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El tema se llama cómo sufrir
bien. Así le vamos a llamar. Cómo sufrir
bien. Como creyentes, cómo podemos
enfrentar bien el sufrimiento. Supongo que le pudiéramos haber
puesto algún otro nombre. Podríamos haberle puesto simplemente
cómo enfrentar el sufrimiento, pero el título es lo de menos.
Vamos a pasar tiempo en el libro de Lamentaciones estudiando el
ejemplo de Jeremías, el profeta Jeremías, con el objetivo de
aprender al menos cinco lecciones sobre cómo enfrentar el sufrimiento
bíblicamente, cómo sufrir bien. Entonces los invito a leer conmigo
en Lamentaciones capítulo 3. Vamos a leer nuestro pasaje inicial.
Escogí uno para iniciar, pero realmente podríamos leer muchos
pasajes diferentes en Lamentaciones. Todo el libro tiene que ver con
nuestro tema, con el sufrimiento. Es un libro que algunos dicen
es muy olvidado, que pocos lo citan, pocos lo leen, a pocos
les interesa. Pero como siempre es el caso
en la palabra de Dios, Toda la palabra es útil, toda la palabra
es inspirada y vamos a encontrar algunas profundas, importantes
lecciones en este libro de Lamentaciones. Así que vamos a leer a partir
del versículo 19 en el capítulo 3 para comenzar y luego vamos
a orar y pedir la ayuda de Dios. Lamentaciones 3, 19. Acuérdate de mi aflicción y de
mi desamparo. de la jenjo y de la amargura.
Lo recordará ciertamente mi alma y será abatida dentro de mí.
Esto haré volver a mi corazón, por lo cual tendré esperanza.
Por la bondad de Jehová es que no somos consumidos, porque nunca
decaen sus misericordias. Nuevas son cada mañana. Grande
es tu fidelidad. Jehová es mi porción, ha dicho
mi alma. Por eso en él esperaré. Vamos a orar. Señor, acudimos
ante ti otro miércoles muy necesitados, padre, de tu ayuda. Sabemos que
hay muchas distracciones, que estamos en una batalla espiritual. Te rogamos tu ayuda esta noche
para concentrarnos, para que nada nos distraiga, para encontrar,
Señor, las lecciones que tienes acerca del sufrimiento en este
mundo, en esta vida, por medio de tu profeta Jeremías, por medio
de tu preciosa palabra. Te rogamos, Señor, que uses tu
palabra en nuestras vidas, que tu espíritu aplique a cada corazón,
a cada vida, las lecciones que necesitamos aprender. Tú nos
conoces, Señor. Sabes nuestras debilidades, nuestra
flaqueza. Te necesitamos, Señor, hoy y
siempre. Te rogamos que hables tú en hombres
esta noche. Nos encomendamos a ti. En el nombre de Cristo
Jesús. Amén. Bien, el libro clásico
al que solemos recurrir cuando tratamos con el tema del sufrimiento
es el libro de Hobbes. Cuando surge este tema del sufrimiento
de los creyentes, Job tiende a ser el primer personaje que
nos viene a la mente y solemos usarlo mucho como ejemplo en
los sermones. Ese es el propósito del libro
de Job. Por eso está en la Biblia, para ayudarnos a responder correctamente
a la soberanía de Dios y confiar en Él. Pasemos lo que pasemos,
suframos lo que suframos. Pero Job no es el único recurso
o ejemplo que tenemos para esto en la Biblia. También tenemos
a Jeremías y a Pablo y a muchos otros. Jeremías es conocido como
el profeta que llora o el profeta de lágrimas. Y yo creo que podríamos
decir que Jeremías sufrió al mismo nivel con la misma intensidad
que Job. Una lectura del libro de Lamentaciones,
supongo que bastará para convencernos de eso. Que por cierto, si no
han leído Lamentaciones y ni siquiera se acuerdan que hay
en el libro, los animo a que lo lean porque vamos a seguir
aquí la semana que sigue Dios mediante. Solo son cinco capítulos,
lo pueden leer de hecho en una sentada. Pero retomando, la gran
diferencia entre Job y Jeremías es que los sufrimientos de Job,
aunque claro, fueron terribles, fueron horrorosos, pero fueron
completamente personales. Los sufrimientos de Job fueron
completamente personales. Se limitaron solo a él y a su
círculo de seres queridos cercanos. Ahora, Jeremías sufrió junto
con toda su nación. Sufrió junto con toda la nación
del sur, que es llamada Judá, en manos de Babilonia, que destruyó
Jerusalén y se llevó a Judá al cautiverio a Babilonia. Recordemos
que Jeremías vivió en tiempos del reino dividido. Israel está
dividida en dos partes. Hay un reino del norte y un reino
del sur. A estas alturas del Antiguo Testamento,
Israel, el reino judío del norte, ya había sido derrotada y llevada
cautiva por Asirio. Y ahora, unos 150 años después,
aproximadamente, haciendo cálculos, Babilonia ya derrotó a Siria
y hace guerra ahora en contra de Judá, la nación judía del
sur, que incluye la capital, Jerusalén y el templo de Salomón. Así que a Jeremías le toca vivir
esta etapa de la destrucción de su nación. Destrucción de
su nación, destrucción de su capital, destrucción del templo
de Dios y al final llevado a cautiverio. forzado. Además, Jeremías podríamos
decir que es una víctima inocente de todo esto, porque él no participó
en el pecado y la rebeldía de su nación. Él no participó en
lo que finalmente trajo este terrible juicio de Dios sobre
ellos. Jeremías era un hombre recto, un hombre que había vivido
en obediencia y temor a Dios, y una de las pocas voces que
advirtía y predicaba la palabra de Dios en sus tiempos, junto
con otros como el profeta, como otro profeta Ezequiel. Pero aún
así, tuvo que sufrir las consecuencias de los pecados de su nación.
Así que, sin duda, vale la pena considerar los sufrimientos de
Jeremías e imitar su forma de responder a ellos. Jeremías es
un modelo que debemos observar, debemos analizarlo. Jeremías
es un gran ejemplo sobre cómo reaccionar a tiempos de profundo
sufrimiento, ya sea personal nacional. Sin duda, el testimonio
de Jeremías es relevante en estos tiempos, en estos días oscuros
que estamos viviendo, tiempos de sufrimiento personal, tiempos
de sufrimiento nacional, e incluso tiempos de sufrimiento en la
iglesia. Tiempos que tal vez, posiblemente, pudieran ser hasta
el comienzo de cosas mucho peores. El comienzo del fin del mundo,
como comentó el hermano Tomás el domingo. Ahora, yo sé que
algunos tal vez están pensando esto que estamos pasando No es
para tanto, hermano. Estás exagerando. Esto que estamos
pasando no es para tanto. Yo no sé si realmente necesite
meterme tanto a este tema del sufrimiento. Podríamos ser tentados
a pensar así porque muchos de nosotros, gracias a Dios, hemos
sufrido poco en todo lo que estamos pasando. Sí, tal vez tuvimos
que cambiar nuestros planes este año. Sí, tal vez estamos pasando
algún impacto económico ligero o moderado. El año simplemente
no va como quisiéramos. Las cosas no salieron como pensábamos,
pero gracias a Dios, la realidad es que muchos aún no hemos sufrido
mucho en medio de todo esto. Sin embargo, Otros a nuestro
alrededor, otros en nuestra congregación, están pasando uno de los tiempos
más difíciles de sus vidas. Hay quienes perdieron a seres
queridos por COVID. Hay quienes tuvieron que cerrar
su negocio, quienes perdieron su trabajo y no consiguen empleo,
aunque están buscándolo día y noche, mandando aplicaciones y pidiendo
y esforzándose. Otros perdieron sus ahorros.
Otros tuvieron que endeudarse. otros perdieron su salud. Para
ellos, para los que están en toda esta lista, este ha sido
uno de los años más difíciles de sus vidas. Siempre van a recordar
este año como uno de los años más difíciles de sus vidas. Ellos
necesitan escuchar este tema porque están como nadando en
sufrimiento este año, porque están metidos en medio de una
alberca de sufrimiento. Y si tú y yo no estamos sufriendo,
este tema de todos modos es crítico para nosotros y es crítico por
lo siguiente. Siempre es mejor equiparte para
el sufrimiento y tener tu casa edificada sobre la roca antes
de entrar a la tormenta. No hay mejor tiempo, mejor oportunidad
para prepararnos que durante la calma, cuando las cosas no
están tan críticas, cuando no estamos en el calor de la aflicción.
Si nos preparamos de antemano, Podremos enfrentar las actitudes
mundanas, los pensamientos antibíblicos que nos llegan a la cabeza que
surgen y las reacciones rebeldes que nos tientan cuando entramos
a periodos de verdadero, difícil, intenso sufrimiento. La mejor
forma de no pecar y no resbalar cuando llegue el sufrimiento
es prepararnos de antemano para el sufrimiento que Cristo nos
aseguró en Juan 16. Cristo nos dijo en Juan 16, 33
en el mundo tendréis aflicción. Así que debemos prepararnos antes.
Esa es la mejor defensa, prepararnos antes. Rara vez reaccionamos
bien en pruebas intensas sin habernos equipado desde antes,
sin habernos puesto la armadura de Dios desde antes, con una
teología de sufrimiento bíblica para entender, para pensar, para
enfrentar ese momento de sufrimiento y de prueba. La gran mayoría
de los que tropiezan, pecan y sufren mal tomaron todo este asunto
a la ligera y llegaron a ese momento de sufrimiento mal parados,
mal preparados. Se parecen más al mundo, se parecen
más a los inconversos que a los santos en su manera de prepararse
y después en su manera de reaccionar a las pruebas y los sufrimientos
que nos son asegurados en esta vida y este mundo. Entonces, con esa introducción,
vamos a la primera lección. Dios, mediante esta noche vamos
a ver tres. Vamos a la primera lección. ¿Qué formas de pensar?
¿Qué formas de creer? ¿Qué formas de actuar podemos
aprender de Jeremías para seguir su ejemplo y para sufrir bien? Bueno, la primera lección que
nos da Jeremías es la de llorar con los que lloran. Jeremías
encontramos que se identifica con su nación, sufriendo junto
con ellos. Que ellos sufran, que su nación
sufra, que su vecino sufra, le trae una medida de sufrimiento
real a él. Lo que encontramos en el libro
de Lamentaciones es que Jeremías mismo se lamenta por la destrucción
de su pueblo. Él comparte el dolor que están
pasando, se identifica con ellos. Encontramos en muchos pasajes
que Jeremías incluso habla de manera intercambiable. A veces
habla en primera persona, personificándose a sí mismo como si él fuera la
nación de Israel, y a veces habla en tercera persona, describiendo
a Israel desde fuera, como viéndolo desde fuera, de manera intercambiable
va haciendo esto en Lamentaciones. Vamos a ver algunos ejemplos
de esto. Vamos primero al capítulo uno. Y vamos a leer el versículo
2. Ahora, voy a ver muchos textos esta noche. Si se les dificulta,
si pierden el hilo, es mejor escuchar que tratar de buscarlos
todos. Siempre doy las citas. Y también siempre está la grabación,
por si quieren estudiar esto en más detalle. Pero vamos primero
a Lamentaciones, capítulo 1, versículo 2. Dice Jeremías, amargamente
llora en la noche. Sus lágrimas están en sus mejillas.
No hay quien la consuele entre todos sus amantes. Todos sus
enemigos la traicionaron. Se volvieron enemigos. En este
versículo, todo está en tercera persona. Jeremías está como describiendo
a Israel desde fuera. Pero más adelante, en el versículo
16, el 18, el 20, Cambia a primera persona su relato. Él se personifica,
toma el papel como si él fuera Israel. Leemos en el versículo
16. Por estas cosas lloro. Mis ojos, mis ojos se han desbordado
en lágrimas. Por estas cosas lloro. Ya cambió
a primera persona porque se ha alejado de mí el consolador que
restaura mi alma. Mis hijos están desolados porque
ha prevalecido el enemigo. Versículo 18. Justo es Jehová.
Yo me rebelé contra su palabra. Oíd, pues, todos los pueblos
y ved mi dolor. Mis vírgenes y mis jóvenes han
ido en cautiverio. Más adelante, versículo 20. Mira,
oh Jehová, que estoy angustiado. Sigue en primera persona. Mis
entrañas hierven. Mi corazón está trastornado dentro
de mí porque me resbalé en gran manera. En la calle la espada
priva de hijos. En la casa es como la muerte.
Oyen como gimo. y no hay quien me consuele. Todos
mis enemigos han oído de mi desgracia y se han alejado de que tú lo
hayas hecho. Se han alegrado. Están contentos
mis enemigos de lo que has hecho conmigo, Jehová. Haz que llegue
el día que has proclamado y sean ellos como yo. Después, más adelante,
estamos aquí leyendo algunas porciones inicialmente, pero
las vamos, vamos a ver cómo aplica todo esto. Después, en el capítulo
tres, Encontramos que en el capítulo 3 Jeremías habla de manera colectiva,
habló en tercera persona, habló en primera persona, ahora habla
en plural, incluyéndose a él mismo con su pueblo. Y de nuevo
tenemos que recordar que en todo esto Jeremías no era culpable
de todo lo que estaba transcurriendo, de todo lo que estaba pasando.
Él era fiel, él tenía a Dios. Él había advertido que vendría
esto, pero de todos modos lo vemos identificándose con Israel
de la siguiente manera. Capítulo 3, versículo 40. Habla
en plural, dice, examinemos nuestros caminos, investiguemos, investiguemos
y volvamos a Jehová. Levantemos nuestros corazones
y manos hacia Dios que está en los cielos. Nosotros hemos transgredido
y nos hemos revelado y tú no perdonaste. Te cubriste de ira
y nos perseguiste. Mataste y no tuviste compasión.
Te cubriste de una nube para que no pasara la oración. Como
desecho y basura nos pusiste en medio de los pueblos. Abren
contra nosotros sus bocas todos nuestros enemigos. Horror y hoyo
han sido nuestra suerte. desolación y ruina. Jeremías
habla aquí en plural. Habla por toda la nación, incluyéndose
a sí mismo. Pero aquí mismo, en este mismo
capítulo 3, va alternando entre plural y singular. Cambia para
hablar de todo este desastre y todo este sufrimiento como
una desgracia que le ha sobrevenido a él, como una desgracia personal. como algo que le está pasando
y afectando a él directamente. Leemos al inicio del capítulo
3, en el versículo 1, dice, Yo soy el hombre que ha visto aflicción
bajo el látigo de tu indignación. Él me ha guiado y conducido en
tinieblas y no en luz. Ciertamente todo el día ha vuelto
y revuelto su mano contra mí. Ha consumido mi carne y mi piel.
Ha quebrantado mis huesos. Y más adelante, en el versículo
14, fui objeto de burla para todo mi pueblo. Todo el día he
sido su canción. Este versículo 14 probablemente
es una referencia a los esfuerzos de Jeremías por advertir al pueblo
de lo que venía, advertirles de que si no se arrepentían,
si no iban al Señor, iba a venirles todo este juicio y sólo se burlaron
de él. Y ya está hablando de sus sufrimientos personales más
adelante. Aquí, a partir del versículo 14, vemos que Jeremías
ya está hablando de sus sufrimientos personales, de lo que él ha pasado,
de lo que él ha vivido de manera personal. Se identifica con el
sufrimiento de su nación, pero también nos habla de su sufrimiento
personal. Y aquí ya vamos a terminar con toda la lectura. Dice en
versículo 15 Dios me llenó de amarguras y me empapó con ajenco,
quebró mis dientes con cascajo, me pisoteó en la ceniza. He sido
ha sido privada mi alma de la paz. Me he olvidado de la felicidad. Entonces este es el primer ejemplo
que tenemos de Jeremías para aprender a sufrir bien. Hemos
de llorar con los que lloran. A pesar de que Jeremías había
pasado 40 años advirtiendo al Reino del Sur, advirtiendo a
Judá que esto vendría, a pesar de que él mismo sufrió por advertirles.
Cuando llega lo que tanto advirtió, no vemos a Jeremías celebrando
la destrucción de su nación. No tiene una actitud vengativa.
No celebra que han sido bendicadas sus palabras, que se ha confirmado
lo que dijo. No vemos nada de se los dije, se los estuve diciendo
40 años. Les estuve diciendo por qué no
me hicieron caso. No, no vemos nada de eso. Al
contrario, la miseria de Israel, la miseria de sus hermanos lleva
a Jeremías a la compasión, a la oración, a llorar y a lamentarse
junto con ellos. Y esto es lo que se debe ver
en nosotros como ciudadanos de nuestra nación. y también, sobre
todo, como hermanos y miembros de la iglesia. Debemos compadecernos
de los sufrimientos de otros hermanos simplemente porque son
hermanos, simplemente porque son hijos de Dios. Y también
debemos compadecernos de México, de nuestra nación, simplemente
porque somos mexicanos. Debemos compadecernos de las
muertes, de la violencia, del sufrimiento, de la maldad que
traerá inevitablemente el juicio de Dios. aún si intentamos advertirles,
si intentamos advertir que esto traería en juicio y no hicieron
caso, aún si hay personas que llegan a sufrir por sus propios
pecados. debemos compadecernos de ellos.
Lo que vamos a ver incluso más adelante es que todo sufrimiento
en el mundo se debe al pecado. Si no hubiera pecado en el mundo,
no habría sufrimiento, pero todos somos tentados a decir, te lo
dije, te advertí, te comenté que esto iba a pasar cuando otros
caen en errores y les hemos advertido y les hemos dicho. Pero vean,
esto no es lo que hace Jeremías. No se pone a decir, a predicar
en las calles, se los dije, se los dije. no se pone a hacer
eso. Y según Romanos 12, los creyentes
somos llamados a vivir lo siguiente, Romanos 12, capítulo 12, versículo
5. Así nosotros, siendo muchos,
somos un cuerpo en Cristo. Y todos los miembros los unos
de los otros. Versículo 15. Gozados con los que se gozan.
Llorad con los que lloran. Pablo nos plantea claramente
este mandamiento y lo recalca varias veces. Muchas veces lo
repite. Lo encontramos en Romanos, lo
encontramos también en Primera Corintios. Dios nos dice por
medio de Pablo que si un miembro de nuestra iglesia sufre, los
demás miembros deben identificarse con él y sufrir junto con él.
debemos condolernos con nuestros hermanos en Cristo. Y también
debemos gozarnos, debemos alegrarnos con nuestros hermanos en Cristo.
Ese no es nuestro tema el día de hoy, pero esa es la otra cara
de la moneda. Ahora, vamos rápidamente a Primera de Corintios para ver
cómo Pablo, de nuevo, refuerza este mismo tema. Leemos en Primera
de Corintios, capítulo 12, versículo 27. Lo siguiente, Primera de Corintios 12, 27.
Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo y miembros suyos
individualmente. Y antes leemos en el versículo
25, al final de 25 y en 26, todos los miembros se preocupen los
unos por los otros. De manera que si uno miembro
padece, todos los miembros se conduelen con él. Y si un miembro
recibe honra, todos los miembros se gozan con él. Vean, los creyentes
pertenecemos a Cristo, somos parte del mismo cuerpo. Por lo
tanto, debe haber interés los unos por los otros. Si uno sufre,
debemos identificarnos con él o con ella y sufrir también con
ellos, condolernos con ellos, llevar la carga de sus sufrimientos
ante el Señor. Porque según Romanos 14, en el
versículo 7, en Cristo, ninguno de nosotros vive para sí y ninguno
muere para sí. Ahora, ¿cómo se ve esto en la
práctica? Sí, hermano, esto suena fabuloso, es muy romántico, pero
¿qué significa en la vida real? ¿Cómo lo pongo en práctica? Bueno,
pues hay muchas aplicaciones, no voy a tratar de cubrirlas
todas, pero quiero plantearles algo que espero, espero, que
los ponga a pensar. ¿Tú sabes quiénes están sufriendo
hoy en tu congregación? ¿Has orado por ellos? ¿Has hecho
el esfuerzo de acercarte y preguntar a los hermanos a tu alrededor
que se congregan regularmente en tu iglesia? ¿Cómo están? ¿Tienes
alguna idea de cómo está al menos la mitad del cuerpo de tu iglesia
local, el 50%? Si te preguntáramos, si el pastor
te preguntara, ¿Quedarías satisfecho con tus respuestas en cuanto
a cómo está la mayoría de tus hermanos? ¿Cómo está la mitad
de tus hermanos? ¿Cómo están 20 de tus hermanos? ¿Qué está
pasando con ellos? ¿Puedes decirme qué están pasando?
¿Cómo están? ¿En qué situación están? Bien. Ayer preparando
el estudio me puse a pensar en este punto y me puse a hacer
una lista. Hice un conteo en Excel. Y de nuestra congregación en
Sándalo hay al menos 20 personas que asisten fielmente, que están
afligidos y están sufriendo ahora por diversas razones. Porque
perdieron su negocio, porque perdieron su salud, porque no
consiguen trabajo, porque están bajo la amenaza y en peligro
real de perder su trabajo, porque perdieron seres queridos en la
pandemia, porque tienen problemas de deudas que están ahora encima
y los están ahogando. a raíz de la pandemia. Yo me
senté y conté 20 y estoy seguro que faltan. Les garantizo que
faltan. Les garantizo que los 20 no llegan al número real.
Estoy seguro que faltan personas en ese conteo y no les estoy
hablando de personas que sufrieron en tiempo pasado. No estoy hablando
de cosas pasadas, tampoco les estoy hablando de sufrimientos
indirectos. O sea, personas cuyas cuyos seres
queridos están sufriendo. Personas que conocen amigos que
están sufriendo y ellos se conduelen con ellos. Estoy hablando de
personas que ellos mismos están pasando aflicción, angustia y
sufrimiento hoy. Hoy. miércoles 19 esta noche
entonces haz tu lista ¿sabes quiénes son? ¿sabes quiénes están
en la lista de los más de 20 que tenemos en la congregación?
¿te has interesado por ellos? ¿has orado por ellos? no hermano
es que eso es trabajo del pastor yo sólo me tengo que preocupar
por mí y los míos lo demás que se encargue el pastor hermano
eso no es lo que acabamos de leer Eso no es lo que vemos en
Jeremías. Si tú afirmas ser creyente, leímos
que, así nosotros siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo. Todos
miembros unos de los otros. Gozaos con los que se gozan,
llorad con los que lloran. Todos los miembros se preocupen
los unos por los otros. Ninguno de nosotros vive para
sí y ninguno muere para sí. ¿Eres creyente? Entonces eres
miembro del cuerpo. ¿Eres creyente? Entonces esto
aplica a ti. Y pudiéramos seguir con el punto,
pero creo que es suficiente. Creo que es suficiente. Hemos
de considerar si realmente podemos decir que estos pasajes los estamos
viviendo, si podemos decir que estos pasajes se cumplen en nuestra
vida. Ahora, el máximo ejemplo de nuestro
tema, del punto, lo encontramos en el Señor Jesús. Jesús se lamentó
tanto por sus hermanos como por el triste estado de su nación
rebelde. Lo vemos llorando por el sufrimiento
de Marta y Lázaro en Juan 11. No vamos a ir a leer todo el
pasaje. Confío que todos, la mayoría,
lo conocen. Leemos sólo en el versículo 36
que Jesús, al ver a Marta llorando y al ver a los judíos que habían
venido junto con ella también llorando, se conmovió en espíritu
y se turbó. Y en el versículo 36 dice que
lloró. Cristo es el sumo ejemplo. de los que lloran con los que
lloran, del que llora con los que lloran. El sumo ejemplo de
condolerse con quienes sufren, el sumo ejemplo, no hay nadie
más grande que Él en esto. Leemos en Isaías 53 que ciertamente
Él llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores. Y bien, la compasión de Cristo
no fue solamente a nivel individual. Bueno, eso lo sabemos porque
murió por todos los elegidos en su obra redentora, pero lo
vemos también en su tiempo sobre la faz de este mundo, que no
se compadeció solo a nivel individual, fue también a nivel nacional.
Vemos a Jesús lamentándose por el castigo que le vendría a Jerusalén
por su incredulidad y su pecado. En Mateo 23, en Lucas 13, Jesús
lloró por sus hermanos y lloró también por el sufrimiento de
su nación. Y Jeremías también. Así que esta es la primera lección
que debemos aprender para sufrir bien. Hemos de llorar con los
que lloran. Y si realmente nos duele lo que vemos en nuestra
nación, Si realmente queremos ver que México cambie y voltee
a Dios, hemos de hacer lo que hizo Jeremías por 40 años. Hemos
de seguir su ejemplo, hagan caso o no, nos respondan o no. Hemos
de ser colaboradores en la verdad, en llevar el evangelio. Hemos
de compartir el evangelio, orar por el avance del evangelio,
orar por los institutos pastorales, por las iglesias hermanas en
México. Orar por los medios, como los sermones, el radio,
las traducciones, las plataformas digitales. Bien, la segunda lección
que nos trae Jeremías sobre cómo sufrir bien es reconocer que
el pecado es la raíz de todo el sufrimiento en el mundo. El
pecado es la raíz, la causa de todo el sufrimiento en el mundo.
Es la causa de todo el sufrimiento individual y todo el sufrimiento
colectivo a nivel nacional y mundial. Ya vimos que Jeremías se identificó
y se condoleó por el sufrimiento de su nación, a pesar de que
él no tenía nada que ver con el pecado que causó ese sufrimiento.
A pesar de que él trató de advertirles por 40 años. Pero también vemos
que en medio de sus lamentos, Jeremías no pasó por alto los
pecados de Judá. No hace como que el sufrimiento
es inocente y sin causa, como que simplemente es un asunto
de mala suerte. Jeremías confiesa que el juicio de su nación y
el sufrimiento de su nación es debido a su pecado colectivo. Leemos en Lamentaciones 1, capítulo
1, versículo 5, Jehová la afligió. Jehová afligió a Judá, a la nación
de Jeremías, por la multitud de sus rebeliones. Más adelante,
en el capítulo 4, Jeremías reconoce que el pecado de Judá era aún
mayor que el pecado de Sodoma. Leemos en el versículo 6, capítulo
4, versículo 6. Es mayor la iniquidad de la hija
de mi pueblo que el pecado de Sodoma. Confiesa más adelante
en el versículo 13 del capítulo 4 que esto incluye hasta a los
líderes religiosos de Judá. Incluye a sus profetas, incluye
a sus sacerdotes. Leemos lo que están pasando.
Versículo 13 fue por los pecados de sus profetas y por las iniquidades
de sus sacerdotes que derramaron en medio de ella la sangre. de
los justos. Pero la clave y lo que tenemos
que recordar nosotros, la aplicación que debemos llevarnos nosotros
para aprender a sufrir bien, es recordar que todo sufrimiento
en el mundo se deriva del pecado. Es cierto que no siempre lo que
sufrimos es resultado directo de un pecado que cometimos nosotros.
Job sufrió y no fue consecuencia directa de sus pecados. Jeremías
sufrió y fue llevado cautivo, sufrió las consecuencias junto
con su nación, pero tampoco Lo que pasó fue consecuencia del
pecado personal de Jeremías. Cuando nos llega sufrimiento
de manera individual, o cuando nos llega sufrimiento de manera
colectiva, no siempre es resultado directo de un pecado que cometimos
nosotros. Pero vean, este es el punto importante. De manera
indirecta, sí lo es. De manera indirecta, todo lo
que sufrimos sí es consecuencia de nuestro pecado. Lo es indirectamente. En la siguiente forma, en el
siguiente sentido. Este es un mundo caído. Este mundo está
caído, lleno de sufrimiento, lleno de aflicción por causa
del pecado de los hombres. Leemos en Romanos que todos hemos
pecado, que no hay ni uno bueno. Que no hay quien haga el bien
y no peque. Y esa es la causa de todo el
sufrimiento que hay en este mundo. El sufrimiento de los animales
es causa de nuestro pecado. El sufrimiento de los hombres,
nuestro sufrimiento, es causa de nuestro pecado. Leemos en
Romanos, capítulo 8, versículo 22, que toda la creación gime.
y aún no sufre dolores de parto hasta ahora. El pecado siempre
produce sufrimiento. Así que es por nuestro pecado
de manera colectiva que hay sufrimiento en toda la faz de la tierra.
Hasta los animales sufren por causa de nuestro pecado. Nunca
habríamos conocido lo que es sufrir. Ninguno de nosotros habría
conocido nunca lo que es sufrir si no fuera por nuestro pecado. porque hemos traído el pecado
al mundo primero por vida de nuestro representante Adán y
todos nosotros hemos pecado junto con él. Y es por eso que todos
merecemos el infierno. Es por eso que todos necesitamos
un salvador. Hemos pecado. Hemos traído sufrimiento a otros
miles de veces en nuestras vidas por causa de nuestros pecados.
Hemos hecho sufrir a nuestros papás, a nuestros hermanos, a
nuestros amigos, a nuestra pareja, a personas que ni nos conocen.
y la paga justa por nuestro pecado, es sufrir eternamente con una
intensidad que ni siquiera nos podemos imaginar. Entonces la
lección para aprender a sufrir bien, el punto que nos tenemos
que llevar en todo esto es que nunca podremos sufrir bien pensando
que no merecemos el sufrimiento que estamos pasando. Lo voy a
repetir, nunca podremos enfrentar bien el sufrimiento pensando
que no nos merecemos el sufrimiento que estamos pasando. Muchos caen
en este error, el error de pensar esto, incluso creyentes. Fue
uno de los errores en los que cayó incluso en alguna medida.
A muchos les llegan sufrimientos, caen en una temporada de sufrimiento
y lo que están pensando es yo no hice nada para merecer esto.
Yo no me merezco lo que me está pasando. Esto no me debería estar
pasando a mí. No me lo merezco. Yo no ocasioné
esto porque me está llegando esto a mí. No me lo merezco.
Pero bien, Dios dice otra cosa. Dios dice todo lo contrario.
No puedes enfrentar bien el sufrimiento pensando que tú no mereces sufrir. Dios dice que todos merecemos
el infierno por nuestro pecado. Cada día que pasamos fuera del
infierno es una bendición. Lo que hemos sufrido en nuestras
vidas o lo que estamos sufriendo hoy no es nada comparado con
lo que merecemos. La única respuesta correcta al
sufrimiento en esta vida para un creyente es humillaos bajo
la poderosa mano de Dios. Esa es la única respuesta correcta.
Si nos quejamos, si nos convencemos de que yo no merezco esto, de
que esto no me debió pasar a mí. Realmente estoy rebelándome.
Estoy en rebeldía en contra de Dios. Estoy en rebeldía en contra
de su voluntad para mi vida. Vean, realmente estoy mostrando
mi soberbia. mi soberbia al pensar que yo
no me merezco esto, yo no me merezco sufrir. Cualquier día
sin sufrimiento, cualquier día con sufrimientos ligeros, cualquier
día fuera del infierno es una bendición, es misericordia, es
favor no merecido que viene del Dios bondadoso que encontramos
escrito en primera de Corintios, perdón, segunda de Corintios,
capítulo uno, versículo tres. Es rebeldía, si no reconocemos
la bondad de Dios, es rebeldía en contra del Padre de misericordias
y Dios de toda consolación. Segunda de Corintios, capítulo
1, versículo 3. Jeremías describe este punto de la siguiente manera. Leemos en Lamentaciones, vamos
de nuevo a Lamentaciones, capítulo 3, versículo 39. Los que piensan
que no se merecen sufrir, Los que piensan que esto no me debería
estar pasando a mí. Vean lo que dice Jeremías 3, 39. ¿Por qué
se queja el hombre? La versión 60 dice ¿Por qué se
lamenta el hombre viviente? Laméntese el hombre en su pecado.
Es decir, ¿Por qué se lamenta? ¿Por qué se hace la víctima?
¿Por qué se lamenta? Porque Dios le ha traído esta
cosa, esta prueba, este sufrimiento a su vida. Mejor, lo que debería
hacer, lamentarse en su pecado. La versión en inglés, la ESV
lo traduce así, ¿por qué se quejaría un hombre del castigo de sus
pecados? Y versículo 40, examinemos nuestros
caminos, investiguemoslos y volvamos a Jehová. Si nos llega sufrimiento
en este mundo, ¿cómo podemos quejarnos en vista de nuestros
pecados? Siempre que somos tentados a
quejarnos o tentados a rebelarnos en medio del sufrimiento, hemos
de recordar que no merecemos nada. Dios no nos debe nada.
Somos profundamente pecaminosos y aún en medio de los sufrimientos
más intensos de este mundo, estamos recibiendo algo mejor, algo más
leve, algo más bondadoso de lo que merecemos. Así podremos enfrentar
bien el sufrimiento, equipados con una perspectiva bíblica que
fortalezca nuestro gozo y nuestra paciencia en medio del sufrimiento,
aún en medio de los sufrimientos. Ahora sí vamos al tercer punto.
Por último, vamos a abordar lo siguiente. Hemos visto que para
sufrir bien hay que llorar con los que lloran, como lo hizo
Jeremías. Hemos visto que es imposible enfrentar bien el sufrimiento
pensando que no merecemos sufrir. Y la tercera lección, la última
que vamos a ver hoy, es que nunca debemos olvidar o negar la soberanía
de Dios y la mano de Dios aún en nuestros peores sufrimientos.
Jeremías de nuevo nos marca aquí el ejemplo a seguir. en este
libro que estamos estudiando, Lamentaciones. Vemos en Lamentaciones
que a Jeremías no le traía ninguna consolación el atribuir su sufrimiento
y el sufrimiento de su pueblo a causas secundarias. Jeremías
no buscaba echarle la culpa a alguien. No le traía ninguna consolación
tratar de atribuir su sufrimiento a causas secundarias. Nosotros
muchas veces así tratamos de consolarnos, ¿no? Nos decimos
en medio de algún problema, en medio de algún sufrimiento, es
que los políticos Es que los policías, es que la narcocultura,
la falta de educación. Es que mis enemigos en el trabajo,
en la familia, es que mi pareja, es que mi vecino. Pero Jeremías
no hacía nada de eso. No trataba de echarle la culpa
a otros. Jeremías no decía es que los
babilonios, es que los asirios que se dejaron derrotar por los
babilonios y ahora nos tocó a nosotros. Jeremía reconoce que lo que está
pasando su pueblo viene de la mismísima mano de Dios. Leímos en el capítulo 1 sus palabras.
Jehová afligió a su nación por la multitud de sus rebeliones.
Esto es el capítulo 1 de Lamentaciones. Versículo 5 Jehová la afligió. Versículo 12 Jehová me ha angustiado. en el día de su ardiente ira.
Versículo 14. El Señor ha hecho decaer mis
fuerzas, me ha entregado en manos contra las cuales no podré prevalecer. Versículo 15. Ha rechazado el
Señor a todos mis valientes en medio de mí. Contra mí convocó
una asamblea para quebrantar a mis jóvenes. El Señor nos ha
pisado como en un lagar. Esto de lagar es como una prensa.
En inglés lo traducen como una prensa de vino para aplastar
las uvas y sacar todo el jugo. El Señor nos ha pisado como en
un lagar a la virgen hija de Judá. Bien, Jeremía reconoce
que el sufrimiento de su nación y su propio sufrimiento les ha
llegado de la mano de Dios. No por accidente y no como algo
que está fuera de sus propósitos o fuera de su control, como algo
que él no planeó y no decretó. Leemos de nuevo en el versículo
2, Lamentaciones 2, 17. Ha hecho Jehová lo que se había propuesto.
Jehová hizo lo que se había propuesto. Ha ejecutado su palabra. Como
la había decretado desde tiempos de antigüedad, destruyó y no
tuvo compasión. Ha hecho que el enemigo se alegre
a causa de ti. Ha enaltecido el poder de tus
adversarios. Luego en 3, 37. ¿Quién será aquel que diga algo
y eso ocurra? sin que el Señor lo haya mandado.
¿Acaso de la boca del Altísimo no salen males y el bien? En el caso de Judá, Dios los
estaba castigando. Estaba castigando a la nación
directamente por sus pecados colectivos. En el caso de Jeremías,
no. Jeremías no era directamente
responsable por nada de lo que estaba pasando en su nación.
Pero aún así, Dios ordenó que él también sufriera según su
providencia, según sus propósitos. Nunca debemos pensar que las
cosas difíciles que nos sobrevienen, que el sufrimiento que pasamos
no está bajo el control soberano de Dios. Job lo entendía, Jeremías
lo entendía. No trataban de divorciar sus
sufrimientos de la soberanía de Dios. No trataban de hacer
como que Dios no sabía, como que Dios no estaba en control.
Leemos en Job capítulo 2 sus palabras. El famoso pasaje Job
2 10, recibiremos el bien de parte de Dios y no recibiremos
el mal. Y vean lo que leemos al final
del libro. Vean este punto contundente que leemos al final del libro. Job 42, 11. Entonces vinieron
a él todos sus hermanos, todas sus hermanas y todos los que
le habían conocido antes y comieron con él en su casa, se compadecieron
de él y lo consolaron por todo aquel mal que Jehová había traído
sobre él. Así que la conclusión final de
todo esto es que cuando estemos sufriendo no debemos tratar de
quitarle a Dios su soberanía en nuestros sufrimientos. No
debemos tratar de explicar o justificar que esto no es lo que Dios realmente
quiere para mí. Si hacemos eso, nos estamos robando
el único consuelo y esperanza real que tenemos. Si tratamos
de divorciar la soberanía de Dios de nuestros sufrimientos,
nos estamos robando el único consuelo y esperanza real que
tenemos en medio del sufrimiento. La soberanía de Dios debe ser
nuestro consuelo. No lo que queremos tratar de
evitar, lo que queremos tratar de explicar como que si no tuviera
nada que ver en tiempos de sufrimiento, tratar de diluir, tratar de debilitar
la soberanía de Dios en nuestras mentes, explicando lo que nos
pasa como como un accidente, como un imprevisto, como algo
que no me debió de pasar a mí o simplemente como un ataque
del enemigo. que no está bajo el control y la soberanía de
Dios, es debilitar y diluir la promesa que todos conocemos también,
la promesa tan citada, tan conocida, Romanos 8, 28, que dice que sabemos
que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien.
Tratar de diluir y debilitar la soberanía de Dios en nuestras
mentes es tratar de robarle su gloria. Dios se identifica y
se gloria y se glorifica como aquel que determina todas las
cosas. Nunca debemos olvidarlo. Nunca
debemos tratar de suavizar o cambiar esa verdad tan poderosa, porque
esa verdad es nuestro consuelo final. Nuestro Dios hace todo
bien. Todo lo ha hecho perfecto. Todo
lo hace bien. Nunca se equivoca. Todo lo ha
hecho hermoso a su tiempo. Nuestro consuelo es su soberanía,
que Él decreta todo, que Él está en control, aún en nuestros peores
días y sufrimientos más intensos. Entonces terminamos leyendo nuestro
pasaje inicial, Lamentaciones capítulo 3, versículo 21. 3.21. Esto haré volver a mi corazón,
por lo cual tendré esperanza. Por la bondad de Jehová, es que
no somos consumidos, porque nunca decaen sus misericordias. Nuevas
son cada mañana. Grande es tu fidelidad. Jehová
es mi porción, ha dicho mi alma, por eso en Él esperaré. Vamos a hablar. Padre, te damos tantas gracias
por este tesoro del libro de Lamentaciones, por lo que hiciste
y registraste por medio de tu profeta, tu siervo, Jeremías.
y porque nos enseñas estas grandes lecciones para aprender a sufrir
bien. Señor, si hay alguien que rechaza lo que ha escuchado,
que lo quiere negar, que está luchando en contra de la verdad
de tu palabra, en contra de tu soberanía, te pedimos, Señor,
que venzas su resistencia, que le ayudes a acudir a tu poder
soberano, a encontrar consuelo en ti, que eres el Dios de toda
consolación, toda misericordia. Sabemos que hemos de enfrentar
sufrimiento en este mundo, Señor, sabemos que hay muchos en nuestra
congregación, entre nuestro número. En las congregaciones hermanas,
Señor, que están pasando tiempos difíciles, que hoy están sufriendo,
te pedimos, Señor, que seas con ellos, que les ayudes a aplicar
todo esto a sus vidas, y que nos ayudes a cada uno de nosotros
a amar realmente a nuestros hermanos, amar a nuestra nación, condolernos
por sus sufrimientos, sufrir junto con ellos, apoyarles animarles
y nos encomendamos a ti señor estamos en tus manos y eso es
lo que el mayor consuelo nos da todo esto lo pedimos en el
nombre de cristo jesús amén
Como Sufrir Bien 1
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El ejemplo Bíblico de Jeremías en Lamentaciones nos ayuda y nos equipa para enfrentar tiempos de sufrimiento... La mejor forma de no pecar y no resbalar cuando llegue el sufrimiento, es prepararnos de antemano.
| Sermon ID | 101020214458121 |
| Duration | 42:36 |
| Date | |
| Category | Bible Study |
| Bible Text | John 16:33; Lamentations 1 |
| Language | Spanish |
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