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Buenas tardes, amados hermanos,
Dios les bendiga. Agradezco al Señor grandemente
por la oportunidad que Él me concede de poder exponer su palabra. Es un gran privilegio y también
es una gran responsabilidad estar en el nombre del Señor y poder
exponer su palabra. No es cualquier palabra, es las
sagradas Escritura, la Biblia, la Palabra de Dios, la Palabra
que ha salido de su boca. Amados hermanos, les invito a
que abran su Biblia en el libro de Éxodo, el capítulo número
9, específicamente el versículo 13 hasta el versículo número
25, y luego vamos a dar un salto hasta el capítulo 10, versículo
1, hasta el versículo 13. La exposición del día de hoy
se tratará del último ciclo de plagas que encontramos en este
pasaje, es decir, la plaga número 7, 8 y 9. Pero tomando en cuenta
que el tiempo nos ha avanzado, vamos a estar viendo solamente
la número 7 y la plaga número 8. Y si es la voluntad del Señor,
en la próxima predicación estaremos concluyendo este ciclo de predicaciones
sobre las plagas de Egipto. Así que, si lo tienen, amados
hermanos, leamos juntos lo que nos dice la Palabra del Señor
en el libro de Éxodo capítulo nueve, versículo trece hasta
el veinticinco. Y luego iríamos al capítulo diez. Entonces el Señor dijo a Moisés,
levántate muy de mañana y ponte delante de Faraón y dile, así
dice el Señor, el Dios de los hebreos, Deja ir a mi pueblo
para que me sirva, porque esta vez enviaré todas mis plagas
sobre ti, sobre tus siervos y sobre tu pueblo, para que sepas que
no hay otro como yo en toda la tierra. Porque si yo hubiera
extendido mi mano y te hubiera herido a ti y a tu pueblo con
pestilencia, ya habrías sido cortado de la tierra. ¿Pero en
verdad por esta razón te he permitido permanecer para mostrar mi poder
y para proclamar mi nombre por toda la tierra? ¿Y todavía te
enalteces contra mi pueblo no dejándolos ir? Así que mañana,
como a esta hora, enviaré granizo muy pesado, tal como no ha habido
en Egipto desde el día en que fue fundado hasta ahora. Ahora
pues, manda poner a salvo tus ganados y todo lo que tienes
en el campo. porque todo hombre o todo animal
que se encuentre en el campo y no sea traído a la casa morirá
cuando caiga sobre ellos el granizo. El que de entre los siervos de
Faraón tuvo temor de la palabra del Señor, hizo poner a salvo
a sus siervos y sus ganados en sus casas. Pero el que no hizo
caso a la palabra del Señor, dejó a sus siervos y sus ganados
en el campo. Entonces el Señor dijo a Moisés,
Extiende tu mano hacia el cielo para que caiga granizo en toda
la tierra de Egipto, sobre los hombres, sobre los animales,
y sobre toda planta del campo por toda la tierra de Egipto.
Moisés extendió su vara hacia el cielo, y el Señor envió truenos
y granizo, y cayó fuego sobre la tierra. El Señor hizo llover
granizo sobre la tierra de Egipto, y hubo granizo muy intenso y
fuego centellando continuamente en medio del granizo muy pesado. tal como no había habido en toda
la tierra de Egipto desde que llegó a ser una nación. El 25. El granizo hirió todo
lo que había en el campo por toda la tierra de Egipto, tanto
hombres como animales. El granizo hirió también toda
planta del campo y destrozó todos los árboles del campo. Ahora vamos al capítulo 10. Entonces
el Señor dijo a Moisés, preséntate a Faraón, porque yo he endurecido
su corazón y el corazón de sus siervos, para mostrar estas señales
mías en medio de ellos, y para que cuentes a tu hijo y a tus
nietos cómo me he burlado de los egipcios, y cómo he mostrado
mis señales de entre ellos, y para que ustedes sepan que yo soy
el Señor. Moisés y Aarón fueron a Faraón
y le dijeron, Así dice el Señor, el Dios de los hebreos, ¿hasta
cuándo rehusarás humillarte delante de mí? Deja ir a mi pueblo para
que me sirva. Porque si te niegas a dejar ir
a mi pueblo, entonces mañana traeré langostas a tu territorio. Cubrirán la superficie de la
tierra de modo que nadie podrá ver el suelo. También comerán
el resto de lo que ha escapado, lo que les ha quedado del granizo. Y comerán todo árbol que crece
para ustedes en el campo. llenarán tus casas, las casas
de todos tus siervos y las casas de todos los egipcios, algo que
ni tus padres ni tus abuelos han visto desde el día que vinieron
al mundo hasta hoy. Moisés se volvió y salió de la
presencia de Faraón y los siervos de Faraón le dijeron, ¿Hasta
cuándo este hombre no será causa de ruina? Deje ir a los hombres
para que sirvan al Señor su Dios. ¿No se da cuenta de que Egipto
está destruido? Entonces hicieron volver a Moisés
y Aarón ante Faraón. Y él les dijo, vayan, sirvan
al Señor su Dios. ¿Quiénes son los que han de ir?
Y Moisés respondió, Iremos con nuestros jóvenes y nuestros ancianos,
con nuestros hijos y nuestras hijas, con nuestras ovejas y
nuestras vacas iremos, porque hemos de celebrar una fiesta
solemne al Señor. Así sea el Señor con ustedes,
les dijo Faraón. Si los dejo ir a ustedes y a
sus pequeños, tengan cuidado porque tienen malas intenciones. No será así. Vayan ahora sólo
ustedes los hombres, Y sirvan al Señor, porque eso es lo que
han pedido. Y los echaron de la presencia
de Faraón. Entonces el Señor dijo a Moisés,
Extiende tu mano sobre la tierra de Egipto, para traer la langosta. a fin de que suba sobre la tierra
de Egipto y devore toda planta de la tierra, todo lo que el
granizo ha dejado. Moisés extendió su vara sobre
la tierra de Egipto y el Señor hizo soplar un viento del oriente
sobre el país todo aquel día y toda aquella noche. Y al venir
la mañana, el viento del oriente trajo las langostas. Amadas hermanas y visitas, me
disculpo de antemano por no exponer un sermón específicamente acerca
de las Madres, ya que el día de hoy en Austria se celebra
el Día de las Madres. Pero todos estamos de acuerdo
de que Nuestro Señor es el que nos ha convocado en Su Casa de
Oración. y que hoy es el día del Señor,
hoy es un día para exaltarlo, para exaltarlo como su iglesia,
como su cuerpo, como una unidad del cuerpo de Cristo, y que también
afirmamos con convicción, con certeza, que dependemos completamente
de Él. Alguien decía, fuimos programados
para depender de Dios. Yo sé que esto es muy difícil
de poder comprender, sobre todo en estos tiempos que nosotros
estamos viviendo, donde el ser humano es el centro del universo. Esa es la cosmovisión, ¿verdad?,
que se nos vende. El ser humano es el centro de
todas las cosas. Pero para aquellos que hemos
nacido de nuevo, para los creyentes, Entendemos muy bien esta afirmación
de que fuimos creados para depender completamente del Señor. Así
que aquellos sueños de dependencia y de autosuficiencia demuestran
ser más una pesadilla para el creyente que sueños. Pero lamentablemente,
Ese remanente pecaminoso que habita en nosotros todavía hace
de que nosotros nos inclinemos a no depender del Señor. ¿No es así? No queremos depender
del Señor. Nos cuesta. Nos ofende escuchar
esa expresión. ¿Yo depender del Señor? Y eso también lo demostramos
en nuestras relaciones interpersonales. ¿Depender de otros? Bueno, te
guste o no te guste, dependemos de otros. Y para nosotros, los
creyentes, esto debe de estar bien claro. Dependemos unos de
los otros, dice la palabra del Señor. Si no, ¿por qué es tan
difícil para muchos de nosotros pedir ayuda? ¿Por qué es tan
difícil para nosotros admitir que a veces no sabemos algo?
¿Por qué intentamos hacer cosas que nunca antes hemos hecho sin
buscar instrucciones? Somos así. ¿Por qué no nos gusta
admitir nuestra debilidad y nuestra ignorancia? A veces somos ignorantes
de algunas cosas, no las sabemos todas. No somos la última Coca-Cola
del desierto. Nos cuesta admitir nuestras debilidades
y nuestra ignorancia. ¿Por qué los hijos resisten las
instrucciones de sus padres? ¿Por qué a veces los trabajadores
no nos gusta que nuestros jefes nos digan qué es lo que tenemos
que hacer? Una vez está bien, dos veces,
pero ya tres, cuatro se pasan. ¿Por qué trabajamos tanto en
algunas ocasiones para aparentar ser más listos, bien informados
y para tener cosas que otros tienen? Ya que esto me ha provocado
envidia. ¿Por qué alejamos a las personas
de nosotros cuando nos ofrecen ayuda? ¿Por qué decimos que estamos
bien cuando no lo estamos? ¿No ha pasado eso en usted? ¿Cómo
estás? Bien. y por dentro estamos destrozados. ¿Por qué actuamos como si pudiéramos
resolver cosas que realmente no entendemos, ni podemos tampoco? ¿Por qué dudamos en buscar un
consejo de un hermano, de una hermana sabio, piadoso, que nos
pueda ayudar en un problema interpersonal, en los problemas matrimoniales? ¿Por qué permitimos que la independencia
cause más problemas a nuestros problemas, amados hermanos. ¿Por
qué? La respuesta pudiera ser demasiada
simple, pero es la respuesta más segura que yo te puedo presentar
en esta tarde y que está respaldada por la palabra del Señor. La
respuesta a todas estas preguntas que te he hecho es el pecado. La independencia, la autosuficiencia
es lo que el pecado causa en nuestros corazones. Y en esta
tarde regresamos al libro de Éxodo. ¿Y por qué todas estas
preguntas? ¿Qué tiene que ver toda esta introducción que usted
ha hecho con casi una docena de preguntas con el pasaje que
hemos leído? Bueno, regresamos al libro de
Éxodo. Ustedes saben que uno de los
personajes principales ha sido no solamente Moisés y Aarón,
sino el faraón. ¿Ya han transcurrido cuántas
plagas, amados hermanos? A ver, les voy a hacer la prueba.
Hemos leído la plaga número 7 y número 8, entonces han transcurrido,
estamos bien en matemáticas, han transcurrido 6 plagas. Y
a lo largo de estas 6 plagas, ¿qué es lo que hemos observado
en el corazón del faraón? ¡Duro como una piedra! ¡Qué hombre
más obstinado, terco! transcurrido seis plagas, seis
azotes. Habíamos dicho en un momento
determinado en esta serie de predicaciones que la palabra
plaga en el hebreo significa azote. Han pasado seis azotes
bien dado al faraón y a todo el pueblo de Egipto y el hombre,
en vez de suavizar su corazón, y de humillarse y de reconocer
el señorío de Dios sobre su vida, sigue obstinado, endurecido,
él se siente autosuficiente. Él dice, no necesito de Dios,
no necesito de nadie, yo me basto solo. ¿Será cierto esto? No necesito a Dios. Y es que
en la cultura egipcia, si ustedes leen también la historia universal,
Usted va a encontrar de que el faraón era como un dios para
ellos. Y bueno, el faraón se lo creía.
Se lo creía muy en serio que era un dios, que era el dueño
de su propia vida. ¿Te suenan también familiares
esas expresiones? Yo soy el dueño de mi propia
vida. A mí nadie me tiene que decir
nada. Pues el faraón pensaba así también, de esa manera. Yo
soy el dueño de mi vida. Yo hago lo que yo quiero con
mi vida. A mí nadie me marca las directrices
de mi vida. ¿Estás seguro de eso? ¿Recuerdan
ustedes la frase principal del sermón anterior, amados hermanos?
Del último ciclo de plagas que predicamos. La plaga número 4,
5 y 6 tenían un enfoque principal. Dios Es el Señor y Él está en
el centro de la tierra. Él es el creador, el dueño de
todas las cosas. No solamente creó la tierra,
sino que también a Él le pertenecen todas las cosas que están en
el mundo. Todas las cosas. Y el Salmo 27
es bien claro, bien específico, que dice los habitantes de la
tierra y todas las cosas. Si creemos que la Palabra del
Señor es verdadera, si creemos que las Sagradas Escrituras son
irrefutables, inmutables, entonces, amados hermanos, es así. Al Señor
le pertenece la tierra como el Criador, Él la sustenta. El día
de hoy vamos a exponer el último ciclo de tres plagas, pero como
les decía, debido al tiempo no voy a exponer la plaga número
nueve, sino solamente la plaga número siete y la plaga número
ocho. Pero para que ustedes no se me
duerman y no estén bosteceando, necesito que ustedes abran su
Biblia con Biblia en mano, amados hermanos. y los versículos que
yo vaya mencionando entonces usted lo lee. Recuerden de que
nuestra iglesia hemos decidido que la predicación expositiva
es la mejor dieta para la iglesia del Señor. En este ciclo de plagas,
7, 8 y 9, seguimos viendo la supremacía de nuestro Señor. Seguimos viendo su poderío. Él
es el Dios Todopoderoso. No hay nadie como Él. Pero también
Él es un juez. Él es un Dios justo. Y los juicios
que Él está enviando al pueblo de Egipto son justos, amados
hermanos. Dios está juzgando a sus enemigos
y a la vez también está redimiendo o liberando a su pueblo, al pueblo
de Israel. Pero en este nuevo ciclo de plagas,
se diferencia de las demás plagas, porque estas son destructivas.
Estas van a devastar a la nación de Egipto. ¿Pero con qué propósito? ¿El Señor quiere devastarla?
¿Por qué Él quiere? Hay un propósito en este ciclo
nuevo de plaga. Y lo encontramos en el capítulo
9, versículo 14, la segunda parte, la parte B. Entonces, ¿qué dice
el Señor? Capítulo 9 de Éxodo, versículo
14, la segunda parte. Pero está bien, pueden leerlo
desde el inicio del versículo. Entonces sabrás que no hay nadie
como yo en toda la tierra. Hasta el punto que Egipto nunca,
dice la palabra del Señor, nunca había visto en su historia como
nación algo como esto. ciclo de plaga se distinguen
amados hermanos del resto porque el señor aquí nos va a revelar
varios propósitos en estos juicios temporales hacia esta nación
y lo vamos a estar viendo a medida que nosotros vayamos leyendo
algunos textos bíblicos en esta predicación y esta devastación
empieza con cuál plaga con la plaga de granizo. Continúa luego
con una plaga de langosta y luego con la plaga de tinieblas. Ese
es el tercer ciclo de plagas, pero no vamos a estar exponiendo
la tercera plaga de este tercer ciclo, que es el de las tinieblas.
Las primeras dos plagas, si ustedes observan su Biblia, las dos primeras
plagas de este tercer ciclo inician como las anteriores. Moisés se
presenta delante del faraón en la mañana con una advertencia.
¿Y cuál es la advertencia? ¿Cuál es el llamado que le hace
Moisés al faraón? Faraón, ya te lo dije una vez,
dos veces, a la tercera es la vencida. No, ¿qué va a ser? A
la cuarta. a la quinta, a la sexta y viene
la séptima. Faraón, o tú cedes o vendrán
más plagas muy duras sobre ti. Y eso nos llama la atención en
este pasaje bíblico que tenemos. Amados hermanos, con estas nociones
básicas que ahora tenemos sobre este tercer ciclo de plaga, vamos
a ver poco a poco estas dos plagas que es la meta que tenemos para
el día de hoy. Y en estas plagas el Señor sigue
reclamando sus derechos de gobernar sobre Egipto. El Señor continúa
con el mismo mensaje, con el mismo llamado, deja ir a mi pueblo
para que me sirva. ¿Pero qué pasa con el faraón
después de seis plagas rehusando obedecer a Dios? ¿Será que ahora
el faraón ha suavizado su corazón? Él continúa de la misma manera. Pero algo que debe de llamarnos
la atención, amados hermanos, en este pasaje de la Biblia,
es que ahora el Señor enviará las siguientes plagas destructivas,
devastadoras, y la palabra del Señor dice, si usted observa
en su Biblia, sobre él, sobre ti y sobre sus siervos o funcionarios. Ya esto nos indica de entrada,
amados hermanos, que con el Señor no se juega. Sean creyentes o
no creyentes, También esto puede ser aplicado para nuestras vidas.
El Señor le está haciendo un llamado. Ha sido muy paciente. Él no quiere obedecer, Él no
quiere, en otras palabras, Él no quiere someterse al Señorío
de Dios, no lo quiere reconocer como su Señor, como su Salvador.
No quiere depender de Él. Quiere hacer las cosas a su manera,
según su sabiduría. Las consecuencias van a ser duras.
¿Y no ha sido así también para con nosotros, amados hermanos,
aún siendo hijos del Señor? Aún cuando estamos conscientes
por las Sagradas Escrituras que el Espíritu Santo mora en nosotros,
Muchas veces las cosas las queremos hacer por nuestra propia... Y
sí, el Señor es paciente, muy paciente, es un Dios misericordioso
para con cada uno de nosotros. Pero llega un momento en que
el Señor tiene que ponernos un alto para nuestro bien. O lo
servimos en sus términos, o sufriremos también las consecuencias. No
seremos condenados, porque lo que están en Cristo Jesús, Romanos
capítulo 8, dicen que ya no hay condenación. No hay condenación. La ira del Señor no va a caer
sobre nosotros. Ya cayó sobre su Hijo. Pero sí
seremos disciplinados. Y es que un buen padre disciplina
a sus hijos. ¿No es así, amados hermanos?
¿Es buen padre aquel que no disciplina a su hijo y que le permite que
haga todo lo que este pequeño soberano quiera hacer? ¿Verdad
que no? Por amor. Y es que a veces nuestros
hijos, yo lo digo por experiencia propia, A veces mis hijos me
están pidiendo disciplina. Necesito tu guía, necesito tu
dirección. Y él como un buen padre celestial
está comprometido consigo mismo de ir perfeccionando la obra
de nuestro Señor Jesús en nuestras vidas. Amados hermanos, lo va
a hacer. Y creo que cada uno de nosotros somos muy conscientes
de esto, de que el Señor orquesta una serie de circunstancias,
algunas leves o pasajeras y otras un poco más intensas, para todavía
tratar con ese restante pecaminoso que hay en nuestro corazón. De
manera, amados hermanos, que la siguiente plaga, esta plaga
que está por caer sobre Egipto, va a exhibir que el Señor es
el dueño de nuestro corazón. El Señor tiene el control también
del corazón del Faraón. El Señor también por medio de
esta plaga le va a demostrar a Faraón de que Él no es el dueño
de su propia vida. Le va a demostrar que sólo Él
y sólo Él es el Dios onipotente. Y también no solamente el faraón,
sino que también todo el pueblo de Egipto va a reconocer de que
no hay un señor como él en toda la tierra. Y de hecho, este señor,
el faraón, está en el trono porque Dios lo puso ahí. Versículo 16
del capítulo 9. Pero a causa de su soberbia y
de su maldad, ahora Dios lo quitará del trono y de la tierra. ¿Qué
encuentran ustedes en esos versículos? Mira, si tú estás vivo es porque
yo quiero. Eso es lo que dice ahí. Yo ya
te hubiera exterminado con una sola plaga, lo hubiera exterminado
a todos ustedes. Si tú estás todavía en el trono
gobernando Egipto, es porque yo así lo deseo, porque yo te
puse ahí. Pero además también el texto
nos dice que el propósito de Dios al poner a este hombre en
el trono, ¿cuál era? Era para hacer conocer su nombre
en toda la tierra, su poder. Las plagas, estos juicios, estos
azotes, eran parte del plan de Dios desde el principio para
hacer conocer su poder, amados hermanos. De manera que estas
plagas tenían un propósito, podemos decir, nosotros, en nuestras
palabras, tenían un propósito misionero. Y ese propósito se
cumplió, porque la palabra del Señor nos dice, y eso lo vamos
nosotros a ver en los próximos capítulos, que a partir de estas
plagas que cayeron en Egipcio, las demás naciones vecinas conocieron
al Señor. El Señor se hizo famoso en todas
las demás naciones. El Dios de los hebreos. Es el Dios verdadero. Es el Dios creador de los cielos
y de la tierra. Es el que libertó al pueblo de
Israel. En el Nuevo Testamento, el éxodo
fue recordado como un anuncio, una señal de los propósitos de
Dios en Cristo. Romanos capítulo 9, versículo
16 al versículo 17. Nos dice que el éxodo enseña
que la salvación en Cristo no depende, doy un poco parafraseándolo,
no depende del deseo o del esfuerzo humano, sino de Dios que tiene
misericordia y se compadece de quien quiere compadecerse. y
Pablo exalta a Dios por su salvación y por su juicio sobre el faraón.
Amados hermanos, por medio de estas plagas, el Señor no solamente
nos está recordando de que Él es el Dios omnipotente, sino
que también Él es digno de que toda rodilla de cualquier ser
humano se doble y le reconozca como Dios, ya que Él es el Rey
y el Señor de toda la tierra y su autoridad es ilimitada. Lo vuelvo a repetir. Él es el
Dios Omnipotente. Si tú vives, es porque al Señor
le place que tú vivas. Y así como el Señor se lo dijo
a Faraón, mira, tú estás en el trono porque yo te lo permito. Es suficiente una plaga para
exterminarte a ti y a toda la nación. Si tú vives, querido
amigo que estás aquí, y también iglesia, si nosotros vivimos,
Es porque el dador de la vida sí lo ha decidido. Pero el Señor
te puede traer hoy mismo. Por un pequeño granito de arena
que se te atraviese en tu garganta, puede ser la causa para que tú
te mueras hoy. Por cualquier cosa insignificante.
Él es el que da la vida y Él es el que la quita. Y como Él
es el dador de la vida y Él es el Dios omnipotente, entonces,
Él es digno de que todo hombre y aquí hablo hombre, me refiero
a varones y a mujeres. Cuando hablo de la palabra hombre
hablo en términos generales. Él es digno que todo hombre se
arrodille, acepte su señorío y le reconozca como Dios, ya
que él es el rey supremo de toda la tierra y su autoridad. está sobre nosotros, amados hermanos.
Te guste o no te guste reconocerlo. Y te hago la pregunta que el
Señor le hizo al faraón en el capítulo siguiente. ¿Por qué
no te humillas? ¿Por qué no te doblegas delante
de él? En la primera semana del mes
de abril, nosotros estábamos celebrando la Pascua y recordando
el Éxodo también, en cierta manera, pero principalmente el Éxodo
de Jesús. el éxodo señala la obra de nuestro
señor Jesús el éxodo de Jesús quien pasó de esta tierra a la
gloria mediante su vida perfecta de obediencia muerte en expiación
por el pecado y la resurrección de entre los muertos su resurrección
demostró sin lugar a duda que él es el omnipotente Dios y que
tiene el poder sobre la muerte y el pecado. Jesucristo, Dios
encarnado, no es un ser histórico como muchas veces yo lo he escuchado. Jesús no es un personaje histórico. No, la Biblia no respalda ese
tipo de enseñanza. Él es el omnipotente Dios que
tiene poder sobre la muerte y el pecado. Esta buena noticia debe
ser proclamada, no solamente en Viena, sino en todas las naciones,
para que en el nombre de Cristo se doble toda rodilla y toda
lengua, confiese que Jesucristo es el Rey de toda la tierra. ¿Pueden tus labios, que fueron
creados por este Dios omnipotente, confesar esto? ¿Pueden tus rodillas,
que han sido creadas por este Dios Todopoderoso y Supremo,
doblegarse delante de Él? ¿O te resistes? Te hacemos la
invitación. Esta demostración del poder de
Dios siempre exigirá, amados hermanos, una respuesta del hombre. Así como el Señor exigió una
respuesta del faraón, versículo 17 del capítulo 9, pueden leer
en su Biblia. ¿Qué es lo que tenía que hacer
este faraón o este rey? Humillarse. El rey o el faraón
debía humillarse. Y Dios le da una oportunidad
para hacerlo en medio de la terrible plaga que él está por enviar.
Versículos 18 y el versículo 19, usted puede leer del capítulo
9. Faraón podía salvarse de las
plagas y responder a las advertencias de Dios que fueron dadas por
medio de sus profetas, Moisés y Aarón. Pero también, amados
hermanos, es importante señalar algo que llama la atención, que
algunos de los siervos del faraón tuvieron temor de la palabra
de Dios. Imagínense, el faraón no tuvo temor de Dios, pero sus
funcionarios y algunos de sus siervos tuvieron temor de la
palabra del Señor. De hecho, algunos egipcios, miren
este dato importante, algunos de los egipcios Es decir, personas
que no eran hebreas, que no eran parte del pueblo de Israel, salieron
con los judíos de Egipto. Eso lo pueden, si usted lo quiere
constatar, puede ver en el capítulo 12 de Siempre de Éxodo, versículo
38. La salvación siempre viene como
respuesta a la palabra de Dios. Mientras que otros egipcios echaron
en sacos rotos las palabras del Señor y murieron probablemente
porque ellos todavía estaban confiando en sus dioses que les
pudiera proteger del Dios de los hebreos pero no los libró
no los protegió porque la tragedia vino porque los dioses de Egipto
no eran nada. La palabra del Señor nos dice
que Egipto nunca vivió una tragedia de estas proporciones desde que
fue fundada. Desde que existió, nunca habían
vivido una tormenta de esta magnitud. Granizo. Egipto estaba siendo
una vez más golpeada. El juicio de Dios estaba cayendo
sobre Egipto. La condenación viene por rechazar
la palabra de Dios. Suplica al Señor que Él te conceda
misericordia para que tú puedas creer a la palabra del Señor,
para que tu corazón endurecido pueda ser ahora otra vez sensible
al llamado de Dios. Fuiste creado, reconocelo humildemente,
reconocelo. Te guste o no te guste, estamos
bajo su señorío. Y si tienes vida es porque a
Él le ha placido. Si estás aquí en este momento,
si estás aquí en esta casa de oración, ¿sabes? Es porque el
Señor te ha traído a este lugar para que tú escuches esta palabra.
Entonces no la rechaces. Pídele al Señor de que esa palabra
se anide en tu vida. Acéptalo. Reconócelo. Cuando la plaga terminó, Dice
que todo estaba totalmente arruinado por aquel granizo pesado que
cayó sobre la tierra de Éxito. Era tan pesado aquel granizo
como el corazón del faraón. Y la palabra del Señor nos dice,
si ustedes leen el resto del pasaje, porque nosotros leímos
hasta el 25, del versículo 13 hasta el versículo 25, pero el
pasaje, la lectura continuaba. Y nos dice que solamente el trigo
y el centeno no fueron destruidos. Y eso porque estos maduran más
tarde. Pero luego lo vamos a ver que
ni eso quedó. Porque luego vino la plaga número
8 y se comió todo lo que dejó el granizo. ¿Tú temes a la Palabra
de Dios? ¿Qué significa temer a la Palabra
de Dios? ¿Qué significa no rechazar la
Palabra de Dios que se me está haciendo en este momento expuesta?
Voy a cerrar, pero quiero contestar esa pregunta. ¿Qué significa
creer en esta palabra? Es reconocer las buenas nuevas
de nuestro Señor Jesucristo. Recibirlo como Salvador y el
Señor de tu vida. Ignorar este mensaje, ignorar
la palabra de Dios significa no hacer nada absolutamente con
ella. Es decir, yo no quiero ese mensaje. No lo necesito. No necesito un
salvador. Yo no creo que Jesús haya muerto
por mí en la cruz del Calvario, que Él me haya sustituido. Es decir, tú eras el que merecía
estar ahí colgado y sobre ti debería de haber caído la ira
de Dios, el juicio de Dios sobre tu vida, sobre tu propia carne.
Pero Jesús te ha sustituido. Así como Moisés y Arón fueron
instrumento de Dios para liberar al pueblo de Israel, Moisés era
solamente una sombra, una señal de lo que iba a venir más adelante. El verdadero libertador, uno
mayor que Moisés. Y ese mayor que Moisés se llama
Jesús de Nazaret. y él iba a traer la verdadera
libertad. Algo que Moisés y Arón no podían
hacer. Sólo Moisés y Arón podían ser
instrumento para libertar al pueblo de Israel. Pero sólo Jesús
podía traer la verdadera libertad de nuestros corazones. Estábamos
esclavizados por alguien peor que el faraón. Éramos esclavos
del pecado. Apartados de Dios. Pero ahora
Estamos en Cristo Jesús por su gracia. El pueblo de Israel,
¿usted cree que se merecía ser libertado? Era un pueblo pagano.
El pueblo de Israel no merecía ser libertado. El Señor lo escogió. Y por gracia, por gracia, por
misericordia, Él lo libertó de ese cautiverio. Tú y yo no merecíamos
también ser libertados de las garras del pecado. Es por gracia. Ahora el Señor cuida de nuestras
vidas, amados hermanos. Ese mismo Dios del Éxodo, ese
mismo Dios que se manifestó de manera poverosa en el Éxodo,
es el mismo Dios de hoy. No solamente nos ha libertado,
sino que también es el buen pastor de nuestras vidas, que Él cuida
de nosotros. Él cuida de su iglesia, Él cuida
de su pueblo a través de los tiempos y de estos tiempos duros. ¿A dónde correrás tú? ¿Correrás
a Él? ¿O buscas tus esperanzas y tu
consuelo en otro lugar? Dios te invita por medio de Su
palabra que corras hacia Él. Tú, querido hermano, ¿a dónde
tienes depositada tu esperanza en medio de ese problema que
tú tienes? Corre al Señor. Primera de Pedro, capítulo 5,
versículo 7. Voy a leer una traducción viviente,
creo que es un poco más clara. Pongan todas sus preocupaciones
y ansiedades. ¿A dónde? ¿En el terapista? ¿En
el psicólogo? ¿En los hombres? ¿En tu trabajo?
Pongan todas sus preocupaciones. Hermano, ¿y qué significa en
el griego todas? Pues, lo mismo. Todas. Todas. No importa de qué colores sean
tus preocupaciones. No importa de qué magnitud sean
tus preocupaciones. ¡Todas! ¿Será que el Señor pueda
con estos problemas que yo tengo? ¿Qué contestamos, amados hermanos?
¿El Señor puede con todas esas preocupaciones? Él nos ha adoptado
por gracia. Él es nuestro Padre Celestial.
Dice, pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de
Dios, porque Él cuida de ustedes. ¡Qué hermoso! Porque Él cuida
de ustedes. Mateo capítulo 11 versículo 28
al 30 que dice a ti vengan a mí todos los que están como los
que estamos cansados con los brazos caídos vengan a mí todos
los que están cansados y llevan cargas pesadas y yo les daré
descanso pónganse mi yugo Déjenme enseñarles, porque yo soy humilde
y tierno de corazón, y encontrarán descanso para el alma, pues mi
yugo es fácil de llevar, y la carga que yo le doy es liviana.
Y para terminar y luego orar, Salmo 27.1. El Señor, lo decimos
con firmeza iglesia, con convicción, es algo que no debemos de olvidar,
Y es mi oración que su palabra, no mis opiniones, sino que sea
su palabra la que te fortalezca. Amado hermano, aumente tu fe,
tu confianza en el Señor. Salmo 27.1 El Señor, a ver, digámoslo. El Señor es mi luz y mi salvación. Entonces, ¿por qué habría de
temer? El Señor es mi fortaleza y me
protege del peligro. Entonces, porque habría de temblar? Dios te bendiga.
La Séptima Plaga está cerca
Series Serie de Éxodo
En estamos regresamos al libro del Éxodo. Y a lo largo de las seis primeras plagas, observamos que el corazón del faraón
sigue endurecido y él se siente autosuficiente. Él dice no necesitar a Dios, porque él, se cree dios y dueño de su vida y de todo Egipto.
El día de hoy, vamos a exponer el último ciclo de tres plagas (7-9). Al igual que en las anteriores plagas, en estas seguimos viendo la supremacía de nuestro Señor y Su justo juicio (Dios está Juzgando a sus enemigos y redimiendo a su pueblo). Te invitamos a escuchar el sermón y esperamos en el Señor que sea de bendición para tu vida.
| Sermon ID | 10924182712949 |
| Duration | 39:03 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Exodus 9:13-35 |
| Language | Spanish |
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