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Esta conferencia se titula Las
Diabluras del Diablo, y está basada en las palabras bíblicas
de Apocalipsis 20, 2. Y prendió al dragón la serpiente
antigua que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años. ¿Ha visto
usted al diablo? Los pintores han jugado un rol
importante en la popularización de tan siniestra figura. Se lo
ha presentado como criatura bípeda en la postura usual del humano.
Generalmente un par de orejas súper desarrolladas es parte
de su fisonomía, pero no se sabe si es porque escucha bien o por
ser tonto. Otro implemento que se le ha
dado es la famosa horquilla de tres puntas con la cual puede
atrapar a los que intentan escaparse de su presencia. ¡Ay, y esa sonrisa,
tan llena de cinecismo como de superioridad! Pero por qué se
presenta al diablo con rostro sonriente no es posible explicarlo. Debe ser porque no se conoce
en su totalidad su foja de servicios y su futuro eterno. Las diabluras
del diablo van más allá de lo que las palabras humanas pueden
describir. Los efectos de sus actos temerarios
han sido verdaderamente desastrosos, y siguen siéndolo, porque generan
a su vez nuevos eslabones en la cadena de los sucesos humanos.
Muchas de las diabluras del diablo son como una cizaña perniciosa
que echa a profundas raíces y luego cubre la superficie de la tierra
con las semillas porfiadas que produce. Es una cadena que se
multiplica, una avalancha incontrolable que baja de las regiones montañosas. Tal vez usted nunca ha visto
al diablo, pero seguramente ha visto sus diabluras, sus actos
destructivos, sus esfuerzos insistentes. La Biblia entera habla mucho
del diablo y sus diabluras. Es uno de los actores principales
en esa escena. Desde el principio hasta el fin
se ve la silueta sagaz del diablo en el drama bíblico. El libro
del Apocalipsis también menciona diabluras del diablo. Pero debe
reconocerse que el cuadro es radicalmente distinto al que
se presenta de él en los tiempos previos a la llegada de Jesucristo
al mundo. Cuando el Hijo de Dios completó
Su misión en este mundo, las cosas cambiaron para el diablo,
y Él lo sabe por experiencia, y los creyentes lo saben porque
Dios así lo dice en Su santa palabra. Tal vez con más claridad
que en ninguna parte, Dios lo dice en el libro del Apocalipsis. Veamos, por ejemplo, una de las
visiones en las que especial acento se pone sobre esta realidad
histórica. Juan ve un ángel que desciende
del cielo. Lleva en su mano la llave del
abismo, y cuelga de esa mano una gran cadena. Sin dar mayores
detalles, la visión muestra que el ángel prendió al dragón la
serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por
mil años. Luego de este encadenamiento
el ángel arroja al diablo al abismo y lo encierra y pone un
sello sobre él para que no engañe ya a las naciones. Al mismo tiempo,
se renen la visión a aquellos que han muerto durante ese mismo
período de mil años que reinan con Cristo en el cielo. La visión
también deja ver que al terminarse los mil años, el diablo será
suelto por un poco de tiempo para hacer de las suyas nuevamente. Esa es la visión. ¿Qué significa? ¿Cuál es el mensaje claro y feliz
de esta parte del Apocalipsis? Bueno, el libro entero es una
serie de visiones que muestran los sucesos de la historia desde
la primera venida de Cristo hasta la segunda. Nuevamente, en esta
visión es eso precisamente lo que se muestra. Es exactamente
el mismo período de tiempo que el que cubren las visiones anteriores,
sólo que en este caso se pone aún mayor énfasis en las limitaciones
impuestas sobre el diablo. En esta visión se hace ver con
plena claridad que las diabluras del diablo tienen limitaciones
mucho mayores desde que Cristo llegó al mundo. Esta es la enseñanza
de la Escritura en repetidas ocasiones. Satanás empezó a sentirse
atado cuando se enfrentó personalmente con Jesucristo en un apartado
desierto. Le ofreció las más tentadoras
ofertas para hacerlo caer y desviarlo de su camino redentor. Por primera
vez en su larga historia, Satanás se encontró con alguien que no
era sobornable. Jesús se mantuvo firme, contestó
las argumentaciones sutiles del diablo, se negó rotundamente
a hacer su voluntad. El diablo no pudo hacer las diabluras
que intentaba. Poco después, Satanás hasta utilizó
al apóstol Pedro para destruir la obra de Cristo, y fue por
esa razón que Cristo tuvo que decirle a Pedro, ¡quítate de
delante de mí, Satanás! Pero ni siquiera por medio de
esa estratagema pudo Satanás obtener el triunfo que deseaba.
Se veía cada vez más limitado en lo que podía hacer. Jesús
lo sabía perfectamente bien, y trató de hacerlo ver por medio
de Sus palabras. Ahora es el juicio de este mundo. Ahora el príncipe de este mundo
será echado fuera. Esto hace ver que lo que Juan
vio en la visión, el arrojar al dragón en el abismo, es lo
mismo que Jesús predijo en aquella instancia. Lo mismo afirma Pablo
en una de sus cartas cuando dijo de Jesús que, despojando a los
principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando
sobre ellos en la cruz. Fue en esa cruz donde el diablo
recibió el golpe mortal, donde fue atado con gruesas cadenas,
donde fue encerrado de tal manera que sólo en forma limitadísima
puede ahora obrar en el mundo. Las agonías de la cruz fueron
terribles, y fácil hubiera sido para Jesucristo aceptar la invitación
de librarse de la muerte. Pero eso hubiera sido un triunfo
para Satanás, hubiera sido otra de sus diabluras especiales.
¿Qué ocurre, sin embargo? Jesús acepta la amarga copa,
y al mismo tiempo en la ciudad de Jerusalén se rompe en dos
el velo del templo. Las fuerzas divinas salen desde
ese lugar para cubrir la tierra entera. Ya no estará Dios y Su
verdad solamente en aquella antigua ciudad, sino que roto el velo
que escondía Su presencia, invadirá con Sus gratosones los más remotos
rincones de la tierra. Y si tal cosa ocurre, si la palabra
de Dios alcanza a las naciones, tal cosa sólo será posible porque
el diablo ha sido atado, encerrado, limitado en sus diabluras. Por
larguísimo tiempo la verdad divina es exclusiva propiedad de un
solo pueblo, el pueblo hebreo. Pero cuando Cristo completó Su
obra perfecta, las puertas del cielo se abrieron y lluvias torrenciales
de bendición descendieron sobre todas las naciones de la tierra.
Y el pobre diablo nada pudo hacer para impedirlo. Se vio atado
completamente e incapaz de detener la marcha triunfante de los ejércitos
de Cristo. En unas pocas décadas su evangelio
de redención alcanzó a todas las provincias de Asia Menor.
afectó las fibras mismas del imperio romano y desplegó sus
fuerzas hasta los confines de la tierra. Tan es así que en
nuestros tiempos la fuerza del Evangelio ha llegado prácticamente
a todos los países modernos en una forma u otra. No en todas
las naciones hay iglesias cristianas porque hay naciones que no permiten
tan saludable elemento en sus fronteras. pero, de todos modos,
el poderoso Evangelio de Jesucristo llega ahora mismo a las más apartadas
regiones por medio de las ondas radiales, y el diablo no puede
hacer absolutamente nada para impedirlo. Este período de limitación
de los poderes satánicos es extenso. En la visión se lo presenta como
un período de mil Esto no significa que tales cosas ocurrirán por
exactamente ese número de días, meses o años. Es una forma simbólica,
como la mayor parte del Apocalipsis, de hacer ver que las diabluras
del diablo estarán sumamente limitadas por un considerable
período de tiempo. Decir mil años es como decir
mil y una cosas. No significa que son exactamente
mil y una, sino una gran cantidad de cosas. Desgraciadamente estos
poderes de Satanás tendrán una oportunidad más de ejercer sus
influencias miserables sobre el mundo antes de que llegue
el fin total y completo. Repetidamente las Escrituras
advierten que los últimos tiempos serán sumamente difíciles, tanto
que aun los mismos escogidos de Dios vacilarán en su fe. Es entonces cuando las diabluras
del diablo serán cristalizadas en un último esfuerzo contra
el pueblo de Dios y Su obra redentora. Será entonces la batalla de Armagedón,
o como se lo presenta en Apocalipsis veinte, será entonces cuando
el diablo por primera vez saldrá a engañar a las naciones que
están en los cuatro ángulos de la tierra, Agoj y Amagoj, a fin
de reunirlos para la batalla. Pero el fuego de Dios desciende
sobre todo ese complejo militar diabólico, y así terminan las
diabluras del diablo. Fue el lanzado en el lago de
fuego y azufre. ¿Sabe usted lo que esto significa?
Que este es el día de oportunidad. El diablo está atado y por esa
razón este mensaje llega a sus oídos. No todos lo aceptan aunque
lo oyen. Hay muchos que prefieren formar
filas con el que lleva las de perder. Jesús es su única esperanza. Él triunfará, y todos los Suyos
reinarán con Él para siempre jamás. Tiempo viene cuando usted
no podrá ya pasarse de las filas diabólicas a las cristianas.
No espere más.
Las Diabluras del Diablo
| Sermon ID | 102410174756 |
| Duration | 11:19 |
| Date | |
| Category | Teaching |
| Bible Text | Revelation 20:2 |
| Language | Spanish |
© Copyright
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