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Les invito a que abran su Biblia
en el libro de Éxodo capítulo número 10. Vamos a leer todo
el capítulo número 10. Luego tendremos una breve oración
para iniciar con nuestra exposición del día de hoy. Dios bendiga
también a las visitas. Es un privilegio para nosotros
que estén entre nosotros. Dice así la palabra del Señor
de la siguiente manera. Éxodo capítulo número 10. Entonces
el Señor dijo a Moisés, preséntate a Faraón porque yo he endurecido
su corazón y el corazón de sus siervos para mostrar estas señales
mías en medio de ellos y para que cuentes a tu hijo y a tu
nieto cómo me he burlado de los egipcios y cómo he mostrado mis
señales entre ellos y para que ustedes sepan que yo soy el Señor. Moisés y Aarón fueron a Faraón
y le dijeron, Así dice el Señor, el Dios de los hebreos, ¿Hasta
cuándo rehusarás humillarte delante de mí? Deja ir a mi pueblo para
que me sirva. Porque si te niegas a dejar ir
a mi pueblo, entonces mañana traeré langostas a tu territorio. Cubrirán la superficie de la
tierra, de modo que nadie podrá ver el suelo. También comerán
el resto de lo que ha escapado, lo que les ha quedado del granizo. Y comerán todo árbol que crece
para ustedes en el campo. Llenarán tus casas, las casas
de todos tus siervos, y las casas de todos los egipcios. hasta
que ni tus padres ni tus abuelos han visto desde el día que vinieron
al mundo hasta hoy. Moisés se volvió y salió de la
presencia de Faraón. Y los siervos de Faraón le dijeron,
¿Hasta cuándo este hombre no será causa de ruina? Deje ir
a los hombres para que sirvan al Señor su Dios. ¿No se da cuenta
de que Egipto está destruido? Entonces hicieron volver a Moisés
y Aarón ante Faraón, y él les dijo, vayan, sirvan al Señor
su Dios. ¿Quiénes son los que han de ir?
Y Moisés respondió, iremos con nuestros jóvenes y nuestros ancianos,
con nuestros hijos y nuestras hijas, con nuestras ovejas y
nuestras vacas iremos, porque hemos de celebrar una fiesta
solemne al Señor. Así sea el Señor con ustedes,
les dijo Faraón. Si los dejo ir a ustedes y a
sus pequeños, tengan cuidado porque tienen malas intenciones. No será así. Vayan ahora sólo
ustedes los hombres y sirvan al Señor porque eso es lo que
han pedido. Y los echaron de la presencia
de Faraón. Entonces el Señor dijo a Moisés,
Extiende tu mano sobre la tierra de Egipto, para traer la langosta
a fin de que suba sobre la tierra de Egipto y devore toda planta
de la tierra, todo lo que el granizo ha dejado. Moisés extendió
su vara sobre la tierra de Egipto, y el Señor hizo soplar un viento
del oriente sobre el país todo aquel día y toda aquella noche. Y al venir la mañana, el viento
del oriente trajo las langostas. subieron las langostas sobre
toda la tierra de Egipto y se asentaron en todo el territorio
de Egipto. Eran muy numerosas. Nunca había
habido tantas langostas como entonces, ni las habría después,
porque cubrieron la superficie de la tierra y la tierra se oscureció. Se comieron toda planta de la
tierra y todo el fruto de los árboles que el granizo había
dejado. Así que nada verde quedó en árbol
o planta del campo por toda la tierra de Egipto. Entonces Faraón
llamó apresuradamente a Moisés y Aarón y dijo, He pecado contra
el Señor su Dios y contra ustedes. Ahora pues, les ruego que perdonen
mi pecado sólo esta vez y que rueguen al Señor su Dios para
que quiten de mí esta muerte. Moisés salió de la presencia
de Faraón y oró al Señor, y el Señor cambió el viento a un viento
occidental muy fuerte que se llevó las langostas y las arrojó
al Mar Rojo. Ni una langosta quedó en todo
el territorio de Egipto. Pero el Señor endureció el corazón
de Faraón y éste no dejó ir a los israelitas. Versículo 21. Entonces el Señor dijo a Moisés,
Extiende tu mano hacia el cielo para que haya tinieblas sobre
la tierra de Egipto, tinieblas tales que puedan tocarse. Extendió Moisés su mano hacia
el cielo y hubo densas tinieblas en toda la tierra de Egipto por
tres días. No se veían unos a otros. Nadie
se levantó de su lugar por tres días, pero todos los israelitas
tenían luz en sus muradas. Entonces llamó Faraón a Moisés
y les dijo, vayan, sirvan al Señor, sólo que sus ovejas y
sus vacas queden aquí. Aún sus pequeños pueden ir con
ustedes. Pero Moisés contestó, tú también
tienes que darnos sacrificio y holocausto para que los sacrifiquemos
al Señor nuestro Dios. Por tanto, también nuestros ganados
irán con nosotros. Ni una pezuña quedará atrás. porque de ellos tomaremos para
servir al Señor nuestro Dios. Nosotros mismos no sabemos con
qué hemos de servir al Señor hasta que lleguemos allá. Pero
el Señor endureció el corazón de Faraón y éste no quiso dejarlos
ir. Entonces Faraón dijo a Moisés,
apártate de mí, cuídate de volver a ver mi rostro, porque el día
en que me veas, mi rostro morirás. No volveré a ver tu rostro, respondió
Moisés. Hermanos, tengamos palabras muy
breves de oración. Gracias, Señor, por concedernos
esta oportunidad de poder exponer tu palabra sagrada. Seas tu Señor
guiando mi mente, mi corazón, mientras presento tu palabra. Gracias también por hablarnos
por medio de ella. Ayúdanos, Padre Eterno, a no
solamente ser oídores de tu palabra, sino también a ser hacedores
de ella, porque te lo pedimos en el nombre de tu hijo amado
Jesús. Amén. La siguiente plaga, estamos
ya en la octava plaga, la plaga de langostas. Y esta plaga viene
como un ultimatum para Fraón. Faraón se rehúsa una vez más
a obedecer a Dios. Él no quiere dejar ir al pueblo
de Israel y vendrá entonces una devastación completa sobre todo
el territorio egipcio una vez más. Y esta vez será devastada
por medio de una plaga de langostas y se comerá todo lo que quedó
de la plaga anterior. Dios va a humillar al soberbio
faraón. hasta que el faraón, el rey de
Egipto, haga la voluntad de Dios. La demanda de Dios o lo que el
Señor pide es, amados hermanos, bien claro, según el pasaje que
nosotros hemos leído. O faraón vuelve humilde o será
humillado. El pecado del orgullo. El pecado
del orgullo es muy ofensivo ante el Señor. El Señor habla con
mucha claridad, con mucha firmeza. Él odia el orgullo, lo aborrece. Así de claro es el Señor con
relación a este pecado. La Palabra de Dios nos dice en
Proverbios capítulo 6, versículo 16 al 17, seis cosas hay que
el Señor odia y siete son abominación para Él. Los ojos soberbios,
lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente. Y en Proverbios
capítulo 8 versículo 13 la palabra del Señor dice el temor del Señor
es aborrecer el mal, el orgullo, la arrogancia, el mal camino
y la boca perversa. Yo la aborrezco. Dios va a abatir
a los soberbios. Dios va a humillar a los arrogantes. Y el apóstol Pedro nos dice en
su carta, en primera de Pedro, capítulo 5, versículo 6, porque
Dios resiste a los soberbios, pero da gracia ¿a quién? A los humildes. Amados hermanos,
el orgullo no es poca cosa para el Señor. No es algo que el Señor
se tome a la ligera o que lo pase por alto. ¿Pero qué es el
orgullo? ¿Cuál es el preconcepto que tú
tienes en tu mente? ¿Qué es el orgullo? Juan Calvino
nos dice que esta palabra se refiere a los que están levantados,
por así decirlo, en lo alto y miran con desprecio abajo a los demás,
a los que están, por así decirlo, debajo de ellos. Los ven con
desprecio. Pero el orgullo tiene también
otra dimensión. No solamente describe la actitud
de una persona hacia otra, sino también es una actitud hacia
Dios. El orgullo piensa que es independiente
de Dios, que no necesita a Dios. Y esa es la actitud del faraón.
No necesita de Dios. Él se cree Dios. Él cree que
puede gobernar su propia vida y también como una persona orgullosa,
él cree que puede dictar los términos también y que él puede
manejar a los demás a su antojo, porque él piensa que sus términos
o sus conceptos son únicos. Entonces podemos definir el orgullo
como una actitud pecaminosa del corazón humano de independencia
de Dios y de superioridad hacia los demás. Por eso nuestro Señor
aborrece el orgullo. Por eso nuestro Señor odia el
orgullo. Por eso el Señor demanda a que
todos aquellos que todavía no le han reconocido como su Señor,
como su Salvador, se humillen. Que no sigan negando que están
necesitados de un Salvador para sus vidas. Pero, amado hermano,
tengo una pregunta. ¿Los creyentes, los hijos de
Dios, tenemos orgullo? Podremos decir, hermano, ese
es el faraón, un hombre malvado, un hombre que no reconoce a Dios. La pregunta que yo te tengo,
amado hermano, es ¿nosotros los creyentes, es decir, tú, ¿Tienes
orgullo? ¿Luchas también con esta actitud
soberbia y orgullosa? Nuestro Señor aborrece este pecado.
Y claro que sí, hay un restante pecaminoso en cada uno de nosotros. Y así es una lucha que tenemos
todos los días, hasta el último día, amados hermanos, que vivamos
de este lado del cielo. Y también el Señor nos hace este
llamado de atención Cada vez que nosotros queremos alejarnos
de él, cada vez que nosotros queremos independizarnos de él,
cada vez que nosotros queramos hacer las cosas a nuestra manera,
en nuestros términos, cada vez que nosotros nos creemos mejores
o superiores que los demás, cada vez que nosotros somos déspota
con las debilidades de los demás, los señalamos, los ultrajamos,
los avergonzamos, los aplastamos y a la vez exigimos su validación
porque nosotros pensamos mejor que ellos. Amados hermanos, todos
tenemos ese problema y por eso nuestro Señor nos demanda, también
como sus hijos, que nos humillemos, que nos arrepintamos de ese pecado
del orgullo. Al igual que el faraón nos confronta
y nos dice en versículo 3 del capítulo 10. ¿Hasta cuándo te
negarás a humillarte ante mí? Apropiate de esas palabras. ¿Cuánto
tiempo más vas a vivir un estilo de vida tan pecaminoso? ¿Cuánto tiempo tú quieres vivir
bajo tus propios términos e ignoras mi palabra? ¿Cuánto tiempo? ¿Hasta
cuándo te destruirás a ti mismo y a las personas que te rodean?
A las personas que supuestamente amas. ¿Cuánto tiempo retrasarás
el día de tu arrepentimiento? ¿Cuánto tiempo más durará ciego
por tu orgullo? El orgullo me hace pensar que
soy más inteligente que los demás. El orgullo me hace pensar que
soy más espiritual que los demás. El orgullo me ciega y me hace
pensar que soy más guapo que los demás. Me hace pensar que
soy más elegante que los demás. Me hace pensar que soy más grande
que los demás y quizás soy bajito. El orgullo me ciega. El orgullo
me hace pensar que tengo las mejores ideas y por eso los demás
tienen que someterse a mis criterios. El 3 de junio de 1741, Jonathan
Edward, un pastor ya de siglos pasados, escribió una carta a
una joven de 18 años recién convertida al evangelio. Esta joven le pidió
al pastor Jonathan Edward un consejo espiritual. El pastor
Jonathan Edward le envió una carta con algunas instrucciones,
es decir, algunos consejos de cómo conducirse en esta carrera
cristiana. De los 17 consejos que el pastor
Jonathan Edward escribió, el número 8 dice lo siguiente. Recuerda que el orgullo es la
peor víbora que hay en el corazón. el mayor perturbador de la paz
del alma y de la dulce comunión con Cristo. Fue el primer pecado
cometido y yace en lo más bajo de los cimientos de todo el edificio
de Satanás y es desarraigado con la mayor dificultad y es
el más oculto, secreto y engañoso de todos los deseos y a menudo
se arrastra sigilosamente, como una serpiente, en medio de la
religión, incluso a veces bajo el disfraz de la misma humildad. El pastor Jonathan Edward con
seguridad tomó este concepto de la palabra de Dios. El escritor
del Salmo 19 sabía que el orgullo es un pecado engañoso, destructivo
y difícil de vencer. El salmista clamó al Señor, rogó
al Señor. Guarda también a tu siervo el
pecado de soberbia, que no se enseñore de mí, entonces seré
íntegro. Amada iglesia hispana, roguemos
al Señor, roguemos al Señor que nos ayude a examinarnos, roguemos
al Señor que nos ayude realmente con este pecado que aborrece
nuestro Señor, que no se enseñóre, como decía el salmista, que no
se enseñóre de nosotros y no vivamos vidas centradas en nosotros
mismos. Para ilustrarte lo mejor y lo
lleves a la práctica, considera lo siguiente. Todo esto también
me lo he predicado yo mismo. Este sermón me lo prediqué primero
yo mismo. Me arrepentí de mis pecados. Rogué al Señor porque no estoy
acepto también de este pecado. Pero como decía hace unos segundos
atrás, amado hermano, en Cristo Jesús, para ilustrarte lo mejor
y para que tú lo lleves a la práctica, considera esto. Si tratas de satisfacer tus necesidades,
haga lo mismo con su prójimo. No te centres en ti mismo. Si
no se condena a sí mismo, si no quieres criticarte a ti mismo,
si no quieres calumniarte a ti mismo, ¿quién se calumnia a sí
mismo? ¿Quién se difama a sí mismo? ¿Quién se critica a sí
mismo? ¿Quién se condena a sí mismo?
¿Quién expone a sí mismo su falta a los demás en público? ¿Quién
se avergüenza a sí mismo? Entonces no haga eso con su prójimo.
Si es paciente consigo mismo, sea paciente con su prójimo.
Con la esposa, el esposo, con los hijos, con los hermanos en
Cristo Jesús, con todas aquellas personas que el Señor te pone
en el camino. Si usted se cuida a sí mismo,
también cuide a su prójimo. Si no se rechaza a sí mismo,
no rechace a su prójimo. Ruega al Señor que te guíe y
que le ayude en su lucha con este pecado. El faraón nunca
se humilló. Eso nos dice la palabra del señor.
No quería ni podía hacerlo porque amaba más su pecado de orgullo. El faraón es responsable de su
condenación. Ahora bien, el señor había determinado
reprochar, rechazar al faraón por su orgullo y multiplica las
plagas sobre Egipto. ¿Observamos lo que hace el orgullo?
Daña a los demás. Afecta a los demás. El orgullo
del faraón, ese corazón endurecido, está afectando a toda una nación,
hermano. El Señor multiplica las plagas
sobre Egipto, pero hay un propósito. El objetivo, al multiplicar estas
plagas, es dar a conocer a su pueblo que Él es el Señor, que
Él es el Dios verdadero, el Dios que no quebranta su promesa de
vida para su pueblo escogido por gracia, no porque se lo merece. Dios le dio a su pueblo esta
historia, amados hermanos, de redención para que nosotros podamos
contárselas a nuestros hijos, dice la palabra del Señor. ¿Recuerdan
nuestro pasaje? Para que ellos conozcan al Dios
que guarda sus promesas. Con esta historia maravillosa,
los hijos de Israel ahora podían saber quiénes eran. El pueblo
escogido, redimido por el Señor. El Señor, el único Dios verdadero,
que es fiel a su pacto. Los hijos de Israel podían comprender
ahora de dónde venían. ¿Tú recuerdas de dónde vienes,
amado hermano? ¿Antes que el Señor te alcanzara
con sus cuerdas de amor? El pueblo de Israel ahora comprendía
de dónde venía. Fueron un pueblo esclavo e idólatra
que no podía salvarse a sí mismo. Eso éramos nosotros también antes
de conocer al Señor. Nosotros no podíamos salvarnos
a nosotros mismos. Éramos incapaces. Nunca jamás
en esta vida ni en mil vidas íbamos a dar, hermanos, la medida
para salvarnos. También los hijos de Israel podían
saber con esta historia hacia dónde se dirigían por la gracia
de Dios. Hacia la tierra prometida, el
lugar de la morada de Dios. Y en esta tierra, Dios, nuestro
Señor, Sería su Dios, ellos su pueblo y vivirían para su gloria. No vivirían para sí mismos, sino
que vivirían para su gloria, vivirían para su honra, amados
hermanos. Esta historia determina, esta
historia definió la identidad del pueblo de Israel. Moisés
debía contarla al pueblo y así lo hizo. Moisés lo hizo con fidelidad. Él contó esta historia. Todo
hebreo en Israel debía contar a la siguiente generación esta
historia. Yo te invito a que venga conmigo
y leamos en Deuteronomio capítulo 6 versículo 20. Podemos leer hasta el versículo
25 y dice así. Cuando en el futuro tu hijo te
pregunte qué significan los testimonios y los estatutos y los decretos
que el Señor nuestro Dios les ha mandado, entonces dirás a
tu hijo Nosotros éramos esclavo de Faraón en Egipto, y el Señor
nos sacó de Egipto con mano fuerte. Además, el Señor hizo grandes
y temibles señales y maravillas delante de nuestros ojos contra
Egipto, contra Faraón y contra toda su casa. Y nos sacó de ahí
para traernos y darnos la tierra que Él había jurado dar a nuestros
padres. Así que el Señor nos mandó que
observáramos todos estos estatutos y que temiéramos siempre al Señor
nuestro Dios para nuestro bien. y para preservarnos la vida como
hasta hoy. Y habrá justicia para nosotros
si cuidamos de observar todos estos mandamientos delante del
Señor nuestro Dios, tal como Él nos ha mandado. Amados hermanos, nosotros no
sólo tenemos esta historia para contarles también a nuestros
hijos, El Éxodo que nosotros aquí estamos estudiando es sólo
el inicio de nuestra redención también como hijos de Dios. La redención prometida que anticipó
la historia de Éxodo se ha realizado por completo en la vida, en la
obra de nuestro Señor Jesucristo. Nuestra historia termina con
uno mayor que Moisés, quien nació de una virgen. La palabra del
Señor nos dice que vivió una vida sin pecado, murió en una
cruz como nuestro sustituto y resucitó triunfante entre los muertos.
Esto es lo que nuestros hijos deben saber. ¿Estás siendo obediente? ¿Estás transmitiendo este mensaje
a tus hijos? ¿Estás siendo intencional en
contar esta historia a la siguiente generación? Esto es lo que deben
de saber también nuestros hijos. Esto define nuestra identidad
como pueblo de Dios. Esta historia completa, amados
hermanos, nos recuerda de dónde venimos. Éramos esclavos del
pecado y también nos recuerda a dónde vamos por la gracia del
Señor. Qué compasión y qué misericordioso
es el Señor. Que el Señor nos ayude a poder
cumplir con este deber que tenemos, amados hermanos, para glorificar
a Dios, exaltar al Señor con nuestras vidas. Es nuestro deber
contar esta historia a las futuras generaciones. Pero no solamente
contarla de manera teórica, sino que también estamos llamados
a vivirla. Alguien decía, estamos llamados
a encarnar el evangelio con nuestras vidas. ¿Usted nunca ha sido confrontado
con sus propios hijos o con otra persona? Yo he escuchado a muchas
personas que han sido confrontadas. Hablo de creyentes que predican
el Evangelio, pero sus vidas dicen otra cosa. Las personas
que nos rodean, nuestra esposa, nuestro esposo, nuestros hermanos
biológicos, nuestros padres que no son creyentes, el vecindario
donde nosotros vivimos. ¿Qué dicen de tu Evangelio? ¿Qué
dicen de tu cristianismo? ¿Pueden decir que es congruente
con lo que tú profesas? ¿Pueden decir que es congruente
con lo que tú le has predicado? Pero continuemos con la historia
que tenemos en el capítulo 10. ¿Qué es lo que hace el faraón? El faraón les propone ir a adorar,
pero le dice, pero sólo los hombres. Ellos deben dejar a su familia
en Egipto. Versículo número 11. Y este es
el ultimátum de Faraón antes de irse de la presencia de los
siervos de Dios, es decir, de Moisés y de Aarón. Pero no solamente
le da un ultimátum, este hombre arrogante no solamente establece
sus propios términos, sino que también los acusa. ¿Y qué les
dice? Versículo 10. Tengan cuidado,
porque ustedes tienen malas Intenciones. Para el faraón era irrazonable
que todas las familias salieran a adorar al Señor. Ante la renuncia
del faraón de someterse a Dios y dejar al pueblo de Israel,
entonces viene la plaga mortal de langosta. Versículo 13. Moisés
extiende su mano, extiende su vara y un viento del oriente
nos dice, viene sobre Egipto. Y nada pudo salvar a aquella
nación de la mano de Dios. Ninguno de esos dioses falsos
e imaginarios que tenía la cultura egipcia. Egipto fue devastado
bajo el juicio de Dios, versículo 15. Pero qué encontramos en los
versículos siguientes? Faraón nuevamente admite su maldad
y por esta causa terrible de esta langosta que está devastando
a la nación de Egipto, él pide oración. Versículo 16, versículo
17. Pero es de arrepentimiento del
faraón. Sin embargo, sigue siendo falso. No es un arrepentimiento genuino. El faraón está más preocupado
por las consecuencias de su pecado que por el pecado en sí mismo.
Amado hermano, cuando nosotros estamos sufriendo las consecuencias
de nuestros pecados y tenemos el agua hasta el cuello, Inmediatamente
rogamos oraciones a los demás. No se olvide de llorar por mí.
La pregunta del millón es, ¿has reconocido al Señor como tu único
Dios, como tu único Señor y Salvador de tu vida? ¿Has confesado ese
pecado? ¿Te has arrepentido? El arrepentimiento
del faraón era falso. Y en el versículo siguiente,
en el versículo 16, encontramos entonces el faraón. ¿Qué es lo
que hizo? Llama apresuradamente a Moisés y a Aarón y le dice,
es pecado contra el Señor y contra ustedes. Ahora, pues, les ruego
que perdonen mi pecado sólo esta vez y que rueguen al Señor su
Dios para que quite de mí esta muerte. Era una forma de manipulación,
otra forma de querer conseguir lo que él quería. Note que él
quería ser perdonado según nuestro texto, versículo 17. Sólo esta
vez el faraón no puede ver la profundidad de su maldad. El
faraón no puede ver la profundidad de su depravación y necesidad
de gracia. Faraón sólo quería a Dios de
su lado cuando tenía una crisis. Dios es misericordioso. Dios
en su misericordia quita el problema, pero por supuesto las consecuencias
seguirán. No hay duda de eso. Las langostas
solamente son un anticipo del juicio que tendrán que enfrentar
los egipcios más adelante. Todavía les quedan, ¿cuántas
plagas a los egipcios? Les quedan dos plagas. Les quedan
las plagas de las tinieblas y la muerte de los primogénitos. Solamente
es un anticipo del juicio final. Y es lo mismo también para aquellos
que no se quieren rendir al Señor en estos tiempos. ¿Qué nos dice
la Palabra del Señor? Es interesante que nos dice la
Palabra del Señor en Apocalipsis capítulo 9, versículo 3 al versículo
10. También menciona este, este juicio. ¿Hay una forma de escapar, querido
amigo y hermano que está aquí? Eso me refiere especialmente
a los amigos que están aquí. ¿Hay una forma de escapar de
este juicio final? Esto no es fantasía. Esto no
son cuentos de hadas. Es una realidad. Te invito a
que tú leas Apocalipsis capítulo 9, versículo 3 al versículo 10.
¿Hay una forma de escapar de este terrible juicio? Sí. La única forma de escapar, y
lo describo de una manera sencilla, es suplicar por la misericordia
del Señor y la salvación en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Finalmente Dios trae una plaga
y ésta llega sin aviso, como las últimas plagas de cada ciclo. Me refiero a la tercera plaga
de cada ciclo. Si ustedes observan, las diez
plagas, la tercera de cada ciclo llega sin aviso. Faraón hasta
ahora ha querido negociar, ha querido regatear el mensaje del
Señor, pero el Señor está decidido a quebrantar el corazón orgulloso
del Faraón. La novena plaga sumió a Egipto
en una densa oscuridad. Esa es la plaga número nueve.
Y la palabra del Señor nos dice por tres días. Versículo 21. La plaga número 9 y 10, las últimas
plagas, nos enseña una lección importante, amados hermanos,
sobre el juicio. Nos dice que la oscuridad y la
muerte son señales fuertes de los juicios del Señor sobre aquellos
que se niegan a reconocerlo, no solamente como el Criador,
sino como el Salvador de sus vidas. Estas señales nos muestran
que no hay un juicio más grande que este, amado hermano. Que
dejar a la humanidad en esa oscuridad y enfrentar la muerte eterna
es una realidad. Hay una condenación eterna. Existe
un infierno. ¿Te gusta? No te guste admitir
esta doctrina. Existe una condenación eterna
para todos aquellos que no quieren reconocer al Señor como su único
y suficiente Salvador de su vida. Pero es algo interesante que
encontramos en estos versículos que hemos leído, que dice que
esta oscuridad o esta tiniebla debía sentirse, debía tocarse. En el versículo 21 nos dice eso.
Lo que el Señor quería era que esta plaga, esta tiniebla pudiera
inmovilizar a los egipcios, que pudiera aturdir a los egipcios. Probablemente algunos de nosotros
pocas veces hemos estado en oscuridad completa. En nuestros países
latinoamericanos la luz eléctrica se va con frecuencia. Quizás
en Chile no. Pero en otros países de Latinoamérica
sí con frecuencia. Yo no sé en República Dominicana,
pero en Nicaragua con frecuencia se va la luz eléctrica. Y a veces
nos agarra y no tenemos nada preparado. Y quedamos en oscuridad
completa y estamos ahí tanteando, buscando dónde están los fósforos. o buscando la lámpara y a veces
nos lleva que no la encontramos y nos pegamos contra la pared,
nos pegamos contra la mesa, nos pegamos contra la silla. No vemos
nada completamente. Quizá en esa situación angustiosa
nos lleva quizá algunos minutos, horas quizás, pero nunca tres
días en completa oscuridad. Nos dice la palabra del Señor.
Era una oscuridad total. Ni siquiera se pueden ver entre
ellos. Esto era muy fuerte, amados hermanos,
en aquellos tiempos. Porque no solamente era en la
noche que había una completa oscuridad, sino que era todo
el día, día y noche. ¿Puedes imaginar eso? Esto prefigura
la muerte que vendría, la plaga número 10, la muerte de los primogénitos. ¿Pero qué encontramos en el faraón? ¿Cuál es la actitud del faraón?
¿Está enfrentando una plaga número 9 que devasta por completo al
pueblo de Egipcio? ¿Se come toda esta plaga de langosta
de lo que quedó de la plaga anterior? Luego vienen tres días de tinieblas,
de oscuridad completa, día y noche. ¿Y qué es lo que hace el faraón?
Vuelve a regatear. Vuelve a esquivar. Ofrece una
calificación a lo que el Señor le está pidiendo. Y esta vez
dijo, solo que sus ovejas y sus vacas queden aquí. Versículo
24. ¿Qué es lo que hace Moisés? Moisés negocia. Moisés hace una
contra oferta. Moisés se ve con la autoridad
de establecer nuevos términos y de abusar de su autoridad como
el representante o el embajador del señor en ese momento, en
ese punto de la historia. ¿Qué es lo que hace Moisés? Moisés
rechaza la oferta del faraón. Y esto tiene un precio. ¿Cuál
fue la actitud del faraón? Dice la Biblia que el faraón
se enfureció tanto que ya no quiso ver el rostro de Moisés.
Vete. Si tú vuelves a ver mi rostro,
tú morirás. Y así fue. Dice la palabra del
Señor. No lo volvería a ver. Versículos 28 y 29. Entonces
Faraón dijo a Moisés, apártate de mí, cuídate de no volver a
ver mi rostro, porque el día en que veas mi rostro morirás. Bien has dicho, no volveré a
ver tu rostro, respondió Moisés. Esta oscuridad de seguro fue
muy aterradora para los egipcios. Según su cultura, el sol era
el dios principal, el dios de los dioses. Cada vez que por
la mañana salía el sol por el este, según ellos, reafirmaba
el poder vivificador de Amon-Ra, el dios sol, el dios principal
de la civilización egipcia. La puesta del sol representa
la muerte según ellos, pero la salida del sol les ofrecía esperanza
de la resurrección. Pero además de eso, ellos creían
que el faraón era el hijo de Ra, la encarnación de Amon-Ra,
el dios sol. Pero Amon-Ra, ni el faraón, ni
ninguno de sus dioses les podía ayudar. Pero amado hermano, en
Cristo, quiero hacerte una pregunta para concluir. ¿Quién es nuestro
Salvador para ti? ¿Qué concepto tú tienes en tu
mente? Para la civilización egipcia,
el faraón era la encarnación de su dios principal, el dios
Sol, Amon-Ra. Pero ese dios no pudo salvarlos
de ninguna de las plagas. Encontramos al mismo, a la supuesta
encarnación del Dios Sol pidiéndole y rogando oración a Moisés y
a Arón para que quitara las plagas. Pero nosotros tenemos un Dios
verdadero. Vengamos en oración delante del Señor.
El orgullo del faraón
Series Serie de Éxodo
La siguiente, la plaga de Langostas viene con un ultimátum para Faraón (Éxodo 10:3) Si Faraón se rehúsa obedecer a Dios, dejando ir al pueblo de Israel, vendrá una devastación completa sobre Egipto que destruirá por medio de langostas todo lo que quedo de la plaga anterior.
Dios va a seguir humillando al soberbio Faraón, hasta que este haga su voluntad. La demanda de Dios es clara en el pasaje "O FARAÓN SE VUELVE HUMILDE O SERÁ HUMILLADO"
El pecado del orgullo está ofensivo delante de Dios, que el Señor con toda claridad afirma que lo odia.
| Sermon ID | 1010241346335034 |
| Duration | 38:23 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Exodus 10 |
| Language | Spanish |
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