomar su lugar como uno a uno, ¿verdad? Entonces, la
cantidad de judíos que quitó, esa cantidad de gente, no, no
tiene nada que ver con eso. El punto es que él a algunos
incrédulos de su pueblo los tuvo que arrancar y a creyentes gentiles
los ha injertado para participar o para estar junto con o en medio
de las ramas buenas participando del olivo cultivado. Ha sido
hecho, dice, participante de la raíz. De nuevo, ¿quién es
el actor? Nosotros hemos sido hechos participantes
de la raíz, pero ¿quién es el actor? ¿Quién es el que nos ha
hecho participantes? Dios. Dios nos ha metido en ese
tronco, nos ha hecho participantes de la raíz y ahora nosotros compartimos
con ellos o somos compañeros con ellos recibimos junto a ellos
de la raíz el mismo pacto, las mismas promesas, las mismas bendiciones. No es la era de la Iglesia versus
la era de Israel, no. Es un mismo pueblo, es un mismo
tronco, es un mismo árbol. Nosotros hemos sido injertados,
pero nuestro fundamento es el mismo que el de ellos. El Antiguo
Testamento, las promesas hechas a nuestros padres y la riqueza
de las promesas como alimentan el tronco para dar vida a las
ramas y producir fruto. Nosotros participamos de esa
misma sabia, la sabia, el jugo del olivo, esa sustancia que
recorre el tronco y llega a las ramas y las alimenta y les da
fuerza y les da vida. Nosotros participamos de eso
mismo en Cristo. Y de nuevo, todas las bendiciones
hechas a Abraham y a su descendencia. que hoy formamos parte de ese
olivo cultivado. Dios no tiene dos pueblos, Dios
no tiene dos árboles y dos raíces diferentes, es un mismo árbol,
un mismo pueblo, una misma raíz y por lo tanto la historia del
pueblo de Dios es nuestra historia y debemos entendernos así. ¿Somos
hijos de Abraham? ¿Ustedes se atreverían a decir
eso? ¿Somos hijos de Abraham? El Nuevo Testamento nos enseña
que los verdaderos hijos de Abraham son los hijos de la fe. Y por
lo tanto, si hemos creído en las mismas promesas que Abraham,
la promesa del Mesías, nosotros somos hijos de Abraham. Los creyentes
son hijos de Abraham, judíos y gentiles. Son el verdadero
Israel de Dios. Hay muchas iglesias donde existe
una dificultad para aceptar esta verdad. Y el pueblo de Israel
es elevado, como les decía antes. Y es cierto que hay algo especial
en el pueblo de Israel. De su línea vino el Mesías. Jesucristo
nació del pueblo judío. Por supuesto que eso es un privilegio
enorme para una nación, para un linaje. Que Jesucristo haya
venido de su sangre. pero siempre se ha tratado de
bendición para todas las familias de la tierra. Desde la promesa
hecha Abraham, en tu simiente serán bendecidas todas las familias
de la tierra. Somos las ovejas del otro redil
de las que hablaba Jesucristo, que Él ha traído para unirlas
a su redil. De una manera es una metáfora
muy similar, no son dos rediles. Él nos ha traído a su redil,
a su redil. Los hijos de Abraham, conforme
a la fe. estudiando la Torá, memorizando
la Torá, aprendiendo todo lo del Antiguo Testamento, los Escritos,
los Profetas, los Amos, esa es su vida, y se lo saben, y lo
memorizan, y les corre por la sangre. El problema es que han
rechazado el cumplimiento de todo eso en Jesucristo. Pero
nos llevan una gran ventaja en conocimiento, y yo creo que nosotros
deberíamos imitarlos al menos en eso, y ponerlos serios en
cuanto a nuestro estudio del Antiguo Testamento. Es una porción
de las Escrituras bastante abrumadora. Hay profecías muy difíciles de
entender, la historia a veces es difícil de seguirle el hilo,
las repeticiones históricas incluso si se pueden hacer de una Biblia
cronológica, eso les puede ayudar a entender el orden, porque tenemos
todos los eventos históricos y luego los profetas que hablaron
durante esos eventos y a veces no sabemos acomodarlos, ¿qué
profeta habló cuándo? ¿verdad? Entonces, tenemos que
esforzarnos, pero debemos conocer todo el Antiguo Testamento, y
en la Escuela Dominical nos estamos esforzando por recorrer el Antiguo
Testamento, y quiero animarles o llamarles la atención, si no
están haciendo las guías, a hacerlas, a estudiar, a prepararse para
la clase, y manejar al dedillo, lo que deberíamos conocer, deberíamos
conocer. El Antiguo Testamento. Entonces,
estudiémoslo con seriedad, pero definitivamente le llevamos una
ventaja, y es que de este lado de la cruz nosotros podemos entender
mucho mejor el Antiguo Testamento. Ellos lo tienen más memorizado
que nosotros, pero no muy entendido. Nosotros lo tenemos mucho mejor
entendido, porque vivimos de este lado del cumplimiento. ya
Cristo ha venido. Y Cristo está presente en todo
el Antiguo Testamento. Su sombra está presente en todo
el Antiguo Testamento. No podemos ni debemos ignorarlo.
Porque la Iglesia, la verdadera Iglesia de Cristo, se edifica
como ese olivo, sus raíces corren por todo el Antiguo Testamento,
todos los profetas y la enseñanza de los apóstoles. No podemos
tener una sin la otra. Por otro lado, recordemos que
no somos mejores que los judíos. Porque si estamos en esta posición
pentajosa, es por la gracia de Dios. Y eso es lo que continúa
diciendo Pablo en el versículo 18. No te jactes. No te jactes
contra las ramas que han sido desgajadas. No te jactes como
si fueras mejor. No debemos alardear. No debemos
creernos más que ellos, superiores a ellos. Reconocemos que estamos
en ventaja pero no porque nosotros seamos mejores, sino por la gracia
de Dios que ha abundado en nosotros. Y si te jactas, dice, sabe que
no sustentas tú a la raíz, sino que la raíz te sustenta a ti.
Si le dieran ganas, dice Pablo, si su corazón se inclinara hacia
jactarse, si le dieran ganas de sentirse mejor, si de repente
entretiene usted en su mente esa idea de que es mejor que
los incrédulos, mejor que los judíos o mejor que cualquier
incrédulo a su alrededor, recuerde, usted no es más que una rama,
y una rama injertada. Usted no estaría donde está si
no fuera por la acción directa del cultivador. Usted no estaría
donde está sustentado por esa raíz, si no fuera por la gracia
de Dios. Usted no le aporta nada a la
raíz. ¿Cuándo la rama le ha aportado algo a la raíz? Es la raíz la
que alimenta y sustenta y sostiene el árbol. Así que si usted está
allí, Disfrútalo con humildad, con
gratitud, sin jactarse, sin creerse más que los demás, y aproveche
esa rica sabia, y aliméntese de esos cimientos fuertes, pero
no se jacte. Tanto ellos como nosotros somos
dependientes, dependientes del pacto, de la gracia de Dios,
dependientes de las promesas, En un sentido muy real, Cristo
es como el tronco de ese árbol. Las raíces podemos decir que
son el pacto, las promesas, y el tronco es Cristo mismo. Y nosotros estamos unidos a Él. El versículo 19 continúa diciendo,
pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese
injertado, o de nuevo, buscando razones para jactarse, para barbear.
A ellos los arrancaron, ellos fueron desgajados, pero yo fui
introducido, yo fui injertado en este árbol. O sea que soy
mejor, tengo que ser mejor si Dios me ha elegido a mí, a ellos
no. Tengo que ser mejor si yo he creído y ellos no. Esos malvados,
esos incrédulos, asesinos del Mesías, perversos, infieles,
yo tengo que ser mejor que ellos, que tenían el Antiguo Testamento,
que tenían las promesas, que tenían las profecías, y no lo
vieron, tuvieron a Cristo frente a sus narices y no lo vieron.
¡Qué ciegos, qué necios! Yo soy mejor. Yo sí creí en Cristo. Yo sí lo
abracé. Incluso fui elegido para reemplazarlos,
para tomar su lugar. Dios quiso salvarme a mí. Hay dos tonos muy diferentes
para hacer esas declaraciones. Yo creí en Cristo por la gracia
de Dios. Yo fui elegido así. pero no por
nada bueno en mí, no por nada digno en mí, y fui injertado
en un árbol al que no merecía pertenecer. Y Dios quiso salvarme
a mí, a mí. No somos mejores. Nosotros no
habíamos creído por nuestra propia cuenta, Así que demos toda la
gracia, toda la alabanza a la gracia de Dios, porque hemos
abrazado a Cristo y le hemos amado, porque Dios nos amó primero,
porque Él nos vio desde antes de la fundación del mundo, impuso
su amor eterno en nosotros. Y es por eso que hoy estamos aquí.
por eso tenemos fe, por eso nos hemos arrepentido de nuestros
pecados. Es cierto, dice Pablo, bien,
es verdad, fueron desgajados, pero recuerde por qué, recuerde
por qué fueron arrancados, por su incredulidad, versículo 20,
porque no abrazaron a Cristo en arrepentimiento y fe, Pero
tú, por la fe, estás en pie. Usted sólo puede sostenerse por
la fe. No hay otra manera. Y esa fe, para rematar, ni siquiera
es suya. Esa fe le fue dada por Dios. Vean cómo podemos ser jactanciosos
hasta nuestra elección. Podemos ser jactanciosos hasta
en el hecho de que Dios nos ha bañado con Su gracia y seguimos
cambiando la gracia por mérito. Algo tan sutil como pensar, sí,
yo recuerdo o reconozco que fui elegido, reconozco que es por
la gracia de Dios, reconozco que no estaría aquí si no fuera
por la obra de Dios en mí, pero si Él hizo esa obra en mí, tiene
que haber sido por algo. ¿Algo bueno tengo que haber hecho?
¿Algo bueno tiene que haber visto? No. Nada bueno vio. Nada bueno hizo usted. Y esa
fe que ha recibido, esa fe en la cual usted ahora se sostiene,
le fue regalada por Dios. Es dejar de confiar en nosotros
mismos y poner nuestra confianza en Cristo. Entonces, si decimos, ah, es
que Dios me dio la fe, porque hasta eso, porque vio algo especial
en mí, estoy trastornando la fe, sigo poniendo mi confianza
en mí, no es fe, sigo creyendo que es por mí, porque algo bueno
vio en mí, eso es incredulidad, es total, debería ser, total
abandono de mí mismo. total abandono de un esfuerzo
propio, de un valor propio, de una dignidad propia, completamente
echar eso por tierra, y confiar única y exclusivamente en la
obra perfecta y suficiente de Cristo a mi favor. Eso es fe,
cualquier otra variante, que le reste aunque sea un poquito, ¿Cómo entiende usted la fe entonces? ¿Entiende que el origen de la
fe está en Dios y que por lo tanto usted no puede jactarse?
¿No puede despreciar a los judíos? ¿No puede despreciar a los incrédulos
que no han hecho lo mismo? ¿Porque usted no es mejor que
los demás? demos gracias a Dios por abrir
nuestros corazones y permitirnos abrazar el Evangelio y que eso detone en nosotros
una necesidad de doblar nuestras rodillas constantemente, no de
levantar nuestro pecho e inflarlo, sino de postrarnos delante del
Dios de la gracia, porque yo no podía pero Él sí
pudo, porque yo no quería pero Él sí quiso, Y no miremos con desprecio, sino
con compasión a los incrédulos, aunque estén lejos o cerca. Miremoslos
con compasión a nuestros cónyuges, nuestros hijos, nuestros amigos,
compañeros, vecinos. Veámoslos con compasión, porque
es la gracia de Dios. Su única esperanza es la gracia
de Dios. El mundo no necesita más personas
como yo, el mundo necesita más personas transformadas por Cristo. Así que si usted entiende que
la fe es un don de Dios, humíllese, compadezcase de los demás y entienda
que no es que les falta voluntad, no es que les falta información,
No es que les falta sensibilidad espiritual y que usted es más
sensible que ellos. Les falta un milagro. El mismo
milagro que Dios ha orado en cada uno de nosotros. Ese milagro
que ellos necesitan. Así que oremos, pidiéndole a
Dios que haga ese milagro en sus vidas. Oremos por los que
tenemos cerca y lejos, que no han abrazado a Cristo, para que
Dios los llame, con ese No seamos soberbios, dice. No
seamos soberbios, sino temamos. Tengamos temor de Dios en nuestra
vida cristiana. Reverencia ante este Dios tres
veces santo que por su gracia nos ha llamado. El temor en el
sentido bíblico. El temor del juicio de Dios. Porque en última instancia se
trata de eso. Tengamos temor, hermanos, de
presentarnos ante Dios en el día final cubiertos sólo con
nuestra macra justicia, con nuestro intento fallido de justicia. Eso debería darnos temor. Nuestra
única esperanza y seguridad es presentarnos delante de Dios
cubiertos por la justicia no es fe. Y si Dios no perdonó
a las ramas naturales, las juzgó con base a la fe de Jesucristo,
no perdonará tampoco a las ramas injertadas. Si al propio pueblo de Israel,
el olivo que él cultivó con sus propias manos, al que le dedicó
siglos de esfuerzo, Si Dios a ellos no los libró
de juicio, a menos que creyeran en Jesús, entonces lo mismo será
para nosotros. Y hago esta advertencia porque
así como muchos judíos pensaban que por estar en el tronco, por
tener las raíces, ya eran sanos, sin necesidad de la fe, de creer
en Cristo, podemos caer nosotros en el mismo error. y pensar que
porque mis papás vienen a la iglesia o porque yo vengo a la
iglesia, porque mi nombre está escrito ahí en las hojas de membresía,
porque entiendo el evangelio, porque entiendo quién es Jesús
y lo que vino a hacer, ya estoy asegurado para la eternidad. porque es solamente aquel que
ha abrazado a Cristo en completa y absoluta dependencia, en un
arrepentimiento profundo y verdadero, no perfecto, pero profundo y
real. Ese es el que se sostendrá en
el día del juicio final. Sólo en Él tendremos salvación. Sólo en Él tenemos vida.
Olivos silvestres
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17 Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, 18 no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti. 19 Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado. 20 Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme. 21 Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará.
| Sermon ID | 1110242613550 |
| Duration | 31:47 |
| Date | |
| Category | Sunday - AM |
| Bible Text | Romans 11:17-21 |
| Language | Spanish |
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